Los cuatro

Viacheslav Kupriánov

Traducción: Larisa Sokolova

Cuando el tren se hubo puesto en marcha, el más elegante de ellos, sacó de su bolsa de viaje un frasco plano, lo levantó por encima de la cabeza y proclamó victoriosamente:

-¡Alcohol puro, puro como el agua del manantial! ¡Hay con qué enjuagarse el cerebro!

Los otros tres lo miraron con tristeza. Uno de ellos, como si fuera un sordomudo, conversaba animadamente consigo mismo, apretando y aflojando los dedos con rapidez; se quedó inmóvil por un instante, al oír lo del agua del manantial, luego contó rápidamente con los dedos y dijo en voz baja:

-Una botella entera. Una.

El elegante, que tenía gran experiencia con los medios decomunicación masiva,identificó de inmediato a esta persona como un catedrático de matemáticas de alto nivel, porque precisamenteen estos círculos cerrados académicos estaba muy extendida la costumbre de hacer gimnasia mental con los dedos. Había virtuosos que incluso usaban los pies sin quitarse los zapatos para resolver problemas complejos de matemáticas.

Junto al catedrático en matemáticas estaba sentado un señor normal y corriente en pijama, que se había subido al tren ya en pijama. El elegante había llegado a la conclusión de que se trataba deun camarero de un establecimiento especialmente lujoso, donde todo, sobre todo el café, se servía en pijama, para crear la ilusión de que se servía en la cama.

La cuarta criatura llevaba el cuello envuelto en una bufanda larga, que casi le cubría toda la cara. Sobre las rodillas se había echado una manta o es que llevaba puesta una falda de cuadros normal, pero el elegante no quería equivocarse y no pensaba que fuera un escocés, sino que decidió simplemente  que probablemente se tratara de una mujer.

El tren fue cogiendo velocidad, y el movimiento se volvió uniforme y, en algunos tramos, rectilíneo.Aprovechando un momento de estabilidad, el elegante sacó de su bolsa de viaje probetas cuadrangulares y las llenó de “lágrimas del manantial”. Llenó cuatro.

-Presentémonos. Encantado, – dijo el elegante, levantando su probeta.

 Todos hicieron lo propio.

-Yo, como ya habrán podido comprender, soy su acompañante en este viaje. Encantado de estar aquí con ustedes.

Todos chocaron sus probetas para brindar.

-Me alegraría escucharlos, – dijo el elegante, mirándolos a todos fijamente.

 Luego levantó la probeta, mojó un dedo en ella y se frotó los oídos concuidado, hasta que la probeta se quedó vacía.

Los demás sacaron unostraposy empezaron a limpiarse con alcohol sus lugares favoritos. El catedrático se limpiaba la frente, o mejor dicho, fingía limpiársela, porque en realidadse estaba limpiando diligentemente los dedos. La criatura, que parecía una mujer, se desató la bufanda ysefrotó ligeramente con alcohol la garganta por fuera, luego se la enjuagó a fondo por dentro y se lo tragó. El camarero se limpió los bolsillos de su pijama.

-Así que, yo, como acompañante suyo, estaré encantado de escucharles, – resumió el elegante, preparando sus recién limpiados oídos para escucharles.

-Сada uno de ustedes, en su justa medida, me parece una persona viciosa,– el elegante les guiñóel ojo a todos, pero especialmente a la mujer. – Como ustedes se pueden imaginar, siento curiosidad por saber qué les ha sucedido últimamente. Esto es importante para que yo puedadeterminar su siguiente deseo y cumplirlo. Empecemos con usted, – dijo, dirigiéndose al catedrático.

-Soy catedrático, -empezó a decir aquel.
-Lo sé. -Sonrió el elegante-. Encantado de conocerle -dijo, tendiéndole la mano, y la sostuvo junto a la suya durante un buen rato, estrechándola de vez en cuando, después la apretó, luego la soltó y empezó a frotarse suavemente las orejas.

-Soy catedrático, -continuó este-. En su momento, creé mi propia escuela de matemáticas extraordinarias. Calculamos cuánto sería dos por dos con una precisión hasta el segundo decimal. Habríamos ido más lejos, pero la tecnología no lo permitía. Realizamos un colosal trabajo de refinamiento, relacionado con intereses aplicados, a saber, calculamos con una precisión de hasta la unidad cuántos catedráticos verdaderos hay entre los catedráticos, en general. Nos acercamos mucho al problema de calcular la cantidad de ciencia existente por cabeza de científico, y, por lo tanto, al problema del número exacto de científicos entre los científicos. El cálculo de la cantidad total de ciencia nos permitió descubrir el número casi exacto de aquellos que ocultan su título académico, no registrados como científicos. Entonces las autoridades decidieron aislarme de la sociedad, y me rebelé contra las acciones aplicadas, relacionadas con la realidad objetiva. Para no defender la postura de un partidario de la fricción por deslizamiento, que intenta escapar a pie de los partidarios de la fricción por rodamiento, decidí retirarme al mundo de los números puros.

Y encontré la más injusta de las leyes abstractas: la ley de los grandes números, y me rebelé contra ella. No me gustaba que a los números les pudiera suceder algo que no afectara los intereses de un número primo individual. Los millones, y especialmente billones y otros números con potencias elevadas, hacen lo que quieren, y las unidades que los componen ni siquiera saben por qué no va biensu vida. También me opongo a que las incógnitas se expongan como fantasmas. Protesté contra todo tipo de planteamientos complejos, porque todo número complejo incluye cantidades imaginarias.

Es evidente que esto no me lo perdonaron. Los grandes números me hicieron entender que yo no era nadie. Lasincógnitas, por medio de anónimos, afirmaban que sabían todo sobre mí, todo lo que no me había sucedido, y me amenazaban, diciendo que lo peor estaba aún por llegar. Los valores imaginarios simplemente difundieron rumores de que yo era un plebeyo sin talento, que en mi vida no había comido nada más que menú del día, por lo que mi cerebro se había deteriorado.

Se quedó en silencio y sus manos volvieron a agitarse.

-Ya lo sabía -lo consoló el elegante, dándole una palmadita en el hombro-.Sin duda tendrá aún la oportunidad de crear su propia escuela. ¿Y usted qué tal? -le preguntó al camarero.

-Discúlpeme por estar en pijama,» respondió aquel, – pero soy camarero. No se imagina lo difícil que es esta profesión. Especialmente en la actualidad. Es perjudicial para la salud.Los clientes me piden cigarrillos y tengo que fumar con ellos, aunque en realidad no fumo. Menos mal que, para lucirse ellos, me arrancan la colilla de la boca delante de las damas, porque así cuidan su propia salud. Si les apetece conversar, yo he de pedir la comida y traerla, aunque después me la tenga que comer yo. Te la comes, te atragantas y vomitas, si no es por la comida, es por la conversación. Y si son extranjeros a los que les apetece conversar, pues tienes que traducir. Y cuando se emborrachan, tienes que ponerte a entretener a sus esposas y puedes llevarte un puñetazo en la cara. No todos lo aguantan. Inclusosi están hechos de hierro. Y te entran enormes ganas de llorar por eso.» El camarero sollozó. «Pero cuando piensas que de las lágrimas te oxidas, pues te lo guardas todo por dentro.Te lo guardas, y te lo guardas, y te sobrecalientas”. Volvió a sollozar y empezó a secarse las lágrimas con las mangas delpijama.

-Te sobrecalientas -repitió el elegante-, y, supongo que les engañas en las cuentas de la comida.

-No, en absoluto, señor -respondió el camarero-, todo lo contrario, señor. Engañaba, pero haciendo justicia. A quien se lo merecía. Luego decidí usar el resto y lo que ganaba para aquellos que me caían bien, señor. Y en eso fue en lo me pillaron. Me acercaba a cobrar a los que me caían bien, señor, y les decía: ‘Usted, no debe nada, señor’. ‘¿Cómo es eso?’, se indignaban. Resulta que unos querían pagar por otros, y cuanto más tenían que pagar, más agradable le resultaba tanto al que pagaba como para el que recibía el pago. Y a los otros, de todos modos,les daba igual porque era dineropúblico y había que justificar los gastos, es decir, cuánto era exactamente lo que habían consumido. Otros sospechaban que era una trampa eiban a ver al gerente. Y, cuando volvían de verlo, pedían una jarra de agua, yo se las traía, y me la tiraban entera encima, diciendo: “¡Para que te oxides!”.

-¿Y te oxidaste?,- preguntó el elegante.

-No es que me oxidara del todo, señor, – respondió el camarero,- pero me empezaron a chirriar las rodillas. Los clientes empezaron a quejarse, diciendo: “Apaguen la “música”. Eso fue lo que pasó, señor.

-Lo resolveremos. Lo curaremos. ¿Y usted qué tal? -se dirigió el elegante a la supuesta dama.

-Y yo soy un cantante-, respondió la dama con una voz femenina y delicada.

-¿Es usted un cantante? -volvió a preguntar el elegante.

-No, soy una cantante.

La dama se ajustó la falda sobre las rodillas.

-Usted sabe que incluso a las poetisas actualmente ya no se les llama poetisas, sino solo poetas, especialmente si son cantautoras. En mi caso, todo es extraño y atroz. Realmente fui un buen cantante, empecé en un conjuntode canciones folclóricas, allí todos cantaban como bajos barítonos. Luego, de repente, me empezó a salir una voz totalmente de solista, los especialistas decían que era bel canto de nacimiento y punto. Y rápidamente me hice un nombre famoso, canté tanto en el club de los Tres Bogatyrs[1] Jorobados, como en el de Cocatrixde París, y en Broadway, directamente en la calle. Y ya de «La Scala», ni hablo, no fui yo quien fue a «La Scala», sino «La Scala» quien fue detrás mía, donde yo estaba, allí estaba «La Scala». Mi fama era tan grande que yo hacía lo que quería. Si quería, cantaba arias de Godunov[2] en «Pagliacci»,o si quería, interpretaba a Don Basilio en «Almas Muertas»[3]. El público se quedabaextasiado. Un día estaban representando «La Dama de Picas»[4] ante los trabajadores de pozos petrolíferos en el desierto. Y, pensé, voy a renovar dicha opera: entraré en la habitación de la vieja Condesa, maquillada como Otelo, y empezaré a cantar los cuplés de Mefistófeles. Así lo hice, entré, y la vieja se desmayó, abrí la boca y no me reconocía a mí misma: empecé a cantar con voz de mujer:todo se parecíaala famosa canción “El tango de la abuela”, interpretada por una estrella femenina.

Cai en una enorme depresión. Acudí a todo tipode especialistas, a los «maestros» de la especialidad, pero tan solo se encogían de hombros. Continué mi camino, reviví el estilo retro, el estilo de Shipacheva[5] y de otros del siglo pasado, me recibían por la puerta grande, especialmente cuando interpretaba la canción «El chico de la gorra y el diente de oro». Pero la melancolía acabó conmigo, empecé a beber, me hundí, y empecé a ponerme falda…

-Con usted está todo claro. Y yo me llamo Faddei Mijáilovich. Les ruego que me acepten. Soy Faddei Mijáilovich Jarónov, de profesión alemán y, como ya dije, por mi trabajo, soy persona de acompañamiento. ¿Pregúntenme a dónde vamos?

Los tres lo miraban con desconcierto y con melancolía.

-Lo diré sin rodeos, vamos a un vertedero.

Todos se quedaron petrificados.

-Vamos hacia un vertedero -repitió-, pero no hay que desanimarse. Considero mi deber asegurarles que todo comienza con el vertedero. Libertad total, tanto de opinión como de acción. Plena realización de las capacidades de cada uno. Dije que era importante para mí entender su último deseo. Usted, catedrático, puede luchar por todo lo que quiera contra los números grandes, nadie en el vertedero sabe de matemáticas. A usted, me parece que le humillaron algunas magnitudes abstractas; aquí, en cambio, puede ganar puntos, porque el vertedero siempre es algo concreto, nadie le va a molestar. Hasta donde yo sé, en el vertedero ya tiene sus propios catedráticos, por ahora no en el campo de las ciencias, sino en el de la vida personal. En la ciencia, usted puede ser el primero.

Usted, el camarero, se sentirá como en casa cuando vea el montón de colegas oxidados. Puede chirriar todo lo que quiera, nadie le va a llamar la atención. Y no le obligarán ni a comer ni a fumar. Comer se convertirá en un placer, en un placer raro, ya que la comida en el vertedero requiere mucho procesamiento, si es que la consigue. Puede abrir el primer restaurante en un vertedero, donde usted mismo será el primer cliente al que servirá gratis todo lo que encuentre. Y sin engaños en las cuentas.

Usted, la de la falda, no se aflija, se la quitarán en el vertedero.»Puede cantar con la voz que quiera, allí tienen mal oído, pero reciben bien. Para la mayoría será suficiente con que les dicte las palabras.¡Tendrá plena libertad! Usted va a alabar la libertad plena, y a ellale importa poco con qué voz cante.

Así que, señores, los felicito. Ahora lo principal para nosotros es tener suerte en el control de aduanas.

-Pero nosotros no llevamos nada en especial -se sorprendieron los tres.

-Tener suerte en el control de aduanas -empezó a explicar el elegante-, significa llegar hasta el control de aduanas. El peligro reside en que, en lugar de aduaneros, pueden aparecer gánsteres locales, y entonces tanto a mí como a ustedes nos irá mal.

-¿Qué gánsteres?

-Gánsteres del pasado, que viven como entre el vertedero y la sociedad. Aprovechan la libertad que les da el vertedero, pero prefieren robar, especialmente la comida, a aquellos que pertenecían a la buena sociedad.

El elegante quería explicar algo más sobre los gánsteres, pero la puerta del compartimento se abrió, yhorrorizado, levantó las manos y gritó:

-¡Gánsteres!

Entraron tres con martillos neumáticos y llaves inglesas.

-¡Manos arriba! -gritó el jefe, de enorme estatura y con una torre en lugar de cabeza, sobre la que se iluminaba tan brillantemente un letrero con la inscripción «manos arriba», parecía que él mismo había gritado esas palabras.

-¡Se ruega a los iniciados que voluntariamente saquen y entreguen los elementos de alimentación! -se encendió un deslumbrante letrero.

El elegante pulsó una palanca y sacó el bloque de microelementos. El jefe se lo arrebató y lo metió en un saco.

-¡Y ustedes! -se dirigió a los demás. Claramente, novatos, se dirigió no se sabe si a ellos o a sus secuaces, peroquedó claro que a sus secuaces: ¡Sáquenlos!

Los dos hombres con llaves inglesas atacaron por orden al Catedrático, al Camarero y a la Dama. Ni bajo la capa del catedrático, ni bajo el pijama del Camarero, ni bajo la falda encontraron nada.

-¡Miserable! -gritó el jefe-, dirigiéndose al elegante. ¡Cuántas veces le han arrancado las orejas! ¡Destornilladle las orejas a esa máquina! -ordenó a sus secuaces.

Estos se lanzaron a desatornillarle las orejas a Faddey Mijáilovich. El elegante, ya desconectado, no se resistió.

 -¡Miserable! -se indignaba el jefe, guardando las orejas en una bolsa-. De nuevo esa máquina nos ha traído personas con alma viva, ¿cuántas veces lo han hecho ya?»

Salieron y cerraron la puerta de golpe tras de sí.

Notas

[1]bogatyr (en ruso: богатырь) es el protagonista principal de las leyendas y canciones históricas eslavas, similar al caballero errante de Europa Occidental. Los bogatyrs aparecen principalmente en las byliny poemas épicos de la Rus’. Se caracterizan por su valentía y entusiasmo patriótico y religioso.

[2] Godunov es el protagonista principal de “Boris Godunov”,  la principal obra de teatro del poeta y prosaico ruso A. Pushkin.

[3]«Almas muertas”, conocida obra de Nikolai Gogol.

[4]«La Dama de Picas», conocida obra en prosa de A. Pushkin

[5]Shipacheva, conocida cantante rusa.