“Las obras del príncipe V. F. Odóievski en la prensa de los años 1830”, Iulia Sítina

Gerard Hofman

Los ingeniosos cuentos del príncipe Vladímir Odóievski (1803-1869), contemporáneo y amigo de los escritores Aleksandr Pushkin, Mijaíl Lérmontov y Nicolái Gógol, han experimentado una creciente popularidad en las últimas décadas; en su novela “2666”, el escritor chileno Roberto Bolaño lo llama ‘Hoffmaniano’,[1] y varios de sus cuentos han sido traducidos a diferentes idiomas, como en las recientes antologías de relatos fantásticos y góticos rusos preparadas por Alejandro Ariel González. La crítica literaria también dedica cada vez más monografías a la persona y obra de Odóievski, tanto en Occidente como en Rusia. Una de las monografías más recientes es la tesis de la investigadora moscovita Iulia Sítina. En su libro, ella ubica los cuentos de Odóievski en el contexto de su primera publicación en varios almanaques literarios, publicaciones periódicas y suplementos de periódicos de esa época. Esto le da la oportunidad de comparar sus obras con las de sus contemporáneos, algunos de ellos muy famosos -como el trío mencionado al principio de esta reseña-, pero la mayoría totalmente olvidados, a veces injustamente. El análisis de Sítina se circunscribe a los años treinta del siglo diecinueve, cuando Odóievski escribió sus obras de ficción más maduras. Tras la publicación de sus obras completas en 1844, no público más ninguna ficción literaria significativa.

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Moscú, Editorial Indrik, 2019, 392 pp. ISBN 978-5-91674-506-1

La elección de la investigadora de los años ’30 no sorprende ya que representa un momento interesante en la vida literaria rusa, una década de transición. Después de un levantamiento fracasado en diciembre de 1825, conocido como la revolución ‘Dekabrista’, que fue brutalmente reprimida por el flamante zar Nicolás 1, la vida literaria quedó sometida a un estricto control y censura. Los escritores más rebeldes fueron condenados a la horca como el poeta Kondrati Riléiev (1795-1826) o mandados a trabajos forzados a Siberia, como Aleksandr Odóievski (1802-1839, primo de Vladímir) y Wilhelm Küchelbecker (1797-1846). Los que quedaron, no intervinieron demasiado en asuntos políticos sensibles, al menos no abiertamente. Inicialmente, las obras literarias eran publicadas en almanaques literarios, anuarios con poesía inédita y prosa de ficción. La mayoría de ellos no pasó de unos pocos números. Uno de los más importantes fue Las flores del Norte, dirigido inicialmente por el poeta Barón Antón Délvig (1798-1831), pero retomado por Aleksandr Pushkin después de su repentina muerte, Odóievski publicó allí sus famoso cuentos sobre artistas, El último cuarteto de Beethoven (1831) y Sebastian Bach (1835). Otros fueron Alcione (1831-1833), publicado por el Barón Yegor Rozen, y Lucifer (1830-1831), publicado por Mijaíl Maksímovich. Algunos temas importantes allí tratados fueron la discusión sobre el ser artista y el sentido de la vida, particularmente en relación con la religión. Otra tendencia para destacar es que en los años ’30 la poesía perdió terreno en favor de la prosa.

A partir de 1835, la influencia de los almanaques fue disminuyendo y el medio de publicación pasó a ser la revista literaria o el suplemento de diario. Tenían una circulación mucho mayor y una audiencia más amplia. El contenido también iba mucho más allá de la ficción literaria Se escribía sobre casi todo: desde las discusiones y peleas entre los eslavófilos y los occidentales, la ascendente clase media, la emancipación de la mujer, la rivalidad entre las ciudades Moscú y San Petersburgo, la religión y la iglesia, el destino de Rusia en el mundo, la anglomanía, la discusión sobre las amenazas de cometas (Odóievski dedicó a este tema su interesante cuento de ciencia ficción titulado El Año 4338), hasta moda y temas culinarios. Odóievski escribió sobre casi todos estos temas usando diferentes seudónimos como el Señor Puf o el tío Irinéi Gomozeiko. El periódico más conocido fue El Observador de Moscú y los suplementos literarios de El Invalido de Moscú y Las Notas de la Patria.

Aunque Odóievski publicó en muchos medios, Sítina se limitó en su monografía a la discusión de las obras de Odóievski publicadas en los dos almanaques (capitulo 1) y en los otros tres periódicos arriba mencionados (capítulos 2, 3 y 4); un total de cuatro capítulos más un prólogo y una conclusión aparte. Como anexos, hay una lista completa de fechas y medios de publicación de cada una de las obras de Odóievski, incluyendo las de no ficción, que no son analizadas en el libro. Después siguen algunas páginas con aforismos sobre distintos temas y, finalmente, una lista alfabética de nombres mencionados en el libro. Lamentablemente, falta una bibliografía aparte; no obstante, estas referencias se encuentran en las notas al pie.

Además de situar la obra de Odóievski en el centro del campo literario y de las discusiones intelectuales de la época, el libro ofrece una excelente visión general de la historia literaria rusa de entonces, enfocándose en muchos aspectos que no son muy conocidos, como por ejemplo la obra de las escritoras, las características específicas de lo fantástico en la literatura rusa, la relación entre Odóievski y Lérmontov y aspectos religiosos de la obra de Odóievski. Ella misma dice en el prólogo, utilizando algunos términos de la crítica literaria postsoviética con orientación religiosa ortodoxa:

“En los periódicos de la década de 1830 se reflejó la vitalidad de la historia rusa, el movimiento del tiempo; ella contiene temas de actualidad junto con ecos de eternidad. Por tanto, el estudio de la obra de Odóievski en el contexto de sus publicaciones específicas no significa en absoluto el intento de aislarse en el “pequeño tiempo” de la publicación de sus obras, sino, por el contrario, de mirar lo “grande” a través de lo “pequeño”, actualizar los estratos de la milenaria cultura rusa, esa tradición espiritual que en ocasiones se manifiesta con más claridad en la lírica y el periodismo que en la prosa, sobre todo en alguien propenso a velar sus ideas como Odóievski. Al unirse al coro de catedral de la literatura rusa, el príncipe comprendía su obra como parte orgánica de la tradición viva y vivificante en la que se basa la cultura rusa.”[2]

La investigadora también aporta más información sobre cómo se produjo la transición del romanticismo al realismo ruso, de la que ya se había dado un primer paso importante en los años ’30 con la primera aparición de temas sociales en la ficción literaria. Esto se ve claramente en el tratamiento de lo fantástico, que para Odóievski y sus contemporáneos es más un instrumento para expresar conceptos psicológicos y filosóficos que para causar efectos mágicos, muchas veces vacíos, como en el romanticismo alemán (“La Nebulosa Alemania[3]”). En esta época de transición fue cuando los tres grandes -Pushkin, Gógol y Lérmontov- publicaron sus obras en prosa más importantes, y cuando Turguénev, Goncharov y Dostoievski[4] estaban por comenzar su carrera literaria.

Odóievski fue una fuente de inspiración para autores ahora considerados clásicos: conocía a casi todos los grandes del mundo literario gracias a su famoso salón en el pasaje Moshkov en San Petersburgo. La investigadora afirma claramente que sus historias, ideas y conceptos son a menudo mucho más complejos que los de la mayoría de sus contemporáneos y que no paraba de experimentar con todo tipo de géneros, lenguajes, formas lingüísticas y motivos dentro de la prosa. Una posible explicación al hecho de que su nombre no se haya hecho famoso es que quizás experimentó demasiado, haciendo sus obras menos accesibles a un gran público. De su novela Noches rusas se publican muchas veces algunos cuentos separados y no la novela completa, que parece más un tratado filosófico romántico que una obra de ficción. El autor era un outsider dentro del campo literario, particularmente después de las trágicas muertes de Pushkin (1837) y Lérmontov (1841). No fue capaz de pertenecer a ninguna agrupación o categoría y sus obras cayeron en el olvido en los años subsiguientes. Los revolucionarios no tuvieron nada que ver con él porque era parte del sistema zarista (era inspector de hogares infantiles, un trabajo que él tomaba muy en serio); los conservadores criticaban su interés por novedades “perversas” occidentales como la tecnología, la psicología y la ciencia; para los jóvenes (entre los cuales se contaba Lev Tolstói), era un viejo aristócrata excéntrico y decadente; un amateur para los músicos profesionales; para colmo, todo el mundo estaba aterrorizado por sus experimentos culinarios, en los que no se avergonzaba de usar el opio como ingrediente. No obstante, Sítina confirma en su monografía que el estudio de la vida intelectual en la Rusia de los años ’30 y ’40 del siglo XIX no es posible sin profundizar en la figura y el talento de Vladímir Odóievski, quien merece formar parte del panteón clásico ruso. El creciente número de ediciones y traducciones publicadas de su ficción literaria es un paso adelante, pero todavía queda mucho por explorar.

Notas

[1] Véase Bolaño, Roberto, 2666, Anagrama, Barcelona, 2004, página 888-889.

[2] «В периодике 1830-х годов отразилась живая жизнь русской истории, движение времени – в ней есть злободнева проблематика, и отзвуки вечность. И потому изучение творчества Одоевского в контексте конкретных изданий отнюдь не означает стремление замкнуться в ¨малом” времени публикации произведений но, напротив, через “малое” заглянуть в “большое” актуализировать пласты тысячелетней русской культуры, той духовной традиции, которая порою ярче проступает в лирике и публистике, чем в художественной прозе, особенно у склонного к завуалированности в высказывании своих идей Одоевского. Включаясь в соборный хор русской словесности, князь осознавал свое творчество как органическую часть того живого и животворного предания, на котором зиждется русская культура.”, Sítina (2019), pp. 14-15. El uso del término “coro de catedral” constituye el núcleo de la investigación de Sítina, basada en las teorías de Iván A. Esaúlov, que investiga el carácter cristiano ortodoxo de la cultura rusa. Él ve la literatura como un conjunto orgánico cristiano llamado “sobornost” (sobor es catedral) según el cual los autores y obras forman parte de una única cultura (rusa) ortodoxa, véase: ‘Sobornost’ in Nineteenth-Century Russian Literature’, in Cultural Discontinuity and Reconstruction, ed. J.B.I. Lunde (Oslo: Solum forlag A/S, 1997), pp. 29-45, ‘Sobornost’ in Nineteenth-Century Russian Literature’, en Cultural Discontinuity and Reconstruction, ed. J.B.I. Lunde (Oslo: Solum forlag A/S, 1997), páginas 29-45, http://postsymbolism.ru/esaulov/articles/sobornost_in_XIX_Russian_Literature.pdf

[3] “Германии Туманной”, Sítina (2019), página 260-61. Para más información sobre lo fantástico en Odóievski y Dostoievski véase el artículo de Alejandro Ariel González “El difunto viviente y El doble u otra vez sobre lo fantástico de Dostoievski” (2018), Estudios Dostoievski, nº 1 (julio-diciembre 2018), http://agonfilosofia.es/EstudiosDostoievski/ed01pdf/gonzalez064076.pdf, cuya versión rusa es citada en el libro de Sítina.

[4] Sítina menciona las similitudes entre sus primeras obras y las de Odóievski (y Hoffmann), especialmente en lo que respecta a lo fantástico. También indica que la estructura de la novela “Noches rusas” puede haber sido la base de la estructura polifónica de las grandes novelas, algo que podría ser un interesante tema de investigación.

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