Civilización, identidad y barbarie en Markéta Lazarová, de Vladislav Vančura

Alfredo Martín Torrada

La publicación de Markéta Lazarová, en 1931, posicionó a Vladislav Vančura (1891-1942) como uno de los autores más destacados de ese rico periodo que vivió la cultura checa durante los años de la primera república.

En la dedicatoria que incluye en su novela, Vančura declara algunas de sus intenciones y confiesa que la historia que se leerá a continuación no se encuentra, de ninguna manera, desligada de su propia genealogía: “Me resulta entrañable hablar precisamente contigo, y, aunque de las cosas que te conciernen conozco menos de las que desearía para sentirme complacido, permíteme que comience mi discurso hablando acerca de los bandidos con los que tenemos de común el nombre” (Vančura, 2010: 16).

Monika Zgustova, por su parte, en “El hombre cuyos antepasados eran bandoleros” (prólogo con el que introduce la obra en la edición española de la novela, traducida por ella misma) destaca que “un día Vančura se enteró de que su familia provenía de una pequeña nobleza rural cuyos miembros se dedicaban, en la Edad Media, a asaltar a los viajeros en los caminos. Y decidió escribir una novela imaginándose la vida de sus lejanos antecesores” (Zgustova, 2010: 10). Aunque luego Zgustova se alejará del tema, para dar paso a los tópicos filosóficos y universales que atraviesan el texto de Vančura, y a la influencia de la vanguardia en la producción literaria de la época y del autor, el rescate de la identidad como elemento presente en la novela (la idea del autor buceando e hipotetizando sobre su propio linaje y origen) es el aporte más significativo que realiza Zgustova, debido a que el tema de la identidad se halla constantemente presente en la novela.

Es a partir del título mismo de la obra, que Vančura parece cifrar uno de los sentidos de la novela, al tomar la decisión de titular el relato con el simple nombre de uno de sus personajes (sin apelativos ni aclaraciones, sin epítetos ni adjetivaciones que aporten otros significantes). Un personaje además que, curiosamente, no cuenta a lo largo de la historia con el desarrollo ni la importancia que el título promete. Si bien es cierto que el secuestro de Markéta Lazarová es uno de los primeros acontecimientos que la novela narra, y que ese secuestro servirá como excusa para intensificar una rivalidad que se mantendrá a lo largo del relato, también es cierto que el tratamiento de esa rivalidad se verá constantemente aplazado (y desplazado), por la verdadera disputa sobre la cual gira en realidad la novela: aquella que enfrenta a los Kozlík (familia feudal checa de deplorable reputación, captora de Markéta) con las tropas del Sacro Imperio Romano Germánico (en una vieja disputa por el control de los caminos, a los que las fuerzas del emperador intentan mantener a salvo de los asaltos que los Kozlík, y otros bandoleros semejantes, perpetran).

La historia de Markéta Lazarová, aún así, tendrá un momento clave en el punto en que, finalmente, y luego de haber parido un hijo de su raptor (ahora amado, ahora padre de su hijo, pero igualmente violento e impulsivo) tenga la posibilidad de elegir, entre volver a ser aquella que ha sido (la hija consagrada a dios, la joven prometida al convento); o seguir siendo la mujer (la esposa de un bandolero, una más en la violenta familia que otrora la raptara) en la que se ha convertido.

Sin embargo, por fuera de este momento, no habrá a lo largo de la novela ni un desarrollo profundo, ni acciones heroicas o relevantes, en otros momentos del relato, que ubiquen al personaje de Markéta en el centro de la escena. La narración de su sufrimiento, las transformaciones sufridas a partir de su traumática experiencia son apenas mencionadas, en una prosa que se detiene, una y otra vez, en las decisiones que Cabrito (pater familias de los Kozlík) impone a los suyos, y en las consecuencias que trae a la familia el impulsivo temperamento de su segundo hijo, Mikoláš, raptor y posterior esposo de Markéta.

La singularidad de haber llamado a la novela con el nombre de este personaje, de alguna manera secundario, puede cobrar sentido, sin embargo, si se entiende que es en el personaje de Markéta Lazarová en quien se desarrollarán, de manera íntima, los mismos enfrentamientos y reivindicaciones que se plasman a lo largo de la trama.

Es en ese preciso momento, en el que le toca a Markéta definir, por fin, libremente y sin condicionamientos, su propio destino; es en aquel instante en que el personaje deberá elegir entre volver a ser quien era, optando por regresar a su lugar de origen, o permanecer con los Kozlík, convertida en esa nueva Markéta que se ha forjado, en donde Vančura parece cifrar uno de los sentidos de la novela.

El constante enfrentamiento dicotómico entre barbarie y civilización que atraviesa la novela, presente en la disputa continua entre los vándalos Kozlík y las tropas del emperador, encuentran su justo paralelismo en los dos caminos que se le abren a Markéta, tiempo después de ser secuestrada. Su deseo inicial de consagrarse a Dios, el plan que ha trazado para su vida (“hace tiempo Markéta deseaba llegar a ser la novia de Cristo” [Vančura: 50]) es interrumpido de golpe por el rapto del que es víctima. Y el amor que despertará en ella su propio captor, la obligará a tener que elegir entre encauzar su vida según sus trazos originales o quedarse junto a Mikoláš y a la familia que ha armado.

La operación de reflejar un enfrentamiento social (entre feudos bárbaros y civilización, paganismo y cristiandad, recatamiento y desborde) en el fuero íntimo de un personaje es la misma que utiliza Borges, casi veinte años después, en su cuento “Historia del guerrero y la cautiva”[1]. Y este paralelismo entre la historia de los personajes de Markéta, y de la inglesa capturada por los indios, ayuda a entender las verdaderas implicancias de la elección de Markéta, si convenimos en que en el relato de Borges se pone mucho más en juego que el simple destino de una inglesa perdida en el medio de la pampa.

Si en el recuento que hace de su vida, en el relato de Borges, el personaje de la inglesa llevada por los indios recuerda que sus padres habían emigrado a Buenos Aires, “que los había perdido en un malón, que la habían llevado los indios y que ahora era mujer de un capitanejo, a quien ya había dado dos hijos y que era muy valiente” (Borges, 2006: 598). Y si en esa vida “se vislumbraba una vida feral: los toldos de cuero de caballo, las hogueras de estiércol, los festines de carne chamuscada o de vísceras crudas, las sigilosas marchas al alba; el asalto de los corrales, el alarido y el saqueo, la guerra, el caudaloso arreo de las haciendas por jinetes desnudos, la poligamia, la hediondez y la magia” (Borges, 2006: 598). En la novela de Vančura el coraje y esa vida “feral” aparecen también en la descripción del clan Kozlík, a quienes al comienzo de la novela se los presenta como “valerosos y bravos como demonios”, únicamente comparables a “briosos sementales”, a quienes “el peine y jabón les traían sin cuidado” (Vančura: 17), y como “sanguinarios, que no daban tiempo a que la sangre se secase en sus cuchillos” (Vančura: 18).

La importancia de la historia de estas dos mujeres que, destinadas a una vida apacible, son condenadas a vivir, de golpe, una vida de brutalidad y barbarie, que no eligieron (pero que llegado el momento decidirán elegir) radica en que con ese singular acto cada una de ellas está ejerciendo el derecho inajenable de decidir quiénes han de ser.

El detalle con el que Vančura presenta la vida de esa amplia familia nómade que utiliza los bosques de Bohemia para refugiarse; la sensualidad orgiástica con la que se presenta esa vida sin reglas, en donde las voluntades y los caprichos del clan mandan por sobre la razón y el intelecto; su exaltación del coraje y la bravura… Todo ello se presenta con tal contraste con los parámetros morales de occidente, que las relaciones de intertextualidad que pueden establecerse entre Markéta Lazarová y ese amplio corpus de textos que abordan el tópico de la cautiva no se limita únicamente al cuento de Borges. Sin ir más lejos, en una entrevista recientemente concedida, la traductora Anežka Charvátová declaraba, acerca de la novela:

“Es una historia de amor, de amor prohibido, salvaje, bárbaro, con el trasfondo no definido de la Edad Media, historias de grandes pasiones, de ladrones, de guerra. Y si lo tengo que comparar, se me ocurre una obra argentina: Ema, la cautiva de César Aira que también es una novela histórica que no es histórica, que remite un poco a la época del Martín Fierro, las guerras con los gauchos, con los indios y recrea un personaje. Pero es algo muy actual, muy contemporáneo con el trasfondo histórico que no es tan importante para la historia del libro” (Charvátová: 2020).

El enfrentamiento que propone Vančura en su novela, entonces, entre feudos salvajes e imperio (entre barbarie y civilización) se repite en el interior de la propia Markéta. Así como es también se repite la elección que hace la narración por el clan checo, aun cuando sean estos los salvajes, los vándalos, la horda que recorre los caminos, asaltando violentamente a los viajantes, y aun cuando, finalmente, sean ellos quienes pierdan sus cabezas ya derrotados por las tropas del emperador: “Vančura deja bastante en claro desde un principio cuál es el lado con el que simpatiza. En una dedicatoria a su pariente lejano, el escritor Jiří Mahen, dice implícitamente que su propia familia desciende de esta nobleza mezquina” (Fraňková, 2020).[2]

Así, la elección que realiza Markéta, al quedarse al lado de ese hombre que la ha secuestrado y convertido en esposa a la fuerza, se reproduce en la elección que la misma narración hace a la hora de posicionarse respecto a los protagonistas. No importa cuánta sea la violencia que ejerzan los Kozlík, tampoco que sea el propio Mikoláš quien rapte y viole a la joven y virgen Markéta, la piedad, de escasa presencia en el relato, siempre es para los Kozlík, al igual que para ellos es también el último llanto de Markéta al cierre del relato:

“Cabrito se ha despedido. Su cabeza cae en un cesto y su nuca está sangrando. Mikoláš se detiene bajo la horca, luego emite un último suspiro. Tras él le toca a sus hermanos. El verdugo les pone la soga al cuello y les rompe la nuca. ¡Qué Dios los asista!

Todos aquellos que presenciaron esa muerte se quedaron sin aliento. Más tarde fue escrito que las mujeres de los bandidos estaban allí como estatuas con sus vestidos en llamas. Solo Markéta se derrumbó, y su llanto sonó como un lúgubre viento” (Vančura: 209).

La razón principal de la novela para tomar partido por los bandidos, y por la que Vančura erige estos héroes colmados de desenfreno y violencia, puede estar vinculada a que en esos bandidos y ladrones está parte de su propia historia, parte de su propia genealogía. Pero también puede ser explicada porque, de alguna manera, y al igual que el personaje que da título al libro, el relato también se constituye como un recordatorio de nuestra libertad al momento de responder (por fuera de todo condicionamiento moral y hasta lógico) al verdadero deseo de quiénes queremos ser, se cual fuere ese deseo.

Al referirse al periodo histórico en el cual transcurre la novela, Rajendra Chitnis, señala la dificultad de ubicar con precisión los acontecimientos de la novela, pero destaca la importancia de un siglo, en el cual resultaría interesante ubicar los hechos que la novela narra: “Posiblemente podrían ubicarse, o al menos sería interesante que se los ubicara, durante el siglo XIII, que es un período en el cual el Reino de Bohemia se expande y es una especie de siglo heroico para Bohemia. Así que creo que podría encajar en ese período, pero más por la atmósfera y el estado de ánimo en general, que por cuestiones precisas” (Chitnis, 2020)[3].

Leída como la narración de una disputa territorial (lo que se disputan el clan de Cabrito y las filas del emperador es, al fin y al cabo, el control de los caminos), entre checos (los Kozlík) y foráneos (las filas del Sacro Imperio Romano Germánico) la novela de Vančura también puede ser entendida como una proclama de la existencia nacional, y del derecho a esa existencia, más allá del prestigio, las cualidades o los antecedentes que cada nación se capaz de ostentar.

Bibliografía

Borges, Jorge Luis (2006): “Historia del guerrero y la cautiva”, en Obras completas, vol I. Editorial Emecé. Bs. As.

Charvátová, Anežka (2020): en “Markéta Lazarová, la más latinoamericana de las novelas checas”, en entrevista realizada por Juan Pablo Bertazza. Publicada en Radio Prague International en Español. Disponible en:

radio.cz/es/rubrica/cultura/marketa-lazarova-la-mas-latinoamericana-de-las-novelas-checas

Chitnis, Rajendra (2020): En “Vladislav Vančura´s Markéta Lazarová: A medieval epic exploring the possibilities of Czech language”. Artículo de Ruth Fraňková, publicado en Radio Prague International in English. Disponible en:

radio.cz/en/section/books/vladislav-vancuras-marketa-lazarova-a-medieval-epic-exploring-the-possibilities-of-czech-language

Fraňková, Ruth (2020): “Vladislav Vančura´s Markéta Lazarová: A medieval epic exploring the possibilities of czech language”. Publicado en Radio Prague International in English. Disponible en:

radio.cz/en/section/books/vladislav-vancuras-marketa-lazarova-a-medieval-epic-exploring-the-possibilities-of-czech-language

Vančura, Vladislav (2010): Markéta Lazarová. Editorial Contraseña. Traducción de Monika Zgustova. Zaragoza.

Zgustova, Monika (2010): “El hombre cuyos antepasados eran bandoleros”, en Markéta Lazarová. Editorial Contraseña. Zaragoza.

Notas

[1] Como es sabido, el cuento de Borges, a través del relato de la cautiva, queda convertido también (entre tantas otras cosas) en una reflexión sobre las disputas territoriales, entre los pueblos originarios y el estado argentino, durante el siglo XIX.

[2] Citado del original en inglés. La traducción es propia.

[3] Citado del original en inglés. La traducción es propia.