Constructivismo y zenitismo. De Rusia a Eslovenia

Por Pablo David Arraigada

Si pensamos en la Primera Guerra Mundial, vemos cómo se llevó a cabo una modificación alrededor de todo el globo, que no queda solo en lo geográfico, sino que trasciende a lo social y lo político. A su vez, ubicarnos en los países eslavos nos lleva a una serie de puntos particulares.

Desde que se vislumbraron los fines del conflicto una nueva voz surgió en el arte, una voz nueva. Los movimientos de avant-garde han tenido un peso específico para dejar trascender ideas. Pese a que podemos ver ya los elementos de vanguardia previos al enfrentamiento bélico –Marinetti, por ejemplo–, resulta oportuno abocarnos a uno en particular: ese que va desde la Revolución rusa de 1917 a la ya entrada década del ’20. Esto nos permite ver cómo tiene su correspondencia con el recientemente surgido Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, primer momento en que los eslavos del sur tienen su nación propia. En el siguiente trabajo, notaremos cómo el constructivismo resuena en la juventud rusa y eslovena, qué aspectos comparte con ellas, cómo se diferencia y de qué manera el desarrollo de las vanguardias en los Balcanes es repensado para reverberar los valores nacionales.

El constructivismo: visión hacia el futuro

El movimiento constructivista surge a mediados de la década del ’10 en la Rusia zarista y se vuelve emblemático tras la Revolución. ¿Por qué? Quizá porque el movimiento se arraigplantea responder, dar solución al período histórico posterior a la Revolución, dar un orden al caos. A su vez, es pensado desde una perspectiva propagandística. El uso de materiales simples y formas geométricas, ligado a que sus fines eran hacer algo útil –de ahí que se vea su faceta en la arquitectura, por ejemplo–, vincular este arte  con el gobierno revolucionario.

Esta toma de posición, de ver un mundo a futuro, de pensar el advenimiento de un nuevo hombre va a tener su eco en el territorio de los Balcanes. Tras un largo período en que los distintos pueblos buscaron su reconocimiento, su autonomía, y, tras el resultado de las guerras balcánicas y la Primera Guerra Mundial, se los reconoce como un estado. Desde 1918, los ecos nacionalistas empiezan a dar sus frutos y surge el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. En ese clima llegan las noticias de la Revolución rusa y su trajinar de la mano de las ideas que tienen lugar ahí. Pensemos en la reflexión que se tienen sobre estas corrientes:

Finalmente, el futurismo inició una revolución estética al imponer un nuevo ángulo de visión. El mundo percibido de nuevo –el “mundo hacia atrás”, como Aleksei Kruchenykh tituló uno de sus libros– marcó el inicio de la sensibilidad del siglo XX. La herencia del futurismo, aunque filtrada y enriquecida por la experiencia de muchos y variados movimientos de avant-garde, es todavía visible en algunas formas del arte radical. La poesía concreta se basa en el principio de “la palabra como tal”, la palabra como un objeto que es valioso per se. El énfasis en estas propiedades visuales y fonéticas muestra la forma especial en que la palabra existe (la propia forma de ser de la palabra). El rechazo de los futuristas de los cánones literarios abrió infinitas posibilidades para la poesía y prosa de hoy día. Ritmos y rimas ahora dependen solamente de la inspiración del poeta y de las demandas interiores de una composición dada, más que de reglas preestablecidas (Lawton, 1988, p. 25).[1]

Se pueden observar aquí todas las ideas presentes que seducen a los eslavos del sur: la entrada al siglo XX, el valor de la palabra, el peso de lo visual y la evolución de las formas. Y, sobre todo, esa visión de un hombre nuevo, de dejar atrás lo antiguo y vincularse de otra manera al mundo, a un nuevo humanismo. De esta forma, uno ve que es el constructivismo ruso el movimiento que permite vincular al nuevo hombre con la tecnología. El constructivismo tiene su propia kostruktivne dobe, “sustancia revolucionaria” (Vrečko, 2005, p. 49). De ahí que sea, finalmente, tras dejar atrás el futurismo italiano y el zenitismo, la corriente a la que adhiere Kosovel para el desarrollo de su obra a partir de 1925.

El constructivismo y la revista Zenit: las ideas de Kosovel

La revista Zenit, que era juzgada entre las cinco más importantes revistas de avant-garde, había propagado desde su fundación en 1921 un nuevo arte, que no fue más un arte elitista de museos y decadentes cafés, sino que fundaría ‘una nueva fundación del constructivismo’, que regeneraría y balcanizaría Europa. Con esto se llegaría a un nuevo tipo de cultura y ser humano, con un sello balcánico de ética y humanidad directa (Vrečko, 2005, p. 48)

arraig1En el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos comenzaron a desarrollarse las ideas que llegaban desde Europa. Los jóvenes buscaban una voz para sus ideas nuevas. Es así que Zenit se estableció como la revista de avant-garde que trascendió la zona y era considerada entre las más importantes de la época. Fue un foco de influencia en toda la zona, en particular para Kosovel, quien pasó cerca de un año usando los ejemplares como objeto de estudio, volviendo a dichas lecturas. Posteriormente, abandonó el futurismo italiano y se volcó al zenitismo como idea nuclear de su obra. Su cercanía a la revista y al estilo y modo de creación, a cargo de Ljubomir Micić[2], lo llevó a abandonar toda noción de sentimentalismos y a trascender la visión del hombre máquina –motivo del desapego a las ideas de Marinetti a partir de ese momento–.

Misma situación vivían los demás exponentes de vanguardia en la región eslovena, como Vladimir Premru, Avgust Černigoj[3] y Anton Podbevšek. La revista contó con más de cuarenta números y en un momento debió mudar sus oficinas de Zagreb a Belgrado. Se puede traer la idea de Vrečko (2005), que piensa la revista como un mediador cultural, ya que no se caracterizó por tener poetas propios, poetas asociados a la revista, sino por transmitir ideas extranjeras –como cuando se dio la discusión acerca de Tatlin, que lleva a la ruptura entre Mimić y Aleksić por las tomas de posiciones frente al dadaísmo– (Vrečko, 2005, pp. 74-79). Ese discurso de “balcanizar Europa” que vemos en el epígrafe parece tornarse, con el paso del tiempo, en una europeización en los Balcanes.

Sin embargo, como bien plantea Vrečko, Kosovel ha seguido numerosas corrientes del siglo XX, las ha abrazado, pero luego las ha criticado. De la misma manera que marca su alejamiento del futurismo italiano y de la figura de Marinetti, va a tornarse cada vez más crítico de las corrientes del zenitismo –los últimos tiempos, la revista funcionaba más como una compiladora de material de autores extranjeros de avant-garde que como una impulsora de modos de pensar más autóctonos o, mejor dicho, nacionales. El objetivo de Kosovel seguía siendo la creación de un hombre nuevo, un nuevo humanismo, pero esto con la finalidad de romper con las viejas formas de opresión, de liberarse, de dar un lugar a los eslovenos, los proletarios, aquellos que estaban sometidos. Con un arte sin el necesario compromiso, esta premisa se tornaba un imposible. Es así como abandona la corriente zenitista y encuentra el camino con el constructivismo ruso.

El constructivismo y el hombre nuevo. El manifiesto “A los mecánicos”

La asociación crítica que tiene Kosovel a varios movimientos de su época lo lleva a abrazar un constructivismo de base internacional. Como cierre de esto, tras pasar por el impresionismo, las kons y las integrales, retoma el trabajo bajo un nuevo eje. Podemos ver una gran reflexión sobre su modo de pensar en “Mehanikom” (Kosovel, 2017). Dicho manifiesto fechado en 1925 es su consagración del nuevo hombre.

Ya en el título se encuentra el empleo lúdico de las palabras propio de Kosovel. El mecánico es una referencia falsa, el texto está pseudo-direccionado, pero se comprende lo que busca. De ahí que continúe con el uso de palabras del mismo campo semántico (electricidad, mecánico, chofer, cortocircuito, pararrayos, etc.), que nos llevan a enfrentarnos con los objetos de otra forma. Estos se cargan de cierta positividad solo en la naturaleza.

Seguimos nuevamente las palabras de Vrečko: “Contrario a la glorificación de los futuristas del movimiento y la tecnología, en el centro de los poemas de Kosovel se   encuentra la impotencia del sujeto lírico” ( Vrečko, 2005, p. 31). La irrupción de estos términos, estas palabras, asociadas al mecánico hacen referencia a otra cosa. Se interpela a los artistas, a los poetas. Está en ellos la misión, la tarea de transmitir, de educar. “Las rimas perdieron su valor”, dice en un poema. Ya no se puede volver a los viejos versos, para este nuevo ser es necesaria una nueva voz. Se debe combatir la falta de esencia en una era en que los europeos viven el éxtasis de la muerte. Viven entre objetos sin alma. Basta de automatismo, basta de mecánica. Kosovel interpela, golpea. Sacude a cada momento las viejas instituciones –los museos, el ejército, etc–, combate nuevos enemigos, a quienes vislumbra con una anticipación sorprendente con respecto a otros pensadores –América, la Federación de los Balcanes, la industria farmacéutica–.

El manifiesto “A los mecánicos” se vale de todo aquel trabajo realizado por el autor y da un paso más. Regresa así la visión que tiene de la situación a nivel mundial, a la vez que busca desarrollar la contraposición hombre/mecánica. Peca de racional y así es que se vale también del constructivismo para desarrollar su teoría de la paradoja, donde él intenta y logra ser racional, pero el mundo que lo rodea es ilógico. Ante la disyuntiva, su única acción es volverse paradójico. Este descubrimiento es crucial, es su quiebre con el dadaísmo que indirectamente pregona Zenit en ese período. La creatividad tiene un peso mayúsculo, el lenguaje se reconstruye, se lo emplea contra aquellos que creen detentarlo. Como digo en el epílogo a la traducción de La risa del rey del Dadá,

La propuesta de un hombre que no sea un autómata puede leerse tanto desde la perspectiva de alguien que no se doblega y niega la supremacía de las máquinas, así como del hombre que, en unión con los demás, sale delante de cualquier yugo totalitarista. La automatización del hombre se vuelve un discurso que Kosovel opone. […] Podemos pensar en un doble juego en sus versos: ataca a quien detente el poder, a quien busque someter a las masas. ¿Cómo lo hace? Emplea formas propias del discurso al que se enfrenta, los modos de aquellos que abogan por el sometimiento del otro […] (Kosovel, 2017, p. 113).

El manifiesto refleja eso, la maquinización y los automatismos, los síntomas del desarrollo industrial, pero es así que obtiene un lugar el hombre común, el proletario. Vemos aquí la cercanía con los discursos del constructivismo ruso. La imaginería soviética forma parte de su obra, lo rojo, el cohete ganando los cielos, Rusia es roja y Grecia es blanca –parafraseando el poema “Un cohete rojo”– (óp. cit., p. 43).

Kosovel y el constructivismo ruso se ligan en la etapa final de su corta vida (el autor fallece a los 22 años, en 1926). Pero podemos decir que así se deja el paradigma o, mejor dicho, la posta, para las generaciones que vienen después. La obra del poeta es parte fundamental de la literatura y el pensamiento esloveno, su manifiesto al mecánico es un ejercicio particular en las letras de esta nación. El pensamiento que surge de la Revolución hace eco en Kosovel, uno encuentra en estos usos del lenguaje vestigios de El Lissitzky y de Ehrenburg, pero más allá vemos la voz misma del movimiento. Repensemos por un instante el manifiesto de Kosovel y ahora volvamos, como ejercicio, a “Una trampa para los jueces, 2”.[4] De esta manera, se puede notar cómo se planteaba en la Rusia prerrevolucionaria una propuesta de la palabra como fundadora de mito –una palabra que contenga al objeto, que no sea carente de esencia–, pero sobre todo se nota el cierre: “Nosotros seremos la nueva gente de la nueva vida” (Lawton, 1988, p. 53). Si se toma este cierre de la mano del final de “A los mecánicos”, encontramos: “¡Todos los mecanismos deben morir! ¡El nuevo hombre llega!”. Se nota un perfecto contrapunto, una simetría y un camino que muestran a Kosovel y su introducción del nuevo humanismo en Eslovenia y los Balcanes.

Bibliografía

Kosovel, S. (2017). La risa del rey del Dadá. Pablo Arraigada (trad.). Buenos Aires: A Pasitos del Fin de Este Mundo.

Lawton, A. (comp.). (1988). Russian futurism through his manifestoes. 1912-1928. New York: Cornell University. 

Pavlič, D. (2005). “Kosovel in moderna poezija: analiza podobja”. En Kosovelova poetika / Kosovel’s Poetics. Ljubljana: Primerjalna književnost (Posebna številka).

Vrečko, J. (2005), “Srečko Kosovel in evropska avantgarda”. En Kosovelova poetika / Kosovel’s Poetics. Ljubljana: Primerjalna književnost (Posebna številka).

Vrečko, J. (2015). Constructivism and Kosovel. David Lemon (trad.). Vitanje: KSEUT. 

Notas

[1] En caso de que se indique lo contrario, las traducciones de las citas en esloveno y en inglés son de mi autoría.

[2] Ljubomir Micić (1985-1971), nacido en Žumberak, Croacia –en ese momento aún parte del Imperio Austro-húngaro– fue el fundador y redactor durante la década del ’20 de la revista Zenit. También fue poeta. Fue muy importante para el mundo eslavo del sur y formó parte de numerosas polémicas en su época.

[3] Amigo muy cercano de Kosovel (ambos con un origen común en la cercanía de Trieste), dejó para la posteridad su obra Srečko Kosovel, un retrato del autor. También es quien impulsa en Ljubljana, a diez años de la Revolución rusa la aparición de la revista Tank de la mano de Ferdo Delak, una revista de avant-garde recordada en esa zona.

[4] Texto que aparece en 1913 firmado por Burliuk, Mayakovsky, Livshits y Kruchenykh, entre otros.

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