Julia Sarachu
Uno de los aspectos más interesantes de la literatura eslovena es la posibilidad que ofrece de observar el proceso de las dos guerras mundiales, desde su intuición en la obra de Simon Gregorčič, hasta la autorreflexión crítica de la lucha partisana en la obra de Kocbek. A partir del análisis de la obra de algunos autores centrales del período, se pueden establecer una serie de momentos, encadenados de manera dialéctica, que permiten leer las diferentes obras como la evolución de una única voz que narra, desgarrada, algunos de los acontecimientos que con mayor fuerza determinaron nuestra situación social presente.
- Simon Gregorčič (1844-1906): La intuición de una subjetividad desgarrada.
Simon Gregorčič era de origen campesino, recibió estudios superiores cuando ingresó al seminario y se ordenó como sacerdote en 1867. Le asignaron la función de vicario en la iglesia de Kobarid, su pueblo de origen, cerca de la frontera con Italia. Allí comenzó a desempeñarse como bibliotecario, organizó una sala de lectura, promoviendo la alfabetización y la cultura eslovena, y se dedicó al desarrollo cultural del pueblo, ganando gran popularidad entre la gente. Perteneció a la generación que tomó a France Prešeren como modelo del intelectual que lucha por la emancipación del pueblo esloveno mediante su desarrollo cultural. Su estancia en Kobarid terminó abruptamente en 1873, cuando fue trasladado a Rihemberk por su cercana relación afectiva con la profesora y poeta Dragojila Milek, lo cual fue mal visto por las autoridades eclesiásticas de la época. En 1882 publicó su primer y más exitoso libro de poemas que vendió 1800 ejemplares, un hecho inédito para un autor en lengua eslovena hasta ese momento. La popularidad de su obra se debió al hecho de que en su poesía trabaja motivos folklóricos cercanos a la vida cotidiana de los campesinos, a los que les da un enfoque profundo y dramático, ampliando el horizonte ideológico del lector común. Su obra refleja el conflicto personal de un joven que tenía una vocación más social e intelectual que religiosa, pero, por su origen humilde, tuvo que utilizar la estructura de la iglesia católica para acceder a los estudios superiores y poder desarrollar su función como educador y poeta. Sin embargo, el autor no habla de su vida personal en su obra, sino proyecta el desgarramiento y la duda en la figura de múltiples personajes de la cultura popular campesina que hablan en primera persona a través del sujeto lírico de los poemas, que expresa los conflictos y problemas del hombre común, quien se aferra a los objetos, las costumbres y las tareas cotidianas, buscando seguridad existencial en un contexto de creciente inestabilidad política y emocional. Por ejemplo en el poema “En nochebuena”:
Al pie de la montaña va la joven,
cuando visita el mundo la Nochebuena,
le gustaría ver en el arroyo,
el futuro que le deparan las fuerzas divinas.
En las olas tiembla la luz de la luna,
tiembla el corazón de la joven,
desea y desea
fija sus ojitos en el fondo del agua.
Y mirá, desde las profundidades de las olas la saluda
una cara bella, conocida y querida,
que le dice con dulce sonrisa,
¡es tiempo de que nos unamos!
A mí también algo me atrae hacia el arroyo,
cuando el mundo celebra la Nochebuena,
ahí quizás la oscuridad se desvanezca,
la oscuridad en que está envuelta la decisión del cielo.
Me voy a inclinar sobre el agua,
voy a escuchar, lo que la ola me susurra;
no el mío, sino el destino del pueblo
a buscar en las olas proféticas.
¿Cuándo mi patria será feliz?
¿Todavía no hay salvación para ella?
¿Qué me revelarán, olas?
¡El corazón espera y – teme!
(Gregorčič, 2008, p. 37)
La inestabilidad social, por la condición de sometimiento político y cultural del pueblo esloveno al Imperio austríaco, se sumaba a la crisis social del contexto europeo, donde el desarrollo de los países industrializados (como Alemania, Francia e Inglaterra) ejercía presión por la transformación social del Imperio austríaco, mientras, por otro lado, emergían los movimientos socialistas como consecuencia de las desigualdades y los cambios en la forma de vida de las personas que la expansión del capitalismo había generado. Esto se expresa mediante la crisis emocional del sujeto lírico orientado hacia un futuro incierto. Así es como Gregorčič llega a plantear en su obra una situación de conflicto bélico que se terminará realizando en el futuro durante la Primera Guerra Mundial. Kobarid, el pueblo de donde el poeta era originario y donde trabajó hasta 1873, se encuentra a la vera del río Soča. En el poema A Soča, que fue incluido como la pieza central de su libro Poezije I, publicado en 1882, el poeta presenta un enfrentamiento con un enemigo político que ocurre junto a las márgenes del río Soča, el sujeto lírico le habla al río, lo evoca como espacio vital de la vida cotidiana del pueblo esloveno, lo personifica y le pide que sus olas arrastren al enemigo y lo ahoguen en las profundidades de sus olas. Los lectores eslovenos, la gente común, tomaron este poema como predicción de las batallas del Isonzo, que fueron una serie de enfrentamientos de lo más cruentos ocurridos durante la Primera Guerra Mundial entre el ejército italiano y el ejército austríaco, integrado por eslovenos. Isonzo es el nombre italiano del río Soča en esloveno. Las batallas del Isonzo fueron especialmente sangrientas, se han estudiado por la estrategia de guerra implementada por el ejército austríaco, que logró frenar el avance del ejército italiano, aunque Austria finalmente perdió la guerra. Las trincheras se ubicaban en ambas márgenes del río Soča y los cuerpos de los soldados muertos caían al río. Por eso los sobrevivientes difundieron en la cultura popular la frase de que las aguas del río corrieron rojas.
A Soča
Sos hermosa, hija clara de las montañas,
por la belleza natural de la que surgís,
cuando tus profundidades transparentes
la ira de la tempestad oscura no perturba,
¡sos hermosa, hija de las montañas!
Tu curso es vivaz y turbulento,
como el andar de la joven montañesa;
y sos clara como el aire del cerro
y sonora, como el canto vigoroso
de la juventud alpina,
¡sos hermosa, hija de las montañas!
Me gusta contemplar tu oleaje vivo
oleaje verde azulado:
desde la cima irrumpe
sobre los pastos verde oscuro del prado
y con gracia en ellos se vierte;
tomás la belleza
del rocío del cielo azul celeste
del rocío de los cerros verdes,
¡sos hermosa, hija de las montañas!
¡Sos para mí la más querida!
Cuando desde los cerros susurrás bondades,
parecés enviada de mi hogar,
llevás a muchos mi saludo cálido.
¡Dios te resguarde aquí en medio del valle!…
¡Qué sonoro, placentero susurrás
qué ágil, veloz saltás,
cuando entre los cerros todavía te mantenés en tu senda!
Hasta que irrumpís sobre la llanura,
¿por qué se extingue tu vigor?
¿Con qué cansancio y lentitud te arrastrás,
por qué son melancólicas tus voces?
¿Te cuesta alejarte de la montaña,
cuna de tu oleaje?
¿Sabés que corrés bordeando los sepulcros,
sepulcros del hogar esloveno?
¡Por cierto acá sufrís el dolor de las víctimas caídas!
Con este dolor melancólico y lento
parecés una lágrima inmensa,
¡y aún como lágrima – bella!
¡Sos hermosa, hija clara de las montañas,
por la belleza natural de la que surgís,
cuando tus profundidades transparentes
la ira de la tempestad salvaje no perturba!
Y, oh huérfana, te amenaza
una tormenta terrible, una tormenta espantosa;
viene bramando desde el sur caluroso
salvajemente sobre el llano fértil,
que con tu cauce alimentás,
¡guarda!, ¡ese día no está lejos!
Encima tuyo el cielo claro
a tu alrededor, granizo de plomo
lluvia de sangre y arroyo de lágrimas,
relámpagos y truenos, ¡oh batalla ardiente!
¡Allí se abrirá paso el acero amargo,
y correrrás ensangrentada:
nuestra sangre te alimentará,
la del enemigo te enturbiará!
Recordá en ese momento, Soča clara,
lo que te dicta el corazón apasionado:
tus aguas se acumularán
en las nubes del cielo,
el agua que te ofrecerán las montañas,
la que habrá en las llanuras florecidas,
entonces todo será claro,
¡crecé y desbordá en una corriente espantosa!
¡No quedes comprimida entre los límites de las montañas,
atravesá furiosa la defensa,
y ahogá al conquistador hambriento de tierras
en el fondo espumoso de las olas!
(Gregorčič, 2008, pp. 31-32)
- Alojz Gradnik (1882-1967): Desintegración del territorio y exilio después de la Primera Guerra Mundial.
Alojz Gradnik era juez en la zona limítrofe con el norte de Italia bajo el Imperio austríaco. Por lo tanto era funcionario del Imperio austríaco. Cuando estalla la Primera Guerra Mundial e Italia invade el territorio, Gradnik debe abandonar su cargo, como muchos funcionarios y maestros, y se traslada a Ljubljana, que había quedado fuera del área de influencia de Italia. Finalmente Austria resulta derrotada y el Imperio se desintegra. El territorio de la actual Eslovenia queda dividido: una parte pasa a formar parte de Italia, una parte queda bajo Austria y la tercera se integra al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, fundado en 1918. Ljubljana, donde vivía Gradnik, queda incorporada al nuevo Estado yugoeslavo. En Ljubljana, Gradnik mantuvo su trabajo en el ámbito jurídico, pero además se desempeñó como traductor políglota y poeta, estableciendo un intercambio muy fluido con revistas culturales e intelectuales de toda Europa. En 1916, Gradnik publicó su primer libro de poemas, Estrellas que caen, el título probablemente hace alusión a la situación de la guerra, a los bombardeos en el frente de batalla entre Austria e Italia, en la zona de donde era oriundo y se vio forzado a abandonar. La angustia por la separación forzada de su lugar de origen se manifiesta en el libro en tres momentos: una primera parte donde expresa el dolor por la separación de la mujer amada, se trata de poemas intimistas de temática amorosa. Por ejemplo, el bello poema número V de la serie “Cartas”:
V
Quizás nunca más voy a poder
verte. Sin embargo, que somos una
sola alma, lo sé, y que ninguna
fuerza ya nunca a nosotros nos va a separar.
Nos fundimos en uno en los dolores
que nadie ve. Dos aljibes
separados sobre la superficie de la tierra somos. En las profundidades
simplemente uno en otro se vierten.
(Gradnik, 2009, pág. 29)
O el poema “Sol de otoño”, donde la angustia de la separación se expresa mediante la imagen de la muerte de la mujer en brazos del hombre:
Sol, sol, ¿por qué arden tan potentes
tus cintas doradas en los días silenciosos?
Los campos cansados, los bosques están cansados,
ya no sienten las manos amantes.
Pero el que ahora los ama y los abraza,
les saca la última fuerza y la última sangre,
para que una muerte prematura los alcance.
Sol, sol dorado en lo alto del cielo
sigue brillando, brilla, no le importa nada,
como fuego de un poderoso incendio
cada vez más fuerte en el campo flamea.
Como un hombre, que loco, sin consideración
a la mujer, que agoniza pálida en sus manos,
aún con más fuerza se le prende a la boca.
(Gradnik, 2009, pág. 17)
Luego, en el libro, hay un segundo momento más costumbrista e impresionista, donde presenta descripciones de paisajes y motivos folklóricos del lugar de origen, el karso esloveno, en la zona oeste de la actual Eslovenia, limítrofe con Italia, relacionados afectivamente con el sujeto lírico que los ve con el ojo del alma y los describe desde el exilio. Sin embargo, los poemas no están exentos de contenido político. El autor introduce la cuestión social de los colonos, trabajadores golondrina sin tierra, la pobreza y la explotación de los campesinos.
La tierra desolada
La tierra desolada… Como olas grises
del mar. Un grupo de ovejas pasta tranquilamente,
voces tristes de algún lugar el viento
trae de la flauta del pastor.
Miro, escucho… Canción como de la tumba:
de esfuerzo, de hambre, suspiros sordos de ira,
como ruegos y gritos agonizantes
que buscan el límite de la muerte.
(Gradnik, 2009, pág. 37)
Pueblo de Istria
Un cúmulo grisoscuro de casas en la ladera desolada.
Es como una bandada de pájaros negros, que en la larga huida
están fatigados, hambrientos, descansando.
Porque una vez que les dio todo, lo que les podía dar
esta miserable tierra seca, como se saca la comida de la boca
una buena madre para su hijo,
ya no pudieron dejarla sola.
(Gradnik, 2009, pág. 37)
Camino cansado
Cansados y silenciosos van los burros por el camino
arenoso y desnudo, que ni él mismo sabe, adónde lleva.
Apáticos y silenciosos van con ellos los campesinos, sus deseos
están agotados, sus corazones resignados, sus abuelos
cargaban así mudos todos los problemas y hacia la miseria
con las rodillas plegadas caminaron en silencio.
(Gradnik, 2009, pág. 38-39)
Vendimia
En los barriles, llenos hasta el tope, los colonos
al compás machacan las cáscaras sangrientas de uva exprimida.
Estos días para ellos no son días de fiesta;
ofuscados, pensativos inclinan la cabeza,
como si un gusano de tristeza horadara en ella…
Así están como estas cáscaras deshechas…
Como si alguien los exprimiera a ellos y a sus hijos,
como si alguien les chupara la sangre del cuerpo…
(Gradnik, 2009, pág. 45)
El momento culminante de la segunda parte del libro llega con el poema “Riva degli schiavoni”, que ya anuncia la tercera parte del libro, que es la más política. En este poema, el autor introduce el tema del conflicto con Italia a partir del nombre de una calle de Venecia, la Riva degli schiavoni, traducido al español, la calle de los esclavos. Este término lo utilizaban los venecianos para referirse a los eslovenos, cuando la región formaba parte del Imperio Veneciano. El autor cuestiona esta denominación despectiva, y enumera tres elementos históricos significativos, por los cuales los venecianos deberían estimar a los eslovenos: porque fueron utilizados como fuerza de choque para protegerlos del avance otomano, también porque la familia Gradenigo, que dio tres duques importantes al Imperio, era originaria de Grado, un pueblo en la frontera con la actual Eslovenia, pero, principalmente, porque los cimientos de Venecia se construyeron con un extenso bosque de robles ubicado en la zona del Carso esloveno, que fue íntegramente talado para ese fin. Así el Carso, de ser una región cubierta de bosques tupidos, se transformó en un desierto que el autor denomina con la palabra eslovena goličava, que se traduce como la tierra yerma, desertificada, yo elegí en mis traducciones el nombre de la tierra desolada. El autor utiliza la imagen de la tierra desertificada del Carso como símbolo del territorio arrasado por la dominación y explotación extranjera.
Vos estimaste a los armenios
y a los albaneses oscuros de piernas largas,
y a los negros que vienen del otro lado del mar, zares de
Constantinopla
y a los desleales mestizos griegos.
Pero que fuimos para vos nosotros los eslovenos?
“Degli schiavoni” ¿Acaso es ese un nombre de
desprecio? ¿Fuimos bárbaros
para vos, sólo esclavos* baratos?
Andá, abrí el libro de tu historia:
¿quién te dio los pilares* para tus lagunas,
que durante siglos lava el mar azul?
¿Quién te defendió de la luna musulmana,
quién condujo tus galeras hacia la victoria,
y también – de dónde es tu duque Gradenigo?
(Gradnik, 2009, pág. 35-36)
Gradnik traducía poesía inglesa al esloveno y poesía eslovena al inglés, y tenía un intercambio fluido con revistas literarias e intelectuales ingleses. Dado que Gradnik publicó Estrellas que caen en 1916, sospecho que la metáfora de la tierra yerma como tierra arrasada por la ocupación pudo haber inspirado la imagen central del libro La tierra yerma de Elliot, publicado en 1923. He comentado este tema con especialistas eslovenos en la obra de Gradnik, me han informado que la correspondencia del autor, que es muy extensa, estaba en posesión de la familia y recién ahora está siendo analizada. Por lo tanto, todavía se pueden encontrar pruebas de mi hipótesis.
Luego, en la última parte del libro, el autor introduce la temática de la guerra, la problemática de los refugiados y el exilio. Allí incluye la serie “Poemas del viejo exiliado”, donde el sujeto lírico observa en perspectiva su lugar natal y lo descubre como patria, es decir, la situación del exilio lo lleva a ver el territorio como entidad política:
I
¿Por qué antes no quería conocerte?
Ahora, que te estoy dejando y tengo miedo,
de perderte quizás para siempre,
recién me estoy dando cuenta de lo que fuiste para mí.
Ahora que abandonados y solitarios
huyen frente a mí tus pueblos blancos,
y ahora, cuando ya estás toda oculta a los ojos –
¡recién ahora, te quiero bien, madre, madre!
II
Te abandono último, ay de la larga fila,
los que pasaron antes que yo fueron muchos
de tus hijos. Mirá, vi a la multitud,
que tuvo piernas rápidas para irse por el camino,
porque son como tallos, que en tu suelo
todavía no prendieron. Sólo es tuyo aquel,
oh patria, que arrancan como un roble: aunque las hojas
son presa del viento – en la tierra se quedan las raices más finas.
III
¡Ay raíces dormidas en nuestra tierra!
Las lágrimas que ahora en nuestras casas se derraman,
y la sangre que beben las riberas de Soča,
las oraciones, el llanto y las maldiciones que resisten,
éstas, las canciones de nuestra siembra triste
todo, todo que corra por sus venas delgadas,
y cuando para aquellos, que nuestras mujeres
aún no parieron, sean olvidadas
estas canciones, que nosotros escuchamos,
nuestros bosques las volverán a gritar.
IV
Yo soy sólo una hierba en tus campos
y sólo soy una piedra de tus montañas
y sólo una gota de tus aguas.
Sin embargo ahora llevo a todas partes en mi corazón
todos tus campos, todas las aguas y las montañas,
y lo que el ojo ya no puede abarcar más,
en el alma ahora se sumerge más y más.
V
¡Ay patria! Mirá, de tu tierra,
bebí todos los jugos de tus tiempos pasados.
Tu fuerza es mía y los dolores
son tuyos ahora todos mis dolores.
Ahora sé, que sólo soy sangre de tu sangre,
que sólo soy un hilo corto de la cuerda larga,
que se teje desde lo pasado hacia lo futuro.
La muerte, mi muerte – que venga cuando quiera,
porque, donde se termina un hilo de la cuerda,
sólo con un nuevo hilo se anuda.
(Gradnik, 2009, pág. 57-59)
- Srečko Kosovel (1904-1926): Las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, desde la perspectiva de un niño.
Kosovel nació en Sežana, una pequeña ciudad cerca de la frontera, que pasó a formar parte de Italia después de la Primera Guerra Mundial, cuando se desintegró el Imperio austrohúngaro. Su padre era maestro, cuando el fascismo tomó el poder en Italia, perdió el cargo. Esa fue la época más dura de sometimiento político y cultural bajo Italia, ya que Mussolini ordenó cerrar la frontera con Austria para que los productores de vino eslovenos no pudieran comerciar sus productos y Austria se viera forzada a comprar el vino a los productores italianos. Esto sumió a los campesinos eslovenos en una situación terrible de miseria sin salida: con demasiado vino en casa, sin poder venderlo y sin recursos para comprar comida, los jóvenes campesinos permanecían borrachos y anhelaban el estallido de la guerra, que ya se entrevía. Por otro lado, el idioma esloveno fue prohibido en las escuelas y las oficinas públicas, los maestros eslovenos fueron despedidos y suplantados por maestros italianos de un día para el otro. Los niños en las escuelas no entendían una sola palabra y se indisciplinaban, por lo cual eran reprendidos por las autoridades italianas severamente con golpes. Los adultos y ancianos, que no entendían el italiano, no podían hacer los trámites ante el municipio.
Kosovel tenía 10 años cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. Cuando terminó la escuela se trasladó para cursar estudios superiores en Ljubljana. Estudió Historia del Arte, Eslavística y Romanística en la Universidad de Ljubljana. Formó parte del movimiento vanguardista esloveno, tomó elementos del futurismo y el constructivismo, sin embargo, creó una obra poética muy original cuyos conceptos exceden la experimentación formal ampliamente. Murió a los 22 años por una fuerte gripe que se complicó hacia una meningitis, luego de haber quedado expuesto al frío invernal después de una velada literaria, a la que había asistido con amigos poetas de la universidad en una ciudad cercana. Habían viajado en tren, y cuando la lectura terminó, el último tren ya había salido, por lo tanto no pudieron regresar y no tenían dinero para pagar un alojamiento. La exposición al frío lo enfermó, terminó hospitalizado y nunca se recuperó.
Kosovel plantea en su obra la idea de que la guerra, vista desde la perspectiva de un niño, ha provocado en toda una generación la pérdida de la inocencia demasiado prematuramente. Los jóvenes contemporáneos ya no creían en las instituciones del Estado, las instituciones burocráticas europeas por la paz, los informes periodísticos ni el nacionalismo, sino que se constituían como una generación trasnacional de decepcionados del sistema que anhelan una nueva forma de organización social basada en la igualdad, la justicia y los valores humanistas, a la luz de la esperanza que significó en ese momento la Revolución rusa para los pueblos eslavos, sedientos de autodeterminación y libertad, después de mil años de sometimiento al Imperio austríaco. En su ansia de liberación y transformación de las condiciones sociales, el sujeto lírico toma conciencia de que destrucción del mundo antiguo implica un proceso de destrucción a gran escala del orden existente, que empuja a la generación de jóvenes que tanto lo anhelan hacia la autodestrucción. Sin embargo, aún en la situación que su generación atraviesa, entre dos mundos, el sujeto lírico es capaz de percibir la armonía y la belleza mediante la intuición y la poesía. La poesía es justamente la alternativa al racionalismo y el mercantilismo que el sujeto lírico propone como una forma pura de vinculación con el mundo, le permite reconectar el vínculo con la naturaleza y las personas, y captar la unidad de lo real en la figura de un cosmos armónico y equilibrado donde todo se encuentra interrelacionado, cada cosa tiene su lugar fundamental y único, y a su vez, se conecta con lo otro. En una palabra, le permite recuperar el sentido de la existencia, a pesar de las experiencias dolorosas y el pesimismo acerca del futuro inmediato. Algunos poemas de Kosovel:
Destrucciones
Oh, mentira, mentira, ¡mentira europea!
¡Sólo puede matarte la destrucción!
Sólo la destrucción.
Y las catedrales y los parlamentos:
mentira, mentira, mentira europea.
Y mentira la Liga de Naciones,
mentira, mentira europea.
¡A derribar, a derribar!
Todos esos museos faraónicos,
todos esos tronos del arte.
Mentira, mentira, mentira.
Oh, Sofía, oh catedral.
Oh muertos que vais a salvar a
Europa. Oh, muertos
blancos que vigiláis Europa.
Oh, mentira, mentira, mentira.
¡A derribar, a derribar, a derribar!
Millones mueren,
pero Europa miente.
A derribar. A derribar. ¡A derribar!
(Kosovel, 2005, p. 113)
Abierto
Mi corazón está abierto a la eternidad:
del Caos al Cosmos.
Tras una ciudad oscura
resplandece una llama,
la masa se mueve
hacia la oscuridad silenciosa. Hacia la oscuridad silenciosa. –
Oh, ¡ahora vamos! Oh, ahora vamos
de la batalla a la Muerte, de la batalla a la Muerte, para que crezca la ira silenciosa
y para extinguirnos. –
Yo, tú, todos.
(Kosovel, 2005, p. 202)
Versos
Los versos han perdido su valor.
Los versos no convencen.
¿Has oído el crujir de las ruedas?
Que el poema sea el crujir del dolor.
¡Adónde con los clichés, querido hablante!
Guarde los clichés en los museos.
Sus palabras deben tener fricción
para atrapar el corazón humano.
Todo ha perdido su valor.
La mar blanca de la noche primaveral
se derrama por los campos, los jardines. El presentimiento del futuro nos roza al pasar.
(Kosovel, 2005, p. 25)
Viejos
Viejos, nos llamáis,
viejos, enfermos y pesimistas,
viejos al andar,
al sonreír, al hablar…
¿Quién ha sido
el que antes de tiempo nos ha hecho saber?
Mira, ¡qué triste es la mirada de este caballo!
Madre, madre, ¡oh madre!
Las imágenes tristes pasaban por delante de nosotros
cada día, cada día
morían soldados, morían caballos,
llorábamos; en vano.
Estos ojos ahora no tienen lágrimas,
palabras como cáscaras muertas…
nuestra juventud un fracaso,
nuestros recuerdos tumbas.
(Kosovel, 2005, p.176)
Depresión
Crisis sobre crisis.
Cristo flagelado junto a una piedra gris.
Alguien proclama una forma viva.
Forma viva: forma dolorosa.
Maldigo Europa
y la Liga de Naciones,
lanzas relucientes
y la guerra con gases.
Cristo, ¿vienes en una nube de oro?
Cristo, ven entre nosotros los apisonados
que Te apisonemos, matando
a nuestros verdugos.
Pero, cuéntanos, ¿cómo, cómo
matar a estas sanguijuelas?
Grande es el perdón de oro.
Tormentosos y terribles son mis sueños.
Cristo, perdona el horror de las acciones.
Alguien proclama una forma viva. Forma viva, forma dolorosa.
El hombre europeo.
Ladrad, corazones. – – – – – ¡Ladrad!
(Kosovel, 2005, p. 91)
La evacuación del espíritu
El espíritu en el espacio.
Un incendio tormentoso carcome la ciudad.
El espíritu arde en el espacio.
Difunde una luz mágica.
Ventanas verdes de un tren expreso
iluminando en el viaducto.
Yo mismo ardo y brillo;
se engaña al sentir sólo la electricidad
de mi luz, no ven el alba.
Pero todos tiemblan como yo,
como en la embriaguez de la muerte.
Y no saben que es el temblor
de las alas que quieren extenderse,
arder como fuego dorado en la noche.
E insultan a los policías del sol
que duermen de noche
como pequeñoburgueses.
Y toda la gente duerme de noche
y no siente las revelaciones mágicas
que brillan en mí hacia afuera.
La gente es la evacuación del espíritu.
Una anomalía de la psicología.
(Kosovel, 2017, p. 25, trad. Pablo Arraigada, A pasitos…)
Una farola en la calle
¿Para qué ser hombre si te es difícil
ser hombre? Conviértete en una farola
de la calle que en silencio extiende
su luz sobre el hombre.
Sea lo que fuere lo que es
siempre es él con rostro humano.
Sé bueno con él, con este hombre,
e imparcial como la farola
que alumbra en silencio el rostro del borracho
y el de los vagabundos y estudiantes
en una calle solitaria.
Sé una farola si no
puedes ser hombre;
porque es difícil ser hombre.
El hombre solo tiene dos manos,
pero debería ayudar a miles.
Sé por eso una farola de la calle
que alumbra a miles de rostros alegres,
que alumbra al solitario, al errante.
Sé una farola de solo una luz,
sé hombre en un cuadrado mágico
que transmite señales con su mano verde.
Sé una farola, una farola,
una farola.
(Kosovel, 2005, p. 171)
Cons. Al nuevo tiempo
El nuevo tiempo viene
en el bien colectivo,
la nueva era viene
al obrero y al poeta.
¡Muerte a los problemas
técnico−mecánicos!
Todos los problemas son problemas del ser humano.
¡Contra el sistema de Taylor!
Humanistas con barbas violetas.
El nuevo tiempo viene
En el que cada obrero va a ser hombre,
en el que cada hombre va a ser obrero.
El nuevo tiempo viene
con la rebelión de los esclavos.
(Kosovel, 2017, p. 69, Pablo)
- Karel Destovnik-Kajuh (1922-1944): La épica partisana.
Karel Destovnik tenía 16 años cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Vivía en la ciudad de Šoštanj, al norte de Eslovenia. Era poeta, organizaba reuniones literarias, simpatizaba con el socialismo y realizaba activismo político, por lo que fue apresado a comienzos de 1941 y pasó un tiempo en la cárcel. Tras ser liberado, en septiembre de 1941, se trasladó a Ljubljana, donde vivió en la clandestinidad hasta 1943, cuando se unió al ejército partisano. Su obra poética la escribió mientras estaba con los partisanos en la división 14. Kajuh fue su apodo de guerrilla. Cuentan los partisanos que lo acompañaban, que imprimió su primer libro en un lugar donde se detuvieron a descansar, Kajuh dictaba los poemas y una partisana los tipeaba en una máquina ciclostilo, dicen que las hojas se volaban y se mojaban en la nieve, así que las sostenían con piedras para que se seque la tinta. Luego armaron los libros, un compañero ilustró las tapas con el rostro soñador de una partisana y Kajuh repartió entre sus compañeros de lucha los primeros ejemplares. Días más tarde los emboscó el ejército nazi en el lugar donde se refugiaban y Kajuh murió al cruzar el umbral de la puerta de un disparo en la cabeza. Al finalizar la guerra, y con la constitución de la República Socialista de Yugoeslavia, Kajuh fue condecorado como héroe nacional, se erigieron estatuas, se canonizó su obra y comenzó a enseñarse en las escuelas. En sus poemas encontramos el fervor de la inmediatez entre lucha armada y escritura, la dinámica de la clandestinidad y los movimientos permanentes para no ser detectado, los amores fugaces al ritmo de los desplazamientos en el territorio, la justificación de la lucha por el sufrimiento del pueblo, pero al mismo tiempo, el horror de reconocerse homicida siendo un joven poeta. Los poemas están llenos de un entusiasmo puro por la ilusión de libertad, de hacer un mundo más justo e igualitario, por la esperanza del socialismo, todavía no contaminado por el poder, y al mismo tiempo, el sentimiento paradójico de que esa generación de jóvenes, demasiado jóvenes, estaban entregando la vida para alumbrar un mundo nuevo. Una mezcla de alegría, furia y entusiasmo por la lucha, combinada con tristeza por la certeza de una muerte inevitable. Algunos poemas de Kajuh:
La canción eslovena
Solo somos un millón,
un millón de moribundos entre los cadáveres,
un millón, cuya sangre toman los verdugos,
solo un millón,
a los que el sufrimiento castiga
¡y sin embargo nunca los aniquila!
¡Nunca y jamás!
Porque no somos tallos podridos,
que después del granizo se marchitan,
porque nosotros no somos solo un número,
¡somos personas!
Únicamente los esclavos gimen sumisos como perros
y ladran, que somos pocos,
que si nos rebeláramos todo sucumbiría…
Oh, si no hubiera personas entre nosotros,
la gente, que no obedece cualquier orden,
entonces ya nos hubiera arrastrado el alud.
Entonces todavía vivimos,
aunque solo somos un millón,
¡expiraríamos, no sufrimos
con la rebelde, frente en alto!
(Kajuh, 2017, p. 19)
En las montañas
Los que no fueron encarcelados,
los que no fueron sojuzgados,
a las montañas se retiraron.
En ellos no hay espanto, no hay temor,
no temen la condena a muerte.
El mundo antiguo van a destruir,
construyendo la tierra de la gente trabajadora,
y como llama sin límites
por el mundo flameará,
¡rojamente viva resplandecerá
la bandera de todas las naciones…!
(Kajuh, 2017, p. 55)
Por qué camarada
Por qué extendiste las manos, camarada,
quién desató en vos la tormenta,
¿por qué, para qué llegaste a nosotros?
Incendiaron nuestras aldeas,
asesinaron a los niños
y a las madres desterraron,
¿nos quedaríamos paralizados?
Nunca…
El grito de los muertos
se esparce entre nosotros
y el decaimiento silencia a gritos
la voz de los niños asesinados,
la violencia cambió
la piel del rostro.
¡Por eso yo vine a ustedes,
porque para ustedes la rebelión es la única orden!
(Kajuh, 2017, p. 95)
Premonición
No es cierto, no puedo creer
estas noticias infames,
que volverá a ser como hace veinte años.
No, no es cierto, no puedo creerlo…
Que con gritos bárbaros pasaremos por la tierra,
que los mataremos a todos, y destruiremos todo,
nosotros, que leemos a Byron, a Gorki, a Blok, a Pushkin,
y que mañana correremos salvajemente con espuma
sangrienta en la boca.
Disfrutaremos de la sangre de los cuerpos inocentes.
Oh, no… oh, no…
Cuánta vergüenza me da…
(Kajuh, 2017, p. 23)
De Amor: VIII
Sé, muchacha, en las noches es lo peor,
ponés la frente en la cruz de la reja,
es el momento en que más anhelás la libertad
y preocupada por mí fijás la vista en la oscuridad.
Yo estoy cada noche bajo un techo diferente,
aquí, donde duermo esta noche, durmió mi padre,
mi padre, que en las montañas por nosotros cayó.
Cada noche, queridísima,
tu novio duerme en una casa diferente…
En cada una de estas noches
hacia el cielo volvé la mirada,
ahí, como si ardiera la bóveda celeste,
una estrella roja como sangre
como símbolo de estos días resplandece,
allí se encontrarán
nuestros ojos.
(Kajuh, 2017, p. 89)
Antes del gran nacimiento
Demasiadas madres expiraron en el parto,
cuando daban vida al pueblo.
Demasiadas sollozaron con lágrimas:
“Aunque muera, por lo menos mi niño vivirá!
Así morimos ahora nosotros,
porque en nosotros la vida se origina,
y cada moribundo le grita a este ocaso:
¡Resistan, rebélense, oprimidos!
Difícil, difícil nos resulta morir,
porque el tiempo que aún no existe está en nosotros,
porque escuchamos al niño, que está por nacer.
Por eso nos es tan difícil,
pero sin embargo cada uno está
dispuesto a sacrificarse como una madre.
(Kajuh, 2017, p. 113)
No cedemos, camaradas
Dicen, que aún será peor,
que gritarán de montaña a montaña:
“Hombre, hombre, ¿todavía vivís?
¡Me gustaría darte la mano!”
¡Y no habrá nadie que responda!…
Dicen, que será así…
¡Nosotros no creemos en eso!
Yo aún quedaré,
vos aún vivirás,
porque no puede el pensamiento
transformarse en ceniza.
Justo por eso, camarada, quedarás,
¡y de las montañas enviarás un saludo!
¡Llamarás a la gente,
darás la mano a los muertos,
y a los vivos responderás!
¡Con ellos labrarás los campos
de los camaradas muertos!
(Kajuh, 2017, p. 117)
En las aldeas eslovenas
Cada noche con la mortaja
las casas – los esqueletos cubre el ocaso,
cada noche entre ruinas negras
el viento sopla desde las montañas libres
y entre las ruinas de este modo suspira:
Cada noche vengo entre las casas incendiadas,
donde en otros tiempos en las ventanas
florecían pelargonios rojos,
bajo la ventana el joven a la jovencita
en el pelo le prendió un clavel silvestre.
Pero ahora todo está triste y abandonado…
El joven, que a la jovencita con la flor adornaría,
quedó tendido en el monte en el invierno del año pasado…
¿Y la joven…?
En la prisión morían las jóvenes.
Pronto soplaré por la tierra eslovena,
cantaré, gritaré de alegría,
y un heroico partisano con el clavel
adornará el cabello de la joven.
Todo diferente, más hermoso será entonces el mundo.
(Kajuh, 2017, p. 123)
- Edvard Kocbek (1904-1981): Conciencia de culpa y crítica del régimen.
Kocbek ya era un intelectual reconocido antes de la Segunda Guerra Mundial, era un socialista cristiano. En 1937 publicó, en la revista Dom in svet, un artículo significativo, “Reflexiones acerca de España”, en el que analiza la Guerra Civil Española, donde argumenta que los principios del cristianismo resultan más compatibles con el socialismo que con el fascismo, a pesar de que el comunismo es una ideología atea. Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a los partisanos, pero a diferencia de Kajuh, sobrevivió a la guerra. Ocupó una posición importante dentro de la estructura de la guerrilla, ya que fue uno de los fundadores del Frente de Liberación de Eslovenia y representó a los cristianos socialistas en el Consejo Antifascista de Liberación Nacional de Yugoslavia (AVNOJ). Aparece en fotografías tomadas durante y después de la guerra junto a Tito, y obtuvo cargos importantes cuando se formó el gobierno de la República Socialista de Yugoeslavia, como Ministro de Eslovenia en el gobierno central de Belgrado y Vicepresidente del Presidium de la Asamblea Popular de Eslovenia. Sin embargo, todo cambió en 1951, cuando Kocbek publicó el libro de relatos Miedo y coraje, donde cuestionaba la ética de los partisanos. Fue purgado de la vida pública en 1952, convertido en disidente y vigilado por la policía secreta (UDBA). A partir de ese momento, dejó de aparecer en actos oficiales y su imagen fue marginada de la iconografía estatal junto a Tito. Kocbek fue apartado del poder, aunque nunca fue ejecutado (a diferencia de otros disidentes), en parte por su prestigio intelectual internacional y su antiguo vínculo directo con Tito durante la resistencia. En 1975, durante una entrevista que le realizó el escritor esloveno Boris Pahor, habló por primera vez públicamente de los asesinatos extrajudiciales de los colaboracionistas, que se realizaron al terminar la guerra y se arrojaron los cuerpos a las grutas del carso. Kocbek era cristiano, la cuestión de los crímenes de posguerra lo perturbaba, y el hecho de que después de la guerra se hubiera construido una nueva estructura de poder autoritaria, sin permitir elecciones libres ni democracia, lo llevaron a pensar que el sacrificio de los partisanos que lucharon por la libertad había sido mancillado por causa de la ambición de poder de los líderes que, una vez conformado el régimen, no quisieron ceder su posición ni permitir la alternancia. Así se transformó en una especie de contrafigura de Tito: nacieron el mismo año, murieron con pocos meses de diferencia, uno se mantuvo en la cima del poder, el otro escribió la crítica en forma de poesía, literatura.
En su obra plantea el problema de una conciencia dividida entre el pasado partisano y el presente crítico, cuestiona sus propias acciones homicidas y el hecho de haber contribuido a formar una estructura de poder opresiva, similar a aquella contra la cual habían combatido. Esto lo vemos, por ejemplo, en el poema “A las tres de la madrugada”:
A las tres de la madrugada
¿Qué escribo? ¿Un poema? ¿Una carta? ¿Un mensaje?
¿O un diagnóstico médico? ¿Una pregunta a la oscuridad?
Ni siquiera sé, dónde estoy. ¿En el museo
de marionetas? ¿En la ciudad perdida de noche?
¿En Studenec? ¿O en Bokavci? ¿En Babna
Gora? ¿En el salón de la diplomacia del Vaticano?
¿O en la historia sobre la pantalla cinematográfica? ¿En la sepultura?
No, entre los vivos estoy, lo sé, mi cuerpo detecta que estoy vivo,
solo el alma se me extravió en la lejanía de los recuerdos.
Qué mágico el puente hacia ustedes, que están bajo la tierra,
con los que quedé cruelmente unido.
Quién volverá de ahí transformado y
purificado, si ya no hay ningún lugar
sin mancha, un lugar sin control, sin
crueles extranjeros. Aún gobiernan los viejos mitos
con guardiacárceles y los esbirros, entre nosotros caminan desnudas
y transparentes sus víctimas, las cadenas suenan,
la organización es luciférica, la ventana que da a lo ejecutado
todavía no se cerró, tres personas representan Beckett.
Alguien aún más terrible se burla del juicio universal.
Estamos cerca, desde las tres de la tarde hasta las tres de la madrugada
hay solo un paso para el borracho sensato, es el único que conservó
una conexión con la patrulla que está debajo de la tierra. Orfeo es rojo
y Eurídice, una belleza negra, en silencio bajo por
mi ventana y subo por la cuerda hasta el solitario
Kidrič, no me puedo comparar, ni con
los aqueos ni con los troyanos ni con los cruzados ni
con los piratas, todos quedamos ciegos ante la belleza de la mujer y
perdimos nuestra fuerza viril. Olvidado y desconcertado
Prometeo sin sus obstinados bueyes, profesor solitario
después de un viaje despiadado, los niños se dispersaron,
los zapatitos rojos a través de París, las Lucías suecas
con velas, el policía se durmió sobre el sarcófago,
en algún lugar a la orilla de Gradiščica los jóvenes cantaron una canción popular,
los hombres insatisfechos en el bar, Peter
reconoció mi voz, la haya japonesa
apenas murmuró, ahora pudimos unos a otros
contarnos, nuestros dolores, en eso al pasar
arranqué una rama de mirto, ah pero sos vos, camarada profesor,
alguien me pone la mano en el hombro, tampoco usted puede
dormir, a mí no me ayuda ningún remedio, y adónde
se supone que tengo que ir en busca del bálsamo, estoy enteramente cubierto de
hongos,
enfermo y sin remedio, permitime, que me quite
la máscara, sí sí, soy yo, su, perdón tu, alumno,
aún recordás, la última hora antes de ir
con los partisanos nos leíste una escena de La guerra
y la paz, quemamos el plan escolar y la gramática y
el mapa, ahora te doy el informe, solo
quedamos tres, y el resto no podemos dormir, yo
por miedo me convertí en matemático, una y otra vez cuento
aquellos, a los que les partí el cuerpo y el alma y los
mandé bajo tierra, llegué hasta el decimotercero
y tembló la tierra bajo mis pies, la tierra simplemente
se hundió, cada noche doy un paso hacia la profundidad, los busco
y no los encuentro, para el día me construí una
casa, queda en una frontera inquietante, de vez en cuando
llegan y llaman a la puerta, todavía
me atrevo a abrirla, alguien me debe dar instrucciones,
todavía sos un verdadero profesor, decime en silencio
al oído, que les digo.
(Kocbek, 2011, pp. 85-89)
Por otro lado, el sujeto lírico ironiza sobre el aparato de espionaje que lo persigue, mientras al mismo tiempo, el acto mismo de espiar denuncia la falta de libertad y le ofrece la posibilidad de expresar su verdad. Pero también se burla de su propia posición de denuncia, como si fuera un mero juego, un como sí, una farsa o hipocresía, al mismo nivel que el espionaje, personajes de una teatralización:
El juego del revés
Se me enreda la memoria,
el olvido aumenta para transformarse en conocimiento absoluto,
alguien me lee al revés.
Ya no puedo encubrir,
estuve allí, soy culpable;
participé en los hechos de contrabando
en las invasiones, en todos los hechos de violencia,
no es una historia inventada,
me atropelló una ambulancia
y ahora no sé, quién soy.
Tengo dos millones de dobles,
uno de ellos es sospechoso,
con clavos en las uñas,
con brasas en los ojos
y con el juego conocido en el oído.
Rosenkranz y Gildenstern
y todos mis dobles,
párense sobre el escenario
y desarrollen el juego
desde su final hasta el comienzo,
el miedo busca su memoria,
yo todavía no soy yo,
el aceite del mecanismo funciona en silencio
y no tienen mucho tiempo más
para los actos de locura,
cuando levanten en el escenario
la cuarta pared
y me lleven
sepan:
el vestuario está a la izquierda.
(Kocbek, 2011, pp. 31-33)
Después de su muerte y la muerte de Tito en 1980, Kocbek y su obra se transforman en un ícono del movimiento demócrata esloveno que, integrado por intelectuales, promovió la separación de Yugoslavia y la democratización del sistema político. El concepto demócrata esloveno aparece en la poética de Kocbek a partir de la metáfora de los caballos de Lipica. Se trata de la raza de caballos característica del Imperio austríaco, criada en la localidad de Lipica, en la zona oeste de Eslovenia. La peculiaridad de los caballos de Lipica es que nacen negros y con el tiempo su pelaje se vuelve completamente blanco. Kocbek en su obra utiliza la metáfora de los caballos y, en general, el modelo de la naturaleza, a la cual llama la Jardinera, como modelo de las estructuras sociales, que deben permanecer pero al mismo tiempo ir cambiando, adaptándose a las transformaciones sociales y las exigencias del tiempo. Al modelo democrático de conservación en el cambio, Kocbek opone el racionalismo y la rigidez de los sistemas autoritarios que pretenden detener el tiempo e impedir el cambio, porque los líderes se resisten a la alternancia en el poder. Habría que ver qué opinión tendría Kocbek del curso de los acontecimientos actuales, cuando, al parecer, la democracia en crisis también se manifiesta como un sistema que resiste su propia caída por los intereses políticos y económicos que lo sostienen.
Los caballos de Lipica
El periódico informa:
los caballos de Lipica participaron
en una película histórica.
La radio explica:
un millonario compró caballos de Lipica,
los nobles animales estuvieron tranquilos
durante todo el vuelo sobre el Atlántico.
Y el libro de texto enseña:
los caballos de Lipica son dóciles caballos de montar
son oriundos del Carso, de cascos elásticos,
de trote presumido, de naturaleza clara
y de lealtad obstinada.
Sin embargo te prevengo, hijo,
que esos inquietos animales
no es posible ubicarlos en un modelo definido:
está bien, que al brillar el día,
los caballos de Lipica sean potros negros,
y está bien, que al caer la noche,
los caballos de Lipica sean yeguas blancas,
y lo mejor es,
cuando se hace el día en la noche,
porque son bufones blancos y negros,
cortesanos graciosos de su majestad,
de la historia eslovena.
Otros honraron a las vacas sagradas y a los dragones,
a las tortugas milenarias y a los leones con alas,
a los unicornios, a las águilas de dos cabezas y a los fénix,
pero nosotros elegimos al más bello animal,
se destacó en los campos de batalla y en los circos,
transportó princesas y el ostensorio dorado,
por eso los emperadores de Viena hablaron
en francés con los diplomáticos hábiles,
en italiano con las actrices bellas,
en español con el Dios infinito
y en alemán con los siervos incultos,
pero con los caballos hablaron en esloveno.
Recordá, niño, con qué misterio
están unidas la naturaleza y la historia del mundo
y cuán distinta es la fuerza del alma
de cada pueblo en la tierra.
Prestá atención: somos la tierra de las competencias y las carreras.
También comprendé, por qué los caballos blancos
de la barca de Noé se refugiaron en nuestra tierra pura
por qué se convirtieron en nuestro animal sagrado,
por qué pasaron a la leyenda de la historia
y por qué alteran nuestro futuro,
sin cesar buscan para nosotros la tierra prometida
y se convierten en fogosa montura de nuestra alma.
Todo el tiempo estoy en un caballo blanco y negro,
hijo mío querido,
como el jefe de los beduinos
voy unido a mi animal,
toda la vida viajo en él,
combato sobre el caballo y en él están mis plegarias,
duermo en el caballo y sueño en el caballo
y moriré en el caballo,
descubrí todas nuestras profecías
sobre el animal misterioso,
y también este poema experimenté
sobre su tembloroso lomo.
No hay nada más oscuro
que el discurso claro
y no hay nada más real que el poema,
que la razón no puede comprender,
los héroes renguean bajo el sol brillante
los sabios tartamudean en la oscuridad,
los bufones se transforman en poetas,
los pegazos alados cada vez galopan con mayor rapidez
sobre las cavernas de nuestra tierra antigua
saltan, golpean,
impacientes animales eslovenos
todavía siguen despertando al rey Matías.
El que todavía no sabe montar caballos,
que aprenda cuanto antes
a domar al brioso animal,
mantenerse libremente sobre la montura ligera
capturar el armonioso ritmo del trote
y sobre todo perseverar en la imagen del presagio,
porque nuestros caballos llegaron desde lejos
y se van lejos,
los motores muchas veces fallan,
los elefantes comen demasiado,
pero nuestro camino es largo
y a pie está demasiado lejos.
(Kocbek, 2011, pp. 97-103)
Bibliografía
Aškerc, Anton (2017). Baladas y romances. Trad. Julia Sarachu. Quilmes: A pasitos del fin de este mundo.
Destovnik, Karel-Kajuh (2017). La canción eslovena. Trad. Julia Sarachu. Quilmes: A pasitos del fin de este mundo.
Gradnik, Alojz (2009). La tierra desolada. Trad. Julia Sarachu. Buenos Aires: Gog y Magog.
Gregorčič, Simon (2008). El imán del poeta. Trad. Julia Sarachu. Buenos Aires: Gog y Magog.
Kocbek, Edvard (2011). Poesía en holograma. Trad. Julia Sarachu. Buenos Aires: Gog y Magog.
Kosovel, Srečko (2017). La risa del rey DADÁ. Trad. Pablo Arraigada. Quilmes: A pasitos del fin de este mundo.
Kosovel, Srečko (2005). Integrales. Trad. Santiago Martín. Zaragoza: Bassarai Poesía.
Sarachu, Julia (2017). Interpretación de la historia de la poesía eslovena a la luz de los procesos políticos, sociales y culturales que incidieron en la constitución de Eslovenia como estado nacional independiente. Colección Constelaciones, FILODIGITAL, FILO:UBA 2021, 866 pp. ISBN 978-987-86-3893-5 ISBN LIBRO DIGITAL 978-987-86-3933-8. URL: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/tesis/article/view/9996