La polis paralela (1978), Václav Benda

Presentación y traducción: Jorge Nicolás Lucero – Instituto de Investigaciones “Gino Germani”-CONICET

Cuando la ética es política

La iniciativa conocida como Carta 77 fue el catalizador principal de la disidencia política dentro de la Checoslovaquia “normalizada” como reacción a la invasión soviética en 1968, así como el germen de lo que doce años después se conocerá como la Revolución de Terciopelo. Su documento inicial informaba el incumplimiento del gobierno de los Acuerdos de Helsinki de 1975, y estaba firmado por más de doscientos intelectuales, artistas y políticos cuyas ideas podían ir desde posiciones decididamente conservadoras hasta posiciones afines al trotskismo y otras corrientes de izquierda.

Frente a este pluralismo concreto no resulta extraño, por tanto, que uno de los conceptos programáticos más audaces y discutidos en el seno de los firmantes haya sido propuesto por un matemático, católico y conservador como Václav Benda (1946-1999), tal como es la noción de polis paralela. A pesar de enunciarse en un texto que el propio autor confiesa haber escrito improvisadamente (Skilling, 1991: 48), esa escritura apresurada, sin embargo, tenía el claro objetivo de advertir a los miembros de la disidencia que la iniciativa debía redireccionarse para evitar un callejón sin salida. En cierto sentido, antes que la creación de un concepto, la polis paralela es un autodiagnóstico de la iniciativa que había congregado a los que no tenían nada en común: la reivindicación moral que buscaba imponer en la opinión pública había quedado en la abstracción, y por tanto, acabaría en la pérdida del compromiso civil y en la inacción. Esta advertencia se da en el contexto de la flamante creación del Comité para la Defensa de los Injustamente Perseguidos o VONS (Výbor na Obranu Nespravedlivě Stihaných), que buscaba dar seguimiento individualmente a los casos de persecución estatal.

La noción de polis paralela propone la creación y ejecución de mecanismos políticos por fuera de las estructuras oficiales, tomando como inspiración central –o, más bien, real– la cultura checoslovaca del underground, donde las estructuras de difusión y despliegue se desarrollan en un intento de liberar a la comunidad de las estructuras oficiales que la asfixian, sin por ello dejar de ser fiel al principio de legalidad inherente a la Carta 77. De esta forma, aunque sin mencionarla, Benda pone de relieve la libertad de los griegos, la libertad como iniciativa colectiva. De acuerdo con Martin Palouš, quien ofició como portavoz de la Carta en la década de 1980, esta propuesta es lo que opone a Benda a la primera concepción de la Carta como “sentimiento moral”, que defendía el filósofo y primer portavoz Jan Patočka (Palouš, 1991). Si bien esta oposición resulta discutible, lo que sí es cierto es que el propio Václav Havel observó en su trabajo más célebre, El poder de los sin poder, la necesidad de pensar las estructuras paralelas como manifestaciones articuladas de la vida en la verdad: “la ‘polis paralela’ es indicativa y tiene sentido solo como acto de ahondamiento de la responsabilidad hacia el todo y por el todo, como descubrimiento del puesto más adecuado para este ahondamiento y no como huida de él” (Havel, 1990: 120). Parece entonces que la polis paralela no clama por abandonar el sentimiento moral, sino por encontrar los medios para hacerlo carne. En este sentido, el texto de Benda aparece como uno de los escritos más significativos y movilizadores dentro de la historia del movimiento disidente.

A pesar de la repercusión que el texto supo tener, tanto entre los integrantes de la Carta como en los demás círculos disidentes de Europa del Este, el texto completo nunca había sido traducido al español –al menos, hasta donde sabemos–, cuestión que quizás se deba a las varias descripciones técnicas y referencias situacionales que un desconocedor de la coyuntura pasaría por alto. Por ello, hemos decidido incluir algunas notas dentro del original para contextualizar históricamente algunos pasajes.

No queremos terminar esta presentación sin agradecer enormemente a Kamila Bendová por la autorización para publicar este corto pero significativo texto de la historia cultural y política checa del siglo pasado.

charta77

LA POLIS PARALELA (VÁCLAV BENDA)[1]

Praga, 17 de mayo de 1978

Primero que nada, considero que la cuestión tal y como será expuesta a continuación –incluso con las confusiones, depresiones y conflictos que provoca– ya fue instaurada en toda su magnitud con la proclamación preliminar de la Carta.[2] Con esto quiero decir que todas las peripecias de los últimos dieciséis meses, ya sea por vínculos externos o por los comportamientos de los individuos, grupos y corrientes “dentro” de la Carta, han contribuido a nuestra incertidumbre diaria (excepto en su programación) solo relativa y marginalmente. Intentaré explicar lo que veo como su principal causa.

La Carta 77 registró, por lo menos, dos éxitos notables: abarcó una increíble escala de opiniones políticas y mentalidades civiles, así como demostró permanecer, en lo esencial, dentro del terreno de la legalidad. Con estos resultados, se pagó desde un comienzo el costo de habernos hallado en una considerable situación esquizofrénica. Por un lado, obviamente todos nos hemos puesto de acuerdo –pasando por alto diferencias esenciales en la fundamentación de la crítica y sobrepasando diferencias aún más profundas en las ideas sobre las posibles rectificaciones– en la tristísima apreciación del sistema y funcionamiento del poder político actual. Por otro lado, actuamos como si no hubiésemos advertido que las declaraciones de dicho poder sobre sus buenas intenciones y sus decretos legales, con los cuales limita en apariencia su totalización, son una mera tapadera propagandística. Aunque tomarle la palabra al poder político es de por sí una maniobra muy perspicaz, esta postura (con todo respeto a dicha perspicacia) no puede alcanzar un efecto movilizador y defiende una mentira, siendo incapaz de tender un puente entre las posiciones arriba mencionadas.

La Carta 77 logró liquidar este cisma de forma temporal –aunque muy efectiva– mediante una acentuación radical de los aspectos éticos y las preferencias de una postura moral frente a una política. Esta solución inicial ha fracasado, y hoy se abre ante nosotros un dilema más penoso. Las razones de este fracaso son más o menos las siguientes:

  1. La muerte del Profesor Patočka, quien sin duda fue el spiritus movens de esta resolución.[3]
  2. La madurez intelectual del poder político, el cual finalmente observó que su furiosa campaña logró transformar el problema político en un problema moral y, con ello, sin querer, tomó nuestras armas. Desde ese momento impera un silencio en torno a la Carta y su poder se relega en las tinieblas.[4]
  3. Esta postura moral se realizó abstractamente, sin determinación de ningún contenido positivo ni acción dirigida. De todas maneras, esta postura moral abstracta es solo un gesto que, si bien puede ser enormemente efectivo, en su impacto queda limitado a algunas semanas o meses. En la declaración del documento puede introducirse un efecto por el cual ustedes se han reunido, y que es frecuente entre los firmantes de la Carta: el paso casi extático desde el sentimiento de liberación por las firmas producidas hacia una desilusión gradual y un profundo escepticismo.

No subestimo las contribuciones concretas de las dos primeras razones, y no obstante encuentro decisiva y suficiente por sí misma la tercera. En este diagnóstico se basa la propuesta de una estrategia que nos permitiría salir del actual callejón sin salida.

Quise intentar resumir esta estrategia con dos consignas que desarrollaré y comentaré a continuación: partir de la obligación moral y la vocación como el momento unificador y originadora de la dinámica; dar a esta dinámica el campo de acción y una perspectiva positiva concreta en la formación de una polis paralela.

I

La autorización moral y el deber del ciudadano a participar en los asuntos generales (es decir, políticos, en un sentido amplio del término) están fuera discusión. Desde allí la Carta infirió la fuente de su mandato público y esto significó, en cuanto solución social, la superación de la mencionada ambigüedad, además de garantizar unidad, cooperación tolerante y, hasta cierto nivel, persistencia. No encuentro otra fórmula[5] capaz de suplantar exitosamente a todas estas funciones. Asimismo, este posicionamiento moral, a los ojos de la sociedad y de la mayoría de los firmantes, es algo tan estrechamente vinculado a la Carta que cualquier otra fórmula apenas podría resultar legítima. Ahora bien, no me pregunto aquí si hay que partir desde un aspecto ético, sino cómo logramos, una vez más, que este despierte y movilice a la comunidad, y cómo logramos asegurar su acción permanente, es decir, cuál es esfuerzo concreto o “programa positivo” de los cuales se pueda sacar energía para el porvenir.

Si he entendido correctamente, lo que se esconde bajo la etiqueta de un concepto “radical” o “retardativo” nunca puede poner en perspectiva una respuesta para aquella pregunta. Ciertamente, el ciudadano debe hallar su compromiso ético involucrado en el conflicto con la mala política y esforzándose en su destrucción. No obstante, dadas las circunstancias, este deber es hasta cierto punto suicida, y ningún sistema ético razonable puede proponerlo como una opción de estima pública. Análogamente, el ciudadano puede sentirse moralmente obligado a evaluar la situación de modo realista, e intentar retomar el camino de los compromisos y reformas, al menos parcialmente. Sin embargo, frente a los parámetros éticos del poder político actual, no es posible confiar en una acción tal que sus motivaciones morales fuesen universalmente consultadas y pudieran producir algo semejante a una apelación moral.

II

Propondré tres caminos para revisar las relaciones con la comunidad. La mayoría de las estructuras que pesan de una u otra manera en su vida (es decir, en la vida política) funcionan de forma totalmente insuficiente, o incluso de forma dañina. Por ello, propongo que unan sus fuerzas en las transformaciones graduales de las estructuras paralelas, o al menos que sean capaces, en sus limitaciones, de suplantar las funciones útiles e imprescindibles que generalmente están ausentes en las estructuras oficiales; y también, de ser necesario, que sean capaces de aprovechar las estructuras existentes y “humanizarlas”.

Este plan con vistas a otro nivel satisfará las exigencias de los “reformistas” y los “radicales”.[6] No conduce a un conflicto directo con el poder político ni está plagado de ilusiones acerca de una solución sobre el estado de cosas existente por medio de “arreglos cosméticos”. A su vez, deja abierta la cuestión clave sobre la viabilidad del sistema: es seguro que solo su éxito parcial expondrá la tensión de las estructuras oficiales bajo la cual se desintegraría necesariamente (si aceptásemos el diagnóstico de los radicales) o bien se restauraría de forma provechosa (si aceptásemos el del reformismo).

Este plan probablemente sea inadmisible para ambos flancos, como si se tratase de algo “propagativo” y de una política ingenua. Pero estamos todos juntos en la Carta, y esta es innegablemente un acto ingenuo como política, como lo es cada tentativa de llevar a cabo una política a partir de una solución moral. Después de todo, mi propuesta surge de la forma actual de la Carta 77, cuyo origen lo debe a la defensa de las estructuras paralelas (de la Otra Cultura)[7] y que se consagra considerablemente a una reinterpretación “humanizante” en las estructuras oficiales existentes (del sistema legislativo). En esta dirección, me gustaría señalar que los políticos oficiales, al fin y al cabo, llevaron a la comunidad a su condición actual: así pues, sería razonable que se revisaran sus convicciones u opiniones políticas acerca de lo qué es y no es políticamente ingenuo, tertium non datur.

 Aunque este plan quizás esté por encima de nuestras fuerzas, es realista en cuanto se apoya sobre la praxis de una realidad autorizada. Mencionaré los dos ejemplos más notables, que a su vez son completamente opuestos. Una estructura cultural paralela es un factor positivo claro e indiscutible, y dentro de algunas esferas (en la literatura, pero también en la música popular y las artes plásticas) predomina por sobre las estructuras oficiales inanimadas. Un factor igualmente indiscutible (y negativo, aunque más funcional y humano) es la economía paralela, fundada en un sistema de robo, corrupción y protección que cultiva, bajo la brillante superficie económica oficial, no solo la mayoría de los consumidores, sino también la mayor parte de las relaciones industriales y comerciales.

He aquí (en orden azaroso) las consignas concretas de mi plan:

  1. (Este punto es, de hecho, un preámbulo de todos los siguientes). Nuestro sistema legal es fácticamente uno de los peores del mundo, pues está concebido exclusivamente con fines propagandísticos y, por ende, sin ningún tipo de garantía que no sea insólita o remota. Actualmente admite muchas interpretaciones liberales, pues está concebido exclusivamente con fines propagandísticos y, por ende, insólitos y remotos. Es necesario aprovechar esta discrepancia sistemáticamente (y es necesario prepararse para ello, pues esta podría ser utilizada contra nosotros en cualquier momento). El paso de un sistema totalitario a uno liberal, es decir, el paso en esta esfera desde la regla “todo lo que no está explícitamente permitido está prohibido” hacia el principio “todo lo que no está explícitamente prohibido está permitido” puede únicamente conseguirse mediante una verificación permanente de lo permitido, con una enérgica ocupación de las posiciones alguna vez obtenidas.
  2. Por ahora, la otra cultura es la estructura paralela más desarrollada y dinámica. Tendría que ser utilizada como modelo para otras esferas, y en la actualidad es necesario apoyar por todos los medios su desarrollo, en particular en áreas hasta ahora descuidadas (la crítica literaria y el periodismo cultural en general, el teatro, el cine).
  3. La estructura paralela de la educación y la vida científica tiene una tradición concreta que, sin embargo, está estancada hace dos años.[8] Considero que la organización de la educación paralela es una tarea de importancia suprema, y tanto desde lo personal (si los miembros de operaciones de la Seguridad del Estado[9] conocen los nombres de mis hijos de uno y nueve años, no puedo hacerme una excesiva ilusión sobre sus posibilidades oficiales de estudiar) como en términos generales. (El underground, que es por lejos uno de los componentes más numerosos de la Carta, demostró politizarse y superar su sectarismo, si bien la permanencia de este resultado está condicionada por nuestras posibilidades de acción “educadora” en estos círculos.) Justamente, considero que en esta esfera está su grandiosidad concreta y su programa “maximalista”.
  4. En su etapa inicial, la Carta logró dar forma a un sistema de información paralela, la cual fue funcional, ágil e incorporó al menos a una decena de miles de personalidades. La degradación paulatina de este sistema (que desgraciadamente se produce con mayor velocidad que una simple baja razonable luego del impacto inicial) me parece uno de los mayores fracasos y uno de los síntomas más críticos de la actividad de la Carta hasta ahora. Es posible estimar que gracias a los materiales más relevantes de la Carta 77, esta fue dada a conocer, mediante circulación directa e interna (siempre que omitamos la radiodifusión extranjera), a varias decenas y hasta cientos de miles de personas (como en el caso de su declaración preliminar). En el último tiempo este número decayó a algunas centenas, y en el mejor de los casos a unos mil ciudadanos.

Por supuesto, el contenido y la forma de la información dada tendrá una significación clave; sobre esto y sobre las cuestiones de la publicidad en el extranjero trataré en los siguientes puntos. He aquí algunas reglas técnicas cuyo cumplimiento, en mi opinión, podría contribuir a una mejora:

–Debe dedicarse más atención y trabajo a la tarea de divulgación de información, para que tenga que ser igualmente respetada como la propia preparación del material. Todo aquel que se lamente por tener conocimientos insuficientes debería sentirse automáticamente obligado a difundir la información obtenida.

–La red de información debe aprovecharse de manera equitativa. Demasiadas pausas largas son aún más peligrosas que un exceso de lenguaje, pues conducen a la pérdida del interés y a la descomposición de esa corta conexión.[10]

–Especialmente, no lejos de su fuente, es necesario cumplir la regla según la cual el efecto es más importante que la civilidad social, y privilegiar la información en el lugar donde está garantizada su mayor difusión. Es preferible que alguien “prestigioso” sea informado al menos de segunda mano a que la difusión de esta información se atasque y quede restringida a un circuito estrecho de personas.

–Es sumamente importante mejorar los canales de información para los grupos fuera de Praga. No obstante, esto es todavía más urgente para que estos grupos aseguren una articulación recíproca y formen sistemas de información. Aquí hay que considerar como una cuestión importantísima para la evaluación del destinatario de la información[11] que sepa escribir a máquina,[12] si bien no evitamos un empleo de los medios de reproducción más efectivos que la máquina de escribir. Resulta necesario elaborar rápidamente un sólido análisis legal de estas cuestiones, y además examinar las posibilidades de un aseguramiento material en lo técnico, sin dudas legal pero costoso (xerox, fotocopias).

  1. En este momento hay que reflexionar sobre la extensión de las tareas que podemos construir en un futuro dentro del campo de la economía paralela; momentáneamente no hay grandes posibilidades, sin embargo, su empleo resulta extremadamente urgente. El poder político sitúa esta área como un medio decisivo para el dominio arbitrario de los ciudadanos y, al mismo tiempo, la reglamenta con más severidad. Por ello resulta indispensable estar respaldado por una contabilidad de suma confianza (todo lo demás sobrepasa el campo de la legalidad) y una acción ampliamente caritativa y de apoyo; la propia comunidad tendría que basarse en un sistema mutuo de garantía, no solo moral, sino también material. Evidentemente, el poder político quiere quebrantar la iniciativa de Carta 77, especialmente en que sus participaciones construyan una presión económica insoportable (y, al mismo tiempo, conduzcan a una campaña propagandística sobre sus vidas de derroches y ocio). Poner en evidencia la moralidad y el carácter desinteresado de nuestras intenciones ignorando el factor material es algo tan ingenuo y peligroso bajo estas circunstancias como considerar necesario informar a la Seguridad del Estado sobre nuestra vida personal por considerarla honesta y legal (en ambos casos, no solo se pasa de la gracia a la desgracia del oponente, sino que al mismo tiempo se acepta su falso y usurpado requisito moral). Por el contrario, es menester enfrentar esta presión sistemática e incluso exigir una solidaridad internacional: a partir del apoyo de los individuos y de las organizaciones y, finalmente, de las múltiples y más prometedoras formas de colaboración cultural y científica que aseguran una autonomía relativa respecto de las estructuras económicas oficiales (honorarios por obras artísticas y publicaciones especializadas, becas, etc.).
  2. Es necesario preparar el terreno para dar origen a estas estructuras políticas paralelas (en el sentido estricto del término) y favorecer su evolución. Este punto cumple un amplio abanico de tareas: desde la educación hasta la conciencia cívica y la responsabilidad pasando por la conformación de las condiciones del debate político y la formulación de las opiniones teóricas, hasta el apoyo de corrientes y agrupaciones políticas concretas.

Mi propuesta dentro del área de la política internacional paralela surge de la premisa según la cual aun cuando la internacionalización de cualquier problema quizás no sea de provecho, no es decisivamente perjudicial. Algunas de las estructuras paralelas propuestas (como las educativas o económicas) no pueden funcionar –por lo menos, en un principio– sin un efectivo apoyo extranjero. La publicidad extranjera de nuestro esfuerzo es su garantía decisiva ante este arbitrario poder político, y para la mayoría de los ciudadanos también es la fuente central de información (radio y televisión extranjeras). De todas formas, lo importante es la colaboración en los movimientos emparentados dentro de los Estados del Bloque del Este; en décadas pasadas, quizás, cada una de las naciones de este bloque pagó cara la insuficiencia de tal coordinación. La publicidad de nuestro accionar es por el momento inaparente y nuestra colaboración con movimientos internos al Bloque siempre fue tristemente insuficiente. Hoy es necesario crear algo capaz de investigar las causas de esta condición y proponer un medio concreto para su revisión.

Seguramente me estoy olvidando de muchas estructuras paralelas que ameritarían una consideración igualmente urgente. Estas estructuras paralelas individuales estarán también vinculadas con la Carta 77 en numerosos términos (su opinión acerca de lo que aquí intento expresar, así como el alcance de estos puntos); algunas serán sus componentes constitutivos, mientras que otras estarán asistidas y nutridas por la Carta, y finalmente las demás brindarán sobre todo una garantía legal. Una estructura paralela semejante excederá el marco de la Carta en varias áreas para luego, tarde o temprano, adquirir una existencia autónoma; es no solo por esto que hasta hoy esta estructura “no cabe” en la forma y misión de la Carta, sino principalmente porque, por sus condiciones opuestas, no construiremos una polis paralela, sino un gueto.

Aun así, la Carta no tendría que apartarse del todo de esta iniciativa, ni tampoco limitarse a ella. Un paso semejante la llevaría desde su posición de iniciativa cívica hacia el rol de mera observadora, lo cual la desharía de una buena parte de su carga moral. Hay que tener en cuenta para el futuro que habremos de ponernos de acuerdo en la solución conjunta de nuestros esfuerzos más que en sus limitaciones externas. Al fin y al cabo, la Carta, en cuanto iniciativa cívica, pasa de manera necesaria y continua a otras iniciativas, y por su carácter de asociación independiente no tiene los medios disponibles con los cuales podría delimitar alguna frontera para su directiva. Al respecto, la Carta estuvo, está y estará fundada solamente en la siempre restaurada confianza que los individuos del grupo de firmantes, en comprensión y responsabilidad mutuas, evitando actos contra otros grupos que o bien serían inaceptables, o bien pudieran perturbar la unidad y mutualidad original con ellos.

No obstante, la Carta 77 debe naturalmente continuar completando su tarea más propia (a excepción de la problemática “legislativa”, la cual indiqué en el punto a): seguir de cerca los casos de violación seria a los derechos humanos, advertirlos e impulsar su corrección. Esto significa sobre todo continuar con la redacción de documentos principales.[13] Deben aparecer documentos concretos con un intervalo no mayor de dos meses; de otra forma, su continuidad se ve alterada. Fundamentalmente, es necesario ampliar el circuito de los signatarios y los no signatarios, quienes participarán en la preparación y elaboración de los documentos. En este sentido, saludo el anuncio público de los temas labrados y los equipos responsables de la redacción. Por otra parte, las opiniones individuales y las posturas de los autores se reflejan en el modo de elaborar las soluciones a los problemas dados (y este aspecto se proyectará con más fuerza y se acotará a sus áreas específicas), comprensiblemente diferentes al resto de las opiniones y posturas. Está en todo nuestro interés reconciliarnos con este hecho que realiza un falso esfuerzo por la objetividad y la tolerancia (como se ve en mis polémicas glosas más arriba) para producir documentos como si fuesen duplicados vacíos de protocolos diplomáticos.

A continuación, paso a los requisitos que en cierta medida ya están en relación con mi plan. Pienso que los documentos no tendrían que estar dirigidos solamente a las autoridades, sino también (e incluso especialmente) a todos nuestros compatriotas. Para ello, deben ponerse en juego opciones concretas En realidad, estos documentos deberían ocuparse de los temas genuinamente candentes y no ser demasiado largos (de otro modo, no llegarán a la mayoría de sus destinatarios, si bien, por supuesto, su adecuación dependerá de la importancia del tema), y ser lo suficientemente comunicativos para el público aficionado (por ejemplo, deberían evitar la jerga jurídica o de cualquier otro tipo). Si de veras queremos desprendernos del sentimiento general de improductividad y desesperación en lugar de contribuir a él, creo que no podemos pasar por alto los hasta ahora dudosos resultados del diálogo con el poder político, y debemos aprender de ellos. Esto significa que hay que ir todavía más lejos; incluso nada nos impide que mostremos, dentro de nuestras demandas para una corrección institucional, el impulso hacia una actividad ciudadana “paralela” que posibilite la mejora del actual estado de cosas. Si la elaboración de documentos deja de ser el único objetivo y se lo coloca solo como una parte del esfuerzo constante para investigar las causas de las situaciones nefastas e imponer su reparación, entonces, ciertamente, la Carta 77 no correrá el riesgo de arder y volverse un simple resultado del “papel crujiente”. Un enfoque así, cuya acción ha de mezclarse con el descubrimiento de las posibilidades más variadas de corrección e implementación, sería hoy el paso más natural hacia el plan, aquí presentado, de una futura polis paralela.

Bibliografía

BENDA, Václav (1991), “Czech responses”, en SKILLING, G. y WILSON, P., Civic Freedom in Central Europe: Voices of Czechoslovakia, Nueva York, McMillan, pp. 48-56.

BENDA, Václav (1980), “Paralelní pólis”, en HAVEL, Václav et al., O svobodě a moci, Colonia, Index, pp. 101-110.

FALK, Barbara (2003), The Dilemmas of Dissidence in East-Central Europe: Citizen Intellectuals and Philosopher Kings, Budapest, CEU Press.

González Calvo, J. (2004). “Jan Patočka y la Carta 77. Antropología fenomenológica crítica y activismo de los derechos humano”, Contrastes, vol. IX, pp. 41-58.

HAVEL, Václav (1990), El poder de los sin poder (trad. de Vicente Martín Prado), Madrid, Encuentro.

PALOUŠ, Martin (1991), “Jan Patočka Versus Václav Benda”, en SKILLING, G. y WILSON, P., Civic Freedom in Central Europe: Voices of Czechoslovakia, Nueva York, McMillan, pp. 121-128.

TOMIN[OVÁ], Zdena (1983), “Typewriters Hold The Fort”, en Index on Censorship, vol. 12, nº 2, pp. 28-30.

Notas

[1] Traducción a partir del original “Paralelní pólis” publicado en la compilación O svobodě a moci (Sobre la libertad y el poder) (Benda, 1980). [N. de T.]

[2] Se refiere al texto inaugural del movimiento publicado el 1º de enero de 1977. Una versión castellana de este documento puede encontrarse en el anexo del artículo de José González Calvo (González Calvo, 2004: 51-55). [N. de T.]

[3] Jan Patočka (1907-1977) es sin dudas el filósofo checo más célebre e influyente del siglo pasado, tanto por su aporte a la fenomenología de las últimas décadas como por su postura disidente. Patočka adoptó el papel de primer portavoz de la Carta a pesar de su deteriorada salud, y tras una entrevista con el Ministro de Relaciones Exteriores holandés Max van der Stoel a propósito de la iniciativa, los días 2 y 3 de marzo fue sometido a extensos interrogatorios por parte de la policía, una situación que desencadenó el derrame cerebral que acabó con su vida el 13 de marzo. [N. de T.]

[4] El gobierno checoslovaco reaccionó casi inmediatamente a la publicación nacional e internacional de la Carta 77, pero tanto los interrogatorios y allanamientos policiales como los editoriales insultantes que el periódico del Partido, Rudé Právo, publicó durante las primeras semanas de enero, solo lograron que uno de los firmantes del documento se retractara (Jiří Záruba). Por ello, realizó una masiva campaña contra la Carta en lugares públicos y empresas, con reuniones que promovían el desprecio moral para con sus miembros. El evento más célebre de esta campaña tuvo lugar en el Teatro Nacional el 26 de enero, cuando se reunió a famosos actores, músicos y escritores para escuchar y firmar la “Proclama del Sindicato de Artistas Checoslovacos”, conocida como la Anti-Carta. [N. de T.]

[5] Benda aquí se refiere al posicionamiento moral. [N. de T.]

[6] Mientras que entre los reformistas puede identificarse fácilmente a los miembros de la Carta de cuño más liberal, entre los radicales se ubicaría la izquierda crítica del régimen soviético, más afín al trotskismo y el maoísmo, como era el caso del periodista Petr Uhl (1941).

[7] La expresión “otra cultura” (druhá kultura) es utilizada por el poeta Ivan Jirous (1944-2011) para referirse a la cultura del underground, especialmente en lo referente a la música, si bien luego se expandió hacia otras áreas (las publicaciones clandestinas o samizdat, los seminarios privados de estudios, etc.). Jirous fue el director artístico de The Plastic People of the Universe, la banda de rock cuyo enjuiciamiento en septiembre de 1976 fue el evento defintivo para la ideación de Carta 77.

[8] A inicios de los años setenta, profesores e intelectuales disidentes llevaban a cabo seminarios clandestinos de índole universitaria. Antes de la conformación de la Carta, estos seminarios solían ser independientes unos de los otros, hasta incluso rivalizando o compitiendo entre sí (cf. Falk, 2003: 92), algo a lo que Benda alude unas líneas más abajo. [N. de T.]

[9] Statní Bezpečnost, también conocido por las siglas StB, es el nombre oficial de la policía secreta checoslovaca. que operó como el organismo principal de inteligencia y persecución de actividades consideradas anticomunistas. [N. de T.]

[10] Entre los informantes y el público. [N. de T.]

[11] Se refiere a la información proveniente de Praga. [N. de T.]

[12] Dado que poseer máquinas de escribir no estaba prohibido durante el período de “normalización” del comunismo, este mecanismo de difusión se volvió privilegiado durante los primeros tiempos de la Carta y para las publicaciones samizdat. Por medio de la máquina de escribir se publicaban tanto documentos, boletines, cartas abiertas como literatura y ensayos. Zdena Tominová, integrante de la Carta exiliada en 1980, describe en un artículo una “cultura de la máquina de escribir” propia al movimiento disidente (Tominová, 1983). [N. de T.]

[13] Unas semanas antes de la redacción de este ensayo, Benda y otros habían fundado el Comité para la Defensa de los Injustamente Perseguidos, organismo que funcionará en coexistencia con la Carta. [N. de T.]