¿Elevación o descomposición? La discusión de los escritores y las conclusiones de un estudioso (V. Shalámov, A. Solzhenitsyn, V. Frankl)

Por Elena Vadímovna Belopólskaia – (Universidad Federal del Sur, Rostov del Don, Rusia)

Traducción: Omar Lobos

El tema literario fundamental del siglo pasado puede ser definido como el tema del hombre del siglo XX caído bajo la rueda de los cataclismos de épocas hostiles a él, de su desintegración y del dificultoso hallazgo de sí mismo en condiciones extremas.

A las obras de tal género remiten los Relatos de Kolimá de Varlam Shalámov y Archipiélago GULAG de Aleksandr Solzhenitsyn, reconocidas como las más significativas entre la literatura “de campos de concentración”. El problema de la influencia del campo en el ser humano ha interesado también al fundador de la tercera escuela de psiquiatría de Viena, Viktor Frankl, en su trabajo “Un psicólogo en un campo de concentración”. En nuestro artículo nos proponemos contrastar las posiciones ideológicas de ambos escritores y verificar sus concepciones por vía de las conclusiones del estudioso.

En el fragmento “Sobre la prosa”, Shalámov, que pasó en campos de concentración casi veinte años, expresa:

El autor de RK [Relatos de Kolimá] considera el campo como una experiencia negativa para el hombre de la primera hora hasta la última. El hombre no debe saber, no debe siquiera oír de él. Ni una sola persona se volverá mejor ni más fuerte después del campo. El campo es una experiencia negativa, una escuela negativa, la descomposición para todos: autoridades y reclusos, escoltas y espectadores, pasantes y lectores de bellas letras […] RK es el destino de los mártires, de los que no fueron, no supieron ser y no se volvieron héroes (Shalámov, 1992, p. 416).

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Varlam Shalámov

Shalámov distinguía dos tipos de actividad escrituraria, “Orfeo, descendido a los infiernos” y “Plutón, salido del infierno”. Él se consideraba un escritor del segundo tipo, entendiendo que el escritor debe conocer el material desde adentro, que en su conciencia deben predominar “las leyes del infierno”. A sus relatos los llamaba “una nueva prosa”. Según él,

Relatos de Kolimá es la búsqueda de una nueva expresión, y con ello de un nuevo contenido. Una forma nueva, inhabitual, para la fijación de un estado excepcional, de circunstancias excepcionales, que, como sucede, pueden estar tanto en la historia como en el alma humana […] RK son la fijación de lo excepcional en un estado de excepcionalidad [Novy mir, 1989, Nº 12, p. 62].

Y agrega: “Mi prosa es la fijación de ese poco que se ha conservado en el hombre. ¿Y cómo es este poco? ¿Hay límites para este poco o tras este límite está la muerte, espiritual y física?” (op. cit., p. 60). En los relatos de Shalámov los personajes, por regla, carecen de rasgos individuales claramente expresados, en ellos “no hay trama, no hay caracteres” (op. cit., p. 64). Shalámov describe la situación de la “trashumanidad” como súper extrema. En los “campos de aniquilación”, a consecuencia del frío, el hambre, las dieciséis horas diarias de trabajo, la insuficiencia permanente de las horas de sueño, los azotes, el ser humano se transforma en un “desahuciado”, “toca a su fin”.

Se acumulan algunas pérdidas, primero físicas, luego morales, ya no alcanzan los restos de nervios, vasos, tejidos, para sujetar los viejos sentimientos. En su reemplazo aparecen nuevos: sentimientos suplentes, esperanzas suplentes. En el proceso de “tocar a su fin” hay cierto límite, cuando se pierden los últimos sostenes, ese confín después del cual todo yace más allá del bien y del mal (Shalámov, 1992, 2, p. 312).

La opinión del escritor es que en el campo no puede haber amistad, amor, clemencia, “la rabia es el sentimiento humano más duradero”, (Shalámov, 1992, 1, p. 37). Shalámov declara la negación de la capacidad anímica y la espiritualidad: “El ser humano vive en razón de los mismos principios que vive el árbol, la piedra, el perro” (op. cit., p. 139). De las tres sustancias humanas, cuerpo, alma, espíritu, en los últimos días de vida queda, según el escritor, solo la primera, y ella determina la conducta del recluido. El héroe del relato “Cuarentena de tifus” piensa lo siguiente: “Él iba a cumplir los deseos de su cuerpo… Iba a ser más inteligente, iba a confiar más en su cuerpo. Y su cuerpo no lo engañaría” (op. cit., p. 139). “Dios ha muerto”, afirma Shalámov en una carta a I. P. Sirotínskaia (op. cit., p. 60).

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Aleksandr Solzhenitsyn

Solzhenitsyn, en la cuarta parte de Archipiélago GULAG, “El alma y el alambre de púas”, manifestó su desacuerdo principal con el punto de vista de Shalámov, dirigiéndose directamente a su oponente: “¿Por qué de repente no se vuelve usted soplón o brigadista, ya que nadie en el campo puede eludir esta ladera inclinada de la descomposición? ¿Con su personalidad y sus versos no está usted refutando su propia concepción?” (Solzhenitsyn, 1990, p. 416). Hay que subrayar que Solzhenitsyn reconoce las distintas influencias en el hombre de la cárcel y el campo de concentración. Estaba de acuerdo con Eugenia Ginzburg: “La cárcel elevaba a las personas, el campo era motivo de su descomposición” (op. cit., p. 416). Pero la influencia perniciosa del campo “es la tendencia general, la regla” (op. cit., p. 416). A él le interesan los que vencieron las condiciones inhumanas, los que conservaron el alma. “A qué repetir de cada casa: la helada la va a enfriar. Es más asombroso notar que hay casas que aun en la helada mantienen el calor” (op. cit., p. 466). Él vuelve su atención a que “en el campo de concentración pueden preservarse… las personas verdaderamente religiosas” (op. cit., p. 416) y no son pocos los ejemplos que encuentra de ello. “¿No sería entonces más justo decir que no hay campo de concentración que pueda descomponer al que tiene un núcleo asentado?… Se desintegran en el campo los que antes de él no estaban enriquecidos por ninguna moralidad, por ninguna educación espiritual” (op. cit., p. 418).

Como vemos, a Shalámov y Solzhenitsyn les interesan distintos aspectos de la permanencia de la persona en el campo de concentración. El primero escribe sobre las situaciones excepcionales en el campo, el segundo sobre las personas excepcionales; para el primero es importante el dominio del cuerpo, para el segundo el dominio del espíritu. También son distintas sus orientaciones ideológicas: Shalámov es ateo y trotskista, Solzhenitsyn es ortodoxo y anticomunista consecuente.

El problema de la permanencia de la persona en el campo de concentración es examinado por V. Frankl desde la posición del estudioso y con el registro de la propia experiencia. En su investigación él parte de la situación de que “en los campos de concentración la propia existencia de la persona estaba deformada” (Frankl, 1990, p. 130) y divide esto en determinadas fases. Al caer en el campo de concentración, la persona experimenta el “shock del ingreso”, que luego se cambia por la “ilusión de clemencia”, la cual, a su turno, pasa a ser indistinción. De tal modo, la persona se adapta a las nuevas condiciones, “todo lo que sucede… llega a la conciencia solo en forma asordinada” (op. cit., p. 137). Desde el punto de vista de la psicología hay que hablar de “regresión”, “la fase más primitiva de la tendencia a la autopreservación” (op. cit., p. 127). Ante la pérdida de relación con el mundo, en el recluso surge la sensación de un vacío interior y la disgregación de la estructura de vivenciar el tiempo. La ausencia de objetivo lo lleva a la degradación: “La pérdida de ánimo ante la ausencia de un sostén espiritual, la apatía total, era para los habitantes del campo un fenómeno tan bien conocido como atemorizante, el cual ocurría a menudo tan impulsivamente que durante varios días llevaba a la catástrofe” (op. cit., p. 142).

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Viktor Frankl

Como vemos, la dinámica de la ruina del recluso, espiritual y luego también física, es en Frankl la misma que en Shalámov, incluso la descripción de “tocar a su fin”. Lo que une a Frankl y Solzhenitsyn es la fe en el espíritu, en su significación determinante. La presencia en el hombre de una “varilla espiritual”, de una “tenacidad de espíritu” (cfr. en el autor de Archipiélago GULAG “núcleo asentado”, “chispa divina”), le permite aun en esta “situación límite extrema” permanecer persona. Ante eso, un papel exclusivo para el recluso, según piensa Frankl (y en esto es solidario con Solzhenitsyn), lo desempeña la fe religiosa. Al creer en Dios, la persona se sumerge “en el reino espiritual de la libertad y la riqueza interior” (op. cit., p. 158), “experimenta la responsabilidad ante el Altísimo” (op. cit., p. 187).

Reflexionando sobre la naturaleza humana, Frankl llega a la siguiente conclusión:

¡Lo humano, tal como es, es como una aleación del bien y el mal! La grieta, que pasa a través de toda la naturaleza humana separando el bien y el mal, alcanza aun estas profundísimas profundidades, y se ve con precisión justamente sobre el fondo de ese abismo que representa en sí el campo de concentración (op. cit., p. 194).

Dicho pensamiento es llamativamente cercano a la más importante convicción de Solzhenitsyn, formulada en Archipiélago GULAG:

Permanentemente se me descubría que la línea que dividía el bien y el mal pasa no entre los estados, no entre las clases, no entre los partidos: pasa a través de cada corazón humano, y a través de todos los corazones humanos. La línea esta es móvil, se altera en nosotros con los años. Incluso en un corazón embargado por el mal ella retiene un pequeño campo de operaciones del bien. Incluso en el corazón más bondadoso hay un inextinguible rinconcito para el mal (Solzhenitsyn, 1990, p. 411).

El parentesco de miradas del escritor y el estudioso se basa en convicciones religiosas, sobre lo cual el primero también escribió: “Desde entonces comprendí la verdad de todas las religiones del mundo: ellas luchan contra el mal en el hombre (en cada hombre). No se puede expulsar todo el mal del mundo, pero se puede menguarlo en cada hombre” (op. cit., p. 411).

Como conclusión, remarcaremos que la oposición aparente a primera vista de los juicios de Shalámov y Solzhenitsyn bajo un examen atento revelan una similitud: ambos reconocen la influencia no equivalente sobre la persona de la cárcel y el campo de concentración y la acción de descomposición que ejerce el último; ambos dirigen su atención a fenómenos excepcionales. Por su parte, en el trabajo de Viktor Frankl, que estudia el problema desde el punto de vista de la psicología y la filosofía, encontramos confirmado lo correcto de las posiciones de ambos escritores.

Bibliografía

Солженицын, А. (1990). Малое собрание сочинений в 6-и тт (т. 2). Москва: Инком НВ, p. 416. [Solzhenitsyn, A. Pequeña colección de obras (tomo 2)].

Франкл, В. (1990). Человек в поисках смысла. Москва: Прогресс.  [Frankl, V. El hombre en búsqueda de sentido].

Шаламов, В (1989). “Новая проза” [“Nueva prosa”], en Новый мир, Nº 12, pp. 3-71. 

Шаламов, В. (1992). Колымские рассказы (2 тт.). Москва: Наше Наследие. [Shalámov, V. Relatos de Koli (2 tomos)].

 

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