En el abismo de la muerte, el dolor se fortalece. Sobre “La fosa”, de Ivan Goran Kovačić

Introducción y traducción: Pablo Arraigada 

“Como podemos ver, el mito acerca de Goran y “La fosa” tuvo desde el principio su propia vida artística, pero a diferencia de textos literarios convencionales que evocan la tradición su arte es marcadamente poco tradicional. Por un lado, tenemos un texto literario que representa el mito fundacional de la víctima y la victoria socialista yugoslava, que está escrito de manera convencional y que conscientemente evoca lecturas intertextuales en el contexto de la tradición. Por otro lado, desde las bellas artes, era una demandaexplícita de alejarse del realismo socialista y de introducir nuevos procedimientos desde las primeras ediciones, desde las
abstracciones de Murtić hasta el cubismo de Picasso y Bakić”.

Miranda Levanat-Peričić

Con sólo treinta años moría Ivan Goran Kovačić. Nacido en la zona de Gorski Kotar, traía desde allí un símbolo de las montañas, la libertad y su tierra en el nombre: ‘Goran’. Esto es su voz, el eco de la misma, que se ve en su poema “Jama” (“La fosa”), donde los versos son una fuerza animalizada y él los anuncia s rikom gora (“con un rugido de montaña”). “La fosa” fue el gran trabajo de Kovačić, un poema de tinte épico que denuncia y describe lo que se vivía durante la Segunda Guerra Mundial.

Ivan Goran Kovačić sobresalió de la escena literaria y cultural yugoslava, a pesar de que su nombre poco a poco se apagó llegada la década del noventa. Tras su muerte trágica y prematura, ha recibido de manera póstuma múltiples homenajes en su patria y en el extranjero. El poeta Dragutin Tadijanović, considerado el gran bardo croata, tiene su “Epitafio a Goran”:

Nacido el primer día de primavera
en el año mil novecientos trece
bebí el cántaro de la vida, con dolor,
treinta brillantes y sombríos años,
hasta que se rompió en las manos,
la mano del ejecutor, cruel, maldita;
para mí, más allá, no hay cántaro ni primavera.
Mi tumba yace en la montaña, desconocida;
no saben de ella amigos, ni madre o hermanos,
no ven cómo les hago señas
tras cada árbol. No tengo más miedo:
soy fuerte como el país que me vio nacer
eterno como la tierra que me ha cubierto

Así es como se construye la gesta y el mito de Goran. Porque se debe de pensar un ejercicio doble, el que hizo el poeta al escribir “Jama” y lo que ha generado en las lecturas e interpretaciones posteriores de intelectuales y pensadores, en la crítica y en el pensamiento de quienes lo apoyaron y quienes son detractores. Junto a Tadijanović, hay que pensar en Branko Miljković, quien también lo homenajea con un poema. Pero esto trasciende la ex Yugoslavia, y también es un símbolo en Francia, con Paul Eluard al escribir un poema en su memoria, como prólogo a la edición francesa, o Louis Aragon pregonándolo y leyéndolo en eventos y reuniones. Ya más cercano en el tiempo, es posible ver cómo se reinterpreta la historia, cómo se la tiñe con humor y crítica, pero Kovačić sigue presente como el poeta combatiente, como es el caso de Narodni heroj Liljan Vidić (2015), película a cargo de Ivan-Goran Vitez. Se muestra en ella una unidad de partisanos combatientes con una misión, y en medio se parodia a los dos símbolos de la resistencia croata: Vladimir Nazor y Kovačić.

Nazor y Kovačić establecieron un vínculo y una amistad muy fuerte, yendo ambos a unirse a la resistencia –a pesar de la avanzada edad del primero y el cuadro grave de tuberculosis que aquejaba al segundo–, episodio que se encuentra en los diarios de Vladimir Nazor, S partizanima (Con los partisanos, cuyo primer capítulo apareció traducido en un número anterior de Eslavia). Esto se presenta de distintas maneras y hay hipótesis varias, incluso las que niegan o no le dan el lugar que tuvo a Nazor, dejando a Kovačić solo en esta hazaña (Miloradović, 2012, p. 28). Ambos desarrollaron una actividad literaria en el fuego del combate, lo que explica los puntos en común que pueden encontrarse. De ahí que Ivan Goran Kovačić refleja el contexto histórico y su experiencia y horrores de la guerra en “La fosa”, por lo que este texto se vuelve una denuncia contra el carácter atroz del régimen ustaši y la torturas que ha atestiguado. En el poema flota el espíritu antibelicista, el deseo de un mundo nuevo en paz y una dura condena a las torturas y los crímenes de guerra. Un poema que entra en lo más clásico desde su estructura, como dice en su ensayo Miranda Levanat-Peričić: “En cuanto a la forma, ‘La fosa’ es un texto muy convencional: un poema clásico en diez cantos simétricos escrito en pentámetro yámbico, en un patrón fijo de sextina rimada” (2019, p. 161). Pero un poema que refleja el deseo de lo experiencial no es sólo una expresión de su sentir taciturno, es una forma de dar a conocer su experiencia y la de quienes lo acompañaban. El poema es un mapa, y esto puede verse en las ediciones originales del poema, donde los ilustradores incluyen estos mapas intercalados al texto. La fosa es una marca en el territorio, es la cartografía de los horrores que se experimentaron frente a los ustaši, los alemanes nazis y los četniki. Los versos se vuelven un testimonio de los crímenes, de las torturas, de los pesares que sufrió el pueblo en la locura y la vorágine del conflicto bélico.

Es por esto que la muerte se configura como un tópico central en el poema. La muerte que Ivan Goran siente en vida, la que observa entre los suyos, la que sabe se avecina. Se trata tanto de la muerte como de su muerte. La salvación y el dar testimonio conllevan cierta culpa en el poema, conllevan esa imposibilidad de que sea un testimonio real –ecos de Agamben, de Derrida, etc.–, pero convierten a este poema en un canto épico. Es un viaje estructurado como un monólogo, con el narrador que cuenta su vida hacia su muerte, pero este mapa que traza lo lleva a continuar el viaje y volver a la muerte. Hay un plano de lo mundano y el horror, la tragedia, y un plano de lo divino y la salvación mediante la lucha, la unión.  Es posible pensar cómo la poética de “La fosa” (Jama) va de la mano con “Cuento de hadas sangriento” (Krvava bajka), de Desanka Maksimović. Ambos relatan un horror y los crímenes de guerra, muestran la muerte de forma cruel y descarnada y tuvieron un carácter formador y pedagógico, siendo composiciones que los alumnos sabían y eran capaces de recitar en los años de la Yugoslavia socialista. Los dos poemas encierran ese carácter épico, integrador y pedagógico –se puede agregar “doctrinario”– de lo que doy en llamar “literatura partisana”.

La muerte se expresa en el cuerpo. Una y otra vez se sabe que hay una fosa repleta de cuerpos, y se sabe esto por sus partes, por las extremidades, por la espalda. El cuerpo que sufre, que llora, que aúlla, que flota, el ser humano deshumanizado, animalizado. Los verdugos son animales hirientes y carniceros, las víctimas son animales que sufren y se quejan. La naturaleza irrumpe y daña, no es un refugio, el fuego que da abrigo en el poema suele arder, quemar. Hay humo y aldeas quemadas. El juego luz y oscuridad tiñe todo el poema y la oscuridad se sigue de la ceguera, de la tortura por parte de los verdugos, quienes con cuchillos arrancan o mutilan los ojos. No ver, no poder atestiguar, no decir. De ahí que ese yo testigo que lleva el ritmo del poema es esencial y pone al texto dentro de un canon, le da otro valor, lo vuelve un poema que puede preservarse en el tiempo.

Pueden trazarse muchas líneas más, puede ahondarse en ellas, pueden rastrearse el contexto y las referencias. Claro está, la idea de este texto es sólo presentarlo, mostrar a “La fosa” como una obra que denuncia y trasciende en el tiempo, que muestra los horrores de la Segunda Guerra Mundial, de los que Kovačić también fue víctima. Incluso tras su muerte, se ha intentado construir un mito alrededor de este final, siendo uno de los puntapiés iniciales el texto de Moša Pijade acerca de Nazor, donde se detiene en lo sucedido con Kovačić y Mišo Milošević. Hay un intento de unir a los serbios y los croatas, de hermanarlos durante los primeros años del régimen socialista en Yugoslavia. Pero el poema es una fuerte crítica contra el régimen croata ustaši, cuando los responsables de la ejecución de Ivan Goran Kovačić fueron tropas četniki. Lo capturaron a él y a su amigo y los mataron, cortándoles la garganta. El uso del poema como una crítica hacia el sector nacional socialista y el poder y crímenes de los seguidores de Ante Pavelić, desde la voz del mismo Ivan Goran, no atestigua de la mejor manera la diferencia y guerra interna entre los partisanos y los serbios nacionalistas monárquicos, los četniki que fueron responsables de muchísimos crímenes de guerra. El discurso de unión choca con la posición frente a los nacionalismos en los Balcanes:

Desde que los četniki mataron al poeta cerca de Foča, hubo intentos de ver su muerte en el contexto de las trágicas controversias de una guerra fratricida, y tales enfoques críticos insistieron en el contexto de la masacre de ustaši descrita por “Jama”. No hay errores significativos en esta lectura, salvo el positivismo metodológico que está en función de un compromiso político específico. Cabe señalar, sin embargo, que los verdaderos incentivos de Goran sólo pueden reconstruirse a partir del conocimiento de las circunstancias extraliterarias y las anotaciones del diario de Vladimir Nazor, pero la única concreción histórica precisa que se menciona en “Jama” son los partisanos, que aparecen como salvación en el final del poema. (Levanat-Peričić, 2019, p. 160)

Esto es un pequeño bagaje, necesario para comprender en parte lo que implicó el poema en su contexto. Hay que tener en cuenta su importancia, más allá de ser usado como texto escolar e histórico: fue traducido hacia 1948 al francés, en una edición que estuvo ilustrada a cargo de Pablo Picasso. Dicha edición es fundamental, ya que se empleó para la primera traducción de “La fosa” al español en Buenos Aires durante el gobierno peronista, aparecida en el año 1951, con dibujos de Vojin Bakić. La presente traducción intenta mantener la estructura rimada del original para que se comprenda mejor la épica y el intento de mantener la tradición que envuelven esos textos, a pesar de que no respeta la métrica original. A futuro, espero poder adecuar eso para una nueva traducción. Y sepan que “En ningún lado el llanto. La risa. Los insultos. Los poemas”.

La fosa

jama

I

Krv je moje svjetlo i moja tama.
Blaženu noć su meni iskopali
Sa sretnim vidom iz očinjih jama;
Od kaplja dana bijesni oganj pali
Krvavu zjenu u mozgu, ko ranu.
Moje su oči zgasle na mome dlanu.

Sigurno još su treperile ptice
U njima, nebo blago se okrenu;
I ćutio sam, krvavo mi lice
Utonulo je s modrinom u zjenu;
Na dlanu oči zrakama se smiju
I moje suze ne mogu da liju.

Samo kroz prste kapale su kapi
Tople i guste koje krvnik nađe
Još gorčom mukom duplja koje zjapi
Da bodež u vrat zabode mi slađe:
A mene dragost ove krvi uze,
I ćutio sam kaplje kao suze.

Posljednje svjetlo prije strašne noći
Bio je bljesak munjevita noža,
I vrisak, bijel još i sad u sljepoći,
I bijela, bijela krvnikova koža;
Jer do pojasa svi su bili goli
I tako nagi oči su nam boli.

O bolno svjetlo, nikad tako jako
I oštro nikad nisi sinulo u zori,
U strijeli, ognju; i ko da sam plako
Vatrene suze s kojih duplje gori;
A kroz taj pako bljeskovi su pekli,
Vriskovi drugih mučenika sjekli.

Ne znam koliko žar je bijesni trajo,
Kad grozne kvrge s duplja rasti stanu,
Ko kugle tvrde, i jedva sam stajo.
Tad spoznah skliske oči na svom dlanu
I rekoh: „Slijep sam, mila moja mati,
kako ću tebe sada oplakati…”

A silno svjetlo, ko stotine zvona
Sa zvonika bijelih, u pameti
Ludoj sijevne: svjetlost sa Siona,
Divna svjetlost, svjetlost koja svijeti!
Svijetla ptico, Svijetlo drvo! Rijeko!
Mjeseče! Svjetlo ko majčino mlijeko!

Al ovu strašnu bol već nisam čeko:
Krvnik mi reče: „Zgnječi svoje oči!”
Obezumljen sam skoro preda nj kleko,
Kad grč mi šaku gustom sluzi smoći;
I više nisam ništa čuo, znao:
U bezdan kao u raku sam pao.

II

Mokraćom hladnom svijestili me Ćuške
Dijelili, vatrom podigli me silom;
I svima redom probadali uške
Krvnici tupim i debelim šilom
„Smijte se!” – ubod zapovijedi prati –
Oboce svima pred krst ćemo dati!”

I grozan smijeh, cerekanje, grohot
Zamnije ko da grohoću mrtvaci;
I same klače smete ludi hohot
Pa svaki bičem na žrtve se baci.
A mi smo dalje u smijanju dugu
Plakali, praznih duplja, mrtvu tugu.

Kada smo naglo, ko mrtvi, umukli
(Od straha valjda što smo ipak živi),
U red za uške otekle nas vukli,
I nijemi bol na stranu sve nas privi;
(U muku čuli iz šume smo pticu):
provlačili su kroz uške nam žicu

I svaki tako, kada bi se mako,
Od bola strašna muklo bi zarežo.
„Šutite!” – rikne krvnik – „nije lako,
Al potrebno je da tko ne bi bježo.”
I nitko od nas glavom da potrese
I drugom slijepcu šuti bol nanese.

Krvožednike smiri žičan lokot
I umorni su u hlad bliski sjeli;
I začuo se vode mrzli klokot
U žarku grlu, i glasno su jeli,
Ko poslije teška posla; zatim stali
Jedan sa drugim da se grubo šali.

Zaboravili kao da su nas:
Zijevali, vjetre puštali su glasne.
„Eh, jednu malu vidio sam danas…”
Dobaci netko, uz primjedbe masne.
I opet klokot hladna vina ili vode
Trgne slijepce – žica me probode.

III

U mome redu počela da ludi
Neka žena. Vikala je: „Gori!
Ljudi, gori! Kuća gori! Ljudi!”
A žica ljuto počela da pori
Nabreknute, grozne naše uši.
Na tla se žena ugušena sruši.

„Dupljaši! Ćore! Lubanje mrtvačke”
Sove! U duplja dat ćemo vam žere
Da progledate! Vi, ćorave mačke!”
Zareži pijan koljač kao zvjere
I slijepcu nožem odcijepi lice
Od uha što se zaljulja vrh žice.

Urlik i teški topot slijepe žrtve
(Što bježeć kroz mrak uvis noge diže),
I brz trk za njom, sred tišine mrtve,
I tupi pad, kad lovca nož je stiže
O, taj je spašen! — rekoh svojoj tami
Ne opazivši da nas vode k jami.

Srce je muklo šupljom grudi tuklo;
Tad druga srce preko žice začuh.
Lupanje ludo naprijed nas je vuklo.
(Što srce skaču kad u mraku plaču!)
I od te lupe progledah kroz rupe:
U jasnom sjaju misli mi se skupe.

I vidjeh opet, ko još ovog jutra,
Duboku jamu, juče iskopanu.
Napregnuh sluh da čujem kad unutra
Uz tupi udar prve žrtve panu.
Oštrom svijesti odlučuh da brojim:
Ja, pedeseti što u redu stojim.

I čekao sam. Skupljao sam točne
Podatke: tko je već nestao straga,
Tko sprijeda – zbrajo, odbijao, dok počne
Udaranje, padovi. Sva snaga
mozga u jasnoj svijesti se napregnu
Da promjene mi pažnji ne izbjegnu.

Negdje je cvrčak pjevo; oblak pokri
Začas u letu sjenom cijelo polje.
Čuo sam kako jedan krvnik mokri,
A drugi stao široko da kolje.
Sve mi to zasja u sluhu ko u vidu.
Sa bljeskom sunca na nožnome brdu.

IV

Kad prva žrtva počela da krklja,
Čuh meki udar, i mesnata vreća
Padaše dugo. Znao sam: u grkljan
Dolazi prvi ubod, među pleća
Drugi, a ruka naglo žrtvu grune
U jamu gdje će s drugima da trune.

Netko se mrtvo ispred mene složi
Il iza mene, riknuvši od straha,
A ja udarce silnom svijesti množih,
Odbijajući pale istog maha,
Mada sam svakog – što kriknu, zagrca –
Ćutio kao ugriz u dno srca.

Čovjek iz jame jeco je ko dijete,
Tek priklan; cikto jezivo mu glasak.
Streptih da račun moj se ne pomete.
Tad buknu u dnu bezdna bombe prasak.
Tlo se zaljulja. Klonuće me svlada.
Nestala u spas posljednja mi nada.

Al silna svijest pažnjom me opsjednu:
U sluh se živci, krv, meso i koža
Napregli. Zbrojih trideset i jednu
žrtvu; šezdeset i dva boda noža.
Slušo sam udar kojom snagom pada,
I meni opet vratila se nada.

Na jauk iz bezdna sada nova prasne
Bomba uz tutanj. I mrtva tjelesa
Padahu sad uz pljuske manje glasne,
Kao u vodu, povrh kaše mesa.
Uto oćutjeh da po krvi kližem.
Protrnuh: evo, i ja k jami stižem!

V

O vidio sam, vidio sve bolje,
Ko da su natrag stavljene mi oči:
I bijelu kožu, i nož koji kolje,
I žrtve (kao jagnjad što se koči
Časkom pred klanje, al u redu bliže
Korak po korak mirno k nožu stiže).

Bez prekidanja red se dalje mico
– Ko da na čelu netko nešto dijeli –
Nit je tko viko, trzo se, narico;
Na žezi strašnoj tih su nas želi
Ko mrtvo klasje koje jedva šušti.
(To se čula krv što iz grla pljušti.)

Korak po korak pošli smo; stali opet:
Krkljanje, udar, pad i opet korak.
Začuh zvuk jače. Ukočen, ko propet,
Stadoh. Na usni tuđe krvi gorak
Okus oćutjeh. Sad sam bio treći
Što jamu čeka u redu stojeći.

Strašna mi tama, od sljepoće gora,
Sav um pomuti i na čula leže,
I za njom svjetlost ko stotine zora:
Iskro! Strijelo! Plamene! Sniježe!
Silno svjetlo bez ijedne sjene,
Ko oštar ubod igle usred zjene.

Drug se preda mnom natrag k meni nago,
Kao od grča; onda je zastenjo,
Naprijed posrno, uzdahnuo blago –
I tihi uzdaj s krkljanjem mu jenjo.
Surva se, pljusnu kao riba Zine
Preda mnom prostor bezdane praznine.

Sve pamtim: naprijed zaljuljah se, natrag,
Bez ravnovjesja – kao da sam stao
Jezive neke provalije na prag,
A iza mene drugi ponor zjao.
Bijela strijela u prsi mi sinu,
Crna me šinu s pleći. U dubinu.

VI

U bezdanu uma jeza me okrijepi.
Osjetih hladno truplo gdje me tišti,
Hladnost smrti da mi tijelo lijepi.
Strah sviješću sinu: Neka žena vrišti!
U jami sam – tom ždrijelu našeg mesa;
Ko mrtve ribe studena tjelesa.

Ležim na lešu: kupu hladetine,
Mlohave, sluzne, što u krvi kisne,
I spas sa jezom iz leda me vine:
Svijest munjom blisne kada žena vrisne.
Okrenuh se, u groznici tad k vrisku
Pružih ruku: napipah ranu sklisku.

I prvi puta sva životna snaga
Nad leševima stala da se skuplja;
Na vrisak skrenuh ruku, i u duplja
Lubanje zaboh prste; tijela naga
Ko da su sva zavrištala u jami –
Sav pako jeknu jezivo u tami.

Bomba će pasti! Užasnuh se prvo;
U grču strašnu zgrabih rukom niže.
Zakoljak nađoh grozan. Leš se rvo
Sa mnom i na me počeo da kliže.
Krkljo mu grkljan u krvavoj rani;
Korake začuh i glasove vani.

O bože moj, zagrlila me žena
Sad zagrljajem druge svoje smrti:
Kako joj koža lica nagrbljena…
Starice! Bako! I uzeh joj trti
Koščate ruke, i žarko ih ljubih.
Činilo mi se: mrtvu majku ubih.

Čuo sam kako umirući stenje,
I poželio ludo da oživi.
Sve leševe tad molih oproštenje.
Oćutjeh tvrdu usnu gdje se krvi –
Obeznanih se. Kad sam opet skido
Mrak nesvijesti, još sam gorko rido.

VII

Ušutjeh. Sam sam međ truplima lednim,
A studen smrti na leđa mi sjela,
Na udove. U ledu mrtvih žednim
Vatrama nepca, jezika i ždrijela.
Led smrti šuti. U njem pako gori.
A nigdje vriska da samoća ori.

Taj grozni teret što na meni leži,
Ni smrtnim ledom neće da priušti
Hladnoću grla; a biva sve teži:
Odjednom skoro viknuh: voda pljušti!
Čujem gdje s vrha po truplima teče;
Ah, studen mlat! – al peče, peče, peče!

Po goloj koži, po leđnome jarku,
Niz trbuh, prsa, slabine i bute
Potočić studen pali vatru žarku,
Dube u mesu kanaliće ljute.
I kad na usnu mlazić žarki kapno,
Opaljen jezik kusnu živo vapno!

Puna je jama: Na lešine liju
Vapno da živim strvine ne smrde.
O hvala im, nas mrtve sada griju
Plamenom svoje samilosti… Tvrde
Leševe ćutim: trzaju se goli,
Ko mrtve ribe kad ih kuhar soli.

Taj zadnji trzaj umirućeg živca,
Taj čudni drhtaj na kojem sam plivo
Učini da sam blagosiljo krivca:
O gle! još truplo kraj mene je živo –
To starica me hladnom rukom gladi,
Jer zna da moji ne prestaše jadi!

VIII

Kada se mrtvi val života stišo,
Korake začuh ko daleku jeku:
Netko je jamu par puta obišo;
I nasta mir ko mir u mrtvu vijeku.
pomakoh nogu, stegnuh lakta oba –
Ko grobar kad se izvlači iz groba.

Zaprepastih se: leševi se miču,
Kližu nada me, polako se ruše –
Smiju se, plaču, hropoću i viču,
Pružaju ruke i bijesno me guše…
Osjećah nokte, stražnjice, bokove,
Trbuhe, usta što me živa love.

Prestavljen stadoh. Stadoše i oni.
Sad je težina manja. Mrtva noga
Pala mi preko ramena. Ne goni
Nitko me više! – rekoh sebi; – To se
O vratu tvome splele ženske kose.

Prostrujo hladan zrak na moja usta
Kroz sloj leševa: izlazu sam blizu!
I srknuh utopljenički: krv gusta
kroz nosnice u grlo oštro briznu.
Smijo sam se – al da me netko tako
Nakreveljena vidje, taj bi plako

Il bi od straha sledio se, nijem
Pred tom rugobom. Jer, što da se tješim:
Odsad će ljudi mislit da se smijem
Kad plačem, i da plačem kad se smiješim.
Ta prazna duplja, gnijezda grozne tame,
Sjećat će svijet na crno ždrijelo jame.

I sama sebe osjećo sam krivim
Što ostavljam u bezdnu te mrtvace,
Jer zrak je ovaj živ… a ja ne živim…
I čekah da me opet natrag bace.
Al rana živim bolom: živ si! reče.
Sabrah se. Vlaga! S njom se spušta veče.

IX

O, nikad nisam očekivo tamu
S tolikom čežnjom. Pazi! rosa kliže
Niz trupla dođe do mene, u jamu!
Užaren jezik počeo da liže
Kaplje sa ruku, nogu mrtvih tijela
Što su se na me ko žlijeb nadnijela.

Pomamno sam i divlje se penjo,
Gazio prsa i trbuhe grubo –
I kad bi mrtav zrak iz trbuha stenjo,
Nisam već trno. Vuko sam i skubo
Dugačke kose, uspinjo se mesom,
Podjaren žeđom kao ludim bijesom.

Nisam osjećo bola, straha, stida;
Obarah leš za lešom, grabih plazih
Po njima ko po zemlji što se kida.
A možda svoju mrtvu sestru gazih,
Susjeda vukoh, lomih nježnu dragu.
Žeđ mi je dala bezumlje i snagu.

Kad sam se divlje iz jame izvuko,
Zaboravih svijest, oprez, da l je mrko:
Tlom krvavim sam puzo, tijelo vuko
Do trave: zvjerski, živinski je srko;
Uranjo u nju, jeo je i guto
I ko po rijeci livadom sam pluto.

Dozvah se: usta, punih trave, ležim,
Gorim, ledenim: u teškoj sam mori.
Spasen! O, kamo, kamo sad da bježim?
Zadrhtah: pjesma krvnikova ori.
Daleko. Našim mukama se ruga.
I mržnja planu. Ostavi me tuga.

X

Odjednom k meni miris paljevine
Vjetar donese s garišta mog sela;
Miris iz kog se sve sjećanje vine:
Sve svadbe, berbe, kola i sijela,
Svi pogrebi, naricaljke, opijela;
Sve što je život sijo i smrt žela.

Gdje je mala sreća, bljesak stakla,
Lastavičje gnijezdo, iz vrtića dah;
Gdje je kucaj zipke što se makla,
I na traku sunca zlatni kućni prah?

Gdje je vretena zuj, misir hljeba
Što s domaćim šturkom slavi život blag;
Gdje su okna s komadićkom neba,
Tiha škripa vrata, sveti kućni prag?

Gdje je zvonce goveda iz štale
Što, ko s daljine, zvuk mu kroz star pod
U san kapne; dok zvijezde pale
Stoljeća mira nad sela nam i rod.

Nigdje plača. Smijeha. Kletve. Pjesme.
Mjesec, putujući, na garišta sja:
Ugasnuo s dola dalek jecaj česme,
Crni se na putu lešina od psa…

Zar ima mjesto bolesti i muka
Gdje trpi, pati, strada čovjek živ?
Zar ima mjesto gdje udara ruka
I živiš s onim koji ti je kriv?

Zar ima mjesto gdje još vrište djeca,
Gdje ima otac kćerku, majku sin?
Zar ima mjesto gdje ti sestra jeca
I brat joj stavlja mrtvoj na grud krin?

Zar ima mjesto gdje prozorsko cvijeće
Rubi još radost i taži još bol?
Zar ima većeg bogatstva i sreće
Nego što su škrinja i klupa i stol?

Iz šume, s rikom gora, prasak muko
Zatutnji. Za njim tanad raspršeno
Ciknu, ko djeca njegova. Pijuko
Nada mnom zvuk visoko, izgubljeno.
Bitka se bije. Osvetnik se javlja!
Osvijetli me radost snažna poput zdravlja.

Planu u srcu sva ognjišta rodna,
Osvetom buknu krvi prolivene
Svaka mi žila, i ko usred podna
Sunce Slobode razbi sve mi sjene.
Držeć se smjera garišnoga dima,
Jurnuh, poletjeh k vašim pucnjevima.

Tu ste me našli ležati na strani,
Braćo rođena, neznani junaci,
Pjevali ste, i ko kad se dani
Široka svjetlost, kao božji znaci,
Okupala me. Rekoh: zar su snovi?
Tko je to pjevo? Tko mi rane povi?

Oćutjeh na čelu meku ruku žene;
Sladak glas začuh: „Partizani, druže!
Počivaj! Muke su ti osvećene!”
Ruke se moje prema glasu pruže,
Bez riječi, i dosegnuh nježno lice,
Kosu i pušku, bombu vidarice.

Zajecao sam i još i sad plačem
Jedino grlom, jer očiju nemam,
Jedino srcem, jer su suze mačem
Krvničkim tekle zadnji puta. Nemam
Zjenice da vas vidim i nemam moći,
A htio bih, tugo! – s vama u boj poći.

Tko ste? Odakle? Ne znam, al se grijem
Na vašem svjetlu. Pjevajte. Jer ćutim
Da sad tek živim, makar možda mrijem.
Svetu Slobodu i Osvetu slutim…
Vaša mi pjesma vraća svjetlo oka,
Ko narod silna, ko sunce visoka.

~ KRAJ ~
1942-43. g.

I

La sangre es mi luz y mi oscuridad.
La noche bendita que para mí cavaron
los ojos de la fosa, con mirada de felicidad;
desde las gotas del día fuegos furiosos ardieron
la sangre de una pupila en la mente, como una herida
mis ojos, en la palma de mis manos, se extinguían.

Aún parpadearon en ellos los pájaros, seguramente,
y el cielo un tanto se volvía
y sentí, mi rostro sangrante
inmerso en tristeza, en la pupila que lo envolvía,
en la palma de mis manos, mis ojos sonreían
y mis lágrimas verter no podían.

Sólo a través de los dedos las gotas se extinguieron
tibias y espesas que el verdugo encontraba,
incluso un amargo dolor en el hoyo que hicieron
con una daga que en el cuello con dulzura clavaba,
y por esta sangre tomé cierta estima
y sentí las gotas como lágrimas.

La última luz antes de la noche terrible,
hubo un momentáneo destello de la cuchillada
y el grito, blanco, ciego e invisible,
y blanca, blanca, la piel ensangrentada
ya que todos estaban desnudos por encima del cinturón
y así, desnudos, los ojos nos lastimaron.

¡Oh, dolorosa luz! Nunca tan fuerte
y agudo iluminaste el amanecer,
la flecha, fuego; y cómo si llorase, ardientes
lágrimas que vi en el hoyo arder,
pero a través de este mal ardieron en llamaradas
los gritos al cortar a las otras víctimas martirizadas.

No sé cuánto dura la ira que tenía
cuando los horripilantes bultos del foso se aplanan
como bolas firmes, y apenas de pie me mantenía
entonces reconocía los ojos que por mis palmas resbalan
y decía “Estoy ciego, mi dulce madrecita
cómo te lamentaré ahorita…”

Pero una luz potente, como cientos de campanadas
desde el blanco campanario, en la loca mente,
arde la luz de Sion, convulsionada,
divina luz, luz brillante,
¡Brillante pájaro, brillante árbol, río potente,
la luna! Luz, cual leche materna trasparente.

Pero esta horrible pena todavía no la esperaba,
el verdugo me dijo “tus ojos presiona”.
Casi loco frente a él estaba
cuando un espasmo mi mano, con moco espeso, aprisiona
y no escuché más nada, lo supe ahí,
al abismo de la fosa caí.

II

Con la helada orina, consciente de un cachetazo me hicieron,
me dividieron, me alzaron enardecido
y a todos en fila las orejas le cortaron
con el punzón del verdugo, gordo y sin filo.
¡Sonrían! – a continuación, con los punzones ordenan
a todos pendientes ante la cruz se les darán.

Y la horrible risa, la risita, la ruidosa risa
reemplaza a quienes como muertos dan rugidos,
se sacrifica a quienes pueden poner una loca sonrisa
a las víctimas se les da con el látigo
más allá de la larga risa lloramos
hoyos vacíos, tristeza de los que morimos.

Cuando de repente, como los muertos, se silenciaron
(supongo que desde el miedo de los que aún vivos estábamos)
en fila las orejas hinchadas que nos arrancaron
y el mudo dolor, al lado de todos nosotros, acurrucado;
(apenado oíamos en el bosque a un ave)
pasaron a través de las orejas un alambre.

Y cada cual así, cuando se movía
desde la terrible pena sordo el gruñido
¡Cállense! –ruge el verdugo- ¡Fácil no sería!
pero es necesario que nadie haya huido,
ninguno de nosotros sacude la cabeza
y otro cegador dolor nos profesan.

Sedientos de sangre se calman con el cable tirante,
cansados se sentaron en una sombra de la cercanía
y se escuchó un agua fría burbujeante
en la ardiente garganta. Con ruido comían
tras el difícil trabajo; entonces pararon
unos a otros bromas groseras se gastaron.

Se olvidaron de nosotros y
bostezaron, soltando fuertes pedos al viento
“Eh, a una mujercita vi hoy”
le tira algo, un trozo grasiento.
Y otra vez, el burbujeante vino o agua
se sacude enceguecido –el cable me quemó sin tregua.

III

En mi fila empezó a comportarse locamente
una mujer. “¡Quémate!”, se la oye gritar
“¡Gente, se queman!¡La casa se quema! ¡Gente!”
y el cable empezó, con rabia, a presionar.
en todas nuestras orejas horribles e hinchadas,
en el piso, se desmaya la mujer sofocada.

“Los del foso, ciegos, cráneos de los muertos
¡Búhos! ¡En el foso les daremos mendrugos
para que vean, gatos tuertos!
Corta como a bestias el borracho verdugo,
al ciego con un cuchillo la cara le tajea
desde las orejas, que en la punta del cable se balancean.

De la ciega víctima, el ruido sordo y fuerte
quien alza las piernas mientras corre en la oscuridad,
y en rápida carrera tras ella, en medio del silencio de muerte,
cae contundente cuando el cuchillo del cazador sin piedad,
llega ¡Oh, está salvada! En la oscuridad me decía
sin notar que a la fosa nos guían.

El corazón aulló en el palpitante pecho hueco,
entonces otros corazones sobre el cable pude escuchar,
nos arrastró delante el tamborileo loco
(¡Cómo salta el corazón en la oscuridad al llorar!)
y observo a través de los agujeros con su ritmo
cómo con claridad mis pensamientos se agrupan ahí mismo.

Y cómo esta mañana otra vez lo vi,
una profunda fosa, cavada ayer,
agucé los sentidos para adentro oír,
con un golpe contundente la primera víctima oigo caer,
con la mente plena a contar empecé:
yo, el quincuagésimo en la línea de pie.

Esperé. Recolecté la información tan
adecuada: quién desapareció detrás, quién
al frente – se suman, se restan hasta que empiezan
a golpearse, tras caer. Hacen que fuercen
el cerebro, se agudiza la mente
para que los cambios se noten atentamente.

En alguna parte un grillo canta, cubre una nube fina
por un momento con su sombra todo el campo verde.
Escuché como un verdugo orina
y el otro listo para dar muerte.
Todo esto brilla en mis oídos como en mí mirada
como un destello del sol al pie de la colina desolada.

IV

Cuando la primera víctima a balbucear empezaba
escuché un ligero golpe contundente: una bolsa de carne
cayó largamente. Lo sabía: primero se apuñalaba
a la garganta, entre los hombros, un desmadre,
daban la segunda, y esa mano arrojó a la víctima de repente
a la fosa donde se pudrirá junto a otra gente.

Algunos de los muertos se me juntan enfrente
con los de atrás, con un alarido de temer
y con mucha fuerza un golpe en mi mente
que me rehúsa de una vez a caer,
aunque yo grité, lloré sin ton ni son,
sentí como una mordida en el fondo de mi corazón.

El hombre desde la fosa lloraba tanta mierda,
lloraba. Sólo un puntazo, un gritito retumba,
tenía miedo que mi cuenta se pierda.
Entonces estalla desde el fondo del abismo una bomba.
El suelo se derrumba. La lasitud me envuelve.
Mi última esperanza de salvación es endeble.

Pero una fuerte idea me obsesiona de forma íntima,
en la escucha de los nervios, la sangre, la carne y la piel
me esforcé. Conté treinta y un víctimas,
sesenta y dos a punta de cuchillo, con hiel
escuché que caen con un golpe hueco,
a mí volvía la esperanza de nuevo.

En el llanto desde el abismo ahora arde
la bomba que explota. Y cuerpos muertos
-como en el agua, sobre unas gachas con carne-
cayeron ahí con golpes sordos; despierto
entonces y sentí que en sangre patinaba.
Temblé: acá, yo hacia la fosa avanzaba.

V

Sobre lo que vi, lo vi mejor
como si, de nuevo, mis ojos me devolvieran
y la pálida piel, y el cuchillo del matador
y las víctimas, como corderos que frenan
en la previa del matadero, en la fila, en el momento
que paso a paso, pacíficos, al cuchillo marchan lento.

Sin interrupción, la fila continúa a tientas
-como si alguien al frente algo regalase-
la amenaza de quien grita, se sacude, se lamenta;
en el terrible calor, los que nos quieren
como muertos oídos donde apenas susurraban
(esto que sentía es sangre que desde su garganta brotaba).

Paso a paso fuimos, llegamos otra vez
ruido gutural, golpe, caída y otra vez el paso largo.
Escuché el ruido fuerte. Rígido, como poniéndose firmes,
me paré. En los labios, el extraño sabor amargo
de la sangre sentía. Yo ahora soy el tercero
que la fosa, en fila y de pie, espero.

Terrible me era la oscuridad desde mi ceguera
toda mi mente se confunde y en los sentidos yace
y tras ella un brillo de cientos de amaneceres
¡Chispa! ¡Una flecha! ¡Llamas! ¡Si nevase…!
Un poderoso brillo sin ninguna sombra,
un agudo piquete de aguja en medio de la mujer se obra.

El camarada frente a mí desnudo se inclinó más,
como temblando, entonces emitió un gemido
-atrás tropezó, suave suspiró-
un silencioso suspiro con un gutural ruido,
se cae, chapotea como pez boquiabierto en el río
frente mío un lugar de abismal vacío.

Todo lo recuerdo: me mecía hacia atrás
sin balance – como si estuviese
al borde de un precipicio voraz
y tras de mí otro abismo se abriese.
Un pálido rayo de luz en la sombra de mi pecho,
negro me apuñala entre los hombros. Profundo, de hecho.

VI

En el abismo de la mente, el horror fuerza me daba,
un cuerpo helado que me oprimía sentí
y la fría muerte que a mi cuerpo le pegaba.
El temor consciente a la sombra ¡Una mujer gritando oí!
En la fosa estoy -esas fauces que devoran de la carne el brío-,
como peces muertos, los cuerpos fríos.

Yazgo sobre un cadáver: una helada pila,
cojos, mocosos, que en la sangre se remojan
y la salvación con horror gélido me trae en fila,
cuando la mujer grita, rayos de conciencia brillan.
Me giré entonces hacia el grito, afiebrado,
le di las manos: me sentí por la herida resbalando.

Y por primera vez toda la vida vigorosa
bajo los cuerpos, a juntarse empezó,
para ahogar el grito usé mi mano, y en la fosa
los dedos en los cráneos, cuerpos desnudos palpó.
Como si en la fosa todos gritaran,
ecos horribles de lamentos en la oscuridad se escuchaban.

¡La bomba caerá! Aterrorizado estuve primero
con terror, tomé la mano de más abajo sin dejar de temblar
y horrible, junto a los cuerpos, me encontré en el matadero
donde contra mí lucharon y empezaron a resbalar
un ruido ahogado de su garganta por la sangrienta herida
pasos y voces sonando afuera oía.

¡Oh, mi dios! Me abrazó la mujer
y ahora con un abrazo a su segunda muerte
¡Cómo lleva arrugada en su rostro la piel!
¡Anciana! ¡Abuela! Tomé, froté fuerte
sus huesudas manos, y con ardor amor les di,
a la muerte madre asesiné – me pareció a mí.

Oí como un gemido de moribundo
y deseé locamente revivirlo.
A todos los cuerpos pedí un perdón profundo.
Donde sangra un labio pudo sentirlo.
Me desmayé. Cuando otra vez salía
de la inconsciente oscuridad, lloraba con amargura todavía.

VII

Quedé en silencio. Sólo entre cuerpos helados me encuentro
y el frío de la muerte se asienta en mi espalda,
en mis extremidades. En el hielo de muerto sedientos,
el paladar, la lengua y la garganta el ardor escalda.
El hielo de muerte se calla. En él el infierno se quema
y en ningún lado el chillido resuena.

Esta terrible carga que yace sobre mí
ni siquiera con el hielo de muerte podrá calmar
la garganta helada, y se pondrá más difícil así:
De repente “¡El agua chapotea!”, casi pude gritar.
Siento que en los cuerpos flota por encima
¡Oh, ese frío martilleo! ¡Quema! ¡Quema! ¡Quema!

Por el cuerpo desnudo, por la zanja del espinazo,
el bajo vientre, el pecho, el lomo y las extremidades
un frío arroyuelo quema con ardientes fogonazos,
profundos en la piel los enfurecidos canales,
y cuando en los labios un chorro ardiente gotea
la curtida lengua cual cal viva lo besuquea.

Llena está la fosa: sobre los cuerpos vierten
cal para que no apesten los cadáveres
¡Oh, gracias a ellos! Los muertos nos mantienen calientes
con el fuego de la compasión. Rígidos seres,
los cuerpos en silencio, los empujan desnudos
como el cocinero que sala peces muertos, mudos.

Ese último empujón del nervio, ya fenecido,
ese extraño estremecimiento en el que nadaba
me hace bendecir al forajido
¡Oh, mira! Otro cuerpo tras de mí vivo estaba,
esa anciana con su helada mano me acaricia.
ya que sabe que cede mi miseria.

VIII

Cuando la muerta ola de la vida se quedó quieta
escuché pasos como un lejano eco,
algunos rondaron la fosa un par de veces, sin una meta,
y llega la paz, como paz del siglo seco.
Moví mis piernas, contraje ambos codos
como enterrador al salir de los pozos.

Estaba asombrado: los cuerpos se movían,
se deslizaban sobre mí, despacio, bajaban,
reían, lloraban, chillaban, gruñían
extendieron el brazo y con ira me ahorcaban.
Sentí uñas, nalgas y caderas,
vientres, bocas que me cazan mientras viviera.

Ellos pararon, y paré de moverme.
ahora el peso es menor. Una pierna muerta
cayó sobre mi hombro. No perseguirme
nadie nunca más –me dije a mí mismo-. Es
en el cuello que trenzan el cabello de las mujeres.

Un viento frío que de mi boca emigre
a través de cuerpos yacientes, de la salida estoy en la cercanía,
y boqueé ahogándome. La densa sangre
desde mis fosas nasales hasta mi garganta descendía.
Reí – pero si alguien a mí me mirase
totalmente ensangrentado, es probable que llorase.

O del miedo, que no hay, se congelarían,
ante ese horror. Ya que, para que consolarme yo:
desde ahora la gente pensará ‘sonríe’
cuando lloro y que lloro cuando río.
Este vacío foso, este nido de oscuridad tenebrosa,
recordarán el mundo de la negra garganta de la fosa.

Y me sentí culpable por ser yo,
por dejar en ese abismo esos cuerpos,
porque este aire está vivo…y yo no
y esperé que me arrojen debajo de nuevo.
Pero la herida vive con el dolor: ¡Estás vivo!, dice
Recobré la fuerza ¡Humedad! Con ella, bajo la tarde, que finalice.

IX

¡Oh! Nunca esperé que la oscuridad venga
con tanto deseo ¡Cuidado! Se desliza el rocío
bajo los cuerpos y viene hacia mí, que en la fosa tengo
la lengua hinchada y empezó a lamer, despacio,
gotas de las manos y pies de cuerpos muertos de amigos
que fueron a la tumba conmigo.

Estaba frenético y trepé salvajemente,
pisoteé pechos y vientres a largos zancos
y cuando el aire muerto de los estómagos gime roncamente,
no soy todavía una espina. Arrastro y arranco
el pelo largo, asciendo por la carne,
llevado por la sed como un loco desmadre.

No sentí dolor, miedo ni sensación vergonzosa,
yo tiré de cuerpo tras cuerpo, me arrastré
por ellos como por la tierra que llorosa.
Y quizás a mi hermana muerta pisé,
arrastré a mi vecino, rompí la dulce querida,
la sed me dio fortaleza y loca vida.

Cuando salgo, salvaje, de la fosa sin dejar rastro,
me olvido de la conciencia, alerta, y que triste estoy:
en el suelo ensangrentado me arrastro…me arrastro
por la hierba: un ave de corral sorbió in-
merso en ella, comió y se hundió,
y floté como el prado junto al río.

Llamé. La boca, llena de pasto, ora
recostado, ardiente, helado. En una profunda angustia estoy.
¡Salvado! ¿Oh, dónde, dónde corro ahora?
Temblé. Comenzó la canción del verdugo hoy
lejos. De nuestro dolor se burla ¡Ya deja!
Y el odio al fuego. Triste me deja.

X

Repentinamente a mí llega el aroma a quemado,
el viento viene desde el foco de los incendios,
el aroma del que la memoria emerge desde el pasado:
todas las bodas, las cosechas, carruajes y reunión,
todos los funerales, lamentos y misas de difuntos
todo lo que la vida siembra la muerte obtiene, punto.

¿Dónde está la pequeña felicidad, el destello en el vidrio,
el nido de la golondrina, desde el jardín el estertor?
¿Dónde el golpe de la cuna que se movió
y la raya del polvo dorado del sol?

¿Dónde el ruido del huso, el aroma del pan
con el que la cigüeña del hogar una vida tranquila desea celebrar?
Las ventanas con piezas de cielo, ¿Dónde están?
¿Y el silencioso crujir de la puerta, el umbral sagrado del hogar?

¿Dónde está la campana del ganado desde las cuadras
que, a la distancia, el ruido derrama a través de su viejo suelo
como en un sueño? Las estrellas caen mientras
siglos de paz sobre familias y pueblos.

En ningún lado el llanto. La risa. Los insultos. Los poemas.
La luna, vagabunda, en el foco de los incendios, de tono brilloso
se extinguió desde abajo el sollozo de la fuente suprema,
negros en el camino de un perro sus despojos.

¿Hay un lugar de enfermedad y dolor
donde un ser vivo sufra dolor, tormento y ruina?
¿Hay un lugar donde la mano dé un coscorrón
y vivas con ese que por su culpa maquina?

¿Hay un lugar donde los niños todavía griten,
donde tenga padre una hija, madre un hijo, de hecho?
¿Hay un lugar donde tu hermana solloce en agonía
y el hermano ponga a ella un lirio en el pecho?

¿Hay un lugar donde las flores del alféizar
limiten aun la felicidad o aflijan la pena?
¿Hay mayor riqueza y felicidad para alcanzar
que el pecho contra el escritorio y la mesa llena?

Desde el bosque, con un rugido de montaña, una explosión de dolor.
Aúlla. Tras él, disparos dispersos y ahogados
se oyen, como sus niños. El pico y su clamor,
arriba de mí, el sonido es fuerte, disipado.
La batalla se lucha ¡Los vengadores llaman!
Mi alegría, tan fuerte como mi salud, me iluminan.

Arde en el corazón de todos los hogares de familia,
en venganza, bulle la sangre derramada
de cada una de mis venas, y como cuando en medio del día
el Sol de la Libertad rompe con mis sombras, con todas,
directo se dirige desde foco del incendio el humo del tizo
veloz, volé hacia sus disparos de aviso.

Aquí me hallaron echado de lado,
hermanos nacidos, héroes desconocidos,
cantaron, como quien esos días regados
de luz fructífera, como señales de dios
me bañaba. Dije ¿Son sueños en vida?
¿A quién cantó eso? ¿Quién vendó mis heridas?

Sentí en la frente, de una mujer, la suave mano,
una dulce voz escuché ¡Camaradas, partisanos!
¡Descanse! El sufrimiento está vengado,
hacia la voz extiende las manos,
sin decir palabra, y alcancé una gentil voz,
la guadaña y el rifle, curación de los bombazos.

Sollocé y todavía ahora lloro y suspiro,
sólo con mi garganta, ya que ojos no tengo
sólo con mi corazón, ya que las lágrimas fluían con el filo
del ejecutor por última vez. No tengo
pupilas para verlos y no tengo poder
¡Pero desearía, tristemente, con ustedes en la batalla perecer!

¿Quiénes son? ¿De dónde? Me da abrigo, pero no lo sé,
su luz. Canten. Ya que siento,
que sólo ahora vivo, aunque tal vez muerto esté
La Sagrada Libertad y Venganza como presentimiento
y las canciones devuelven la luz a mis ojos
como un pueblo fuerte, como en el cenit un sol rojo.

~ KRAJ ~
(1942-1943)

Bibliografía

Kovačić, I. G. (1944). Jama. Bari: sin fondo editorial.

Levanat-Peričić, M. (2019). “Forgetting Strategies in (Re)structuring Collective Memory of Goranʼs Poem The Pit”, Poznańskie Studia Slawistyczne, 16, pp. 159-174.

Miloradović, G. (2012). “Tri groba jednog pesnica. Smrt Ivana Gorana Kovačića: činjenice, interpretacije, mit”. En Roksandić, D. y  I. Cvijović Javorina (eds.), Intelektualci i Rat, 1939–1947. Zbornik radova s međunarodnog skupa Desničini susreti 2011. Zagreb: Filozofski fakultet u Zagrebu Plejada.