Poesía contemporánea

Gueorgui Gospodínov

Nació en la ciudad búlgara de Yambol en 1968. Es autor de los poemarios Lapidarium (1992), La cereza de un pueblo (1996, 1998, 2003), Cartas a Gaustin (2003) y Baladas y caídas (2007). Su novela Una novela natural (1999) ha sido traducida a más de diez idiomas.

Liubliana

Una noche escuchás
en el cuarto de hotel
en las noticias de la radio estatal
que el locutor terminó
toda una crónica policial
con el único mensaje:
se perdió un gato negro
en el centro de la ciudad…
(¡Eso es todo por ahora, buenas noches!)

Así perdés el sueño
en la más tranquila de las capitales.

Place de Vosges

Un chico corría corría
en el jardín de la Place de Vosges
en el jardín del mundo
entre la gente sentada en el pasto
madres y padres
un chico corría se chocaba
con los viejos en los senderos
como si no tuviera por delante
todo el tiempo del mundo
quisiera yo saber
qué impulsa al niño a apurarse
y a los viejos a arrastrarse
(como si no tuvieran por delante
todo el tiempo del mundo)
¿se ve algo al borde del sendero?

y por eso esto me impulsa
a caminar más lento

El conejo del amor

Vuelvo en un rato, dijo,
y dejó la puerta abierta.
Era una noche especial,
en el horno se asaba el conejo,
ella había picado la cebolla, los dientes de ajo
y la zanahoria en círculos.
No llevó ropa de abrigo
ni se pintó los labios, ni pregunté
adónde iba.
Ella es así.
Nunca tuvo sentido exacto
del tiempo, llegaba tarde a los encuentros, y así
simplemente dijo aquella noche…
Vuelvo en un rato,
y ni cerró la puerta.

Seis años después
la encuentro en otra calle
y se me asusta
como quien se acuerda
de que dejó prendida la plancha
o algo así…

¿Apagaste el horno?, pregunta.
Aún no, le digo,

estos conejos son bastante duros.

Traducción del búlgaro de Eugenio López Arriazu

Milena Marković

Nació en Belgrado, Serbia, en 1974. Se graduó en la Facultad de Artes Dramáticas de Belgrado. Es una dramaturga de renombre nacional e internacional. Entre otras piezas, ha escrito El barco de las muñecas, Pabellones, o de dónde venimos, a dónde vamos y qué hay para cenar. Ha recibido varios premios por sus poemarios La cuchara negra y Antes de que todo empiece a rodar.

Brigitte Bardot

hace más de veinte años todos mis tíos
tenían el pelo largo
y bigotes largos
iban descalzos
por las piedras afiladas
uno se fue
por el hígado
el otro por el corazón
y estos que se quedaron
están calvos
siguen teniendo bigotes
mejillas demacradas
tosen por encima del aguardiente
pescan carpas en el lago
es el pez de agua dulce más delicioso
muy grande pero sin grasa
entonces le dan golpes sobre una piedra delante de la casa
y lo desuellan en tanto
en tanto continúa coleando
le duele pregunto yo
no
que sí que le duele
el tío me da el martillo
para que le dé el golpe de gracia
yo no puedo
dejaré de comer todo
lo que tenga ojos
pienso en ese instante
media hora más tarde
estoy comiendo, como
y pido más.

Traducción del serbio de Silvia Monrós de Stojaković

Olga Jojlova

Nació en San  Petersburgo, Rusia, en 1977. Es directora del teatro para niños Kukla y ha publicado los poemarios Tránsito (2005), Helicón (2005), Libro de imágenes para poetas y niños (2009) y Eiiafiatlaiokudl (2010).

***
decime
que no vencerá el invierno
que no vino la helada por nosotros
que la oscuridad con sus roedores nocturnos
no se ha puesto todavía a dar vueltas en el pecho

que mañana, por ejemplo, se despejará la niebla
decí: primavera –
y yo te creo –

los animalitos salen a la superficie
entornándole los ojos a marzo entrante

todavía está escabroso. apenas rompiendo el paso
olisquean asustados las rimas
ellos, hasta las orejas hundiéndose en mitos
sin prisa por emprender la vuelta

ni la jaula han conocido, ni el lazo
como sus antepasados – astutos y plateados –

decí: invierno
y los animales se sacarán las pieles
para calentarte

El jardín

acostame en la cocina
sobre el duro suelo
si tu cama es − infierno y tabú
yo nos vi en la tumba
yo nos vi en el cielo
y no pienso ir ni allí, ni allí

a un calmo jardín
donde la zarzarrosa murmure de gorriones
donde esté blanco de manzanos y guindos
llevame a un jardín donde seamos dos
no creo en otra cifra.
de mañana te despertás
y me querés abrazar –
abrazás la casa que se vacía
el vacío cuerpo del correo, la vacía cama
y el paisaje ya vacío en la ventana

comprendés que no ayer la vida empezó
y no ha de llegar mañana el final
tal vez justo ahora
tal vez justo ya
tal vez alguien − sobre la vida − nos mintió

arreglate el pelo
mostrame el cuello
y dejame parado mirarte
hasta que la vida de mí se apodere
hasta que termine la muerte

Traducción del ruso de Eugenio López Arriazu

Alojz Ihan

Nacido en Liubliana, Eslovenia, en 1961. Es doctor, poeta, novelista y ensayista. Las principales marcas distintivas de sus poemas son la fuerza comunicativa, la marcada postura ética y la sencilla forma poética que oscila entre la prosa y el verso, el relato versificado. Es autor de seis poemarios, cuatro novelas y tres libros de ensayos.

El ataque

El 27 de junio supe por televisión que nos
habían atacado los tanques. Fui al supermercado a comprar
treinta filetes de pavo y quince litros de leche.
Ante la caja había cola, todos en ella callábamos
escuchando las instrucciones de la radio en caso del
ataque aéreo.
Después desde arriba oímos un estrépito y de golpe
temblaron nuestros labios y nos miramos a los ojos
como los enamorados en un andén, y a muchos
les acudieron las lágrimas a los ojos. Saqué el pañuelo y
sequé la mejilla de una mujer
que estaba detrás de mí en la cola. “Gracias”, dijo
y se apoyó en mi hombro, así que hasta los huesos pude sentir
el horror que sacudía su bella figura. Después los aviones
callaron, la caja empezó a sonar otra vez,
nosotros sacábamos el dinero de los bolsos y al pagar
nerviosos dejábamos el suelto
en el mostrador, y salíamos corriendo, como si por algo tuviéramos una profunda
vergüenza.

El taxi

Estás sentado en el balcón y ves: hacia el portal de tu casa
se acerca un taxi. Se detiene, apaga el motor,
y queda parado, inmóvil, después durante largo tiempo nada, nada,
nada, desde el balcón gritas para qué ha venido,
otra vez nada, nada, nada; tiras un grano de arena
sobre su techo; nada. Luego te levantas, bajas corriendo
por la escalera, sales de casa, te acercas
al taxi, miras, ves que está vacío.
Miras alrededor – nadie. Tiras de
la manivela, la puerta del taxi se abre. Te sientas
al volante, enciendes las luces, el limpiabrisas,
tocas la bocina. De golpe sale de tu casa un hombre,
no lo conoces, sólo puedes ver cómo agita la mano
y te grita que no te ha llamado, que no te necesita,
que te marches. Esto te confunde, te miras
en el retrovisor y ves que tal vez
eres en realidad el taxista. El hombre que ha gritado regresa
a su casa, da un portazo, pero tú aún te quedas
considerándolo un rato, luego enciendes el motor y
lentamente te marchas.

Traducción del esloveno de Marjeta Drobnič

Cómo huir

¿Cómo huir de la locomotora
que te persigue en el túnel;
si aunque la locomotora se convierta
en búfalo o tigre, el túnel
se abra a la estepa;
y aunque el tigre se haya vuelto sólo
un antílope o hasta un pequeño conejo
blanco, desde la estepa sale una calle
asfaltada directamente a tu cuarto
donde el conejo es apenas una mosca
y estás en la cama y escudriñas
el techo, y a pesar de todo sigue
quedando aquello de cómo huir?
El lanzador de cuchillos
Primero traen una pared de madera a la arena,
luego aparecen los dos en sus atuendos brillantes.
Ella se ubica ante la pared, el lanzador toca con los dedos
el primer cuchillo. Cuando lanza, a los espectadores se les para la respiración,
y sólo ellos dos saben que los lanzamientos son
completamente confiables.
El brazo de él es demasiado diestro
como para errar.
El cuerpo de ella, demasiado experimentado
como para hacer un movimiento
imprevisto. Los dos son demasiado buenos como para que ocurra cualquier cosa
al azar; y entre ellos sólo es posible el asesinato.
Lo saben bien,
y por eso no se miran a los ojos. Por eso respiran
con dificultad y cada
lanzamiento los deja extenuados a los dos. Después del último
se abrazan calurosamente,
se hacen una reverencia y se van. Aunque los espectadores
los reclaman de vuelta,
no vuelven, porque de pronto se saben puros, confiables,
tan felices que deben encerrarse en el cuarto
y amarse larga, largamente.

Pájaro

Resulta que un pájaro en su ignorancia
se traga una bellota y un buen día
echa raíces por las patas
que se prenden a la tierra suelta.

Entonces el pájaro grita, intenta abrazar
el cielo con las alas, y echárselo
sobre su plumaje, pero
en algún momento se le cuela una rama
ineludible por el cráneo, perfora los ojos
desorbitados y con un arrobo supratemporal
sigue remontándose hacia su imagen
soñada largo tiempo atrás.

Traducción del esloveno de María Florencia Ferre

Dmitri Leguezá

Nació en Leningrado. Es poeta y doctor en medicina. Autor de los libros de poemas El zapatero (2006), El gato en el alféizar (2011), Cuadros de un mundo cambiante (2017) y de numerosas publicaciones en revistas literarias. Es miembro de la Unión de Escritores de San Petersburgo y de la Unión de Escritores de Rusia, además de uno de los fundadores de la Sociedad Literaria “Píter” y del festival literario internacional “Puentes de San Petersburgo”.

***

Fusilaron hace poco a un cosmonauta,
había volado alto, vio la Tierra
y trató de contarnos la verdad,
contrariando cien órdenes secretas.

Ya que los cosmonautas, astronautas
y hasta los taikonautas relataban
sobre la frágil belleza del planeta,
les ordenaron que dijeran eso.

Pero el nuestro quería, como es justo,
que al fin los hombres supieran la verdad:
el mundo es plano y se posa en suricatas,
sobre trillones de ridículos palitos.

La navaja

Los amigos no llaman,
habrá que salir solo
a vagar por Raziezda,
y por la Zagarodni.

Con angustia insensata
por solo una mujer
entraré en esa tienda,
compraré una navaja.

Tras un cristal durmiendo
años sin ser tocada,
de hierro con carbono:
una aleación de raza.

Le es cómoda la mano,
es hoja y es gatito,
eres mía por siempre,
y yo ya no estoy solo.

Cuídate, tú que pasas,
del dueño de esa hoja:
es un Parfión Rogozhin,
ligeramente idiota.

Traducción del ruso de Omar Lobos

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