Milan Kundera: el aparato importador y las traducciones de lenguas dominadas

Florencia Cortese

Introducción

Cuenta la leyenda[1] que el día en que La broma llegó a la imprenta faltaban insumos para las impresiones y la novela de Kundera se añadió a una pila voluminosa de títulos que aguardaban su publicación. Un año más tarde, los insumos llegaron y el censor se encontró desbordado frente a la magnitud de su tarea. Este fue quizás el golpe de suerte originario, que habilitó el descuido de un censor y la consiguiente publicación de un libro. Ahora bien, ni la suerte ni los descuidos suelen durar demasiado tiempo: pronto los censores detectaron su error y la novela de Kundera fue prohibida.

Este trabajo tiene un doble objetivo: en una primera parte, analizará los contextos de producción de las traducciones de las dos primeras novelas de Milan Kundera, y el aparato importador que facilitó su recepción en las culturas de llegada. En esta sección, se intentará responder a preguntas como ¿cuáles han sido los agentes que posibilitaron las traducciones y la circulación de los bienes literarios? y ¿qué acontecimientos –literarios o no– han motivado el interés en la traducción de sus obras?

La segunda parte del trabajo, en cambio, se focalizará en dos cuestiones: en un primer momento, analizará la función acumuladora de capital literario que la traducción a la lengua checa ejerció a principios del siglo XIX, en contraposición con la función consagradora de las traducciones de Milan Kundera a las lenguas dominantes. En un segundo momento, se examinarán los diversos grados de participación que el autor checo mantuvo durante los procesos traductivos. En este punto, cabe anticipar que Milan Kundera tradujo al checo la poesía de Apollinaire (Kundera, 2009: 58); es decir que se trata de una figura de escritor traductor.

En cuanto a la metodología empleada, el trabajo utiliza una serie de textos como puntos de partida para la indagación y la reflexión teóricas. Los textos a los que nos referimos son los siguientes:

  • La entrevista a Milan Kundera publicada en la revista Inundación Castálida, publicación de la Universidad del Claustro de Sor Juana, México (Rizzante, 2016).
  • La introducción de Milan Kundera al capítulo sexto “Sesenta y cinco palabras”, en El arte de la novela (Kundera, 1986).
  • Algunos fragmentos del libro Un encuentro del novelista checo (Kundera, 2009).

Por último, el abordaje del trabajo se inserta en el punto de encuentro entre los estudios de traducción y la perspectiva sociológica, especialmente la que Andrew Chesterman llama sociology of translating (Chesterman, 2009:16); esto es, la rama de la sociología de la traducción que se dedica al estudio del proceso traductivo, dentro del cual se identifican etapas como el control de calidad, la revisión, las correcciones y, especialmente, los intercambios con otros agentes. El enfoque de los estudios de traducción, por su parte, es pertinente porque sitúa las traducciones dentro de un marco contextual determinado. Así,

“en vez de concebir las traducciones solo o principalmente en relación con un original, texto fuente o lengua fuente y de inventariar de manera minuciosa las desviaciones […], los Translation Studies se han interesado cada vez más en cuestiones que conciernen al funcionamiento de las traducciones en sus contextos de producción y de recepción, es decir, dentro de la cultura meta” (Heilbron y Sapiro, 2002:3).

Primera parte: el aparato importador

No basta con la mera traducción de un autor; hay todo un aparato más o menos formal que acompaña y sostiene la importación, asegurando su efectividad. (Wilson, 2004:247)

La primera novela de Milan Kundera se publicó en la primavera del año 1967 y rápidamente demostró ser un éxito. Se imprimieron 117.000 ejemplares (Rizzante, 2016), lo cual era una cantidad abrumadora para un “pequeño país”, para utilizar la expresión preferida del autor cada vez que ha de referirse a su país natal. Un año más tarde, la novela fue prohibida y retirada de las librerías y bibliotecas. Si bien para ese momento la popularidad del autor checo estaba consolidada,[2] ella se mantenía primordialmente dentro de las fronteras nacionales. En consecuencia, la intervención de ciertos “consagradores consagrados” (Casanova, 2002:18) fue decisiva para su aceptación e incorporación en nuevos mercados literarios.

El aparato importador al que alude Patricia Wilson se compone de críticas y reseñas literarias, colecciones y, en fin, todos aquellos materiales que se ponen a disposición de la literatura traducida con la finalidad de facilitar su recepción en la cultura meta. Asimismo, por la acción de estos aparatos importadores las literaturas extranjeras logran establecer redes con las literaturas locales, y el diálogo entre ellas se fortalece.

Pascale Casanova distingue tres tipos de mediadores que posibilitan el intercambio; a saber, los mediadores ordinarios, los consagradores consagrados y los consagradores institucionales. A diferencia de estos últimos, los consagradores consagrados consagran “a título personal” y “su poder de consagración depende del grado de su propia consagración” (Casanova, 2002:18). Pues bien, a continuación examinaremos el papel que tuvieron determinados escritores consagrados en la difusión y promoción de la literatura del escritor checo dentro de sus contextos nacionales.

  • Louis Aragon

Poco antes de la Primavera de Praga, el poeta surrealista accedió a un manuscrito de la novela La broma. Según se desprende de la cita de abajo, para el novelista checo fue una sorpresa que el poeta francés le escribiera un prólogo y –conjetura– quizás su generosidad haya estado motivada por la compasión al ver los tanques rusos entrar en el país centroeuropeo. Las palabras exactas de Milan Kundera fueron estas:

“La casualidad quiso que un intelectual de Praga, Antonín Liehm, una especie de emisario del arte checo extraoficial, le hablase de la novela a Aragon quien, por aquel entonces, se mostraba muy solidario con los intelectuales de los países comunistas que se oponían a sus regímenes (esta faceta de Aragon ha caído en el olvido y yo siempre me alegro de recordarla). Sin conocer siquiera el texto checo, lo recomendó a Claude Gallimard quien decidió publicarlo. En este punto intervino de nuevo la casualidad: La broma salió los primeros días de septiembre de 1968, es decir, ¡exactamente tres semanas después de la invasión rusa de Checoslovaquia! Probablemente, ante el shock provocado por aquel suceso, Aragon se lanzó en el último momento a escribir el prólogo de la novela que se haría tan famoso” (Rizzante, 2016).

Si bien no hemos accedido al prólogo original escrito por Louis Aragon,[3] sí hemos tomado conocimiento de parte de su contenido a partir de los comentarios que de él realizaron Carlos Fuentes y el propio Kundera. En el prólogo a La vida está en otra parte (1979), el escritor mexicano recurre al texto de Aragon y lo cita dos veces. Primero, en la página x: “‘Hay que leer esta novela. Hay que creer en ella’”. Luego, en la xvi: “‘La novela es indispensable al hombre, como el pan’”.[4]

En cuanto a Kundera, en su libro de ensayos Un encuentro se refiere al poeta francés en tres ocasiones distintas (Kundera, 2009:67, 76 y 138). Sin embargo, tan sólo en una de ellas menciona el prólogo. Dice el novelista:

“Incluso antes de escribir su prólogo a La broma (escrito un mes antes de nuestros encuentros), había elogiado la novela como tal: “La novela es indispensable al hombre, como el pan”; durante mis visitas me incitaba a defender siempre “ese arte” (ese arte “desprestigiado”, como escribió en su prólogo…).”

Llama la atención que la edición española de Seix Barral no contenga el texto de Aragon, a pesar de la referencia que hace en la contratapa: “acogido en Francia por Louis Aragon como ‘una de las mayores novelas de nuestro siglo’”. En fin, parecería ser que “el prólogo de la novela que se haría tan famoso” (Rizzante, 2016) era más un ensayo acerca de la novela en general que un comentario sobre La broma en particular, a juzgar por el hecho de que lo que ha trascendido de su contenido no aporta elementos valiosos que enriquezcan la lectura de los nuevos receptores.

  • Carlos Fuentes

El célebre escritor mexicano conoció a Milan Kundera en diciembre del año 1968 durante un viaje a la ciudad de Praga. Carlos Fuentes rememora este episodio en el prólogo que luego escribiría para la novela La vida está en otra parte (1979). El prólogo de Fuentes fue posteriormente incluido en un libro de ensayos que el escritor mexicano publicó bajo el título Los 68. París – Praga – México (Fuentes, 2005). Recordemos que cuando Milan Kundera se instala en Francia en 1975, Carlos Fuentes era el embajador mexicano en ese país, además de ser un reconocido escritor del boom latinoamericano. Este es el origen no solamente de una estrecha amistad entre dos escritores provenientes de países periféricos, sino también de la introducción de la literatura de Kundera a la comunidad literaria mexicana.[5]

  • Philip Roth

En el año 1980, el escritor estadounidense mantuvo una serie de reuniones con Milan Kundera en donde reflexionaban acerca de diversos temas, entre los que se incluyeron la literatura y los totalitarismos. Esas conversaciones fueron publicadas en múltiples medios periodísticos hasta que, finalmente, Roth las recopiló y publicó con el título El oficio: Un escritor, sus colegas y sus obras (Roth, 2001).

Philip Roth era un escritor con una trayectoria consolidada desde los años sesenta; por lo tanto, la difusión de las reflexiones con el novelista checo en el mercado literario de Estados Unidos le propició a Kundera una entrada privilegiada en el territorio norteamericano. En este punto, resulta pertinente mencionar que tan solo el 3% de la literatura que se publica anualmente dentro de los Estados Unidos corresponde a literatura traducida.[6] Este dato per se deja en evidencia las dificultades a las que se enfrentan los escritores de lenguas minoritarias a la hora de dar a conocer sus obras y acceder a mayores audiencias.

  • Reconocimientos

Los premios internacionales suelen funcionar como motores para la publicación de autores hasta ese momento desconocidos –o poco conocidos–, o para la reedición de obras de autores ya consagrados, pero cuya circulación se ha desacelerado. En este sentido, puede decirse que los premios y reconocimientos también forman parte del aparato importador, ya que constituyen un criterio de selección en la determinación de qué literatura será traducida y cuál, pues, no.[7] En este contexto, el Premio Nobel de Literatura otorgado al poeta de la ex Checoslovaquia Jaroslav Seifert en el año 1984 constituyó un acontecimiento trascendente que posibilitó la mayor difusión de otros autores de su misma procedencia –entre ellos, Milan Kundera– y el consecuente acceso a nuevas publicaciones.

Por otro lado, la incorporación de Milan Kundera a la prestigiosa colección Bibliothèque de la Pléiade de la editorial Gallimard constituye un hito dentro de su trayectoria literaria, teniendo en cuenta que dicha distinción solo en pocas ocasiones ha sido otorgada en vida de los autores.[8] Como era de esperar, este suceso tuvo su correlato en una demanda creciente por las obras del autor.

Un dato interesante que da cuenta del diálogo constante entre consagradores y consagrados lo constituye el hecho de que François Ricard –el responsable de la edición y redacción de las introducciones que acompañan a cada obra del novelista centroeuropeo en la colección de la Pléiade– haya escrito, treinta años antes, un comentario acerca de Jaques y su amo. Homenaje a Denis Diderot (1981), la única obra de teatro de Milan Kundera que ha sido publicada. En fin, daría la sensación de que los roles de consagrador y consagrado son, por momentos, intercambiables: “cuando el escritor ha sido canonizado y se ha vuelto ‘clásico’, el proceso se invierte y el escritor consagra al traductor” (Casanova, 2002:20) En este caso, no se trata ya de la consagración del traductor, sino de la figura de autoridad que comenta un texto y con el cual se establece una “especie de interconsagración o de intercambio de capital” (Casanova, 2002:20).

Segunda parte: la traducción de y en las lenguas dominadas

La impresión que me produjeron las traducciones de La broma me marcó para siempre. Sobre todo para mí, que ya no tengo prácticamente lectores checos, las traducciones lo representan todo. (Kundera, 1986:145)

La cita de Milan Kundera resulta sumamente significativa en varios aspectos: por un lado, puesto que deja traslucir una concepción benjaminiana de la traducción, en tanto que la considera una suerte de “sobrevida” del texto original. (Benjamin, 1994 [1923]:288) Por otra parte, porque también expone la desigualdad que subyace al intercambio de bienes literarios. Dicho de otro modo:

“La desigualdad lingüístico-literaria implica que el valor literario de un texto –su valor en el mercado de bienes literarios– depende, al menos en parte, de la lengua en la que está redactado. Esta desigualdad tiene efectos tan poderosos que puede impedir, objetivamente (o al menos tornar difícil), el reconocimiento o la consagración de escritores que practican las lenguas dominadas” (Casanova, 2002:11).

Pues bien, en este apartado nos ocuparemos principalmente de la relación que se establece entre una lengua dominada (como es la checa) y las lenguas dominantes, y de las distintas funciones que pueden adquirir las traducciones en el proceso de intercambio. También repasaremos las diversas modalidades de traducción y las estrategias que puede adoptar un escritor con el afán de superar los obstáculos que impone la desigualdad lingüístico-literaria.

  • Traducción – acumulación

            De acuerdo con Pascale Casanova, las traducciones pueden cumplir una de dos funciones: una de ellas es la consagración, en tanto que permiten a los escritores de lenguas minoritarias acceder a los campos literarios hegemónicos y, desde allí, obtener prestigio y reconocimiento. Este ha sido el caso de las traducciones de Milan Kundera que examinamos hasta el momento. La otra función de la traducción es la de acumulación (Casanova, 2002:5). Observemos por un instante el siguiente pasaje:

“Después de la guerra de los Treinta Años, el checo, como lengua literaria, casi desapareció. Cuando la nación empezó a renacer (como otras naciones centroeuropeas) en el siglo XIX, su apuesta consistió en hacer del checo una lengua europea igual a las demás. Conseguir la traducción de Rabelais, ¡qué espléndida prueba de madurez para una lengua! […] La inspiración rabelaisiana fue considerable para la literatura checa moderna” (Kundera, 2009:84).

Aquí, la traducción no se lleva a cabo en pos de consagrar a un autor, sino, por el contrario, como una vía para enriquecer la lengua nacional y dotarla de estatus literario. Dicho de otro modo, es Rabelais –y su literatura– el portador de prestigio, y la traducción se realiza con la finalidad de importar ese prestigio a la lengua nacional. En los casos de traducción – consagración, en cambio, es la lengua literaria (dominante) la prestigiosa: “estar traducido a una de las grandes lenguas literarias es directamente llegar a ser literario, o sea, llegar a ser legítimo”. (Casanova, 2002:13).

Dice además el novelista checo: “Rabelais siempre será más polvoriento, más arcaico, más escolar para un francés que para alguien que accede a él mediante una (buena) traducción” (Kundera, 2009:84). Esta cita nos interesa en tanto que comporta una inversión de los términos de la interpretación hegemónica de la traducción; a saber, la interpretación romántica. Desde este enfoque, el original es el producto de la genialidad del autor, y, en consecuencia, es eterno; por el contrario, “la traducción envejece. El ‘original’ es un monumento inmutable de la imaginación humana (el ‘genio’) que trasciende los cambios lingüísticos, culturales y sociales de los que la traducción es un efecto definido” (Venuti, 1992:3). Milan Kundera, por su parte, parecería ofrecer resistencia a la visión romántica de la traducción y, en consecuencia, sugiere exactamente lo contrario: la traducción actualiza el texto; el original “se llena de polvo”.

  • Los traductores

La primera traducción de La broma era un verdadero desastre, contenía todo lo que detestaba: vocabulario rebuscado, adición de metáforas ornamentales, sofisticaciones, exageraciones, no había nada natural. (Rizzante, 2016)

En el epígrafe que inaugura la segunda parte de este trabajo, la cita del novelista checo ya informaba acerca del impacto que le causó tomar conocimiento de que los libros que circulaban con su firma tenían un contenido muy diferente del que él había planificado con minuciosa dedicación. Este descubrimiento dio comienzo a una nueva etapa en su carrera literaria: por un lado, motivó el acercamiento de Beatriz de Moura –fundadora de la editorial Tusquets– e inició así su relación comercial y personal.[9] Paralelamente, el escritor checo se dedicó a una exhaustiva tarea de revisión y corrección de toda su obra, tarea que le demandó dos años de su vida. Con estas palabras recuerda Kundera aquella empresa:

“Por ello hace unos años me decidí a poner orden en las ediciones extranjeras de mis libros. Y esto no se llevó a cabo sin conflictos ni fatigas: la lectura, el control, la revisión de mis novelas, antiguas y nuevas, en los tres o cuatro idiomas en los que sé leer, han ocupado por completo todo un período de mi vida” (Kundera, 1986:146).

A partir de los años noventa, sin embargo, el escritor checo abandonó su lengua natal como lengua literaria y comenzó a escribir sus trabajos directamente en francés. La adopción de la lengua dominante como lengua literaria supone un doble movimiento: facilita el ingreso al mercado hegemónico de bienes literarios, y, en consecuencia, refuerza la posición dominante de esa literatura, a la vez que relega a una posición cada vez más marginal a las lenguas dominadas. En efecto, si los escritores consagrados de las literaturas dominadas ofician como promotores de sus literaturas nacionales y promueven, a la vez, la difusión de otros escritores provenientes de comunidades lingüísticas afines, la adopción de la lengua dominante como lengua literaria por parte de los autores consagrados solamente puede traer aparejada la desaceleración de la difusión de las literaturas dominadas y, con ello, una mayor concentración del mercado de bienes literarios en unas pocas lenguas.

Conclusión

Recuerda Beatriz de Moura que Milan Kundera quería “traducciones rigurosas” (Cruz, 2018). Pues bien, uno no puede dejar de entrever alguna contradicción entre esta exigencia de “fidelidad” –cuando de los propios textos se trata–, mientras que, en otras situaciones, se destaca la capacidad de actualización (es decir, de adaptación) de la traducción.[10] En efecto, si se repasan las traducciones del francés al español realizadas por la fundadora de Tusquets, se observará que continúan la concepción tradicional –romántica– de la tarea traductiva,[11] según la cual el traductor debe permanecer oculto e invisible: “La verdadera traducción es transparente”. (Benjamin, 1994 [1923]: 193).

Por lo pronto, este trabajo ha podido dar cuenta de un aspecto del aparato importador de la literatura de Milan Kundera que, principalmente a través de la participación de “consagradores consagrados”, contribuyó a su aceptación y difusión dentro de las culturas receptoras. Asimismo, se ha hablado de los premios y reconocimientos internacionales que habilitaron el ingreso de la literatura del novelista checo al mercado hegemónico de bienes literarios, y del rol fundamental que cumplieron las traducciones para tal fin. En este sentido, Milan Kundera expresó: “Imagínate mi situación: mis libros, prácticamente inaccesibles a un público checo, eran conocidos, valorados y comentados solo en traducción” (Rizzante, 2016).

En la segunda parte del trabajo, analizamos la traducción en su función acumuladora de capital literario, tomando como punto de partida algunas reflexiones de Milan Kundera acerca de las traducciones de Rabelais a la lengua checa. Luego, contraponemos la perspectiva (al menos, teórica) del novelista con la interpretación romántica de la traducción, para dar lugar inmediatamente a un repaso de los diversos vínculos que el escritor mantuvo con sus traductores: en un extremo, el clásico vínculo distante, en el cual el escritor se desentiende del proceso traductivo; en el otro extremo, la fusión casi absoluta, donde el autor controla y supervisa todas las decisiones del traductor. Finalmente, el escritor checo da un paso más y adopta una lengua dominante como lengua literaria; con este gesto, se vuelve innecesaria la presencia de un traductor para ingresar en “las grandes ligas”.

Bibliografía

ALTARES, Guillermo (2014), “Las muchas lenguas de Kundera”, Suplemento Babelia, El País, 1 de septiembre. En: https://elpais.com/cultura/2014/07/25/babelia/1406303366_269657.html

BENJAMIN, Walter (1923), “La tarea del traductor”, publicado en Textos clásicos de teoría de la traducción editado por Miguel Ángel Vedda, Madrid, Cátedra, 1994.

CASANOVA, Pascale (2002), “Consagración y acumulación de capital literario. La traducción como intercambio desigual”, en Actes de la Recherche en Sciences Sociales, núm. 144, pp. 7-20. Traducción de Susana Rut Spivak. Título original “Consécration et accumulation de capital littéraire. La traduction comme échange inégal”.

CHESTERMAN, Andrew (2009), “The Name and Nature of Translator Studies”, en Hermes – Journal of Language and Communication Studies, núm. 42.

CRUZ, Juan (2018), “Editorial Tusquets: así se hizo”, Suplemento Babelia, El País, 22 de septiembre. En: https://elpais.com/cultura/2018/09/21/babelia/1537524334_075402.html

DE MOURA, Beatriz (2017), “Construir un catálogo de calidad y comercialmente exitoso”. Feria del Libro de Buenos Aires, abril. Consultado el 13/12/2019: https://www.youtube.com/watch?v=IZEiVQA3kQU

DE MOURA, Beatriz y Declan Spring (2012), “Los retos de traducir y editar”, 28 de octubre. Consultado el 13/12/2019: https://www.youtube.com/watch?v=onODUUuqoWY

FUENTES, Carlos (2005), Los 68. París – Praga – México, Buenos Aires, Editorial Debate.

HEILBRON, Johan y Gisèle Sapiro (2002), “La traducción literaria, un objeto sociológico”, en Actes de la Recherche en Sciences Sociales, núm. 144, pp. 80-98. Traducción de Susana Rut Spivak. Título original “La traduction littéraire, un objet sociologique”.

KUNDERA, Milan (1986), Introducción de Milan Kundera al capítulo sexto “Sesenta y cinco palabras”, en El arte de la novela, Barcelona, Tusquets Editores. Traducido por Fernando de Valenzuela y María Victoria Villaverde.

KUNDERA, Milan (2009), Un encuentro, Buenos Aires, Tusquets Editores. Traducido del original francés por Beatriz de Moura.

Selección de fragmentos:

  • Apartados 11 y 16 del capítulo III “Las listas negras o divertimento en homenaje a Anatole France”, pp. 67, 68, 76 y 77.
  • Apartado 2 “Diálogo sobre Rabelais y los misomusos”, capítulo IV, pp. 81-87.
  • Apartado 4 “La enemistad y la amistad”, capítulo VI, pp. 136–141.
  • Apartados 6.3 y 6.4 de la sección “Sobre las dos grandes Primaveras y los Škvorecký”, capítulo VI, pp. 147-149.

MOLINA, Enrique (2019), “Las traducciones acercan cada vez más la literatura checa a España”, Radio Prague International, 7 de marzo. En: https://www.radio.cz/es/rubrica/cultura/las-traducciones-acercan-cada-vez-mas-la-literatura-checa-a-espana

RIZZANTE, Massimo (2016), “El arte de la fuga novelesca. Diálogo con Milan Kundera”, publicado en la revista Inundación Castálida (revista de la Universidad del Claustro de Sor Juana). Traducción de Carmen Ruiz de Apodaca.

ROTH, Philip (2001), El oficio: Un escritor, sus colegas y sus obras, Buenos Aires, Seix Barral.

SOLER SERRANO, Joaquín (1980), Entrevista a Milan Kundera en el ciclo “A fondo” del periodista español Joaquín Soler Serrano. Consultado el 6/12/2019: https://www.youtube.com/watch?v=drX1bHfsRPY&t=437s

TERUEL, Ana (2011), “Milan Kundera ya es inmortal”, Suplemento Cultura, El País, 29 de marzo. En: https://elpais.com/diario/2011/03/29/cultura/1301349603_850215.html

VENUTI, Lawrence (1992), “Introducción”, en Rethinking Translation: Discours, Subjectivity, Ideology. Londres, Routledge. Traducción: Leonel Livchits.

WILSON, Patricia (2004), La Constelación del Sur. Traductores y traducciones en la literatura argentina del siglo XX. Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2017.

Notas

[1] La anécdota está inspirada en la narración del periodista Guillermo Altares (Altares, 2014).

[2] En mayo de 1967, Milan Kundera participó de la inauguración del Centro de Escritores checo. De hecho, a menudo se alude al discurso que pronunció durante ese encuentro como el origen de su persecución política. Este tema es abordado durante la entrevista que le realizó el periodista español Soler Serrano (1980).

[3] El prólogo de Louis Aragon solo apareció en la edición francesa que se realizó con la primera versión de la traducción.

[4] Las citas están tomadas de la edición de Seix Barral, Argentina, 1979.

[5] Beatriz de Moura (2017) afirma que fue, efectivamente, Carlos Fuentes quien introdujo la literatura de Milan Kundera a la comunidad literaria mexicana a partir de un manuscrito que el novelista checo le entregó.

[6] Este dato lo proporciona Declan Spring –editor de New Directions– durante la entrevista realizada en Colombia a instancias del Banco de la República (De Moura y Spring, 2012).

[7] El artículo publicado por Radio Prague International brinda datos interesantes con respecto a las traducciones y publicaciones de la literatura checa en España, y al impacto que el Premio Nobel otorgado a Jaroslav Seifert produjo en el público español (Molina, 2019).

[8] Para más información acerca de este evento, véase Teruel, 2011.

[9] Acerca del inicio de la relación comercial con Beatriz de Moura, hay abundante información disponible y sumamente interesante. Aquí bastará sugerir la entrevista a la fundadora de Tusquets que tuvo lugar durante la Feria del Libro de Buenos Aires (De Moura, 2017). También recomendamos la lectura del artículo periodístico citado en la bibliografía (Cruz, 2018).

[10] Ver el apartado “Traducción – acumulación” en lo referente a las traducciones de Rabelais al checo.

[11] A modo de ejemplo, mencionaremos que el libro Un encuentro tiene tan solo dos notas de la traductora (en las páginas 73 y 118). Asimismo, abundan las palabras y frases en diversas lenguas (como el latín, el francés, el inglés y el alemán) sin que la traductora intervenga con una explicación.