Raskol. El cisma de la Iglesia ortodoxa rusa en el siglo XVII en las artes y las letras

Por Omar Lobos

Raskol. El cisma de la Iglesia ortodoxa rusa en el siglo XVII y su reflejo en las artes y las letras

El reinado del zar Iván el Terrible, que acabaría con su muerte en 1584, significó el apogeo del poder moscovita y en cierto modo el comienzo de su decadencia. Habiendo sido él mismo el autor involuntario de la muerte de su hijo Iván –su sucesor natural y deseado–, el trono recayó en su segundo hijo Feódor, de carácter débil y sometido a la influencia de su cuñado Borís Godunov. El zar Feódor –al no dejar descendencia– se convertiría en el último soberano de la estirpe de Riúrik.[1] A su muerte, comienza la smuta, el llamado “período de los disturbios”, del que se habría de salir con la instauración de una nueva dinastía: la de los Románov. Tal como señala el historiador de la literatura rusa antigua Riccardo Picchio, “el siglo XVI ruso terminará en la época de los ‘turbulentos’, al que seguirá el siglo de la extrema crisis de la Vieja Rusia, hasta que una conciencia aún más madura romperá barreras centenarias y dará origen a una lengua nueva, a una nueva nación y a una nueva literatura” (Picchio, 1972, p. 195).

Efectivamente, el siglo XVII representa la agonía de la Vieja Rusia. Ante la crisis sucesoria que originó la muerte de Iván y la falta de descendencia de su hijo Feódor, Occidente intentaría, por la vía de la unión polaco-lituana –con apoyo del papado y la emergencia de los llamados “falsos Dimitris”[2]–, reunificar “el Imperio romano partido” volviendo a las naciones ortodoxas a la órbita de Roma, es decir, del Papa. Si en este llamado período de la smuta, cuando tal “peligro” se cierne sobre la tierra rusa, el imperativo fue defender la patria eslava ortodoxa, la superación de la crisis sucesoria con la instauración de una nueva dinastía gobernante y el conjuro de la herejía sería el comienzo de un lento camino (durará un siglo) hacia una Rusia nueva.

Plenamente en este espíritu, tuvo lugar un hecho que, inmenso en su importancia y en sus consecuencias, solo prefiguró o profetizó algo mayor que habría de acontecer poco tiempo después. Se trata del raskol, el cisma de la Iglesia ortodoxa, que fungió de preámbulo al gran cisma cultural ruso que provocarían –un par de décadas después y en absoluta continuidad– las reformas europeizantes de Pedro el Grande.

Durante el reinado del zar Alekséi Mijáilovich (segundo de la dinastía Románov y padre de Pedro), comenzó a cobrar énfasis la necesidad de integrar a Rusia (aunque el término tenga su costado irónico y eufemístico) al concierto de las naciones europeas. Soplos tardíos del humanismo occidental se infiltraron en la tierra rusa (aunque no puede pensarse de ningún modo que el Humanismo haya penetrado en ella), los cuales, consonantes con la idea reguladora de la Tercera Roma –título que Moscú se arrogó luego de la caída de Constantinopla–, movieron al patriarca moscovita a proponer una reforma en la Iglesia rusa que la ajustara al resto de las iglesias ortodoxas dispersas y autocéfalas: esto es, volver a las fuentes de la ortodoxia griega, corregir los “errores” de traducción e interpretación de los textos sagrados y las “desviaciones” en el ritual conforme con el modelo griego –como hacer la señal de la cruz con tres dedos (a la griega) en vez de dos (como desde antaño hacían los ortodoxos rusos)–, rasgos históricos particulares cuyo origen se perdía en los tiempos.[3]

De gran influencia sobre el religioso y conciliador zar Alexis (Alekséi Mijáilovich, llamado Tishaishi, “el Serenísimo”), el patriarca Nikon fue el gran movilizador de estas reformas, que inmediatamente promovieron ardorosas y extremas reacciones contrarias por parte de vastos sectores, tanto del clero como de la nobleza y el pueblo. El raskol recorrió toda la tierra rusa como un profundo desgarro. Se desgarraba la condición uterina de Rusia, replegada sobre sí misma y sus viejas tradiciones, se rompía el sacro cáliz que había conservado en pureza la verdadera esencia del cristianismo, se cuestionaba y se violaba la santidad de la lengua ortodoxa rusa, la lengua de la Verdad en la que habían sido plasmados los libros sagrados, no se detiene el flujo hacia Moscú de sabios de la Iglesia que hablan en griego y además eran doctos en lenguas “heréticas” como el latín y el hebreo. Estas reformas, que incluyeron la revisión y corrección de los textos sagrados y litúrgicos así como modificaciones en el ritual, eran motivadas –en gran medida– por las aspiraciones del patriarca de Moscú de ocupar un día el patriarcado de Constantinopla, y se avenían a la vez con la idea de un imperio paneslavo compartida por los zares moscovitas.

También interviene aquí un acontecimiento geopolítico de suma importancia, como es el reconocimiento por parte de Ucrania –“la Pequeña Rusia”, que, liderada por Bogdán Jmielniçki, ha roto con el yugo polaco– del zar de Rusia como su propio zar, y su consecuente entrada a la órbita del patriarcado de Moscú. Hasta entonces, la Iglesia ucraniana dependía del patriarcado de Constantinopla y, por su dependencia política de la Rech Pospolita (Polonia), se hallaba en contacto y tensión con el catolicismo. De ello se desprende también que la Iglesia ucraniana hubiera recibido siempre mayores influencias exteriores, tanto occidentales como bizantinas, y sus monjes fueran doctos en un sentido que despertaba hondos recelos en la Iglesia rusa.

La reforma de Nikon fue tremendamente resistida por los sectores más tradicionalistas de la Iglesia ortodoxa (liderados por el protopope Avvákum, contracara de Nikon pero del mismo trágico destino), en los que convergían tanto la vieja nobleza boyarda y el poderoso estamento de los comerciantes, así como el pueblo humilde en general. Así surgen los raskólñiki (“cismáticos”) o staroviertsi (“viejos creyentes”), que hasta el día de hoy siguen defendiendo la “vieja y verdadera fe”.[4] El resultado del raskol fue una brecha cultural muy profunda entre el pueblo y el soberano, y a partir de allí los Románov no dejarían de ser vistos como una encarnación del Anticristo.

Si bien las reformas del patriarca Nikon fueron la última tentativa de la Iglesia ortodoxa rusa por subsumir en sí al Estado (esto es, ponerse por encima de él), el resultado sería inverso. Las reformas se impusieron, pero fueron derrotadas las aspiraciones del patriarca.[5] A partir de allí, y sobre todo desde el advenimiento de Pedro el Grande, el clero ruso sería literalmente aplastado por el pie de la autocracia, rebajado al “Santísimo Sínodo de Gobierno”: “órgano estatal superior del poder eclesiástico-administrativo en el Imperio ruso, sustituto del patriarca en lo que hace a las funciones eclesiásticas generales y las relaciones externas” (Цыпин, 1996).

El raskol en las artes y las letras. “Vida del protopope Avvákum escrita por él mismo”

Testimonio formidable de uno de los principales protagonistas del raskol y referente de los partidarios de la antigua fe, se trata de apuntes autobiográficos que este sacerdote realizó aproximadamente entre 1672 y 1673, durante su cautiverio en la nórdica población de Pustozersk. Nacido en la aldea Grigorovo, región de Nizhni Nóvgorod, en 1621, Avvákum llegó a convertirse en primer pope (protopope) de una de las catedrales del Kremlin y en padre espiritual o confesor (dujovñik) del zar. Su ardiente oposición a las reformas de Nikon le valió primero el destierro siberiano, a la Transbaikalia. Pasaría allá con su familia diez penosos años. Fue llamado nuevamente a Moscú, mas su empecinada resistencia a adoptar las innovaciones eclesiásticas termina de malquistarlo con el zar y es desterrado al lejano norte, a Mezéñ. Ese destierro luego se agravaría con un nuevo traslado, esta vez a su prisión definitiva, más al norte, a Pustozersk. En un calabozo cavado a modo de fosa, Avvákum pasó los catorce últimos años de su vida, hasta que fue quemado en la hoguera por orden del nuevo zar Feódor Alekséievich en 1682.

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Quema del protopope Avvákum”. Grigori Miasoiédov, 1897.

Las memorias de Avvákum, escritas en su prisión subterránea, además del interés extraordinario que implica de por sí el relato de su vida, son consideradas un monumento literario. Las redescubrieron en el siglo XIX los grandes clásicos rusos y se maravillaron unánimemente de su lengua. “La lengua”, dice Maksim Gorki, “así como el estilo de la ‘Vida’ y las cartas del protopope Avvákum, permanece como modelo insuperable del discurso flamígero y pasional de un guerrero; en general en nuestra literatura antigua hay de qué tomar nota” (Gorki, 1953).

A la vez, la lengua literaria de Avvákum tiene de particular su “desenfadada” naturalidad: “No vos fijés en nuestra lengua simple, pues amo mi natural lengua rusa, no tengo costumbre de hermosear el habla con versículos filósofos, pues no las palabras hermosas Dios escucha, mas quiere nuestras obras” (Avvákum, 1996). Si tenemos en cuenta que, hasta entonces, la lengua literaria rusa estaba uniformada por el eslavo eclesiástico (el “latín ruso”, la lengua docta), Avvákum desdeña esa tradición y escribe en su “viva y sanguínea lengua de muyik”, como la define Alekséi Nikoláievich Tolstói (Tolstói, 1949, pp. 361-362).

Y es esa voz la que nos acerca no tanto el relato cuasi novelesco de sus andanzas y desventuras, sino una visión del mundo que las distancias –espaciales, temporales, culturales– tornan fantástica. Por otra parte, Vladislav Bajrievski (n. 1936) es el autor de toda una serie de novelas y relatos históricos sobre el raskol, El Serenísimo, Nikon, Avvákum, Mártires en Cristo, El pilar, El zar ocultado, que abarcan todo el reinado del zar Alekséi Mijáilovich y el de su hijo Fiódor. Tantas páginas dedicadas a un período histórico particular –frecuentemente desdeñado– encuentran su fundamento en que, según Bajrievski, “el siglo XVII es clave para la autoconciencia rusa y el estado ruso”.

La boyarda Morózova

Uno de los cuadros más impresionantes –si no el más– de la Galería Tretiakov de Moscú es sin dudas la imponente pintura de Vasili Súrikov La boyarda Morózova (3 m de alto por casi 6 m de ancho), de 1887. Súrikov (1848-1916) es uno de los grandes referentes del llamado grupo de los Ambulantes (Peredvízhniki), cultores de una estética realista populista, y autor de célebres pinturas históricas, entre las que –además de la de referencia– hay que listar La mañana de la ejecución de los streltsí, Miénshikov en Beriózov y El sometimiento de Siberia por Ermak Timoféievich.

Feodosia Prokópievna Morózova era la rica viuda del boyardo Gleb Morózov, exponente de una de las principales familias de la aristocracia moscovita y amiga de la zarina Maria Illínishna (primera esposa del zar Alekséi Mijáilovich). Su ferviente toma de partido por el protopope Avvákum y su negativa a aceptar el nuevo ritual nikoniano la indispusieron con el zar. Después de la muerte de la zarina, fue encarcelada junto con su hermana, la princesa Urúsova, y ambas fueron sometidas a tormentos. Su único hijo murió poco después del arresto de Feodosia y todos sus bienes fueron a parar al fisco. Ambas hermanas murieron de hambre cuatro años después, prisioneras en una fosa cavada en la tierra.

La pintura de Súrikov retrata a la boyarda en ocasión de su arresto y traslado al Kremlin. A pesar de sus cadenas, alza sediciosa los dos dedos, símbolo del cisma, en oposición a los tres –índice, mayor y pulgar– con que las reformas de Nikon establecieron que debía hacerse la señal de la cruz. En el ángulo inferior derecho, un pordiosero, un pobre de espíritu, repite fraternalmente el gesto.

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Jovánshina

La ópera de Modest Músorgski es una de las más famosas del repertorio ruso y se despliega sobre el fondo de los tiempos del raskol, con foco en la revuelta de los streltsí (guardia armada moscovita) de 1682 y la emergencia, en medio de enconadas disputas sucesorias, del joven y terrible zar Pedro. Su libreto fue elaborado por el mismo compositor sobre la base de estos motivos históricos. Su título, en tanto refiere a una supuesta conspiración de los príncipes Jovanski contra el trono, podría traducirse como “Jovanskiada” (lo contrario de Jovanskíada, de resonancia épica). El viejo príncipe Iván Jovanski, jefe de los streltsí, hegemoniza junto con los llamados “viejos creyentes” (que lo apoyan en la confianza de que los ayudará a restaurar la antigua fe ortodoxa) las fuerzas conservadoras. El elemento romántico de la ópera está representado por Andréi, el libertino hijo del príncipe Iván, y su antigua enamorada Marfa, una muchacha de la nobleza que se ha sumado a los cismáticos religiosos. Desbaratada la conjura, solidarios en la defensa de las tradiciones, la antigua nobleza y los viejos creyentes asumirán y compartirán un mismo destino sacrificial por la “verdadera fe” (de la que el nuevo zar Pedro sería la contracara, el Anticristo). Al final de la ópera, acorralados en medio del bosque por las fuerzas del nuevo zar, los partidarios de la antigua fe se inmolan incendiando la cabaña donde todos se han refugiado. Al himno de su agonía lo suceden los triunfantes acordes finales de la nueva Rusia que se anuncia.[6]

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“Nikita Pustosviat, discusión sobre la fe”. Vasili Perov, 1881. Muerto el zar Fiódor, los partidarios de la antigua fe alientan el propósito de restablecerla. Apoyado por el príncipe Jovanski, el flamígero sacerdote de Súzdal defiende el viejo ritual ante el patriarca y la zarievna regente Sofia Alekséievna.

El raskol (teleserie)[7]

En 2011 se estrenó en la televisión rusa esta serie de veinte capítulos que aborda la época de las reformas. El director, Nikolái Dostal, escribió el guion junto con Mijaíl Kuráiev con el propósito de iluminar este período tan complejo de la historia rusa menos frecuentado que la época inmediatamente anterior –los años turbulentos– y posterior –el reinado y las reformas occidentalistas de Pedro el Grande–.

El film es ambicioso por la reconstrucción histórica que exige, la cantidad de personajes y escenarios diversos, las sensibilidades religiosas que toca. Para los actores significó un tremendo desafío abordar personajes de la envergadura histórica de los protagonistas: el zar Alekséi, Nikon, Avvákum, su esposa Anastasía Márkovna, Feodosia Morózova. El director seleccionó para estos roles a actores que no fueran conocidos, para evitar la asociación de sus rostros con otras producciones o personajes.

A continuación, algunos testimonios de los actores principales sobre el trabajo.[8]

Alexandr Korotkov (Avvákum):

Es el único personaje en mi carrera actoral al que tuve que esforzarme en llegar, lo cual es muy interesante e importante para mí. ¿Pues quién hoy recuerda a un personaje histórico como Avvákum? Tal vez, solamente los creyentes. Tanto en el escenario como en el cine lo interpretaron poco y raras veces, a menudo solo de modo ilustrativo. Y aquí es un personaje fundamental de la película. Tal vez incluso se me haya presentado un caso único, recibir un rol de semejante envergadura y tan infrecuente. […] Medio año antes de filmar, cuando recién me llamaron y propusieron el rol, yo comencé a leer literatura especializada. En definitiva, leí la Vida del protopope Avvákum y sus trabajos, los artículos de Lijachov, y todo lo que encontraba sobre aquel período, sobre la esencia de esos problemas de trescientos años de antigüedad. Y en cierto momento comencé a comprender: para ellos, que vivieron en la época del Serenísimo Alekséi Mijáilovich, todo lo descripto en la “Vida…” era lo importante…

Valeri Grishko (patriarca Nikon):

Yo pienso que él [Nikon] como personalidad reunió en sí todas las contradicciones posibles que puede haber en una persona. Por un lado, salió del lugar más bajo, de los campesinos de Mordovia. Por supuesto, se trata de una inaudita y nunca vista carrera: ¡alcanzar el nivel de patriarca de toda la Rusia, habiendo sido educado en semejante lugar perdido! En general él no era muy leído, no sabía lenguas, aunque indiscutiblemente tenía que saberlas. Pero su carisma, su influencia magnética en el zar y sus seres cercanos le permitieron hacer esto. Esta situación lo colocó en una posición conflictiva desde el vamos con aquellas figuras clericales ilustradas, formadas, que no eran primera generación de sacerdotes. Nikon para ellos era un arribista, y sobre esto también se habla en el film. Para mí esta figura incluso en algo me remite a Stalin. No en esencia, no en lo sanguinario, que por supuesto en Nikon no existe, sino por el tragismo y dramatismo interior. En medio de los revolucionarios Stalin también siempre estuvo en los últimos roles y de repente llegó a la cima misma. Este momento de ajuste de cuentas y validación de sí mismo a pesar de todo marcó su sello en todo su gobierno. Del mismo modo Nikon también se vio obligado por medios crueles a validarse tanto a sí mismo como, fundamentalmente, a sus ideas. No para estar en la cima misma de la jerarquía eclesiástica, sino por una gran idea: la elevación de la Iglesia ortodoxa rusa.

Dmitri Tíjonov (zar Alexis):

 Yo soy ortodoxo, es verdad que a la Iglesia llegué no hace mucho, pero esto me ayudó mucho en la filmación. Pues bien, humano fue Alekséi Mijáilovich. Yo tenía deseo de interpretar no al zar, sino justamente al hombre. Es que al comienzo de su reinado Alekséi Mijáilovich es un jovencito sobre el que ha caído la carga de una increíble responsabilidad. Pedí consejos a muchos sobre cómo actuar, estudié cómo había sido él. Fue –y siguió siendo siempre– una persona de conciencia. […] Quiero agradecer a Dios que me haya dado la posibilidad, no solo de recibir un rol, de interpretar a un zar, sino de reflexionar sobre lo verdaderamente grande.

Bibliografía:

Аввакум. (1996). “Житие протопопа Аввакума им самим написано”. En Сборник произведений литературы Древней Руси. Москва: Художественная Литература. [Avvákum. “Vida del protopope Avvákum escrita por él mismo”. En Compilación de obras literarias de la Antigua Rusia.]

Бахревский В.А. “СКАЗОЧНИК В ГОСТЯХ У СКАЗКИ” (Bajriévski, “El cuentacuentos de visita en el cuento”) Entrevista disponible en http://rcmagazine.ge/index.php?option=com_content&task=view&id=1029&Itemid=1

Виноградов, В. В. (1923). “О задачах стилистики. Наблюдения над стилем Жития протопопа Аввакума”. En Русская речь: Сборники статей. Pp. 195-293. [Vinográdov, V. V. “Sobre los problemas de la estilística. Observaciones acerca del estilo de la Vida del protopope Avvákum”. En El habla rusa]. Disponible en http://feb-web.ru/feb/Avvákum/critics/vrr-195-.htm

Горький, А. М. (1953). “О языке”. En Собрание сочинений в тридцати томах (т. 27). Москва: ГИХЛ. [Gorki, “Sobre la lengua”. En Obras completas en treinta tomos]

Picchio, R. (1972). La literatura rusa antigua. Buenos Aires, Argentina: Losada.

Толстой А.Н. (1949). “О драматургии”. En Поли. собр. соч. (т. 13), pp. 361-362. Москва: ГИХЛ. [Tolstói, “Sobre dramaturgia”. En Obras completas]

Толстой А.К. (1868). Царь Федор Иоаннович. [Tolstói, El zar Fiódor Ioánnovich.] Disponible en http://az.lib.ru/t/tolstoj_a_k/text_0060.shtml

Цыпин В.А. (1996) Церковное право. Disponible en https://ru.wikipedia.org/wiki/Святейший_Правительствующий_Синод [Çypin, Derecho eclesiástico.]

Notas

[1] Como dice el personaje en el final de la conmovedora tragedia de Alekséi Konstantínovich Tolstói El zar Fiódor Ioánnovich:

Último descendiente de la rama reinante
soy de los príncipes varegos. Mi estirpe
se morirá conmigo… […] ¡Y yo
quería el bien, Irina! Yo quería
poner de acuerdo a todos, conciliar, ¡oh, mi Dios!
¡Por qué tuviste Tú que hacerme zar! (Толстой, 1868)

En caso de que se indique lo contrario, las traducciones de las citas en ruso son de mi autoría.

[2] El zariévich Dmitri fue el hijo menor de Iván el Terrible –a quien su hermano el zar Feódor pensaba como su sucesor en el trono–, muerto a los 8 años de edad en un confuso episodio donde la tradición supone la mano de Borís Godunov, hermano de la zarina Irina, es decir, cuñado del zar Feódor. Entre 1605 y 1612, reclamando por las armas el trono ruso, aparecieron sucesivamente tres impostores que decían ser el zariévich, que no había muerto como se presumía. Dos de ellos llegaron a gobernar, uno en el Kremlin, a la muerte de Borís, y el otro estableciendo un gobierno paralelo al del zar Iván Shúiski.

[3] Entre las reformas fundamentales de los textos litúrgicos y el ritual se cuentan:

  • En el llamado Símvol vieri (análogo del Credo católico), se cambiaron formulismos tales como quitar la partícula adversativa cuando se habla de la fe en el Hijo de Dios como “nacida, no creada” (la antigua variante decía “nacida, mas no creada”), sobre el Reino de Dios se debía hablar en futuro y decir que “no tendrá fin” (la antigua variante dice “no tiene fin”), de la definición del Espíritu Santo se quitó la palabra “verdadero”, el nombre Isús (Jesús) comenzó a escribirse con una segunda “i”: Iisús, etc.
  • El mencionado cambio de persignarse uniendo tres dedos (pulgar, índice y mayor) en lugar de dos (índice y mayor) y no inclinarse de rodillas hasta el suelo, sino de pie y hasta la cintura.
  • A partir de Nikon, el Vía Crucis se comenzó a hacer contra la marcha del sol, en sentido inverso a lo que era regla anteriormente.
  • La voz “Aleluya” durante el oficio debía repetirse tres veces en lugar de dos.

[4] Todos ellos recibieron el anatema de la Iglesia oficial entre 1656 y 1667.

[5] Por orden del zar Alexis, Nikon llegó incluso a gozar del título de “Gran soberano” (Vieliki gosudar), reservado hasta entonces solo al propio zar. Pero luego se enemistó con el zar y en protesta abandonó Moscú en 1658. A posteriori, un concilio lo privó de su condición obispal y patriarcal, degradándolo a simple monje, y fue deportado a un monasterio a 500 km de Moscú. Muerto el zar Alexis en 1676, el joven zar Fiódor Alekséievich, que quería a Nikon, autorizó su regreso en 1681, pero este, ya gravemente enfermo, murió en el viaje.

[6] El final de la ópera se encuentra disponible en https://www.youtube.com/watch?v=8W5wiC_бarA

[7] Trailer de la serie se encuentra disponible en https://www.youtube.com/watch?time_continue=39&v=wMhlzIOQR9k

[8] Fragmentos de entrevistas disponibles en https://staroobrad.ru/modules.php?name=News2&file=article&sid=649 (Traducciones del autor del artículo)

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