“Una sombra en el corazón”, de Ada Škerl

Traducción y análisis: Julia Sarachu

Lírica amorosa en estado puro

Los poemas que siguen fueron extraídos del libro Senca v srcu publicado por la poeta eslovena Ada Škerl (1924-2009) en Ljubljana en 1949. La población eslovena atravesaba la dura situación de posguerra y reorganización de la sociedad en el marco de la República Socialista de Yugoslavia recién fundada. Sin embargo en los poemas hay escasas referencias al contexto de producción de la obra: a pesar de que durante la Segunda Guerra Mundial la poeta se unió a los partisanos que integraron el Frente de Liberación Nacional, en su poesía no expresa sentimientos patrióticos, no celebra el triunfo frente a los nazis y el fascismo, no lamenta la pérdida de vidas humanas durante la guerra ni la destrucción provocada por la ocupación extranjera. Tampoco manifiesta esperanza en el porvenir ni críticas respecto del modo en que se articulaban las relaciones sociales bajo el nuevo orden político. La ausencia casi total de objetivismo fue quizás el motivo por el cual su obra no resultó favorecida, no fue aceptada en el momento de publicación por parte de la intelectualidad eslovena vinculada al partido gobernante. Sin embargo a través del tiempo, la crítica literaria comenzó a reconocer el valor de su trabajo para el desarrollo de la poesía lírica eslovena contemporánea. Actualmente se prepara en Ljubljana la edición de la obra completa de la autora.

ada2Lo más impactante de su poesía es el completo hundimiento del sujeto lírico en un yo egoísta que, arrastrado por la oscilación de los sentimientos y la pasión amorosa, profundiza cada vez más en sí mismo hasta quedar por momentos completamente cegado frente al mundo exterior. Prácticamente no existe el mundo exterior en los poemas de la serie, las referencias a objetos siempre aparecen en función de expresar el sentimiento interior: por ejemplo la imagen de la flor de la mañana que se abre con el rocío sirve al joven para demostrar la belleza de la muchacha; la mujer utiliza la metáfora de la  llave o la lámpara para explicar hasta qué punto quisiera acompañar al joven, estar a su lado, no como compañía sino en simbiosis con los objetos que generan la intimidad del hombre en su habitación, quiere servir y permanecer imperceptible en la soledad de la persona amada; o la cuchara que se desliza por el borde del plato y provoca el cruce de miradas cómplices. El paisaje exterior en general es gris, frío, oscuro, ventoso, desolado, y siempre los poemas se establecen durante el atardecer, el amanecer, o la noche, momentos en que la luz resulta difusa, las formas se desdibujan y confunden entre sombras. La aldea se plantea como una red de senderos, a través de los cuales deambula la mujer en busca de un rostro que no aparece, o ve perderse en la lejanía a su amado en brazos de otra mujer con indignación. Se destaca la posición del sujeto lírico en el umbral, que separa el interior y el exterior de la casa, es el lugar de la espera y la búsqueda, desde donde espía para ver al menos por un instante al joven, aunque no corresponda sus sentimientos. ada1El sujeto se encuentra constantemente en estado de espera y búsqueda, en constante excitación nerviosa y ansiedad, y el procedimiento que extrema el subjetivismo de la serie es el tránsito del sujeto lírico femenino al sujeto lírico masculino, que se realiza de manera casi imperceptible: mientras los primeros poemas están anclados fuertemente en el yo de la mujer que sufre por amor y desengaño, de pronto es el hombre el que habla e instala al lector en la perspectiva opuesta, al tiempo que la relación progresa en el sentido de la unión de los amantes. El tránsito del sujeto lírico por diferentes perspectivas se evidencia por ejemplo en el poema “Tristeza oculta”: comienza con la descripción en tercera persona de una escena de amor entre un hombre y una mujer, que se besan, se acarician, y se confunden los cuerpos mediante la descripción. Pero al final el poema termina en primera persona, el sujeto lírico expresa que la contemplación de esa escena le ha provocado una tristeza que debe ocultar. Podemos pensar que la mujer observa al hombre que ama en compañía de otra mujer y por eso se entristece, pero también que la mujer es la protagonista de la escena, y aún disfrutando del amor se entristece, porque debe ocultar la relación. No sabemos en ningún momento cómo se articula la relación de tres que plantean los primeros poemas.

Al final de la serie se produce un giro en los sentimientos del sujeto lírico y el amor entre ellos dos, correspondido y realizado, que excluye al tercero, lleva al sujeto lírico-hombre a sentir temor a la muerte, que aparece como el enemigo que amenaza con poner fin al goce de los amantes. La muerte resulta personificada y se genera una nueva oposición, ahora entre el amor de ellos dos y la muerte. De este modo introduce nuevamente un tercer término.

En realidad ahora pienso que ese hundimiento en el yo de las pasiones es el perfecto correlato subjetivo de ese mundo objetivo de crisis, hambre, pobreza y desolación de la Eslovenia de posguerra.

Una sombra en el corazón

Juventud insatisfecha

Ya no sé

Ya no sé por qué deambulaba al anochecer
por la calle angosta, cuando el frío
y el viento me cubrieron de escarcha.
Tal vez, para que en los cristales se dibuje tu rostro.
No sé por qué te esperaba.
Quizás, para verte al menos por un instante.
Para reconocer tímidamente,
que es tuyo, todo tuyo el latido del corazón.

Honestidad sencilla

Quisiera convertirme en la llave de tu habitación,
para estar cada día por un momento en tus manos.
Si no llave, una luz en tu habitación,
para que nunca conozcas la oscuridad, el miedo.
Pero sería demasiado, demasiado honor para mí,
quiero ser entonces solo un minuto hermoso,
para que no me olvides, como a la belleza.
Aunque a veces soy cruel.

El silencio de las sombras nocturnas

Cuando el crepúsculo abrazó los árboles y los pinos,
las sombras rozaron tu rostro y el mío.
Todas las figuras se agrandaron extrañamente.
Un banco a la vera del camino. En algún lugar de la grisura una aldea adormecida.
No me mirabas, como si tuvieras vergüenza de estar conmigo,
como si quisieras caminar completamente solo en el bosque.
El viento arrojó tu pelo en mi mejilla
– entonces se hinchó como un fruto mi tierra –
pero no me abrazaste,
solo callaste todo el camino, como si estuvieras enojado.
Regresábamos despacio por la misma calle.
Callamos los dos. Vos y yo, en pena.

Flores rojas

No tembló la sonrisa en tu rostro,
la última vez que te traje flores rojas de regalo.
No tembló la sonrisa en tu rostro,
¡pensaba que te alegrarías!
“¡Oh, gracias! Pero no, no te enojes!”
Y le diste a ella el ramo rojo.
“¿Para qué todas estas palabras? ¡Si no vale la pena!”
Y dolorida miré hacia otro lado.
Fue para mí como si me golpearas en el alma,
nunca habías hecho algo así.
Me estafaste en todo.
Sin embargo, todavía te regalo flores rojas.

Tristeza oculta

Sobre sus pequeños pechos apenas brotados
cada noche recostó el joven su mejilla cansada.
Con los ojos cerrados pidió sus labios
para besarlos. Abrió las pupilas,
y con la mirada soñadora hacia la lejanía
acarició su cuello, hasta que las manos
se unieron. Ella cubrió con su pelo
el rostro del amante.
Así, como dos niños.

En el amor callaron la noche.
Y mi alma se encendió de una tristeza oculta.

Dolor mudo

Cuando al anochecer escucho tu paso en el vestíbulo,
todo mi cuerpo se estremece y a través de la puerta amarilla entreabierta
los miro a ustedes dos, cómo atraviesan el umbral
lentamente apoyados uno en el otro.

Veo que le pasás la mano por la cintura
y rápidamente se ocultan en la red de senderos de la aldea.
Luego deprimida me siento en el escalón
y en lugar de tu rostro acuno las penas.

Crisantemos

Realmente toda la vida caminaremos cada uno por su lado,
porque sé que tu camino no se une con el mío,
pero a pesar de la separación siempre, siempre estaré con vos.
Mi pensamiento acompañará al tuyo por todas partes.

Y cuando se deshaga mi cuerpo en tierra y polvo
dormiré entre las tumbas en silencio.
Entonces te pido que vuelvas, para que no tenga miedo del olvido,
y al menos dejá un crisantemo a mis pies.

Solo una vez

Solo una vez quiero sentir, querido, qué es la felicidad,
que sonrías como un hombre alegre,
traería rosas de los alpes, murkas y rododendros de las montañas,
y un ramo ataría con hebras de filosas hierbas.

Iría furtivamente a tu habitación y en la almohada
dejaría el ramo. Seguramente lloraría a viva voz.
Pero solo la noche escucharía mi dolor,
cuando con lágrimas en los ojos huya a la oscuridad del bosque a través de la aldea.

Al menos hoy

Al menos hoy mirá mis ojos soñadores,
para descifrar qué hay en ellos: me quiero entregar a vos.
Porque no sabés cómo paso todas las noches rezando:
“¡Con vos, solo con vos, quiero ser madre!”

Si alguna vez te murieras tendría al hijo,
tu hijo, mi única felicidad.
¿Por qué, por qué tiembla tu mano?
¡Dónde estás! – En la mañana me desplomo sobre la almohada.

Una vela en el viento

No puedo decir que de nuevo estoy enferma,
que mi vida es como una vela en el viento.
No puedo decir, que te espero llena de pesares;
ya no sé qué es la risa, qué la felicidad, la alegría.

Sollozo y me siento abatida, dividida.
Mis pulmones debilitados respiran jadeantes.
¿Por qué no estás? ¿No sabés que te necesito en estos días difíciles?
No venís, porque no te di la llave.

Atardecer en otoño

Esta noche estoy sola, completamente sola en la habitación.
Afuera el día muere silencioso, calla.
Conmigo está el olor a humedad y a moho
y el frío de las paredes y el viento, más allá de la casa.

El rostro como una flor cansada, oculto entre las manos,
porque me atemoriza la soledad, las lágrimas y el ocaso.
Estoy realmente sola, porque no estás conmigo.
En vano mi juventud te espera.

Después de la lluvia en el parque

Los caminos están desiertos, abandonados.
Grises y confusas las siluetas de los árboles.
Todo gris. Todo está oculto en la niebla.
También el abedul es un trazo difuso.

Se han dormido en la grisura las hierbas, los abetos
los castaños y los bancos.
Esta noche sería hermosa para nosotros…
Paz. Silencio. El parque calla.

El amor de ellos dos

El corazón de panada3

Te sonrojaste como un brote encendido de sol
cuando te di el pequeño corazón de pan de hierbas.
Luego inclinaste la cabeza rendida como un pájaro.
Permaneciste quieta, y por largo tiempo no pudiste moverte.

Sabés que soy como vos, alegre y joven,
que quisiera, ay cómo quisiera, estar con vos sin testigos.
Entonces te diría silenciosamente:
“¡Te quiero, mi amor!”.

Recuerdos marchitos

Comíamos sin palabras del mismo plato
entonces resbaló la cuchara,
miré en tus ojos y en ese instante,
desconcertada, te sonrojaste.

Para ocultar la confusión te levantaste
y pusiste leños en el fuego. Yo te miraba en silencio.
Te hubiera sentado en mis rodillas
y con un beso hubiera dicho absolutamente todo.

El motivo de los charcos

Cuando juntábamos manzanas maduras en la cesta
sobre el campo caía el rocío vespertino,
y nuestra risa resonó como un pájaro a través del campo.
Tu pie descalzo era como un pañuelo blanco.

Luego nos sentamos como los labradores frente al establo
y en el caldero burbujeaba el aguardiente de pera.
Pasó el pastor cantando pesadamente a media voz.
y vos al calor del fuego, como un bello sueño.

El torso del amor

Estábamos completamente solos, la noche, vos y yo,
y con nosotros el bello instante,
cuando pusiste tu mano como una flor en mi cinturón.
¡Fue todo tan fugaz!…, un boceto inconcluso.

Cuando ibas fresca a mi lado,
eras tan linda como una flor abierta en la mañana,
una flor tan pequeña, que la hiere el rocío.
Y tus labios enrojecían como la uva en la vid.

Estábamos completamente solos. La noche, vos y yo.

Agonía

Está noche estoy angustiado, como si en algún lugar
muriera el corazón, que amo como la abeja al jardín de cerezos.
Esta noche mi alma borracha está intranquila,
porque cerca –no importa dónde– está abierta la tumba para mí.

Esta noche quisiera gritar, que estoy solo y triste.
Ay, gritaría, que vibren salvajemente los cristales.
Esta noche golpearía a alguien aunque no lo conozca.
Quizás me duela el alma un poco menos.

Esta noche la muerte sopla su aliento helado en mí.
¡No, no quiero, no quiero morir ahora! ¡Muerte, no te acerques!
Esta noche me siento pisoteado como una hoja caída en otoño.
Por qué es tan pesado en mi habitación, el silencio esta noche.