Omar Lobos
Nacido en Varsovia en 1891, en el seno de una familia de judíos rusos, crecería en Petersburgo, «su ciudad», desde 1897. Desde adolescente comienza a escribir versos, algunos de corte profético como el que sigue:
| Сусальным золотом горят
В лесах рождественские елки; В кустах игрушечные волки Глазами страшными глядят. О, вещая моя печаль, О, тихая моя свобода И неживого небосвода Всегда смеющийся хрусталь! |
Arden como oro laminado
bosques de abetos navideños; allí lobitos de juguete miran con ojos que dan miedo. ¡Oh, mi tristeza malagüera, oh, libertad callada mía y del inerte firmamento ese cristal que siempre ríe! |
1908
De 1908 a 1910 estudió en La Sorbona y en la Universidad de Heidelberg, hasta que la ruina familiar le impidió continuar sus estudios en Europa. Seguiría luego estudios de romano-germanística en la Universidad de Petersburgo hasta 1917, pero no de manera orgánica.

En 1911 traba amistad con Nikolái Gumiliov y su esposa Anna Ajmátova. Juntos participan en el «Taller de poetas» fundado por Gumiliov e inician la vanguardia acmeísta, cuyo manifiesto –«La mañana del acmeísmo»– será redactado por el propio Mandelshtam en 1913 o 14. Defenderá allí el trabajo de los acmeístas fundamentalmente con la palabra, el logos que «hasta el momento se ha comprendido equivocada y arbitrariamente como el contenido», mientras que «para los acmeístas el sentido consciente, el Logos, es tan magnífica forma como era la música para los simbolistas».[1] Y analoga esa palabra con la piedra de un poema de Fiódor Tiútchev, que «rodando de la montaña, yació en el valle, tras desprenderse sola o ser arrojada por alguna mano consciente», «la voz de la materia en esta caída inesperada suena como un habla bien articulada. A este desafío se puede responder solamente con la arquitectura. Los acmeístas levantamos con veneración la misteriosa piedra de Tiútchev y la ponemos en el fundamento de nuestro edificio». Refuncionalizada en un nuevo edificio, esa piedra no pierde todo lo que posee «monstruosamente encarnado», que no nos engañe «el modesto exterior de una obra de arte».[2] La piedra es justamente el título del primer libro de versos de Mandelshtam, publicado en 1913.
El poeta Iósif Brodski dedica a Ósip Mandelshtam su ensayo «El hijo de la civilización» (1977),[3] donde entiende la «civilización» como «la suma total de diferentes culturas, animadas por un denominador espiritual común» (p. 32). En ese artículo califica a OM de «figura extremadamente solitaria en el contexto de la poesía rusa». Dice allí que «La poesía es el resultado supremo de toda la lengua», «La que dicta un poema es la lengua, y la voz de la lengua es lo que conocemos con los apodos de Musa o de Inspiración» (p. 26). Precisa asimismo Brodski el título y sentido de su artículo:
«En cierta ocasión, al serle preguntado que definiera el acmeísmo —movimiento literario al que pertenecía—, [Mandelshtam] respondió: «nostalgia de una cultura mundial». Ese concepto de una cultura mundial es marcadamente ruso. Debido a su situación (ni Oriente ni Occidente) y a lo imperfecto de su historia, Rusia ha padecido siempre una sensación de inferioridad cultural, por lo menos en relación con Occidente. De esa inferioridad surgió el ideal de una cierta unidad cultural y una posterior voracidad intelectual frente a todo lo que procediera de aquella dirección. En cierto sentido, es una versión rusa del helenismo…» (pp. 28-29)
Y concluye que para Mandelshtam el mediastino de este helenismo ruso fue San Petersburgo. La nostalgia (como etimologiza la eslavista Svetlana Boym: «dolor por la casa») de Mandelshtam siempre va a estar orientada a San Petersburgo (Petrogrado, desde 1914; Leningrado, desde 1924). Comienza uno de sus famoso poemas, de 1920: «Nos juntaremos de nuevo en Petersburgo/ como si hubiéramos enterrado el sol en él/ y la dichosa palabra sin sentido/ pronunciaremos por primera vez»…
Dice Svetlana Boym en El futuro de la nostalgia que «el Petrogrado revolucionario no ha logrado librarse de la imagen mítica de la Petrópolis-Alejandría cosmopolita, la ciudad de la cultura mundial, pero esa ciudad invisible solo se puede redescubrir por medio de actos creativos y de sueños colectivos».[4] Como manifiesta OM en estos célebres versos de 1930:
| «Ленинград». Осип Мандельштам | Leningrado |
| Я вернулся в мой город, знакомый до слез,
До прожилок, до детских припухлых желез. Ты вернулся сюда, так глотай же скорей Рыбий жир ленинградских речных фонарей, Узнавай же скорее декабрьский денек, Где к зловещему дегтю подмешан желток. Петербург! я еще не хочу умирать! У тебя телефонов моих номера. Петербург! У меня еще есть адреса, По которым найду мертвецов голоса. Я на лестнице черной живу, и в висок Ударяет мне вырванный с мясом звонок, И всю ночь напролет жду гостей дорогих, Шевеля кандалами цепочек дверных. |
Yo volví a mi ciudad, conocida hasta el llanto,
las venitas, los ganglios hinchados de infante. Aquí has vuelto, muy bien, tragá rápido entonces, esta grasa de pez de encender los faroles. Reconoce enseguida este día invernal donde hay yema mezclada al funesto alquitrán. ¡Petersburgo! ¡Yo aún no me quiero morir! Vos tenés los teléfonos de todos los míos. ¡Petersburgo! Yo tengo aún direcciones por las cuales hallar de los muertos las voces. A mi casa subís por la entrada de atrás, en la sien me golpea un llamador arrancado. Y en la noche yo aguardo visitas queridas, y en la puerta a grilletes suena la cadenita. |
Traducción de O. Lobos
Poco después, en 1933, escribe el poema que precipitaría su destino:
| Мы живём, под собою не чуя страны,
Наши речи за десять шагов не слышны, А где хватит на полразговорца, Там припомнят кремлёвского горца. Его толстые пальцы, как черви, жирны, И слова, как пудовые гири, верны, Тараканьи смеются усища И сияют его голенища. А вокруг него сброд тонкошеих вождей, Он играет услугами полулюдей. Кто свистит, кто мяучит, кто хнычет, Он один лишь бабачит и тычет, Как подкову, кует за указом указ: Кому в пах, кому в лоб, кому в бровь, кому в глаз. Что ни казнь у него — то малина, И широкая грудь осетина. |
Sin sentir el país que pisamos vivimos,
lo que hablamos no se oye a diez pasos de aquí, mas si alcanza para un comentario te recuerdan del Kremlin al amo. Tiene gruesos los dedos, por la grasitud, y palabras exactas cual pesas de un pud, ríen sus bigotazos como cucarachas y rebrillan sus cañas lustradas. Y en su entorno una chusma de jefes burócratras, juega él con los servicios de semipersonas. uno chifla, otro chilla, otro hipa, solo él chichonea y los pincha, va forjando un decreto tras otro: a este acá, a este allá, en la ingle, en el ojo, en él todo castigo es frambuesa, y ancho pecho de un hijo de Osetia. |
| Осип Мандельштам. Ноябрь, 1933. | Traducción O. Lobos |
Se señala este poema (de 1933) como el comienzo de la caída en desgracia y el motivo del primer arresto de Mandelshtam, que a posteriori será exiliado de las capitales. Ese mismo año escribe también su Conversación sobre Dante (ha empezado de modo autodidacta a estudiar italiano en 1930 para leer al gran poeta toscano), donde dice de este lo que podría decir de sí mismo: «La unidad de luz, sonido y materia constituye su naturaleza interior».
El período más extenso de su exilio (entre 1934 y 1937) lo cumplirá en Voróniež, 500 km al sur de Moscú, donde escribirá su ciclo Cuadernos de Voróniež. Lo acompaña su abnegada mujer, Nadezhda, Nadia, la compañera de su vida, a quien ha conocido en 1919, y que será la encargada de preservar buena parte de su obra y de legarnos dos monumentales libros de memorias que son a la vez una sociología del siglo y de la poesía del siglo. [Pueden leerse los primeros capítulos del segundo libro en este dossier].
- Algunos célebres poemas/«juego» sobre Voróniež:
| Это какая улица?
Улица Мандельштама. Что за фамилия чертова – Как ее ни вывертывай, Криво звучит, а не прямо. Мало в нем было линейного, Нрава он был не лилейного, И потому эта улица, Или, верней, эта яма Так и зовется по имени Этого Мандельштама… |
¿Esta qué calle es?
Es la calle Mandelshtam. Qué carajo es de apellido… Por más vueltas que le des Suena no recto, torcido. Poco había en él de lineal, no era lila su moral, y es por eso que esta calle, o mejor, este zaguán se llama así por el nombre de este tal Mandelshtam… |

El que sigue es un juego completo de palabras/sonoridades con la voz «Voróniež», que etimológicamente se asocia con «cuervo» (vóron) (marcamos las aliteraciones con negrita). Es difícil reponer tal juego en una traducción:
| Пусти меня, отдай меня, Ворóнеж: |
Урóнишь ты меня иль проворóнишь,
Ты выронишь меня или вернёшь,—
Воронеж — блажь, Воронеж — ворон, нож.
Dejame ir, Voróniež, entregame:
Me soltarás o pasarás por alto,
Vas a dejarme caer o devolverme…
Voróniež: beatitud, cuervo, puñal.
Para oír el poema en ruso: https://www.youtube.com/watch?v=srS4gaTrZlo
La amiga Anna Ajmátova, desafiando la condición en la que se hallaban los Mandelshtam, los visitó en Voróniež y evoca en este poema:
| Воронеж
О. М<андельштаму> И город весь стоит оледенелый. Как под стеклом деревья, стены, снег. По хрусталям я прохожу несмело. Узорных санок так неверен бег. А над Петром воронежским – вороны, Да тополя, и свод светло-зеленый, Размытый, мутный, в солнечной пыли, И Куликовской битвой веют склоны Могучей, победительной земли. И тополя, как сдвинутые чаши, Над нами сразу зазвенят сильней, Как будто пьют за ликованье наше На брачном пире тысячи гостей. А в комнате опального поэта Дежурят страх и Муза в свой черед. И ночь идет, Которая не ведет рассвета. |
Voróniež
A O. M<andelshtam Y toda la ciudad está hecha hielo. Árboles, nieve, muros, bajo un vidrio. Como van de inseguros los trineos, Por los cristales con miedo yo camino. Y sobre el Pedro voronio las cornejas[5], los álamos, la verde-clara bóveda, en el polvo solar, turbia, borrosa, y a Kulikovo[6] alientan las laderas de esta tierra potente, victoriosa. Y los álamos, cual cálices alzados, chocarán sobre nosotros fuertemente, por nuestro júbilo, como si brindaran en banquete nupcial miles de huéspedes. Mas en el cuarto del poeta en desgracia Velan por turnos Musa y miedo. Y va una noche que no conoce amanecer. |
4 марта 1936
Al año de cumplida su pena es vuelto a encarcelar, acusado de escribir poesía «obscena y calumniadora». Se lo condena a cinco años de reclusión y trabajos «correctivos», pero muere de tifus poco después de llegar a Vladivostok, en el lejano oriente ruso, en diciembre de 1938. Dice en su última carta a su hermano Alexandr y a su mujer Nadiežda:
» ¡Querido Shura [diminutivo de Alexandr]!
Me encuentro en Vladivostok, SVITL, barraca 11. Recibí 5 años por a.c.r. [asuntos contrarrevolucionarios] por decisión de la OSO [órgano de la NKVD, policía secreta soviética]. De Moscú, desde la cárcel de Butyrki la columna salió el 9 de septiembre, llegamos el 12 de octubre. Mi salud es muy débil. Estoy extenuado al extremo. Enflaquecí, casi irreconocible. Pero enviar cosas, productos y dinero no sé si tiene sentido. Prueben igual. Paso mucho frío sin cosas. Querida Nádinka, no sé si estás con vida, palomita mía. Tú, Shura, escríbeme ya mismo sobre Nadia. Este es un punto de tránsito. En Kolymá no me tomaron. Seguro invernaremos.
Queridos míos, los beso.
Osia.
Shúrochka, te escribo más. Los últimos días he ido a los trabajos, y esto me levantó el ánimo.
De nuestro campo de concentración transitorio te mandan a los permanentes. Yo, evidentemente, caí en un «estancamiento» y hay que prepararse para invernar.
Y te pido: envíame un radiograma y dinero por telégrafo.»
Su muerte fue comunicada a su hermano a mediados de 1940.
Vuelve a evocarlo Ajmátova en un pasaje de su «Poema sin héroe»:
Y detrás del alambre de púas,
en mitad de la taiga durmiente
qué año será no sé,
ya terrón del polvo del gulag,
ya ficción de un suceso espantoso,
va mi doble al interrogatorio.
Y después ya sale de él,
custodiado por dos emisarios
de la Doña desnarigada.
Y yo oigo incluso de aquí,
¡y no es esto acaso un prodigio!,
a mi propia voz que le habla:
Yo por vos he pagado
En efectivo,
Un revólver por diez años
Me ha seguido,
Ni a la izquierda ni a derecha
yo miraba,
mas detrás la mala fama
bisbiseaba.
Voz de Ajmátova recitando el fragmento.
Nuestro dossier
La compilación de artículos que ofrecemos aquí quiere conformar una pequeña semblanza de la figura y la obra de Mandelshtam. En principio, un acercamiento a su arte poética, tanto si esa poética se expresa en prosa como si se sostiene en la memoria y aflora fugazmente en la dicción de los versos. La primera faceta es el caso de las obras abordadas por Sebastià Moranta: El rumor del tiempo y Viaje a Armenia (de este último publicamos además la traducción de nuestra colega cubana Marcia Gasca); de la segunda da cuenta el poeta y traductor colombiano-mexicano Jorge Bustamante García, quien además nos regala traducciones de poemas de OM y de recuerdos de sus amigos.
A esto, sumamos el «manifiesto» acmeísta redactado por Mandelshtam, con su concepción primordial de la palabra poética, así como un artículo suyo donde reflexiona sobre el destino de la novela en el convulsionado siglo XX.
Otros aportes del dossier entrañan miradas filosóficas sobre la aspiración ¿rusa? a fundirse con una cultura universal. Es el caso del artículo de Pável Nérler, que piensa a OM en relación con su condición de judío y su paso por Europa, texto que es preciso leer en sintonía con la propia evocación que hace OM de la figura solitaria del pensador decimonónico ruso Piotr Chaadáiev, con quien siente una fervorosa sintonía. También se orientan en sentido similar las reflexiones de Vladímir Mikushévich sobre la poesía tardía de OM, que el autor lee influida por poetas y pensadores de Occidente como Bergson, Kant, Schiller, Lamarck, y las de Eugenio López Arriazu, que analiza la gravitación de Dante en él y en poetas de otras latitudes como Eliot y Borges.
Documentos preciosos constituyen las evocaciones de OM por parte de quienes fueron personas para él cercanas y queridas, evocaciones que acentúan lo inescindible que fueron para él la poesía y la vida. En primer lugar, su esposa, Nadiežda Iákovlevna, de cuyo Segundo libro de memorias tradujimos los primeros capítulos; luego sus amigos poetas y músicos, Ehrenburg, Ajmátova, Lourié; y finalmente el testimonio de alguien que cumplió un rol fundamental en la preservación de buena parte de la obra de OM, la muchacha que salvaguardó «la carpeta de Mandelshtam»: Sonia Bogatyriova.
Tomás Bombachi, por su parte, vuelve sobre el Viaje a Armenia para contrastar la mirada de OM con la por doquier gravitante en toda la literatura rusa mirada de Alexandr Pushkin, en este caso sobre el Cáucaso.
Se incluyen también traducciones de poemas. Inéditos en castellano, hasta donde alcanzamos, es la serie de poemas para niños, recopilados y traducidos para este dossier por Eugenio López Arriazu.
Y Aitor Antuñano tienta sintonías entre una frustrada búsqueda del busto de OM en Moscú y su poética.
Invitamos a la lectura.
Notas
[1] «La poesía tenía sed de concretud», leerá Víktor Shklovski en su Vida de Maiakovski la emergencia de una poesía como la de Ajmátova, a modo de reacción contra las oscuridades simbolistas. (Barcelona, Anagrama, 1972)
[2] Puede leerse, a propósito, mi artículo sobre el poema «La mentira». En http://journals.uspu.ru/attachments/article/1192/25SL_2016%20Es.pdf
[3] Brodsky, J. (1988). “El hijo de la civilización”. En Menos que uno. Barcelona: Siruela.
[4] Boym, Svetlana (2015). El futuro de la nostalgia. Madrid, Antonio Machado Libros.
[5] Ironía: Voroniež mismo viene de la palabra vorona: corneja.
[6] Lugar cercano a la ciudad, donde en el siglo XIV tuvo lugar la famosa batalla que lleva ese nombre y donde los ejércitos moscovitas, al mando de Dmitri Donskói, asestaron su primera gran derrota a los tártaros.