Sonata a Kreutzer, Lev Tolstói

Gerard Hofman

En 1997, cuando conocí a mi actual esposa argentina en Moscú, sabía muy poco sobre la literatura argentina. Para conocerla buscaba y leía todos los libros de escritores rioplatenses que podía encontrar en la biblioteca pública de la ciudad donde estudiaba, Ámsterdam. Además de los cuentos de Borges y Cortázar, también leí la novela corta titulada El túnel, de Ernesto Sábato. Me impresionó mucho. No podía creer todo lo que tenía en común con la novela Sonata a Kreutzer de Lev Tolstói, que había leído unos meses antes[1]. Cuando el año pasado se publicó una nueva edición argentina en Bärenhaus, con la cuidada traducción de Alejandro Ariel González, aproveché la oportunidad para volver a leer el texto y dedicar unas palabras a esta famosa y controvertida novela, en particular al lugar que ocupa en ella la música.

Pocas obras de Tolstói han sido tan escandalosas como Sonata a Kreutzer, escrita en 1889. La censura zarista no sabía cómo tratar temas tabúes como el adulterio y la moral sexual. En realidad, quería prohibirlos[2]. La novela causó revuelo no solamente en Rusia, sino también en Estados Unidos: el director del correo prohibía el envío de revistas que contuvieran fragmentos de la obra y el presidente Theodor Roosevelt pensaba que Tolstói era un pervertido moralista. Debido al lobby de su esposa Sofía Tolstói Behrs con el zar Alejandro III, la novela pudo ser publicada en 1891, aunque no por sí sola, sino un poco escondida, como parte de la obra colectiva de Tolstói, un procedimiento que se repitió algunas veces en la Unión Soviética cuando se publicaban escritores difíciles de encajar ideológicamente. No fue antes de 1900 que la obra pudo ser publicada libremente. A pesar de los problemas, fue muy popular entre el público y muchos ejemplares ya circulaban en todo el mundo, a veces incluso en forma de manuscritos, como una digna predecesora del “samizdat” de las épocas soviéticas. La novela también inspiró muchas películas, libros y otras obras de arte.

Sin embargo, las primeras ideas para la novela se remontan a los años setenta, cuando Tolstói escribió un borrador con otro título, El asesino de la esposa, en el que no había ninguna referencia a la música. A pesar de que lo abandonó por un tiempo, Tolstói sintió que estaba trabajando en un tema completamente nuevo que necesitaba ser desarrollado. Retomó el borrador a finales de los años 80 y lo cambió radicalmente, dándole un papel destacado a la música. Una probable razón para este cambio habrían sido los celos que sentía el autor por la atención que su esposa les prestaba a los músicos. Según los informes de los testigos, ella se dedicó tanto a la música y a los músicos que visitaban regularmente Yásnaia Poliana[3] , que provocó una conmoción en la familia[4].

Finalmente el autor necesitó dos años más para poder terminar la novela.[5]

¿Por qué la música y especialmente la de Beethoven? Ya el título alemán de la novela llama la atención. La Sonata a Kreutzer alude a una obra musical, más precisamente, a la novena sonata (opus 47 de 1802) [6] para violín y piano de Ludwig van Beethoven, que se distingue de sus otras sonatas (ha compuesto diez) por la carga emocional, particularmente del primer movimiento, el presto[7]. La Sonata a Kreutzer de Beethoven ha tenido un particular efecto en Tolstói. La escuchó por primera vez en su casa el 3 de julio de 1887, durante un concierto en el que su hijo, Serguéi, tocó el piano y su profesor de música, Monsieur Liassote, el violín.

“—Tocaron la Sonata a Kreutzer, de Beethoven. ¿Conoce el primer presto? ¡¿Lo conoce?! – exclamó.

-¡Uh!… Es una cosa tremenda esa sonata. Justamente esa parte. Y en general la música también es algo tremendo. ¿Qué es? No lo comprendo. ¿Qué es la música? ¿Qué es lo que hace? ¿Y por qué hace lo que hace?”. (Tolstói 18892018: 108)

En 1888, la obra fue interpretada de nuevo en Yásnaia Poliana. Esta vez, en presencia de los amigos de Tolstói, el pintor Ilya Repin (1844-1930) y el actor Vasily Andreyev-Burlak (1843–1888). Tolstói propuso evocar la sonata utilizando cada uno su especialidad artística. La única obra de arte que finalmente se creó fue la novela. La pintura de Repin nunca se concretó, y la obra de teatro, tampoco. El actor murió en 1888.

Sonata a Kreutzer TAPA.indd
Buenos Aires, Editorial Bärenhaus. 157 pp. ISBN 978-987-4109-26-2

Esta sonata es interpretada en el momento central de la novela por la esposa del protagonista, el terrateniente Pózdnishev, y el violinista Trujachevski en un concierto en su casa. La batalla entre el violín y el piano en este presto provoca en el protagonista tantos sentimientos confusos que refuerza los sentimientos de animadversión hacia su esposa, con quien ya estaba viviendo una relación muy turbulenta. Empieza a sospechar que ella tenía una aventura con el violinista y, a partir de ese momento, solo busca su confirmación. Cuando parece que la ha encontrado, no hay nada que le impida matarla: “sabía lo que me esperaba y me despedía de las alegrías de la vida” (Tolstói 18892018: 117). Lo sutil de Tolstói es que mantiene abierto si esto es verdad o no. El relato (en primera persona) da una descripción del delirio proporcionado por la música.[8] “([La obra]ejerce un influjo, un influjo terrible, lo digo por mí mismo, pero en modo alguno eleva el alma. No eleva ni rebaja el alma, sino que la excita. (…) Mi explicación es que la música actúa como el bostezo o la risa; no quiero dormir, pero bostezo cuando veo que alguien bosteza; no tengo de qué reírme, pero me río al oír que alguien ríe.”

La idea de que el arte es capaz de incitar a la locura y de permitir que se cometan crímenes llega a Tolstói en el momento en que atraviesa una profunda crisis espiritual que lo llevó a poner en duda valores básicos de la cultura occidental como el amor, la sexualidad, el matrimonio y el arte[9].

A pesar de esta crisis, la música, y especialmente las obras musicales de Ludwig van Beethoven, juegan un papel muy importante en la vida y el pensamiento de Tolstói, creo que incluso más de lo que el escritor mismo querría admitir. Tolstói fue un apasionado pianista y trabó amistad con personalidades del mundo de la música, como los compositores Piotr Chaikovski, Serguéi Tanéyev[10] y el pianista Alexander Goldenweiser (1875-1961), quien más tarde escribió un libro sobre Tolstói (para más detalles, ver Akhmetova 2013). También tenía preferencias musicales pronunciadas, estaba particularmente interesado en la música instrumental y de cámara y no quería saber nada de la ópera, por lo que aborrecía la nueva música, especialmente la de Richard Wagner (ver Akhmetova 2013). Tampoco le gustaba la música nacionalista rusa del siglo XIX. Según él, esta música tiene un propósito diferente, está demasiado enfocada en el efecto externo; es simplemente fea. La música debe tener un efecto purificador, calmante, y dar alegría. Haydn, Mozart y Chopin eran sus compositores favoritos. Consideraba que su música era armoniosa y predecible de una manera maravillosa (ver Akhmetova 2013).

La obra literaria de Tolstói está llena de música. En la historia Albert (1858) el protagonista es un violinista vagabundo, en Lucerna (1857) actúa un músico callejero. En las novelas La guerra y la paz (1869) y Anna Karénina (1877) los campesinos cantan en la tierra y la nobleza va a la ópera (ver Emerson 2010, Akhmetova 2013).

Ya vimos que su relación con la música de Beethoven era compleja. Tolstói no encuentra aquí la armonía y la paz deseada, sino que la música le evoca principalmente lo contrario: lo inquieta, emociona y penetra (también) profundamente en su alma. En varias cartas y testimonios de testigos oculares, estas sensaciones se repiten.

En un extracto inédito de “Infancia” describe los sentimientos del pequeño Nikolái mientras escucha la sonata Patetique para piano ejecutada por su madre. “(…) los sonidos familiares de la obra, interpretados por mamá, me impresionaron como dulces y alarmantes al mismo tiempo. Ella tocó la sonata patética de Beethoven. Aunque recordaba tan bien toda esta sonata que no había nada nuevo para mí, no podía dormirme de ansiedad.[11]

Estos sentimientos de ansiedad han permanecido siempre. Tolstói oscila entre sentir que la música de Beethoven es deliciosa para los oídos y experimentar complejos sentimientos de emoción, alegría y horror. Debido a su gran valor, no podía descartarla completamente. Cuando en su ensayo Qué es arte (1882-1896) Tolstói puso abiertamente en duda el genio de Beethoven al considerar su música como antinatural por su sordidez, Chaikovski se enojó (ver Akhmetova 2012: 1820). En otra ocasión, Tolstói dijo de Beethoven: “No lo amo, es decir, no es que no me guste, pero es demasiado excitante, y esto no es necesario, la música sólo debe divertir” (ver Akhmetova 2012: 1820). Probablemente se identificó fuertemente con los sentimientos de Beethoven, sin embargo, sin calmarse. El crítico soviético Babáev indica que le parece que Tolstói tiene una cuenta que saldar con Beethoven (apud Akhmetova 2013: 426) , y que lo hace con su novela Sonata a Kreutzer en la forma de un femicidio.

Hubo una respuesta bastante original en defensa de la víctima. Más de treinta años después de la primera publicación, el compositor checo Leoš Janáček (1854-1928) explicó su recién estrenado cuarteto de primera cuerda en una carta a su amiga Kamila Stösslová del 15 de octubre de 1924: “Tenía en mente a la desafortunada, torturada, golpeada, asesinada, como lo describe el escritor ruso Tolstói en su obra Sonata a Kreutzer.[12] El cuarteto fue apodado “Sonata a Kreutzer”.[13]

Un lindo ejemplo de como la música inspira la literatura y la literatura vuelve a inspirar la música.

Bibliografía

Sonata a Kreutzer

Tolstói, L. (18892018) Sonata a Kreutzer. Buenos Aires: Bärenhaus.

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Literatura secundaria

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Akhmetova, G.A.(2013-1) “Muzyka evropejskikh kompozitorov v vospriyatii L: N. Tolstogo” [La música de los compositores europeos en el pensamiento de Tolstói], Vestnik Baškirkogo universiteta, tomo 18, nro. 2, pp. 424-434. Disponible aquí

Akhmetova, G.A. (2013-2) “L.N. Tolstoy protiv opery i programmnogo-vagnerovskogo napravleniya v muzyke” [“Lev Tolstói contra la ópera y el estilo programático y wagneriano de la música”]. Vestnik Baškirkogo universiteta, tomo 18, nro. 3, pp. 829-836.

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Reve, K. van het (1985) Geschiedenis van de Russische Literatuur – Van Vladimir de Heilige tot Anton Tsjechov [Historia de la literatura rusa – De San Vladimir a Anton Chekhov]. Amsterdam: Uitgeverij van Oorschot.

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Discografía (versiones recomendadas)

Beethoven, L., “Violinsonaten – Violin Sonatas Nos. 9 “Kreutzer” & 10” (2015), Gidon Kremer en Martha Argerich, Deutsche Grammophon ‎– 00289 479 5154 – Disponible aquí

Janáček, L. “String Quartets” (1995), Panocha Quartet, Supraphone records – SU 0215-2 131 Disponible aquí, aquí, aquí y aquí

Notas

[1] Martín Każmierczak le dedicó un interesante artículo en el que concluía que la novela de Sábato es una adaptación libre y creativa que no subestima el refinamiento psicológico y la profundidad existencial (Każmierczak 2008: 156-157). Sábato realiza un guiño a Tolstói mediante una discusión cómica entre María, Mimi y Hunter sobre el complicado sistema de nombres de las grandes novelas rusas (las novelas La guerra y la paz y Anna Karénina tienen especialmente la reputación de poner en escena muchos personajes a los que a menudo se dirigen con nombres diferentes). Otra referencia creativa es el carácter fatídico y oscuro de la música, que no alude a Beethoven como el lector podría esperar, sino a Brahms, un compositor alemán cuyo nombre también comienza con “B” y al que le gustaba considerarse como el sucesor de Beethoven. “Dios mío, si era para desconsolarse por la naturaleza humana, al pensar que entre ciertos instantes de Brahms y una cloaca hay ocultos y tenebrosos pasajes subterráneos” (Sábato 2011: 128). En la colección de ensayos El escritor y sus fantasmas, el autor opina que, por razones históricas y geográficas, ambas literaturas tienen muchas similitudes y pueden ser intercambiadas (Sábato 2006: 10-15).

[2] El conocido ensayista y eslavista holandés Karel van het Reve indica que el jefe de la censura y de la moral, Konstantín Pobedonóstsev (1827-1907), escribió en una carta: “(…) era una obra poderosa, que no se podía prohibir por razones de moralidad, y que prohibirla por razones de decencia sería hipócrita” (Reve 1985: 411-412).

[3] En particular, la relación emocional de Sofía con el compositor Serguéi Taneev, que pasó los veranos de 1895 y 1896 en Yásnaia Poliana e interpretó música con Sofía, causó tensiones, aunque el propio compositor no era consciente de ello, es más, probablemente no estaba interesado en las mujeres. Dado el carácter celoso y temperamental de Tolstói, no es de extrañar que tales escenas también se produjeran a finales de los años 80, y quizás una razón directa para mostrar al músico como el sujeto del adulterio. El motivo del adulterio y la música tiene un antecedente en la literatura rusa que valdría la pena investigar. En su cuento “Sebastian Bach”, el escritor Vladimir Odóyevski (1803-1869) hace que Johann Sebastian Bach se preocupe por su esposa Magdalena, quien queda encantada con las arias de la ópera italiana interpretadas por el desconocido músico veneciano itinerante “Franchesko”. Después de su partida, ella cae en una profunda depresión a pesar de que Bach intenta escribir música italiana. Finalmente, muere de melancolía. Ver Hofman 2009.

[4] Para Sofía Tolstáya, el alboroto por su matrimonio fue suficiente para escribir dos contra-historias que querían ser una respuesta a la Sonata a Kreutzer: “Quién lo hizo mal” y “Canción sin palabras (1898)”, la última de las cuales es la historia de una joven que, tras la muerte de su madre, busca el “olvido” en la música, lo que finalmente la lleva a la locura. Para más información, ver Katz 2013.

[5] Para una descripción detallada de este proceso, véase (Autor desconocido: http://tolstoy-lit.ru/tolstoy/proza/kommentarii/istoriya-pisaniya-krejcerovoj-sonaty.htm).

[6] El nombre Kreutzer hace referencia al violinista francés Rodolphe Kreutzer (1766-1831), a quien Beethoven dedicó la obra con la esperanza de encontrar un público más amplio. Con el objetivo de seducir al músico, utilizó una nueva técnica para encordar el violín con un “martelé” (martillo) que vuelve más expresivo el instrumento. Kreutzer, sin embargo, nunca tocó la pieza. Era demasiado incomprensible para él. El estreno tuvo lugar el 25 de mayo de 1803 y la obra fue ejecutada por el violinista George Bridgetower y por el propio compositor, quien tocó el piano (Basilea 274; Stadt 57).

[7] Varios estudiosos de la literatura ven la estructura de la sonata de Beethoven en la estructura narrativa de las novelas. Curiosamente, los científicos rusos ven principalmente el primer movimiento, el presto (que consiste en la triple división interna Adagio sostenuto – Presto – Adagio) de la sonata reflejada en la estructura de la novela (Isaeva 2017, Aseeva 2016), mientras que los científicos occidentales consideran la sonata completa (las tres partes 1. Presto, 2. Andante con variazioni, 3. Presto) (Stadt 2000) basándose en investigaciones más antiguas, como la de Dorothy Green (1964). Otros elementos musicales son la confrontación entre el violín (mujer), el piano (hombre) (Stadt 2000), la cadencia del viaje en tren en el contexto de la historia y los diversos saltos en la narración de Pózdnyshev (Stadt 2013) y el lenguaje repetitivo de Pózdnyshev y los sonidos del tren (Gyöngyi 1998). Sobre las formas musicales de la literatura alemana en particular me refiero a Aznacheeva y Mamonova (2016).

[8] Viajar en tren parece dar lugar a sentimientos similares, una descripción tiene un carácter casi “musical”: “Si fue porque al tomar asiento me figuré vivamente mi llegada o porque el ferrocarril ejerce un efecto excitante en las personas, lo cierto es que, desde que me acomodé en el vagón, ya no pude dominar mi imaginación, que sin cesar y con extraordinaria nitidez comenzó a trazarme cuadros que atizaban mis celos, uno tras otro y uno más cínico que otro, y siempre sobre lo mismo, sobre lo que sucedía allí en mi ausencia, sobre cómo me engañaba mi mujer”, (Tolstói 18892018: 117)

[9] Tolstói debe tener la sensación de que esto no era suficiente en un texto ficticio porque proporcionó a la novela un largo epílogo en el que se enumeran de nuevo sus ideas. Para más información, ver Holanda 2013.

[10] Serguéi Tanéyev (1856-1915) fue un compositor ruso y alumno de Piotr Chaikovski. Su música solo ha recibido alguna atención en los últimos años, probablemente porque hace poco uso del folklore como los otros compositores rusos. Sus obras famosas son la ópera Oresteya, la cantata San Juan de Damasco, una suite para violín y orquesta y la 4. sinfonía.

[11] ((…) давно знакомые звуки пьесы, которую заиграла maman, производили во мне впечатление сладкое и вместе с тем тревожное. Она играла Патетическую Сонату Бетховена. Хотя я так хорошо помнил всю эту сонату, что в ней не было для меня ничего нового, я не мог заснуть от беспокойства), citato de Akhmetova (2012: 1820).

[12] «Měl jsem na mysli ubohou ženu, trápenou, bitou, ubitou, jak o ní ruský spisovatel Tolstoj psal v díle Kreutzerova sonáta». Citado (en una traducción propia) de Streibl 2005: 1)

[13] Ver Streibl 2005. Como muchos nacionalistas checos, Leoš Janáček estaba muy interesado en la cultura y la literatura rusa de su época. Fue miembro del círculo ruso en su ciudad natal de Brno, hizo dos viajes a Rusia y hablaba y leía en ruso. Su biblioteca contenía varias obras de Tolstói en ruso, incluyendo la primera versión autorizada de la Sonata a Kreutzer. Compuso también varias óperas basadas en obras de Aleksandr Ostrovski (Kata Kabanowa, 1921) y Fiódor Dostoyevski (Casa de la Muerte, 1927), entre otras, y la suite sinfónica “Taras Bulba (1918)” basada en la obra de Nikolái Gógol.

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