“El rey del tiempo”, Velimir Jlébnikov

Mariano Massone

Con excepción de algunas traducciones de poemas o fragmentos de la obra de Velimir Jlébnikov que, además, eran re-traducciones del italiano o del inglés, nunca se había hecho una traducción directa del ruso al castellano de una manera tan abarcadora; sobre todo porque no sólo se centra en sus poemas, sino en diferentes géneros literarios en los que este autor experimentó o, directamente, creó para producir discursos. Este libro posee poemas, relatos, super-relatos, obras dramáticas, ensayos del propio autor y una lectura de Laura Estrin y otra de Fulvio Franchi sobre esta selección.

 Sobre la traducción en particular, es importante detallar lo bien ʺseñalizadaʺ que está la obra con las notas al pie del traductor Fulvio Franchi. Gracias a ellas nos damos cuenta de que los juegos de palabras y las aliteraciones en los poemas de Jlébnikov no son un simple ʺjuego de manosʺ, sino la búsqueda de un vocabulario cuasi-matemático, que resemantiza la lengua rusa, jugando con el plano de los sentidos y sonidos al mismo tiempo.

Cuando se habla de este autor, lo más común es caer en la anécdota de su lenguaje transmental (zaum): él creía que este podría unir a toda la humanidad a partir de su universalidad. Por eso, esa matematización y repetición del vocabulario que él produce en sus poemas, llevándolo al extremo de lo abstracto, llevaría a ese lenguaje transmental. ¿No son acaso los números y la música las formas más transracionales de comunicarse?

Jlébnikov
Buenos Aires, Añosluz, 2019. 360 pp. ISBN 978-987-4083-43-2

Velimir Jlébnikov tiene tres zonas, en este libro, que me gustaría destacar. Tres zonas que son como cuerdas tensoras que hacen de la práctica de escritura una verdadera máquina de guerra: la primera zona es el desarrollo teórico de las matemáticas de la naturaleza, el lenguaje y la historia que se muestra, en principio, en una mirada que no desdeña el bies campesino (del mujik) que retoma tradiciones y leyendas de los pequeños poblados de Rusia y de tribus primitivas no rusas (en parte, Jlébnikov trajo esta información de sus sucesivos viajes a lo largo y ancho de su país y de Asia). Una segunda zona donde se visibiliza esta intención matemática con el fin de intentar descifrar ese número imaginario, esa raíz cuadrada de menos uno, que dé cuenta de los sufrimientos humanos padecidos por las guerras, las pestes y el hambre y, al mismo tiempo, que trate de evitar esos padecimientos; Y en una tercera zona, la construcción de las matemáticas de la naturaleza y de la historia que llevará a la posibilidad de que un hipotético lector, a partir del dominio del lenguaje transmental, se pueda acercar a una imagen abarcadora de la totalidad del universo. En esta tercera zona lo que parece completamente irracional, complejo e imaginario se codifica en una visión total de las tres temporalidades (pasado-presente-futuro).

Como decimos al principio, Jlébnikov propone, entre otras cosas, un género nuevo: el super-relato que pretendería hacer de un relato, un momento sinestésico donde los cinco sentidos (o más) se pongan en juego. El lenguaje transmental de Jlébnikov no es otra cosa sino la versión ʺaún analógicaʺ de lo que posiblemente, años después, se llamará la cultura digital. En este super-relato hay un ida y vuelta, una y otra vez, casi sin mediación que, si por un lado propende a una lectura de superficie, es decir, los signos superficiales que deja la historia: las guerras, el hambre, las pestes sobre los pueblos, también remite a una lectura de profundidad, es decir, las matemáticas ocultas, esas simbolizaciones abstractas, que develan los vaivenes históricos mediante interpretación numérica. En algunos momentos, la sinestesia propuesta y ese pasaje entre los dos modos de concebir los fenómenos históricos, nos hace pensar en un paso intermedio entre la abstracción absoluta de esos procesos sociales y del lenguaje mismo, deshumanizándolos y abstrayéndolos al extremo, y una vuelta, de un momento a otro, al hecho histórico, a la concreción absoluta de los mismos.

Volver a Velimir Jlébnikov en el año 2020, a sus poemas, a sus juegos sonoros, a sus relatos y super-relatos, a sus obras dramáticas, a sus ensayos numerológicos, es de algún modo ver cuánto de esa hoja escrita, aún analógica, del poeta ya contenía la clave del procedimiento computacional en potencia. La potencia de Jlébnikov, en nuestros días, es la capacidad de adivinación casi esotérica de una revolución electrónica que va a suceder medio siglo después a su muerte. Aunque, también, posee la llave del enloquecimiento de esta lógica computacional, es decir, llevar al extremo la interpretación al forzar una numerología otra, anómala, salida de su eje, que hace implosionar esa cultura digital.