Latinoamérica en el sur de Rusia

Omar Lobos

La ciudad de Rostov sobre el Don es llamada la capital del sur de Rusia. Situada cerca de la desembocadura de este emblemático río en el mar de Azov, es cabeza de una comarca que guarda la memoria de los empeños del zar Pedro el Grande por fortalecer el dominio ruso en la región, fundamentalmente a través de la construcción de una flota para disputar a los otomanos el Mar Negro. Del paso del zar hay testimonios materiales en las cercanas ciudades de Azov y de Taganrog, patria chica de Antón Chéjov.

La comarca es asimismo tierra de cosacos, pues en ella se desarrollaron las grandes comunidades del Don y del Kubán. Son ellas las que le dan el colorido y el fondo cultural folklórico, y esto se siente muy bien en la propia Rostov, en sus monumentos, en su simbología, en su ornamentación, y también en sus aledaños: a pocos kilómetros se encuentran localidades de importancia histórica y política como las capitales cosacas Starocherkassk, patria del legendario Stienka Razin, y Novocherkassk. La nota dominante de esta identidad la dan quizá los motivos referidos a la novela-epopeya El Don apacible (Тихий Дон), de Mijaíl Shólojov, de cuyos personajes principales, Grigori y Aksinia, así como del propio autor, hay diversas estatuas sobre el río Don.

Otra cosa notable es la impronta soviética que pervive en la ciudad: sus avenidas principales se llaman Voroshílovski (de Voroshílov, lo mismo que el puente principal), Budiónnovski (de Budionni), Kommunistícheski, tienen calles importantes que se llaman Krasnoarmiéiskaia (del Ejército Rojo), Kírochnaia (calle Kírov), Górkovo (de Gorki), Socialistícheskaia, Barricádnaia, sus parques se llaman Gorki, Oktubre, Nikolái Ostrovski, tienen un barrio entero que se llama Barrio Soviético, otro que se llama Kírovski, la estatua de Lenin está en el centro mismo de la ciudad, sobre la avenida principal; lo mismo la de Kírov, entre otras marcas.

La Universidad Federal del Sur es una de las más importantes de la región, y en ella, en dependencia directa del rectorado, se encuentra el Instituto Internacional de Educación Interdisciplinaria e Investigaciones Iberoamericanas, conducido por la doctora Natalia Valérievna Karpóvskaia. (Fundamentalmente hispanista, el instituto recientemente ha incorporado a sus programas también la enseñanza del portugués –brasileño–). Cada tres años, la universidad a través de su instituto organiza –con apoyo del fondo «Ruski Mir» y la Asociación de Hispanistas de Rusia– el congreso internacional «La identidad nacional a través de la lengua y del diálogo entre culturas: Rusia e Iberoamérica».

Su quinta edición tuvo lugar este año entre el 9 y el 11 de octubre –coorganizado en esta oportunidad con la Universidad de Veracruz (México)– y contó con un gran número de participantes, tanto de Rusia y países asiáticos otrora miembros de la ex Unión Soviética, como Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán, Armenia, así como de América Latina (México, Cuba, Colombia, Nicaragua, Paraguay, Brasil y Argentina). Vía zoom, hubo también un par de participaciones desde España.

Secundo en este artículo a nuestra colega y amiga Julia Sarachu, que publicara una reseña en el mismo espíritu a propósito de la edición 2022.

Hispanistas rusos/as y rusistas latinoamericanos/as. Algunos de los muchos participantes del congreso,

Los ejes del congreso se reparten entre cuestiones referidas a las lenguas como marcadores de identidad sociocultural y étnica y su papel en el diálogo entre culturas; la diversidad étnico-lingüística y cultural de Rusia, los países de América Latina y el Caribe; la traducción; el abordaje del español y el ruso en el proceso de comunicación intercultural y la internacionalización de la educación superior; el rol de las redes sociales y las nuevas tecnologías en el espacio científico-educativo multicultural; y –por supuesto– las perspectivas de interacción entre Rusia y los países de América Latina y el Caribe. De modo que ofrece un amplísimo campo de intercambio y discusión, que además se aprovecha con creces.

Nuestra eslavística en general y nuestra Sociedad Argentina Dostoievski en particular estuvieron representadas, como viene sucediendo desde la tercera edición del congreso en 2017. Solo que este año sumamos cuatro participantes, más la presencia de nuestras colegas y amigas Silvana Jarmoluk, directora de cine y representante de la comunidad rusa en Argentina, y Noelia Pérez Rivaben, historiadora y profesora de ruso egresada de la misma Universidad Federal del Sur. De los nuestros, Julián Lescano presentó su ponencia «A través de la frontera: la recepción de la obra de Lev N. Lunts en Occidente»; Julia Sarachu, «Correspondencias entre la novela Un héroe de nuestro tiempo de M. Lérmontov y Sin rumbo de E. Cambaceres»; Tomás Bombachi, «La mirada de la crítica en la construcción de la identidad nacional en la literatura: lecturas de V. Bielinski sobre Evgueni Onieguin y de L. Lugones sobre Martín Fierro», y quien esto escribe, «Alexandr Fadéiev: su figura, su obra, sus traducciones y ediciones en el mundo hispanohablante».

Del otro lado, siempre impresiona el nivel de profesionalismo de los hispanistas rusos en el conocimiento de nuestra lengua castellana (tesoro común que Iberoamérica en general y Latinoamérica en particular no ha sabido construir como fortaleza política), así como de los aspectos culturales que le dan sustancia. Sus exposiciones sobre especificidades del castellano y de sus variedades lingüísticas así como sobre nuestros escritores nos manifiesta cuánto puede revelarnos sobre nosotros mismos una mirada desde afuera. En lo particular, me sorprendieron los abordajes sobre el pensamiento filosófico latinoamericano (y argentino) de las profesoras doctoras Liubov Iákovleva y Taísia Paniótova (que ha participado en alguna de nuestras jornadas eslavísticas y publicado un artículo suyo en el número 10 de Eslavia; además, es la tutora de tesis de maestría de Julia Sarachu). Asimismo, en el congreso mostraron extraordinaria competencia los y las estudiantes de la cátedra de filología romance en la traducción simultánea ruso-castellano y castellano-ruso de todas las ponencias y discursos del evento.

El ambiente del congreso es siempre de amistosa (diría mejor, afectuosa) camaradería y deseos de intercambio, y todos los organizadores hacen gala de una atención, una hospitalidad y un cuidado por los visitantes a la que se siente difícil poder corresponder. Esto desde la propia gestión del viaje, el recibimiento en los aeropuertos, el acompañamiento permanente para garantizar que el visitante no sufra ningún contratiempo, la preocupación por su alimentación (los abundantes breaks, almuerzos, cócteles, y no hablemos de la fiesta final, todo por cuenta y cargo de la organización) y, por sobre todo, el respeto y la estima profesional. Todo esto crea ese clima cordialísimo que facilita exponer, debatir, acercarse a los demás a entablar conversaciones, quedar en contacto. Los rusos siempre se muestran ávidos y agradecidos de esos encuentros e intercambios.

Con la rectora Inna Shevchenko, Silvana Jarmoluk y Natalia Karpóvskaia en la celebración del 110º aniversario de la Universidad Federal del Sur.

Y, en este sentido, otra cosa para destacar es toda la contribución que el congreso hace siempre para que estrechemos lazos con nuestros propios colegas latinoamericanos, de modo que no solamente fortalece las relaciones entre Rusia e Iberoamérica, sino que la excedencia es el fortalecimiento de nuestras propias relaciones como continente cultural. Y aquí quiero mencionar especialmente al amigo colombiano Rubén Darío Flórez Arcila, traductor y presidente del Instituto León Tolstói de Bogotá, de espíritu integrador y apasionado y persona muy respetada y querida en la Universidad Federal del Sur, con quien siempre tenemos posibilidad de encontrarnos y continuar nuestras conversaciones en eventos como este.

Unas palabras especiales para Natalia Valérievna Karpóvskaia, el alma mater de esta iniciativa.

Natalia Valérievna (siempre con nombre y patronímico, como es de rigor en el trato de respeto ruso) es la persona que motoriza –y la metáfora es adecuadísima– estos encuentros, con toda la fuerza, la capacidad organizativa, el cuidado y la pasión que exigen empeños de semejante magnitud. Cierto, tiene un gran equipo a su lado, hecho a su imagen y semejanza, al que imbuye de su misma energía, emocionalidad y afectividad. Y mencionamos a María Schevtsova, Marina Siómikova, Anna Sulavko, entre otras abnegadas colaboradoras. Pero también todo el estudiantado que suman a participar (maternalmente, por usar una palabra que usa en su comentario la amiga Sarachu), y que aprovechan la oportunidad para practicar su castellano y conversar con especialistas de otras latitudes.

Natalia Valérievna no solo es respetada, sino muy querida. Porque un rasgo asombroso de su personalidad es la memoria minuciosa y el interés genuino que tiene por cada uno de los y las participantes, de dónde vienen, de qué se ocupan en sus universidades, cuáles son las realidades particulares de sus ciudades o países de origen, recuerda incluso qué suvenir le ha traído tal o cual en este o el otro congreso, siempre tendrá un momento para una conversación o reunión particular. Siempre. (Y es también la primera a la hora de celebrar y divertirse). Semejante capacidad de trabajo, generosidad y atención de parte de alguien que está a la cabeza de la organización total de un evento internacional de estas dimensiones no deja de ser admirable y conmovedora. Es cierto, como apoderada de la rectora Inna Shevchenko para los países del área Iberoamericana es siempre muy activa en la suscripción de convenios y la organización de eventos en y con otras universidades, iberoamericanas y rusas, entonces viaja mucho, conoce las distintas realidades, viene de inaugurar una sede de la universidad en La Habana, de incorporar a Brasil a través de la inclusión del portugués en sus programas.

Pero además es alguien que en ningún momento olvida que es una profesora de traducción del castellano al ruso, por eso siempre está interesada en escuchar a los traductores, participar en debates, plantear problemas, pedir consejos, y además estar siempre –maternalmente– cerca de sus estudiantes. Incansable y querida amiga Natalia.

¡Qué hermosa es Rostov! ¡Qué hermosa que es una ciudad cuando en ella te esperan, te quieren, y te hacen sentir que todo ese encuentro es, por sobre todas las cosas, una celebración de la amistad!