El motivo de la tierra desolada: una mirada sobre Alojz Gradnik y T. S. Eliot

Jimena Santos – Universidad de Buenos Aires

Introducción

En el presente trabajo nos proponemos analizar cuál es el sentido que cobra el motivo de la tierra desolada en el texto de T. S. Eliot La tierra baldía (The Waste Land) y La tierra desolada de Alojz Gradnik. Ambos poemas están ambientados durante la Primera Guerra Mundial, período caracterizado según Hobsbawn (1998) por las “catástrofes”, y justamente el adjetivo “desolada” que caracteriza a la tierra en ambos poemas es lo que nos permite ver las consecuencias de este del devenir histórico. Por esta razón señalamos que en los textos de Gradnik y de Eliot, el motivo de la tierra desolada muestra la destrucción tanto material como simbólica que provocó la catástrofe de la Primera Guerra Mundial.

Ambos autores plantean la destrucción material causada por la guerra. Sin embargo, la devastación y la pérdida territorial tienen distintos significados. Eliot muestra un quiebre entre un pasado próspero y un presente decadente, a través del cual observamos la pérdida de sentido de los valores de la civilización occidental a causa de la desintegración del mundo tal y como lo conocía. En cambio, para Gradnik no existe un pasado glorioso, dada la situación de sometimiento del pueblo esloveno durante más de mil años, a raíz de la ocupación extranjera en ese territorio.

Para desarrollar esta idea partiremos del concepto de “agenciamiento” que Deleuze y Guattari (1988) esbozan en el capítulo “Del ritornelo”, perteneciente al libro Mil mesetas. Este remite a la relación entre elementos heterogéneos, que producen un sistema de sentidos sobre la realidad. Según estos autores el primer agenciamiento es el territorio, así dicen: “el territorio reagrupa a todas las fuerzas de los diferentes medios en un solo haz constituido por las fuerzas de la tierra. Sólo en lo más profundo de cada territorio se produce la atribución a la tierra, como receptáculo o plataforma, de todas las fuerzas difusas” (p. 327).

A partir de esta descripción surge la importancia de la tierra en el plano simbólico de la guerra, dado que nos permite establecer conexiones con otros elementos de los poemas. En relación a esto, Luthar (2008) dice: “Most importantly, these rarely remembered battlefields also created in people—soldiers and civilians—the need to express their fears and horrors in the face of the extraordinary conditions of war. Almost overnight, hundreds of people who had no need to articulate their feelings before the war became poets and writers producing countless letters to dispel their anguish and worry”. (p. 368).

Precisamente en los autores que pretendemos analizar se observa esa necesidad de expresar por medio de la escritura los sentimientos de angustia y preocupación producidos por la guerra.

Por un lado, en La tierra desolada de Gradnik podemos ver la necesidad de realizar una crítica a los conflictos producidos por las disputas de poder en la zona de frontera entre Italia y Eslovenia, dado que durante la Primera Guerra Mundial este espacio fue escenario de batallas entre el Imperio Austrohúngaro e Italia. Esto le permite tomar conciencia sobre la larga historia de sometimiento de su pueblo, y lleva a centrarse en el análisis de la segunda parte de su libro donde se desarrolla el tópico de la tierra desolada. Por otro lado, en The waste land, de Eliot, observamos la voluntad de expresar en ese espacio yermo la crisis de la cultura occidental tras la Primera Guerra Mundial, especialmente la destrucción producida en Inglaterra por los bombardeos enemigos. La esterilidad de la tierra es un símbolo que hace referencia a la falta de una respuesta y la necesidad de encontrar en la escritura una nueva forma de representar el mundo devastado.

En conclusión, veremos cómo ambos autores presentan en sus textos dos escenarios diferentes, pero bajo la misma idea de destrucción del agenciamiento territorial y las consecuencias que esto provocó en los elementos del sistema simbólico del que era receptáculo.

Tierras lejanas unidas por la desolación

Por un lado, el motivo de la tierra desolada en el poema de Gradnik refleja la devastación y la dominación producida por los conflictos en la zona de frontera entre Italia y Eslovenia durante la Primera Guerra Mundial. En este contexto Italia había decidido mantenerse neutral ante la declaración de guerra entre Austria y Serbia. Sin embargo, luego decide aliarse con la Triple Entente y firman el Tratado de Londres en 1915 en el cual se comprometían a entregar amplios territorios austrohúngaros a Italia a cambio de su intervención en la guerra. Esto le aseguraba a Italia la anexión de varios territorios, entre ellos Goricia, Trieste e Istria. Es así como en 1920 tras el Tratado de Rapallo, Italia toma posesión de estas tierras a las que denomina Venezia Giulia:

“La versión eslovena del nombre, Julijska krajina, empezó a utilizarse sólo tras la Primera Guerra Mundial. En esloveno el área de frontera cerca de Italia, que tras el 1945 pasó a formar parte de la República federal yugoslava y de Eslovenia, se conoce como Primorska o Slovensko Primorje, para distinguirlo de Hrvatsko Primorje (Litoral croata). El nombre de Julijska krajina (Provincia Juliana) se usa hoy solamente para el territorio de las provincias de Gorizia y Trieste dentro de las fronteras italianas sancionadas en 1947 y 1954” [Verginella] , 2005, p. 249).

La ocupación italiana sobre estos territorios no solamente tuvo como consecuencia el cambio del nombre, sino también provocó temor y violencia sobre los eslovenos que vivían allí:

“La disolución de Austria-Hungría, la nueva disposición de la frontera en el Adrático norte y la anexión del Litoral austriaco al Reino de Italia originaron un vasto movimiento migratorio. En la posguerra Trieste, como capital de provincia de la Venecia Julia, se convirtió en meta de un fuerte flujo de emigrantes (cerca de 50.000) procedentes de varias provincias del Reino de Italia. Estos, tras la partida de los ciudadanos austriacos de idioma alemán, checo o polaco, pero también de muchos ciudadanos de idioma esloveno y croata, fueron atraídos por las posibilidades de empleo en la frontera oriental. Entre 1919 y 1922, emigraron de la Venecia Julia hacia el territorio del nuevo estado Yugoslavo alrededor de 28.000 eslovenos y croatas. Hacia 1934 su número aumentó en 50.000, hasta alcanzar, al estallar la segunda guerra mundial, alrededor de 105.000 personas. La emigración fue una salida obligada, en primer lugar para la clase media eslovena que residía en las áreas urbanas como Trieste o Goricia. Primero se fueron los empleados de la administración, los funcionarios del Estado y los ferroviarios. Tras la llegada del fascismo, lo mismo ocurrió con los profesionales, abogados y médicos,
maestros y clérigos, o sea, con todas aquellas personas que, por trabajo o militancia a favor de la minoría a la cual pertenecían, no eran gratas a las autoridades italianas” (Verginella, 2005, p. 250).

Gradnik fue uno de los afectados, dado que vivía en esa zona de conflicto:

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Alojz Gradnik

“Alojz Gradnik nació en 1882 en Medana, Primorska, la zona occidental de la actual Eslovenia (en la frontera con Italia), que en ese momento formaba parte del Imperio Austrohúngaro. Sus padres eran comerciantes, realizó sus estudios secundarios en Gorica y luego se recibió de abogado en Viena. Ejerció como juez en Gorica, Istra y Cerkno. Cuando los italianos ocuparon la región de Primorska se transladó a Yugoeslavia donde ejerció como juez en el Tribunal Superior de la Nación en Ljubljana y Belgrado”. (Sarachu, 2017, p. 344).

Esta experiencia marcaría no solamente su vida sino también su escritura. De esta manera, en La tierra desolada Gradnik refleja cómo la Primera Guerra Mundial afectó su vida personal y la de su patria. Para ello utiliza a la tierra como receptáculo de los males de la guerra.

Por otro lado, el poema de Eliot The waste land, publicado por primera vez en 1922, retrata el hecho histórico de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias sobre la cultura occidental especialmente en Inglaterra donde el poeta estaba radicado. Según Alvarado Tenorio (2005) la situación en ese país era devastadora:

“A finales de 1914, en sólo unos cuantos meses los ejércitos británicos y francés habían perdido millares de sus hombres. Las jóvenes élites de sus ejércitos habían sido diezmadas. En las trincheras, húmedas y llenas de ratas, millones de soldados hacinados combatían, entre la monotonía y la muerte, frente a las poderosas ametralladoras, los bombardeos de los zepelines y el gas venenoso de los alemanes. Guerra que en una sola batalla, la de Somme, dejó, entre muertos, heridos o capturados a medio millón de ingleses […] La guerra no sólo transformó a los individuos sino que produjo un nuevo estado, luego de décadas de liberalismo teórico y práctico” (p. 15).

La seguridad del viejo orden se desmoronaba con rapidez y toda la población vivía bajo la amenaza de la muerte inminente. Las matanzas produjeron grandes bajas en la población joven, destrozaron las creencias del pasado y también las esperanzas de un futuro próspero. Este cambio en el devenir histórico se ve reflejado en el concepto de agenciamiento territorial, dado que en él se refleja cómo la naturaleza de los hechos cambia. Por esta razón tenemos que tener en cuenta que no nos referimos a un concepto
estático sino risomático, que tiene un aspecto relacional y procesual:

“Lo único que se puede decir es que, en tanto que las fuerzas aparecen como fuerzas de la tierra o fuerzas del caos, no son captadas directamente como fuerzas, sino reflejadas en las relaciones de la materia y de la forma. Así pues, se trata más bien de umbrales de percepción, de umbrales de discernibilidad, que pertenecen a tal o tal agenciamiento […]
Lo que en un agenciamiento estaba compuesto, lo que todavía sólo estaba compuesto, deviene componente de un nuevo agenciamiento. En ese sentido, apenas hay más historia que la de la percepción, mientras que aquello con lo que se hace la historia es más bien la materia de un devenir, no de una historia. El devenir sería como la máquina, presente de forma diferente en cada agenciamiento, pero pasando del uno al otro, abriendo el uno al otro, independientemente de un orden fijo o de una sucesión determinada” (Deleuze, p. 350).

De esta manera, podemos observar en los poemas la incidencia del motivo de la tierra desolada en relación con otros elementos que dependen de él y, a su vez, con la realidad histórica de la que forma parte.

La primera relación que encontramos se establece entre la tierra desolada y la destrucción del paisaje natural y urbano. La zona que retrata Gradnik en su texto es el campo, pero en este caso la naturaleza no está asociada con el verde de la tierra fértil sino que predomina el gris, que se corresponde con la aridez y la desolación. Por ejemplo, la serie “Motivos de Istria” comienza con el poema “La tierra desolada” donde la caracteriza como: “olas grises del mar” (Gradnik, 2009, p.37). A su vez, en el poema “Pueblo de Istria” aparece el gris como el color que describe las casas del paisaje: “Un cúmulo de grisoscuro de casas en la ladera desolada” (Gradnik, 2009, p.37), que a su vez son comparadas con pájaros negros cansados y hambrientos.

En siguiente poema “Pequeño bosque de olivos” se ve cómo los elementos de la naturaleza tienen este color apagado. Así, son representados los árboles: “Resplandecen las cortezas en la tardenoche incandescente / plateadas y grises” (Gradnik, 2009, p.37). Esto también lo podemos observar en “Diezmo”:

Al lado de la mierda y del charco y del montículo de paja
están las chozas desgarradas, tiznadas; en medio de ellas
está el castillo blanquísimo y el jardín y al lado el cantero
altos cipreses, como banderas oscuras (Gradnik, 2009, p.43).

El color de la naturaleza y especialmente de los árboles remite a la triste y melancólica sensación de un yo lírico que se vio forzado a abandonar su tierra a causa de la dominación extrajera, como menciona Sarachu en una nota al pie de su traducción del poema “Riva degli schiavoni”:

“La zona del Carso esloveno es una amplia extensión territorial que antes estaba cubierta por un bosque de robles milenarios, fue talada íntegramente por orden del gobierno de Venecia para construir con los troncos los cimientos sobre los que descansa la ciudad famosa” (Gradnik, 2009, p.36).

De esta manera, existe un paralelo entre lo que le sucede a la tierra y al pueblo, es decir, los árboles fueron extraídos de su tierra tal y como los habitantes fueron expulsados y obligados a irse de su lugar de pertenencia. Asimismo, en el poema “Elegía de Istria” vemos que con la deforestación el poeta también alude a su pueblo, así dice:

Bosques esparcidos, después sólo sierras
piedras y yermo. En los pueblos cabañas desnudas,
como si toda la tierra llorara por la pobreza.

Pero en la lejanía brilla la ciudad y el mar.
¡Ay Istria! Para aquellos, cuyas manos sólo con engaño
te ayudaron a desvestirte hasta desnudarte
y te profanaron toda… (Gradnik, 2009, p.39).

Aquí la desnudez alude al tratamiento ultrajante e irrespetuoso que los enemigos realizaron sobre estos territorios. Una imagen interesante de resistencia es la que nos muestra en el poema “Loma”:

“Álamos esbeltos entre la llanura amplia
con nubes llameantes en las copas,
como soldados fuertes con banderas
acá montan guardia en la frontera con el extranjero” (Gradnik, 2009, p.43).

Los álamos simbolizan a los que se quedaron y permanecieron firmes defendiendo el suelo que les pertenece. Son figuras de resistencia y esperanza de una tierra desolada donde sus habitantes se vieron forzados a abandonar. Además, la desnudez de la tierra también está relacionada con la falta de recursos, la pobreza, el hambre y como consecuencia la muerte. De esta manera, el suelo infértil tiene repercusiones graves en todos los seres vivos que la habitan, porque la infertilidad de la tierra impide la posibilidad de la vida.

Así se describe a la naturaleza en el poema “La tierra desolada”, donde un grupo de ovejas pasta de manera tranquila mientras que a lo lejos se escuchan “voces tristes” (Gradnik, 2009, p.37). Esta imagen introduce los sonidos que se escuchan y que preludian la muerte. En la segunda estrofa, el yo lírico escucha los sonidos y dice: “Canción como de la tumba: / de esfuerzos, de hambre, suspiros sordos de ira, como ruegos y gritos agonizantes / que buscan el límite de la muerte” (Gradnik, 2009, p.37).

En este poema existe una relación entre el color y los sonidos como portadores de la muerte. Además, la sucesión de las cuatro estaciones sirve como fuente recordatorio del ciclo de la vida. Esto lo podemos observar en el poema “Noviembre” donde dice: “Noviembre… El fruto está guardado bajo el techo. / Como si quisiera, que nada sea apresado / por las manos del invierno gris…” (Gradnik, 2009, p.46). El otoño es la época en la que comienza la madurez del follaje, en la que las hojas se desprenden de su fuente de vida para ir a morir sobre la tierra desolada. Es el momento cuando los animales y las personas preparan sus casas y alimentos para la estación fría que se avecina. Todos los tonos del ocre, del amarillo y del rojo dominan el paisaje difundiendo su mensaje de decadencia y ya en el invierno gris todo queda paralizado por las condiciones adversas que caracterizan a esta estación.

Claramente la muerte es uno de los elementos que forma parte de la red heterogénea que produce la destrucción del agenciamiento territorial. Lo mismo sucede en el poema de Eliot (2012), que desde el principio nos ubica en presencia de la muerte, la cual otorga un tono sombrío y desesperanzado a la naturaleza. Esto lo podemos observar al comienzo de la sección “El entierro de los muertos”:

Abril es el mes más cruel, que engendra
lilas de la tierra muerta, que mezcla
los recuerdos y el deseo, que agita
las secas raíces con lluvias de primavera.
El invierno nos mantuvo tibios, cubrió
la tierra de olvidadiza nieve, nutrió
el poco de vida con tubérculos secos (p. 5).

Esta visión trágica que produce el cambio de las estaciones esconde los acontecimientos en el tiempo, esperando su momento en la historia. De esta manera, estos versos los encontramos al inicio de la obra, justo antes de que empiecen a desencadenarse acciones que provocarán los incidentes que ya no podrán detenerse. Para ilustrarlo Eliot otorga a cada una de las estaciones su propia carga simbólica. El invierno es el tiempo en que todo parece dormido, un tiempo de inactividad. En contraste con la primavera, durante la cual todo despierta y se ve abocado a la acción y a la sucesión imparable de acontecimientos. Esta vida que despierta en primavera y que se acaba en el invierno tiene un paralelo con los acontecimientos que mueven la historia. Al tomar consciencia del pasado perdido se manifiesta la angustia existencial.

Como consecuencia de eso, el agenciamiento territorial aparece como un espacio en ruinas, en el cual ni la belleza ni la vida forman parte del paisaje natural. Al contrario, en él sólo reinan la sequedad y la muerte, como por ejemplo en la segunda estrofa donde aparece lo siguiente:

¿Qué son estas raíces que se aferran, estas ramas que crecen
en este basural rocoso? Hijo del hombre,
no puedes decirlo, ni adivinarlo, porque sólo conoces
una pila de imágenes rotas donde el sol azota,
el árbol muerto no ofrece refugio, ni el grillo da alivio,
ni en la piedra seca hay sonido de agua. Solamente
hay sombra bajo esta piedra roja (Eliot, 2012, p. 5).

Las imágenes sombrías nos brindan la sensación de una nueva generación que es testigo de la destrucción del mundo y de la falta de amparo. De esta manera, las ruinas del paisaje natural representan en ambos poemas la desolación de un presente decadente. Sin embargo, una de las diferencias que se plantea con respecto al texto de Gradnik es que Eliot hace una alusión no solamente al paisaje natural sino también a la ciudad: “Cuidad irreal/ bajo la niebla marrón de un amanecer de invierno; / la multitud fluía sobre el puente de Londres, tantos, /que nunca pensé que la muerte hubiera arrebatado a tantos” (Eliot, 2012, p. 6).

Esta estrofa muestra la transformación de la ciudad en un lugar amenazante, como consecuencia de la guerra. A esto se le suma que la Sibila permite introducir el tema del tiempo profético. Éste es un elemento significativo, dado que en el poema se esboza una visión negativa sobre el destino de la tierra baldía. Así, nos encontramos con la presencia de una vidente:

Madame Sososixis, famosa clarividente,
tenía un mal catarro, y sin embargo
se la conoce como la mujer más sabia de Europa,
con sus malignos naipes. Aquí, dijo,
está su carga, el Marino Fenicio Ahogado,
(Estas que son perlas fueron sus ojos. ¡Mira!)
Aquí está Belladonna, la Dama de las Rocas,
la dama de las situaciones.
Aquí está el hombre de los tres báculos, y aquí la Rueda,
aquí el Mercader tuerto, y esta carta,
que está en blanco, es algo que lleva en la espalda,
que me está negado ver. No encuentro
al Ahogado. Tema la muerte por agua (Eliot, 2012, p. 6).

En este fragmento, la muerte aparece como algo inevitable para el ser humano, quien al enfrentarse con ella descubre su propio desamparo. En este sentido, podemos observar en la cita que la clarividente está leyendo la fortuna a través de las cartas del tarot y le vaticina al yo lírico malos presagios. Ella encuentra en varias imágenes una referencia a la muerte, como por ejemplo la del Marinero Fenicio, que le advierte sobre la posible muerte en el agua.

Todas estas secuelas producto de la desolación de la tierra afectaron inevitablemente en el ánimo de los sujetos que la habitaban y que fueron evocados en la voz del yo lírico como transmisor de las necesidades de su pueblo. Al respecto, Hobsbawn (1998), en el capítulo “La época de la guerra total” de su libro Historia del siglo XX, analiza el período que se extiende desde 1914 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial como un tiempo caracterizado por las “catástrofes”. Para este autor, las guerras producidas marcaron un antes y un después en la humanidad, instaurando un período de crisis. El hito que marca el inicio es la Primera Guerra Mundial, así dice:

“…una época de catástrofes, que se extiende desde 1914 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial transformó la sociedad humana. Comienza con la Primera Guerra Mundial, que marcó el derrumbe de la civilización (occidental) del siglo XIX. Esa civilización era capitalista desde el punto de vista económico, liberal en su estructura jurídica yconstitucional, burguesa por la imagen de su clase hegemónica característica y brillante por los adelantos alcanzados en el ámbito de la ciencia, el conocimiento y la educación, así como del progreso material y moral. Además, estaba profundamente convencida de la posición central de Europa, cuna de las revoluciones científica, artística, política e industrial, cuya economía había extendido su influencia sobre una gran parte del mundo, que sus ejércitos habían conquistado y subyugado, cuya población había crecido hasta constituir una tercera parte de la raza humana (incluida la poderosa y creciente corriente de emigrantes europeos y sus descendientes), y cuyos principales estados constituían el sistema de la política mundial” (p.15).

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T. S. Eliot

La Primera Guerra Mundial constituyó una bisagra para el mundo occidental, dado que todos los pilares fundantes de esta civilización sucumbieron. De esta manera, la guerra no solamente implicó una destrucción material sino también ideológica, es decir, se produjo una crisis de los principios y las estructuras que sustentaban la civilización moderna. Las grandes potencias que regían el mundo hasta ese momento quedaron devastadas, miles de muertos, ciudades destruidas y un mapa que estaba en constante reorganización mostraban un mundo inestable y en trasformación. Esto afectó la manera en que los sujetos percibían el mundo:

“Para quienes se habían hecho adultos antes de 1914, el contraste era tan brutal que muchos de ellos, incluida la generación de los padres de este historiador o, en cualquier caso, aquellos de sus miembros que vivían en la Europa central, rechazaban cualquier continuidad con el pasado. «Paz» significaba «antes de 1914», y cuanto venía después de esa fecha no merecía ese nombre. Esa actitud era comprensible, ya que desde hacía un siglo no se había registrado una guerra importante, es decir, una guerra en la que  hubieran participado todas las grandes potencias, o la mayor parte de ellas” (Hobsbawn, 1998, p.30).

Vemos que Hobsbawn señala que la primera guerra mundial no es solamente un acontecimiento que tuvo incidencia material sino también simbólica, es decir, cambia la manera en que los sujetos observan, sienten y piensan el mundo. De esta manera, nos encontramos con poemas donde el yo lírico expresa el sufrimiento ante un mundo cruel y destruido. En primer lugar, tenemos el caso del poema “Camino cansado”:

Cansados y silenciosos van los burros por el camino
arenoso y desnudo, que ni él mismo sabe, adónde va.
Apáticos y silenciosos van con ellos los campesinos: sus deseos:
están agotados, sus corazones resignados: sus abuelos
cargaban así mudos todos los problemas y hacia la miseria
con las rodillas plegadas caminaron en silencio (Gradnik, 2009, p.38).

En la figura del campesino se condensan los largos años de sometimiento, dolor y cansancio del pueblo esloveno por sobrevivir a una situación de dominación y pobreza. En segundo lugar, esto se observa claramente en el poema “Todo el año y todo el largo día”:

Todo el año y todo el largo día
removés la árida melena desnuda.
Como si en su pecho el corazón vivo
buscaras, estás entregado a la tierra.

“¿Pero qué le preocupa al rostro sudado?
Contame, ¿qué miedo oprime tu cabeza gris? (Gradnik, 2009, p.42).

Aquí también es retratado el hombre que tiene relación directa con la tierra y vive de ella. Por lo tanto, la sequedad y la infertilidad afectan su ánimo.

En tercer lugar, aparece el sufrimiento por la destrucción del orden familiar. “Madre soltera”:

Querido mío, hace semanas brotó
una flor escondida en mi cuerpo.
Ahora ya no hay más dolor y remordimiento
en mi corazón, por haberme entregado a vos.

¡Ay no sabés, cuán dorada es la flor!
A veces, cuando me mira largamente,
casi pienso, que ya me está preguntando:
¿mamita, dónde está, dónde está mi papá? (Gradnik, 2009, p.52).

La guerra provocaba la muerte de los hombres que pelean en ella, pero también tenía un costo emocional para los familiares, sobre todo para las mujeres que debían sostener a sus hijos que se quedaban sin la figura paterna. Esto vislumbra el contraste entre la destrucción de la tierra y la fertilidad de las madres en un contexto de desolación, en el cual todavía se concibe vida aunque sin la protección de la figura paterna.

Por último, la figura de la madre también está asociada a la propia tierra. Por esta razón, en el poema “Brda” aparece lo siguiente: “¡ay cuántas veces te tuve en mis pensamientos, / y cuántas veces te veo en la distancia / todo borroso, mi tierra – madre!” (Gradnik, 2009, p.39). La añoranza por la patria es la misma que el yo lírico tiene por su madre.

En The Waste Land el sufrimiento está representado a través de la fragmentación del texto, ya que se puede observar en esa técnica las imágenes rotas de la desintegración de ese mundo. En efecto, la unión de la decadencia social del conflicto de la Primera Guerra Mundial a la imagen de la tierra desolada nos muestra la destrucción progresiva del sentido de la vida. En The waste land reconocemos el desamparo y la esterilidad física y espiritual del ser humano.

El poema de Eliot (2012) comienza con el siguiente fragmento: “Pues vi con mis propios ojos a la Sibila que pendía en una vasija en Cumae, y cuando sus acólitos le preguntaron: “Sibila, ¿qué deseáis? ella respondió: “Deseo morir”” (p.1). La cita pertenece al capítulo 48 del Satiricón de Petronio que alude a la Sibila. La inserción del fragmento le permite a Eliot incorporar a la tradición en su propia escritura y también le permite mostrar el ambiente mortífero y destructivo de la Primera Guerra Mundial. Allí se hace referencia a lo que la Sibila dice ante su situación de padecimiento: “deseo morir”. La intertextualidad planteada nos permite observar las implicancias formales y semánticas de la incorporación de la cita del Satiricón en “The waste land”. Petronio expresa a través del episodio de la cena de Trimalquión la decadencia de su sociedad, y utiliza la imagen de la Sibila que en su inmortalidad decadente no desea otra cosa que la muerte. Eliot retoma esta idea para significar las consecuencias que la destrucción de la guerra produce sobre la humanidad.

Finalmente, en los dos poemas que analizamos podemos observar la similitud con respecto a la destrucción tanto física como simbólica del agenciamiento territorial. Sin embargo, existe una diferencia que se relaciona con lo que Deleuze y Guattari (1988) señalan acerca de los pueblos eslavos:

“Por eso el romanticismo presenta otro aspecto, e incluso reclama otro nombre, otra pancarta, en los países latinos y los países eslavos en los que, por el contrario, todo pasa por el tema de un pueblo, de las fuerzas de un pueblo. Ahora, la que está mediatizada por el pueblo, y sólo gracias a él existe, es la tierra. Ahora, la tierra puede estar “desierta”, estepa árida, o bien territorio disgregado, arrasado, pero nunca está solitario, sino llena de una población que nomadiza, se separa o se reagrupa, reivindica o llora, ataca o padece. Ahora, el héroe ya no es un héroe de la tierra, es un héroe del pueblo” (p. 344).

Ellos plantean que los pueblos eslavos, al no poseer el territorio en el que viven, depositan en las fuerzas del pueblo la esperanza de lograr su libertad. En esto se refleja la manera en que Gradnik percibe al territorio como “desterritorializado” (Deleuze y Guattari, 1988, p. 343). A su vez, estos autores, marcan una diferencia con respecto a la edad moderna:

“El agenciamiento ya no se enfrenta a las fuerzas del caos, ya no se hunde en las fuerzas de la tierra o en las fuerzas del pueblo, sino que se abre a las fuerzas del Cosmos […] El material es una materia molecularizada, y que como tal debe “captar” fuerzas, que sólo pueden ser las fuerzas del Cosmos. Ya no hay una materia que encontraría en la forma su principio de inteligibilidad correspondiente. Ahora se trata de elaborar un material encargado de captar fuerzas de otro orden: el material visual debe captar fuerzas no visibles […] Como consecuencia, las fuerzas a capturar ya no son las de la tierra, que todavía constituyen una gran Forma expresiva, ahora son las de un Cosmos energético, informal e inmaterial” (Deleuze y Guattari, 1988, p. 346).

Esta destrucción material del agenciamiento territorial en la edad moderna y la búsqueda de fuerzas trascendentales que den respuesta a un mundo vacío de sentido es lo que intenta mostrar Eliot en su poema. Por este motivo, resultaba tan importante para él la técnica como mecanismo para poder retratar las nuevas necesidades de su época. En este contexto analiza Lázaro (2005) la propuesta de los Modernistas:

“La ruptura con las formas tradicionales que caracteriza la estética modernista inglesa está íntimamente ligada a la temática que se desea plantear. Estas obras, que aparentemente se presentan fragmentadas y con una gran complejidad formal, quieren ser manifestación de la crisis social y moral que vive la sociedad occidental en los primeros lustros del siglo xx. Se pretende así expresar el malestar, la desorientación y el desorden existente en una sociedad cambiante, fragmentaria y compleja” (p. 476).

En este sentido, no podemos analizar sus intereses estéticos sin tener en cuenta el contexto histórico en el que surgen, dado que justamente hablan del mundo caótico y en crisis del que formaban parte. Particularmente, luego de la Primera Guerra Mundial los escritores modernistas pierden la fe en los valores de la civilización occidental y lo demuestran en sus obras. En la sección “Lo que dijo el trueno”, precedida por la “Muerte por agua”, podemos observar la aparición de un trueno que traería la lluvia y con él la esperanza de la vida en un lugar infértil donde los habitantes están destinados a morir:

… después de la agonía en los lugares pétreos,
los gritos y los llantos
prisión y palacio y reverberación
del trueno de la primavera en las montañas distantes,
quien vivía ha muerto ahora
los que vivíamos nos estamos muriendo
con un poco de paciencia (Eliot, 2012, p. 11).

Sin embargo, aquí el trueno tiene características particulares: “…aquí uno no puede pararse yacer ni sentarse/ no hay ni siquiera silencio en las montañas/ sólo el trueno estéril, reseco y sin lluvia” (Eliot, 2012, p.11). Vemos que la aparición del agua es una situación hipotética: “…si hubiera agua” dice el yo lírico. Aun así, a medida que los versos continúan la posibilidad aumenta:

Sólo un gallo se paró en el tejado
co co rico co co rico
al resplandor de un relámpago. Luego una húmeda ráfaga
que traía lluvia
El Ganga estaba hundido, y las fláccidas hojas
esperaban la lluvia, mientras que a lo lejos se formaban
los nubarrones, sobre Himavant.
La jungla se agazapó, encorvada en silencio.
Luego habló el trueno (Eliot, 2012, p. 12).

Pero la lluvia no trae la reparación a la tierra baldía. Luego de las palabras del trueno podemos observar cómo el poema se va derrumbando en fragmentos cada vez más condensados. La ruina vuelve a aparecer al final no sólo en la materialidad de los versos sino también en el contenido. De esta manera, el yo lírico plantea el derrumbamiento y la duda sobre la posibilidad de encontrar una solución a sus tierras, así dice: “¿arreglaré mis tierras?” (Eliot, 2012, p. 13). Entonces, podemos señalar que el ruido del trueno, a pesar de la lluvia, no trae esperanza sino que con él llega la muerte tanto para la tierra que no tiene otra posibilidad más que la ruina, como para el yo lírico, al cual la clarividente le había vaticinado la muerte por agua.

En la Modernidad se produce un cambio dado que la tierra ya no es un agenciamiento. Se produce una ruptura de sentido: “Ya no hay una materia que encontraría en la forma su principio de inteligibilidad correspondiente” (Deleuze y Guattari, 1988, p. 346). Aquí podemos establecer una diferencia importante entre ambos poetas, que señala Sarachu (2017):

“La diferencia en el tratamiento del mismo tópico en ambos autores radica en que, para Eliot, el corte con la tierra (la posición del sujeto lírico a espaldas de la tierra baldía), se encuentra relacionado con la crisis del concepto de nación y los estados en la posguerra, y la crisis moral y ruptura respecto de la idea de Dios o un más allá trascendente. De este modo la obra de Eliot abre hacia la estética moderna. En cambio en Gradnik, la figura que produce el agenciamiento es el pueblo, entonces el corte con la tierra envía al concepto de Dios como más allá absoluto, que a su vez reenvía a la tierra como objeto de deseo” (p.361).

Mientras que en el poema de Eliot la tierra baldía ya no es un agenciamiento que produce sentido, en el de Gradnik (2009) existe una mirada más esperanzada sobre la realidad que reorganiza las fuerzas y las orienta hacia otro elemento: el pueblo. Esto lo podemos observar en el poema “Año nuevo para un viejo exiliado”, donde el yo lírico se refiere a su situación de exiliado con malestar. Sin embargo, todavía conserva la esperanza de poder lograr la libertad a través de la fuerza de su patria:

Y vos, un año nuevo frente a mí, una tierra extranjera desgraciada
frente a mí, ¿qué tienen para ofrecerme, para que huya hacia ustedes?
Sacudime, sacudime aún más viento, para que no deje
esta tierra – porque en vos hasta las tumbas son más fáciles de soportar,
¡oh patria! (p.49)

Además, este poema está seguido por “Domingo de ramos de 1916”. Este poema refuerza la idea de la renovación de la esperanza, dado que en él se hace referencia al acontecimiento que marca el fin de la Cuaresma y el inicio de la Semana Santa, tiempo en que se celebra la pasión, crucifixión, muerte y resurrección de Cristo. A su vez, el ramo de olivo simboliza la renovación de la fe en Cristo. Por lo tanto el poeta, en la voz de una madre, le pregunta al Padre sobre los castigos que su tierra recibe: “Mirá nuestros campos aún no sembrados, / sin trigo nuestros graneros. / Mi marido no sé en qué pozo / se pudre. Mis hijos en la guerra. / Y mis hijas, como tantas, / son prostitutas” (Gradnik, 2009, p.50).

Sin embargo, esta voz que Gradnik (2009) le otorga a la mujer no se atreve a rebelarse ante el Padre: “¿Cómo, cómo, puede ser que tu voluntad / sea, que suframos tanto, Padre, / si yo ni siquiera puedo maldecirte?” (p.50). A pesar de denunciar los males que aquejan a ella y a su pueblo, la voz del yo lírico no es capaz de rebelarse ante la autoridad y conserva la esperanza y la renueva. Los campos “aún” no están sembrados, pero este adverbio significa que hasta ese momento no lo están. No cierra la posibilidad, sino que denota una ponderación, una posibilidad para que la tierra desolada sea fértil para su pueblo.

Conclusión

En el presente trabajo nos propusimos analizar los alcances del sentido de la tierra desolada en relación al contexto de producción de los poemas. A partir de esta idea, observamos la incidencia sobre los distintos elementos que fueron azotados por la destrucción de la Primera Guerra Mundial.

Finalmente, la propuesta de esta lectura nos permitió reflexionar acerca del valor de las palabras en la poesía como medio a través del cual se condensa el espíritu de una época. Es interesante terminar nuestro análisis citando lo dicho por Sartre (1950) sobre la función del lenguaje poético:

“Pero, si el poeta se detiene en las palabras, como el pintor en los colores y el músico en los sonidos, esto no quiere decir que las palabras hayan perdido todo significado a sus ojos; sólo el significado puede dar a las palabras su unidad verbal; sin él, las palabras se desharían en sonidos o trazos de pluma. Pero el significado también se hace natural; ya no es la meta siempre fuera de cada término, análoga a la expresión de un rostro, al leve sentido triste o alegre de los sonidos y los colores. Vaciado en la palabra, absorbido por su sonoridad o por su aspecto visual, espesado, degradado, es también cosa, increada, eterna; para el poeta, el lenguaje es una estructura del mundo exterior. El que habla está situado en el lenguaje, cercado por las palabras; éstas son las prolongaciones de sus sentidos, sus pinzas, sus antenas, sus lentes; ese hombre las maneja desde dentro, las siente como siente su cuerpo, está rodeado de un cuerpo verbal del que apenas tiene conciencia y que extiende su acción por el mundo. El poeta está fuera del lenguaje, ve las palabras al revés, como si no perteneciera a la condición humana y, viniendo hacia los hombres, encontrara en primer lugar la palabra como una barrera. En lugar de conocer primeramente las cosas por sus nombres, parece que tiene primeramente un contacto silencioso con ellas, ya que, volviéndose hacia esta otra especie de cosas que son para él las palabras, tocándolas, palpándolas, descubre en ellas una pequeña luminosidad propia y afinidades particulares con la tierra, el cielo, el agua y todas las cosas creadas. Incapaz de servirse de la palabra como signo de un aspecto del mundo, ve en ella la  magen de uno de estos aspectos” (p. 29).

De esta manera, la intención del trabajo no fue la de revelar conexiones biográficas entre ambos autores sino más bien explorar la capacidad de la poesía como catalizadora de la atmósfera de una época. Es a través de la poesía que los autores analizados extienden sus antenas al mundo para poder captar los sentimientos provocados por el devenir histórico.

Bibliografía

Alvarado Tenorio, Harold (2005). “Prólogo” en La tierra baldía y otros poemas. Bogotá: Arquitrave.

Deleuze, Gilles y Guattari, Félix (1988). “1837– Del ritornelo”, en Mil mesetas (Traducción de José Vázquez Pérez). Valencia: Pretextos, pp. 318- 353.

Eliot, T.S. (2012). The waste land.  (Traducción y edición crítica de Rolando Costa Picazo). Buenos Aires: Academia Argentina de Letras.

Gradnik, Alojz (2009). La tierra desolada (Traducción de Julia Sarachu). Buenos Aires: Gog y Magog.

Hobsbawn, Eric (1995). “La época de la guerra total” en Historia del Siglo XX (Traducción de Carme Castells). Buenos Aires: Crítica, pp. 29- 61.

Lázaro Alvarado (1996). “El concepto de modernismo en la literatura inglesa”. Recuperado de aquí .

“Prólogo” en La tierra baldía y otros poemas. Colombia: Arquitrave.

Luthar, Oto y otros (2008). The land between: a history of Slovenia. Frankfurt am Main: Peter Lang, pp. 369- 379.

Sarachu, Julia (2017). Tesis de doctorado: “Interpretación de la historia de la poesía Eslovena a la luz de los procesos políticos, Sociales y culturales que incidieron en la Constitución de Eslovenia como estado Nacional independiente”. Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires.

Sartre, Jean-Paul (1950). ¿Qué es la literatura? (Traducción de Aurora Bernárdez). Buenos Aires: Losada.

Verginella, Marta (2005). “La contribución historiográfica a las prácticas de negociación de la frontera italo-eslovena”. Recuperado de aquí.

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