Traducción: Jorge Nicolás Lucero, con el apoyo del České Literární Centrum.
Bienvenidos al corazón de Europa[1]
Nos alejamos del Carril del Tren del Norte en Floridsdorf. Detrás nuestro dejamos granjas eólicas, cruzamos el Nuevo Danubio y el cauce central, una parte de los pasajeros descendemos en Simmering y luego nos movilizamos lentamente alrededor de los antiguos cuarteles imperiales con dirección a la nueva Estación Central de Viena, que saluda a los pasajeros con el eslogan “Willkommen am Weiner Haupt-bahnhof – willkommen im Herzen Europas” [Bienvenido a la estación central de Viena – Bienvenidos al corazón de Europa”]. El Corazón de Europa, tenía entendido que yo venía del auténtico corazón de Europa, ¿cuántos corazones tiene?
Cuando se trata de historia siempre me dejo llevar. Siempre se burlaron de mí por ser una profesora nata. La historia es mi especialidad y me fascina desde pequeña. Por eso me cautivaron tanto las memorias de Kateřina ni bien me sumergí en su lectura por primera vez. Vuelvo a ellas, las leo de modo aleatorio y siempre encuentro nuevas conexiones, o algún pasaje que comprendo de un modo y de repente lo entiendo mejor, adquiriendo forma y color. Me gusta encontrar detalles, investigar en libros, en Internet y en el mundo real. Tomo nota de todo -o casi todo, ya que no tengo a quién contárselo. Los oyentes se aburren rápido. Radek ya no quiere escuchar sobre Kateřina, cuando estoy con él trato de ocultar mi investigación.
Tengo exactamente un mes para recorrer los lugares en Viena sobre los que Kateřina escribe. Estoy por mi cuenta, no molestaré a nadie ni nadie me entretendrá. Quién sabe cuándo y si además los volveré a ver alguna vez. Ahora estoy en la estación, de pie, con la valija en una mano, en la otra con el billete mensual en el enorme transporte público, y con todo esto por delante.
Tuve mucha suerte, recibí cuatro semanas de estancia de investigación en el Barrio de los Museos, alguien tuvo que cancelar su beca a último momento y el departamento de relaciones exteriores de la universidad me ofreció la vacante. Gracias a una rápida gerencia nadie hizo muchas preguntas sobre lo que precisamente yo sí haré aquí. Oficialmente tengo que investigar la dedicación de las galerías y museos a las excursiones escolares, pero con seguridad me sobrará bastante tiempo para mi investigación personal.
Me hospedo en una casa al lado de la antigua caballeriza imperial reacondicionada para el complejo de museos y miro hacia abajo en la Mariahilferstrasse, por aquel entonces una animada arteria vehicular, hoy una zona tranquila de preferencia peatonal. Si abro la ventana y me asomo a la izquierda, veo directamente el monumental edificio del Museo de la Historia del Arte, con todos sus tesoros. No recuerdo cuándo fue la última vez que sentí semejante felicidad.
Acordamos que cuando Radek venga a visitarme iremos por un strudel y un filete al café Hawelka y por unos callos al Kolařík im Prater -como dijo-, pero en el último tiempo recibieron un pedido grande en la compañía, así que trabaja sin parar siquiera los fines de semana. No puedo decir que me dé demasiada lástima. Después de todos estos años fuera, seguramente podremos soportar un mes uno sin el otro. Es que estaremos juntos toda la vida. En los últimos dos años en los que termino la escuela en Praga y nos vemos solo durante los fines de semana, nos acostumbramos a no estar pendientes uno del otro. En el mensaje de texto, llegué bien y ya estoy alojada, Radek me responde con un pulgar arriba. Más comunicación no necesitamos.
Antes de que me familiarice con el apartamento, afuera ya oscurece. En la calle relucen los carteles coloridos de los comercios, por momentos se oyen en las encrucijadas las sirenas de los autos de la policía y sobre la mesa y la notebook abierta brilla al lado de la ventana.
Algunas veces me digo si es normal estar rastreando el pasado constantemente. Tendría que disfrutar del presente y anhelar el futuro, lo que pasa es que encuentro más divertido descubrir el mundo antiguo y extinto. Las personas cuyas vidas observo están indudablemente muertas, ninguna puede objetarme las opiniones retorcidas que me formo sobre ellos por medio de documentos incompletos que juzgo por mi cuenta. Así también distorsiono a Kateřina, le doy forma a través de lo que ella escribió sobre sí misma, lo paso por el tamiz de mis propias experiencias. Algunas veces sospecho que algo ocultó, o por el contrario que exageró cosas, al igual que yo lo lo haría. Me sumerjo en su antiguo mundo de hace cien años. Intento profesar nuestro presente dentro de ese mundo, y quizás comprenderlo mejor a través de él.
Voy tomando nota para mi investigación personal, así como Kateřina tomó nota de su vida. En comparación con sus frases, las mías parecen abruptas e inexpresivas. Se nota que sus primeras palabras como niña las pronunció durante los primeros meses del siglo XX. Quizás solamente me fascinan el arcaísmo de su lenguaje y dialecto, aunque posiblemente el estilo de Kateřina sea único. Abro el documento y empiezo con la primera página:
“Cuando era pequeña, lo primero que los padres nos enseñaban era: cuando llegas a algún lado, lo primero y principal es saludar en la puerta. Entonces yo, como si realmente llegara a su casa, y no solo por medio de este papel, lo saludaría de la única manera que lo haría alguien de menor edad: Alabado sea nuestro Señor Jesucristo” […]
Había una guerra, su final no llegaba
Había una guerra. Su final no llegaba. Desde Viena enviaron una carta urgente en la que se decía que mi hermano Janek se trasladará del frente italiano al ruso. Lo hará toda su unidad: la caballería, los cañones, todas las cosas. Atravesará Moravský Písek y traerá a Bětka de Anča,[2] para que alguien siempre esté esperándolo y lo releve. Hacíamos relevos entre los tres, madre, padre y yo. Hasta que llegábamos, pasaban tres días y tres noches. Todos los días horneábamos un kougelhopf fresco, los de día anterior se los dábamos a los amigos, y los más viejos los comíamos nosotros.
Llego una vez a la estación de Písek y en el andén escucho la voz predicadora de nuestra madre. En torno a ella los viajantes, los paquetes, valijas, ella sentada en el banco mientras profetiza: “Piensen: el emperador es tan putañero, ¿creen que Dios le dejará ganar esta guerra? Si supiesen lo malo que es con sus niños, tuvo millones de burdeles, y esa loca suya luego viajaba con tipos alrededor del mundo, y ahora él lleva a la muerte a nuestros hijos inocentes, ¡y se hace retratar rezando!”.
Me puse incómoda. Mostré en mi frente una mueca que podía entenderse en todo el mundo, pero alguien replicó: “Ella tiene más sesos que todos nosotros”. Envié a mamá a casa. Aguardé a mi hermano, le di todo, comida y también slivovice, me dio una tremenda lástima. “¿Lo volveré a ver?” Hacia la medianoche partimos con Bětka por el bosque, ella no tenía entusiasmo alguno. Sobre los pequeños vestidores condales de los carriles había unos muchachos en uniforme, los “palitas”. Nos preguntaron adónde íbamos, y cuando el viejo Kratochvíl escuchó que soy Benedíková de Kozojídky, inmediatamente me preguntó: ¿Como de Jan de Veselí? Entonces pasen, de algún modo nos arreglaremos. Y salúdenlo de parte de Kratochvíl, fuimos juntos a la escuela”.
En ese momento, Kateřina no tenía idea de que algún día se mudaría permanentemente a Veselí, el lugar de nacimiento de su padre, el “Jan de Veselí”. No sabía que se casaría con un joven de Veselí que también tendría que alistarse en el ejército real-imperial. Aunque provenían de la misma región, se conocieron lejos de casa. Josef, el futuro esposo de Kateřina, era exactamente cuatro años mayor, ni un día más, ni un día menos.
Nació en Lipov, pasó su niñez en un arroyo frente a su hogar, y luego de varios “regaños” por parte de su madre, dedicó tiempo a algunos trabajos en casa. La madre, después de terminar las tareas del campo, bordaba y cosía trajes, estos tenían detalles más ricos que los de las demás familias, aunque en esencia no había diferencia. El padre enfermó cuando Jožka tenía dos años, según dicen contrajo reuma en la guerra. Entonces la madre tuvo que ganarse la vida para poder adquirir lo necesario. Pintaba huevos mucho antes de las Pascuas, los niños debían ayudarla. Jožka decía que cuando su madre salía con las vacas por el campo a la mañana, ella tenía que dejar hasta el pan rebanado, porque su padre ni siquiera podía hacer eso. Tenían suficiente campo, ambos provenían de familias rurales, pero dos manos de mujer y cuatro manos de niños eran insuficientes para aquel lugar, una tierra escabrosa. Además, había que transportar el estiércol poco a poco por esas colinas, las vacas apenas podían respirar, subirlo solo con el coche era bastante difícil. Y la cosecha prácticamente dependía de ello.
La madre comenzó a recoger hierbas curativas con los hijos mayores, la adonis vernal. Salieron de madrugada, a media luz, se lavaban los pies con el rocío, de los manantiales bebían agua. Hasta caminaban por los bosquecillos de Lipov y los prados de Milejovice, donde más crecían las hierbas. Nadie se oponía a que las arrancasen, eran hierbas venenosas, pero también medicinales y preciadas. Las extraían durante todo el día, al anochecer llegaba el padre con el coche, cargaban el carro y hacia la medianoche regresaban a casa. Las curaban en la tierra y en sacos de la compañía Waegner y Eichler las enviaban a mayor valor hacia Brno. Para entonces la enfermedad del padre había mejorado un poco. Podía caminar con bastón, utilizar herramientas y trabajo algún tiempo. Los hijos aumentaron: además de Jožka y Jiří estaban Anežka, Matěj y František.
Jožka obtuvo trabajo en una zapatería de Bohuslavice u Kyjova. El capataz era bueno con él, hasta comía mejor que en casa. Aunque de vez en cuando tenía la manía de huir y deambular por los amplios bosques de la región, dos, hasta tres días,descubrió muchas cosas interesantes y luego volvía a casa humilde y hambriento. Al principio el capataz lo azotaba con unos cordones, y cuando eso no servía, simplemente lo dejaba quedarse. Sabía que él intentaba compensar lo que se perdía, y eso lo consideraba.
En aquella época la familia Jakubíček decidió trasladarse de Lipov a Veselí. En Lipov una parcela plantada podía dar 3, 4 o en el mejor de los suelos 5 mandely[3] de granos, mientras que en Veselí llegaba a 8, 9 y 10. Sin tener en cuenta la longitud de la paja, lo cual junto con la cría de ganado ya significa mucho, Y además tanto en Veselí como en Lipov el precio de la parcela era el mismo. En Lipov, de donde eran muchas de las personas en América, había una mayor demanda de suelo que en Veselí. Aquí costaba más emplear trabajadores y la economía se sostenía solo por hábito.
La familia de Jožka vendió la casa de Lipov, la mitad de una casa amplia que habrían tenido que ampliar para más niños. En Veselí compraron lo que en ese momento era una vivienda decente, pero tuvieron miedo que las deudas los dejaran pobres y desdichados. Pronto vieron que las personas trabajadoras aquí vivían mucho mejor que en Lipov. Jožka llegó desde Bohuslavice. Le atraía ir a casa porque era de Veselí, pero František de tan solo 5 años murió de nostalgia por Lipov. Caminaba, lloraba, reclamaba que volvamos a casa, hasta que murió de nostalgia y encontró una mejor vida al lado de Jesús.
Jožka hizo la reglamentación de Moravia, luego en una fábrica de sillas, y luego los campesinos lo echaron de Veselí, diciendo: “los pobres hacen sillas, y no tenemos quién nos coseche remolacha”. Entonces los propietarios la trasladaron a Uherský Brod. Trabajó con los albañiles, en las pequeñas vías condales, también llevó instalaciones eléctricas a Strážnice. Luego llegó a una construcción externa en la “vía tosca”, en el auténtico ferrocarril, y tenía la esperanza que quizás en algún momento lleguen las calderas, y será terminante. Pero mientras tanto se aprovecharon de él como podían. Los dueños de los ferrocarriles, grandes y pequeños, esclavizaron a los muchachos. Por ejemplo, hostigándolos. Dos personas tenían que empujar la maquinaria. Tenían que recorrer un kilómetro, luego, cansados y sudados, se bajaban, y otros dos que iban al lado cabalgando se subían y hacían el otro kilómetro. Un caballero, quizás guardavía, envuelto en un abrigo de piel de cordero, que se inclinaba de un lado a otro, increíblemente no se durmió. Luego de todo eso, ocho personas del ferrocarril tuvieron que ir a la guerra. Originalmente Jožka no se encontraba entre esos ocho, pero una mujer le llevó al administrador una mochila, tan grande que la sostenía con ambas manos sobre su espalda, por lo que tachó al hijo de esta e inscribió a Jožka.
Estaba intrigado por la mili, especialmente en países y paisajes extranjeros. Antes de eso, estuvo con sus amigos en Salzburgo, hicieron una segunda vía de Salzburgo a Innsbruck. Todavía enumera los pueblos y aldeas en la ruta. Ahora iban al frente, a través de Bruck an der Mur, a Klagenfurt, a Liubliana, otros se ponían a blasfemar o jugaban a las cartas, él veía los paisajes. Llegó al frente en noviembre de 1917. Se había inscrito en el curso de asalto, aprendían a atacar con cuchillos. En cualquier ataque tenían que llevar la delantera; cuando ellos pasaban, el ejército se movía. Si hubiera una matanza, este se detendría. La retirada de los italianos, sobre la que escribe Hemingway, fue vivida paso a paso por nuestro padre, por supuesto del lado austríaco.
Fue herido el 21 de enero de 1918. No quiso que lo llevaran en camilla, fue a pie por el gran cerro con la mano vendada y envuelta en la punta de una capa. Lo acompañaba un soldado que de a ratos lo guiaba. Pasó por varios hospitales, de uno más hambriento que del otro, antes de que su mano sanara. Tenía la fortuna de ser zurdo. Desde niño sufrió todo tipo de castigos por ello, hasta su madre le amarró una bolsa con piedras en la mano izquierda. Ahora le resultaba conveniente.
Escribió postales para su hogar por sí mismo, no tuvo que pedir ayuda a nadie. Se quedó en Brno en la sala de reposo para discapacitados. Fue a la escuela de economía en Brno, a cursos de perfeccionamiento y a una escuela de horticultura en Bohumice.
Me estoy quedando sin tiempo. Pasarán varios años más antes de que Kateřina y Josef se reúnan en el Hospital Svatá Anna de Brno, ambos viajarán mucho y tendrán muchas vivencias. Además, también la muerte tocará a Kateřina.
El Corazón de Europa
El tiempo en el aislamiento forzado se dilata y en el paseo por Praga me enredo en una reflexión interminable. Praga –el corazón de Europa, Praga de las cien torres y Praga madre de las ciudades, un eslogan que la mitología nacional nos implanta desde la infancia y que no se pone en duda. El anuncio de la nueva estación central de Viena señala a Viena como el auténtico corazón de Europa ahora me hace titubear irremediablemente. Una pesquisa rápida revela que cada lugar reivindica el título de verdadero corazón de Europa. Desde Eslovenia a Eslovaquia, Polonia, Bielorrusia y hasta Ucrania. Un título que demandan Budapest, Praga, Viena, Roma, Bruselas y finalmente Ginebra.
Pero además tenemos la cuestión del centro de Europa. Algunos de estos países se ponen como centros adyacentes que varían desde lo espiritual, lo histórico, lo ecológico hasta lo administrativo. Centros geográficos hay varios, según el método que se elija. Por este título rivalizan el Krahule eslovaco, dos pueblos en Ucrania, una colina en Vilnius, una isla en Estonia, un lago bielorruso y una ciudad en el nordeste de Hungría. En Bohemia el „Mittelpunkt Europas“ se coloca en el monte Dyleň (o Tillenberg) en el Bosque Checo, el propio Napoleón Bonaparte en 1805 lo declaró el centro geográfico y sesenta años después una comisión austrohúngara de agrimensores lo ratificó. Su veredicto evoca el poste de piedra bajo la cima del monte, naturalmente sobre la parte bávara. La ironía del destino llevó a que a unos metros de este “centro de Europa” se pusiera la cortina de hierro que partió a Europa en dos. El punto de Dyleň es solo uno de cerca de diez lugares, aquí y en Alemania, donde fue fijado ese centro. También figura la “piedra del patriarca Lech” en Kouřim, en la intersección del paralelo 50 y el meridiano 15. También la Columna Mariana de la Ciudad Vieja era considerada centro de Europa.
La pretensión de todos los checos por el título Corazón de Europa quizás provenga del mapa formulado por el cartógrafo Johannes Putsch apodado “Europa regina”. En este Europa aparece representada como una dama aristocrática. La Península Ibérica representa la corona en su cabeza, el Sacro Imperio Romano y Francia sus hombros, pecho y tórax, la península itálica, junto con Sicilia, su mano derecha con una manzana, la izquierda la península de Jutlandia. La tierra en las salidas del continente representa la caída de su túnica. En medio del tronco sobresale, como un sello redondo en la ristra de la cordillera, Bohemia, designada con un corazón. En lo personal esta posición me parece más del estómago o del hígado.
La popularidad del mapa antropomórfico creció considerablemente en la segunda mitad del siglo XVI. Ahora el mapa no versaba “Europa Regina”, sino “Europa in forma virginis” (Europa como muchacha o virgen) y los checos fueron puestos en su corazón como una medalla. Por aquel entonces los checos, en el paso del Medioevo a la Edad Moderna, se concibieron como el nuevo Israel, el pueblo elegido que pondrá de pie a toda la Europa cristiana. En el siglo XVI, tanto en los entornos católicos como protestantes, encarnaba el “cor Europae”. Para el sentir checo ellos eran el auténtico corazón de Europa, algo que reforzaba la declaración de Otto von Bismark: “Quien gobierne Bohemia, será el señor de Europa”. Esta convicción fue confirmada por František Palacký, cuando escribió que “así como la propia tierra checa se coloca en el centro y corazón de Europa, durante muchos siglos el pueblo checo se convirtió en un eje donde los diversos componentes de la vida nacional, eclesiástica y estatal de la Europa moderna, no sin cierta resistencia, confluyeron y se unificaron”. Y Josef Svatopluk Machar, al respecto, agrega:
“Me balanceo con simpatía
desde Oriente a Occidente
desde Occidente a Oriente,
ambos con defectos, pero aun así su fuerza…”
Consideré la idea de que el corazón de Europa fuese el Sacro Imperio Romano, el cual no es ni santo, ni romano, no tenía una ciudad central ni una lengua ni cultura. Su continuidad y legitimidad le confieren el ideal de una civilización cristiana unificada, y el emperador luchaba por el poder con los papas. El corazón de Europa entonces no era en absoluto una localización, pero podría ser un espíritu. O un período. O Una dinastía monárquica. La época podría ser la antigüedad, o bien el Medioevo sólo por su nombre, eventualmente la Ilustración por sus ideales. Si se tratase de un linaje, el candidato más claro serían los Habsburgo. Ellos podrían ser el corazón de Europa, siempre y cuando estén a resguardo en urnas dentro de la Iglesia de los Agustinos en Viena. Cincuenta y cuatro corazones de Europa bellamente reunidos en Herzgruft.
El corazón inmaterial de Europa podría ser sin problemas equivalente a los ideales de la Revolución Francesa y el humanismo secular, al igual que el derecho romano, la democracia griega, el alfabeto o la lengua latina, los números arábigos, la Unión Europea, la Bolsa de Londres o de Frankfurt. En cuanto al espíritu, ¿se trata de lo espiritual del cristiano de Europa central? Y si es así, ¿del catolicismo? Entonces, ¿su corazón sería el Vaticano? ¿O acaso el auténtico corazón cristiano está en Constantinopla? Si partimos de esta suposición donde Europa se erige por el cristianismo, entonces su corazón quizás siempre ha estado en Gólgota.
¿Y si los judíos son el corazón de Europa? El elemento judío es errante, movedizo, por causas históricas se ha diseminado por toda Europa. Por un lado de modo rígido e inalterable, por otro de forma adaptada y viable. Los judíos circularon por tierras y pueblos, llevaron información de un lado a otro, agregándole al pensamiento europeo su componente propio. Además se suele decir que Europa acogió más la Torá que el Nuevo Testamento. Cuando Milan Kundera recibió el Premio Jerusalén declaró que Israel era ahora el centro y corazón de Europa. Luego de una historia de terror llegaba un refugio para el componente judío de Europa Central, el cual se llevó consigo el yiddish de los shtetls, el refinamiento praguense los salones vieneses, la formación europea y la cultura. Pero me parece que, más que el corazón, los judiíos son el intelecto de Europa. Si caemos en las emociones y el corazón podríamos hablar de los romaníes con su imparable nomadismo, o de algún otro pueblo del sur. Los centros intelectuales, culturales y civilizatorios de Europa fueron Jerusalén, Atenas, Roma, París, Viena, Londres. Berlín y Moscú aspiran a serlo. Hoy probablemente el heredero del centro europeo sea Nueva York.
El corazón del continente podría rastrearse siguiendo el flujo sanguíneo, desde los lugares donde todos sus vasos se unen – su red de transporte. Los nudos ferroviarios son París, Hamburgo y Frankfurt, los aéreos Londres, París y Amsterdam. El corazón simbólico de Europea debería tomar toda su sangre y bombearla hacia toda la periferia. Quizás administrativamente sea Bruselas, pero en sentido espiritual Europa más bien carece de semejante órgano. Y en absoluto es la egocéntrica Praga. Por supuesto, los checos podría ser el corazón genético de Europa, porque en sus haplogrupos, oriental y occidental – exactamente como en mi ADN-, aparecen todas estas huellas genéticas que las cuencas checas atravesaron durante siglos.
Estudiantes de matemática dirigidos por Radek intentaron calcular en la facultad la posición geográfica del centro de Europa. Usaron varios métodos. Intentaron hallar el punto de conexión más corto desde el norte, el sur, el este y el oeste, y lo encontraron en Latvia, en el mar de Barents. Cuando las rectas cardinales están en un punto, les aparece una intersección en la ciudad ucraniana de Rájiv. El diámetro aritmético extremo de los puntos de todas partes del mundo aparece no lejos de Toruň. Otros estudiantes buscaron nuevamente el núcleo con ayuda de una plomada. Lo localizaron en la frontera entre Bielorrusia y Lituania, cerca de la frontera polaca. Si contáramos a Rusia dentro de Europa, el foco se trasladaría a la montaña en Vilnius, en donde los geógrafos franceses posicionaron el centro en 1989. Por supuesto, esto depende de la proyección de mapa, si es una lámina recta o curvada, si incluye sólo continentes o también islas. Por ejemplo, actualmente Islandia pertenece a Europa solo políticamente, al igual que los Açores y las Islas Canarias. Si el criterio que cuenta a los vecinos es más amplio, entonces el centro de Alemania. Hungría tiene la distancia más pequeña de los demás estados de Europa. De aquí resulta que ni siquiera la matemática posee un cálculo unificado sobre el centro de Europa., porque para este no existe una definición consensuada […]
Desde el punto de vista de la historia reciente, se podría decir que Europa central se encuentra en donde más prosperaron ciertos nacionalismos, incluyendo el antisemitismo y el sionismo. De acuerdo con una definición más amable, Europa central es el lugar donde hay más cafeterías tradicionales. El ministerio del exterior checo puede resolver esto: su Departamento de Estados de Europa central tiene relaciones de larga data con Lichtenstein, Hungría, Alemania, Polonia, Austria, Eslovaquia, Eslovenia y Suiza.
Si Europa central se define por la autodeterminación, entonces todas las tierras que aplican su huso horario se suscriben voluntariamente a ella. En ese caso, el centro de Europa estaría en Mainflingen, desde donde se transmite la señal horaria de Frankfurt que da el reloj atómico del Instituto Federal Físico-Técnico de Braunschweig. En realidad, le debemos a los ferrocarriles austriacos el tiempo uniforme. Cuando se crearon más líneas que cruzaban el continente, ya no era sostenible que cada una tuviera su propio tiempo que la locomotora llevaba consigo. Entonces, cuando un tren del Ferrocarril del Norte del emperador Francisco Fernando se encontró con los ferrocarriles del norte del estado en Olomouc, los maquinistas tuvieron que ajustar sus relojes y olvidar la hora local de la estación de la que partían. El primer Mitteleuropänische Zeit [horario de Europa central] se introdujo con el nuevo horario de invierno el 1 de octubre de 1891 y, además de los ferrocarriles, también se unieron a ello las oficinas postales austrohúngaras. El 1 de abril de 1893 comenzó a aplicarse en toda la monarquía.
Notas
[1] Fuente de la traducción: Horáková, P. (2021). Srdce Evropy. Praga: Argo, pp. 14-16, 163-167, 332-336, 338-339. El traductor agradece la dedicada revisión técnica que Kateřina Chromková (Centro Literario Checo) realizó sobre esta muestra.
[2] Modo familiar del nombre Anna Alžběta.
[3] Un mandel es una unidad de medida antigua, equivalente a quince gavillas.