La poesía búlgara, un recorrido. Primera parte. Desde los orígenes de la literatura búlgara moderna a la primera revuelta antifascista mundial

Pablo Arraigada 

La poesía moderna no es un retoño de un presente limitado, sino hija de una universalidad histórica extendida, que requiere un análisis psico-histórico, no sociológico. Es este análisis el que va a revelar el Alma como la fundación primaria y esencial de la poesía moderna (¡no de la literatura!); debe rastrear el nacimiento y crecimiento de esta Alma: el alma Moderna

G. Milev

A continuación, se traza un panorama de la poesía en lengua búlgara a lo largo de más de doscientos años. Dado lo ambicioso de la propuesta, el trabajo va a presentarse en dos partes, primero una que abarque los primeros atisbos de la poesía búlgara y una segunda parte que se detenga en el siglo XX desde el período de entreguerras hasta la actualidad.

Una problemática a la que se enfrenta este análisis es el poco corpus traducido al español. Gran parte de la selección de autores y poemas se ve supeditado a lo que se encuentra volcado al castellano, siendo entonces este hecho un factor que delimita el recorte necesario para abordar el presente recorrido. De esa manera, el punto de partida va a ser el siglo XIX y la idea de una lengua búlgara moderna, con todas las implicaciones de esta idea.

Bulgaria, su pasado y su presencia

La búsqueda de los orígenes de los pueblos proto-búlgaros llega a ligarlos, según algunas teorías, a las épocas del Imperio Romano en expansión por Tracia y a Trajano, pero el punto de inflexión es el siglo VII. Es en ese momento, con la dinastía Dulo, cuando surge la Antigua Gran Bulgaria, donde se unen los distintos pueblos proto-búlgaros. Dado que el énfasis es en el aspecto literario y cultural, no se profundiza en este trabajo sobre la Bulgaria de Volga, los orígenes túrquicos de estos Onoğurs —o tártaros, o tribus provenientes de Asia, o la procedencia que han planteado distintas investigaciones—, pero sí se lo menciona por la particularidad de este pueblo: es la denominación de una nación europea más antigua que se conserva. Los búlgaros aseguran ser la nación más antigua que ha conservado el mismo nombre desde que fue fundada entre los Estados europeos.

Ya en el año 865, bajo el rey Borís I, tuvo lugar la conversión de los búlgaros, de manera oficial, al cristianismo ortodoxo por influencia bizantina. Fue en ese mismo momento que surgió el alfabeto glagolítico, de la mano de Cirilo y Metodio. Esto significó un puntapié para el uso de la lengua vernácula hacia el final de ese siglo, que debe tenerse en cuenta con respecto a la transición del kanato búlgaro del Danubio hacia el zarato búlgaro, proceso que se dio en ese momento. Un siglo después, con la llegada al trono de Simeón I, se da un primer siglo de oro en la literatura y las artes en Bulgaria. Todo este período mencionado, desde el siglo VII hasta el XI inclusive, es conocido como el Primer Imperio Búlgaro.

Desde ese momento hasta gran parte del siglo XIV, la influencia bizantina en la nación búlgara conllevó momentos de mayor desarrollo y otros de amplia dominación por parte del Imperio vecino. Sin embargo, toda posibilidad de superación y crecimiento cultural se vio interrumpida desde el  año 1396, por la dominación otomana del territorio. La literatura quedó supeditada al ámbito de los monasterios, dada la prohibición y destrucción de muchos templos durante esos siglos. A su vez, el tema casi exclusivo era el religioso, las hagiografías y otras vidas de santos que podían involucrar aspectos más laicos en sus historias, así como obras con perspectivas más místicas. Otro factor importante de ese largo período de ocupación fue que no se escribían muchas obras en búlgaro, sino que la poco numerosa comunidad católica empieza a publicar algunos trabajos en lenguas como el italiano, el alemán o el latín.

Es a partir del siglo XVIII que comienzan a darse casos de literatura que retrotraen la cuestión nacional en el país. Sin duda, se puede citar a esta literatura como un predecesor e influencia para lo que sucede un siglo después. Me apoyo en la descripción que hace F. Eterovic sobre esto en su libro Los eslavos y su incógnita:

Paisi, monje búlgaro del monasterio de Hilandar, en Athos, da a conocer (1762) su historia de la Bulgaria eslava que había escrito. En ella exalta el pasado glorioso de su pueblo y nimba de un mesianismo libertario a sus santos y héroes. Las narraciones de este monje apasionan a la gente culta, que las transmite al pueblo verbalmente a modo de consejas y leyendas. Se considera que con Paisi comienza el renacimiento literario y nacional de Bulgaria. (Eterovic, 1962, pp. 102-103)

Al traer a colación este libro, se tiene en cuenta la importancia de esta historia eslavo-búlgara, que marca un pasaje desde la larga Edad Media en esta nación hasta su tardío Renacimiento, idea que se parafrasea de lo que dice Rubén Vela (Vela & Stoyanov, 1984, p. 16). Pensar en esta idea renacentista, tras tantos siglos de yugo otomano, nos lleva a comprender una atmósfera independentista en la región, una idea de mayor autonomía y el puntapié para los nacionalismos del siglo XIX. Es decir, todo esto nos lleva a pensar en una nueva literatura — búlgara — .

Bulgaria, la idea nacional y la literatura moderna. Primeros exponentes literarios de una poesía búlgara

El siglo XIX es el punto de partida del presente artículo. Las ideas nacionalistas y la modernización de lo político con Napoleón son factores que han modificado la geopolítica de los Balcanes en general, y de Bulgaria en lo particular. Dos de los autores centrales en la literatura búlgara aparecieron en ese siglo, pero para que pueda tener lugar su poesía fue necesaria una serie de iniciadores.

Claudio Magris ha presentado una perspectiva de utilidad para pensar la ocupación otomana y las implicancias y consecuencias de eso en la cultura búlgara, en la sección llamada “Ils méprisent les Turcs”:

Pero su amigo y colega vienés Felix Philipp Kanitz lamentaba, viajando por Bulgaria en 1875, que los mapas geográficos de aquel país fueran inexactos e inútiles y en ellos constaran, en lo que se refería a los territorios próximos al Danubio, localidades imaginarias, mientras que, por el contrario, no se señalaban las existentes, y manifestaba su acuerdo con el profesor Kiepert, al proclamar que Bulgaria era el país más desconocido de la Europa oriental. Otros cartógrafos inventaban ciudades o las desplazaban centenares de kilómetros, desviaban en sus mapas los cursos de los ríos y les atribuían desembocaduras arbitrarias. Kanitz corregía los meritorios mapas de Lejean, menos exactos que los del Nilo, y podía, por tanto, definir Bulgaria como «una tierra perfectamente incógnita»; el Danubio era más desconocido que el Nilo, y de las gentes de su curso inferior, insistía el profesor Hyrtl, se sabía menos de lo que se sabía de las islas de los mares del Sur. Indudablemente, la cartografía ha realizado grandes progresos, pero, de todos los países del Este, Bulgaria sigue siendo hoy el más desconocido, un lugar en el que rara vez se ponen los pies y que parece un escenario de intrigas improbables e inverificables, fantasiosas pistas de complots sensacionales, desmentidas acusaciones de genocidio, entrevistas concedidas por miembros de la minoría turca dados por muertos y asesinados según la prensa internacional. Los comunistas occidentales, cuando oyen que alguien —especialmente si no está inscrito en el partido— ha estado en Bulgaria, se apresuran a manifestar una irónica y distante conmiseración y, sobre todo, a asombrarse de sus impresiones positivas. Los búlgaros se empeñan en acentuar estas últimas y su hospitalidad, generosa y cordial como pocas, es también un festivo adoctrinamiento, un curso de historia, de literatura y de civilización que transmite al extranjero el conocimiento y el amor de su país. Kitanka, nuestra intérprete, es una chica vivaz y animada, que ama la rakia, excelente aguardiente, y las madrugadas, e ilustra sobre la grandeza de su país, obligando amable e inexorablemente al viajero a comprobar cada una de sus huellas, con la naturalidad y la pasión de quien invita a admirar un hermoso día. (Magris, 1988, p. 832)

Esta idea de “despreciar a los turcos” que aparece cuando se traza la cartografía de este capítulo, ha de pensarse en los términos de autonomía e ideal nacional que tienen eco y lugar en la primera parte del siglo XIX. Este período, que puede pensarse incluso desde antes, desde el libro publicado por Paisi que se mencionó anteriormente, fue conocido como “Despertar nacional búlgaro”. Todo esto se extiende hasta la Guerra Ruso-turca que finalizó en 1878, año que significó una mayor autonomía, y presagio de independencia para el pueblo búlgaro.  Este artículo se propone develar más acerca de esa Bulgaria desconocida de la que Magris habla y acerca de algunos nombres propios que han propiciado la poética nacional en la región. Para comprender esto, es importante mencionar antes que en 1824 se publica la primera cartilla usada como manual escolar, conocida como Cartilla con instrucciones varias (Буквар с различни поучения), o informalmente, Cartilla del pez (Рибен буквар). El autor fue Petar Beron, enciclopedista, políglota y pedagogo que la preparó, escribió y publicó en su exilio en Rumania, como parte de la comunidad búlgara en el extranjero de esa época (Curtis, 1992, p.14). La importancia de esta publicación radica en haber sido la primera en aparecer en búlgaro moderno, y en haber sido, sin dudas, un elemento con el que estudiaron y se formaron los poetas que vamos a mencionar a continuación.

Un punto de partida es reflexionar sobre los libros aparecidos en Bulgaria en la primera mitad del siglo XIX. Ya se mencionó a Beron, pero su manual no se publicó en su nación, sino que surgió en el extranjero. Antes de pasar a los poetas que allanan el camino en la literatura del país, se comparte este extracto del libro Bulgary. A country study, sobre las imprentas y la circulación cultural en el territorio búlgaro:

Paralelamente al avance educativo, la impresión de libros en Bulgaria avanzó sustancialmente después de 1830. Antes de esa fecha, sólo diecisiete títulos se habían publicado originalmente en búlgaro,; pero a mediados de siglo la imprenta había reemplazado a la copia manuscrita como medio predominante de difusión de la palabra escrita. El primer periódico fue impreso en búlgaro en 1844, iniciando una avalancha de publicaciones, en su mayoría diarios efímeros a lo largo del siglo XIX. La censura, antes de 1878, significó que la mayoría de estos diarios se imprimieron en los centros de emigración rumana, fuera del Imperio Otomano. Muchas de las publicaciones periódicas en búlgaro, impresas dentro del imperio, vinieron de Constantinopla, mostrando la importancia cultural de esa ciudad en el despertar nacional búlgaro. Después de 1850, las publicaciones periódicas de emigrados búlgaros, apoyando una amplia variedad de puntos de vista políticos hacia el movimiento de independencia nacional, jugaron un papel vital en estimular la conciencia política búlgara. (Curtis, 1992, p.16)

Comienzo con Dobri Chintulov, poeta y educador búlgaro nacido en 1822 , cuya formación se dio entre tres lugares: su país natal, Rumania y Rusia. Desde la década del ‘50 del siglo XIX, se vuelve un férreo defensor de la causa independentista búlgara. Esto lo llevo a persecuciones por parte de distintos regímenes, e incluso intentos de asesinato. Desde 1842 hasta ya el 1880 desarrolló una obra poética, pero debió destruirla en algunas oportunidades cuando era investigado. Por dicho motivo, no se conservan mucho más de veinte poemas de su producción —y tan sólo se publicaron tres en vida—. Hay casos particulares, como el de “¿Dónde estás, fiel amor del pueblo?” (“Къде си, вярна ти любов народна?”) o, también, “Alzate, alzate, héroe de los Balcanes” (“Стани, стани юнак балкански”). Ambos son una pequeña muestra de los valores y las imágenes a exaltar con la poesía: el pueblo, la nación, el héroe, el levantamiento. El primer párrafo de este último poema mencionado funciona como una declaración de principios para ese momento: “alzate, alzate, héroe de los Balcanes, /de un profundo sueño despertate /contra la nación otomana/ liderá a los búlgaros”. Un mensaje claro, junto a un programa que se completa con su rol de pedagogo y maestro: enseñar esto. De ahí uno de sus mayores logros: haber sido uno de los primeros poetas que se propuso escribir en lengua búlgara.

Contemporáneo a Chintulov fue el folklorista, etnólogo y poeta Nayden Gerov (1823-1900). Su nombre permanece por siempre por haber sido el autor del primer poema en idioma búlgaro, en 1845. “Stoyan y Rada” surgió cuando Gerov estaba enamorado de Elena Muteva, la primera poeta búlgara, y con esa motivación y sentimiento él se vale de la antigua tradición folclórica, lo que conlleva a un acercamiento a las canciones populares de carácter elegíaco.

No envolví un ramo de flores
para darle un regalo a tu bondad,
para que pueda entrar en tu corazón
con el pueblo nuestra vieja costumbre

e inspirado de amor vivo,
te alcé en mi espíritu,
y de corazón, sin objeciones,
tu triste canción de reverencia.

Como se puede ver en apenas los primeros versos, la obra de Gerov propone una visión de la psicología de los personajes que aparecen en su obra. A principios de la década del ‘40, los círculos literarios discutían si se podía expresar sentimiento para el pueblo, para los potenciales lectores, de alguna manera. Por dicho motivo, este poema ha sido la ilustración ejemplar de Nayden Gerov de la capacidad de la lengua nativa en la creación literaria y la dedicatoria lírica dirigida a la joven poeta búlgara Elena Muteva, quien también fue un símbolo de lo nuevo -una intelectual mujer que se formó en Rusia, particularmente en Odessa-. Esto puede ser un grato resumen de la importancia del grupo de Odessa, como se conocieron a algunos poetas y pensadores búlgaros que estudiaron en esa ciudad, tal es el caso de Muteva, Chintulov y Gerov. Cada uno fue esencial en el surgimiento de una lengua búlgara, en el desarrollo de una primera literatura (con foco en poesía) en esta lengua, y Muteva fue el ejemplo más temprano de una nueva literatura original búlgara llevada a cabo por mujeres. Fue poeta, fue traductora, fue el motivo y la inspiración para el primer poema en búlgaro. Una gran forma de pensar la primera mitad del siglo XIX de la mano de la poesía.

Un último caso a mencionar es el de Lyuben Karavelov, quien fue de suma importancia tanto por su rol en la educación y en movimientos revolucionarios, como por su vínculo con Hristo Botev. Karavelov fue un etnógrafo, que estudió la cultura y tradición de su región y se formó en la escuela donde daba clases N. Gerov. Incluso siguió sus pasos y fue a estudiar a Rusia posteriormente, donde conoció a Herzen, Chernishevski y Belinski, entre otros; esto forjó un nexo con los movimientos de insurrección en Serbia. Él fue enviado como corresponsal de periódicos rusos a Belgrado, y así formo vínculos con jóvenes intelectuales de esa ciudad. Por esto, fue arrestado y vivió entre Hungría y Rumania, lugar donde funda un periódico y conoce y entabla amistad con el poeta y revolucionario Hristo Botev. Ambos llevaron adelante la publicación de los diarios Svoboda (“Libertad”) y Nezavisimost (“Independencia”), y en la década del ‘70 también colabora en la fundación y ocupa la presidencia del Comité Central Revolucionario Búlgaro. Un nombre más apareció acá, que une a los dos poetas: Vasil Levski. Este revolucionario fue uno de los símbolos de la insurrección de Bulgaria, y tras la captura y ejecución de Levski en 1873, Karavelov abandonó de a poco su ideal revolucionario, lo que conllevó severas críticas de Botev. Como consecuencia, comenzó a publicar una nueva revista, Znanie (‘Conocimiento’) como también libros de divulgación científica. Falleció poco tiempo tras el fin de la Guerra Ruso-turca, y su labor como periodista (junto a Hristo Botev) lo sitúa como uno de los escritores que mejor ha normalizado una lengua búlgara en el siglo XIX. Además, se conservan pensamientos publicados en sus periódicos, como el que puede leerse en la revista Libertad: “Los jóvenes búlgaros estamos orgullosos y no percibimos la libertad sin sacrificio, porque la libertad que no se obtiene con dolor y sacrificio está muerta… La libertad no se da sino en el invierno. Ayúdate y Dios te ayudará”. Pero eso no quita su aporte en la poesía, conservándose ejemplos como “Vos sos hermoso, bosque mío” (Хубава си, моя горо), donde puede leerse una exaltación de la naturaleza, en un tono heredero del romanticismo y con presencia de tonos impresionistas, que tiene como trasfondo el amor por su propia tierra, por su bosque, por su tradición. Sin dudas, estos nombres antes mencionados son el punto de partida para los más altos exponentes del nacionalismo en la poética búlgara del siglo XIX en Bulgaria.

El patriota y el patriarca

Dar el alma por la libertad, por las letras. Este leitmotiv puede encontrarse en uno de los poemas más significativos de Hristo Botev, una de las patas de esta sección. Tanto Hristo Botev (quien está traducido al español en el libro El colgamiento de Vasil Levski, por Eugenio López Arriazu) como Ivan Vazov son los poetas más importantes que ha dado Bulgaria en el siglo XIX y en el clima revolucionario nacionalista. Por lo tanto, tanto el primero, un patriota y héroe de la rebelión búlgara, como el segundo, el patriarca de las letras búlgaras, van a ser presentados a continuación.

En la introducción al libro Bulgarian literature as world literature, nos dice uno de los editores, Dimitar Kambourov:

Para los búlgaros, Botev parece ser lo que Pushkin para los rusos, Mickiewicz para los polacos, Petőfi para los húngaros, Mácha para los checos, Prešeren para los eslovenos, etc. A través de su legado de sólo veinte poemas, elevó la literatura búlgara a un nivel desde el cual era capaz de hablar con otras tradiciones literarias y prácticas literarias reales en la segunda mitad del siglo XIX (Harper & Kambourov, 2020, p. 11).

Sin lugar a dudas, Botev ocupa un lugar central en el panteón de la poesía búlgara, de ahí su mención como pieza fundamental en la modernización y estandarización del idioma. Con tan solo veinte poemas, ha logrado ser una figura central del país y una pieza ineludible del canon búlgaro. Su obra nos presenta la ligazón entre literatura y revolución, como analiza su prologuista y traductor, y al leer sus poemas uno puede percibir los sentimientos de esa voz poética (Botev, 2018, p. 8). Pero en la construcción de eso, también hay un procedimiento, una búsqueda. Desde su juventud, sus años de formación en el Imperio Ruso, hasta su exilio en Rumania y sus primeros poemas, en su mente y su alma flotaban los aires de la revuelta búlgara. Escribió su obra poética durante la última década de su corta vida, y en ella se leen varias de sus principales preocupaciones, que se tornaron sus temas centrales: la patria, la madre y su heroísmo, la rebeldía de los hajduks, la pasividad del pueblo, las clases sociales adineradas y la Iglesia con sus posturas frente al pueblo. Temas que se tocan, se cruzan, se conectan. Se puede leer, por dar un ejemplo, lo que pasa con el cruce que funde a la patria con la madre en el poema que da título al libro: “esto ya estaba configurado en los poemas anteriores, en los que la madre siempre se hallaba ligada a la tierra natal, al fogón paterno, a la primera leche. La madre-patria está ahora personificada, y como las primeras madres, sufre y llora”, nos dice López Arriazu. Aflora en esta producción poética todo su ideal, el nacionalista y también el marxista, el que abraza a la Comuna de París. Y afloran sentimientos, que se muestran en un vínculo con la patria, ahora pensada como una madre. Esta idea puede verse flotar en otros poemas, y sin dudas es algo central en su vida. Por un lado, está el héroe, que fundó los periódicos junto a Lyuben Karavelov, que remonta las aguas en el buque Radetzky durante la insurrección de abril, para volver a Bulgaria junto a doscientos soldados. Regreso que lo llevaría a la muerte, a la posteridad como héroe y a volverse un símbolo en la cultura y la historia búlgara.. Por eso vuelvo a Karavelov, que cuando hablaba de patria, se refería tan solo a la patria chica, al terruño en que había nacido. Botev reconvierte esta idea, es parte de la expansión de lo búlgaro, y tiene presente a su viejo amigo al hacerlo. Por dicho motivo, cierro el fragmento sobre Hristo Botev con uno de sus poemas, que dedica a Lyuben Karavelov:

A COMPARTIR

Hermanos somos por sentimiento,
cobijamos las mismas ideas,
y nunca habrá nada en el mundo
de lo que el alma se arrepienta.

Que la posteridad decida
si bien o mal hemos actuado;
y ahora vamos, dame la mano,
¡Y avante a paso redoblado!

Nos acompañaron en la vida
dolor y pobreza en el destierro,
que hemos compartido como hermanos
y que una vez más compartiremos…

Compartiremos todos los reproches,
aguantaremos del necio el escarnio,
aguantaremos, pero sin quejarnos
nunca de ningún tormento humano.

Y no hemos de inclinar la cabeza
ante ídolos de pasión mundanos:
ya hemos sincerado el corazón
con nuestro tañido acongojado…

¡Avante con ideas y emociones
a compartir el último momento:
nuestra sagrada palabra cumplamos…
a morir, hermano, a morir marchemos!

Esos versos finales son decisivos, pues así termina la vida del poeta búlgaro, marchando al combate y recibiendo una bala en su pecho. Y en esa época, también estaba en escena un contemporáneo que se subiría al trono de la poesía búlgara para ser recordado como uno de los referentes centrales de esta cultura: Iván Vazov.

Nacido en 1850, parece anecdótico pensar en ese año para separar la primera con la segunda mitad de ese siglo. Vazov fue una figura central en la poesía de su país o, mejor dicho, en la literatura en general. Pero también fue una figura en los aspectos sociales y políticos, lo que llevó a que se lo conozca como “El patriarca de la literatura búlgara”. Proveniente de una ciudad (Sopot) bajo control directo otomano, se formó bajo la guía del antes mencionado N. Gerov. Estas ideas y lo sucedido en la primera mitad de siglo en su país influenciaron su labor, y así se unió junto a otros exiliados en los movimientos revolucionarios que existían en el extranjero hacia 1874. Fue amigo de H. Botev, y se unió a la causa independentista. En 1876 aparece su primer libro de poemas, Preaporeț y Guzla, con el tono de versos rebeldes que circulaba en la poesía, y en ese momento es que se da el Levantamiento de abril, que resultó fallido y significó la muerte del líder del movimiento revolucionario, Hristo Botev. Tras esto, Vazov vuelve al exilio a Rumania para salvar su vida.

Uno puede pensar por qué Iván Vazov es una figura clave en la poética de Bulgaria: su obra mancomuna dos momentos, el de la gesta revolucionaria y lo que sucede posteriormente, en el momento de mayor autonomía e independencia del país. Vazov va de la mano con Botev, y se puede pensar este vínculo en los cruces y roces en sus obras. Tan solo un ejemplo, para ver esto: Vazov fue responsable de una canción popular en la cultura búlgara, “El calmo y blanco Danubio ondula” (Тих бял Дунав се вълнув), más popularmente llamada “La marcha de Botev”. El origen de esta canción viene del poema “Radetzky”, de Vazov, publicado en 1876, donde se cuenta la hazaña de Botev en su regreso a Bulgaria por las aguas, en el buque Radetzky.  Su obra osciló entre esos períodos, y se puede tener en cuenta que en 1878 se publicó su Epopeya del olvidado (Епопея на забравените), un ciclo que reunía doce odas donde alternaban hechos y personajes de la lucha revolucionaria y la posterior autonomía tras el fin de la Guerra Ruso-turca.

Para poder completar lo hecho por Iván Vazov, hay que pensar lo biográfico con su obra. Tras la autonomía lograda en 1878, fue editor en Odessa, pero debió exiliarse cuando se dio una persecución a la rusofilia. Así, volvió a su país y se dedicó a la enseñanza. Así, volvió a reunirse con su viejo colega poeta y revolucionario, Stefan Stambolov, y estos caminos que vuelven a entrecruzarse permiten entender el rol político de Vazov desde la década del ‘90. Él fue parte de la Academia de Ciencias y Artes de Bulgaria y también ocupó cargos públicos en el ámbito de educación. Y es en ese período que sigue publicando poemas, siendo un ejemplo de su pluma adelantada la aparición de “En el reino de las hadas” (В царството на самодивите), en 1884, el primer poema de temática fantástica búlgaro. Pero también aparecieron muchas otras obras que lo ponen en el centro del canon búlgaro. Por dar algunos ejemplos, en el año 1888 termina de escribir su obra más conocida y popular, que trasciende al país y es traducida y publicada en el extranjero posteriormente: me refiero a Bajo el yugo (Под игото). Esta novela es muy simbólica para su segunda etapa, tras la revolución y con la independencia ya flotando en el aire. Publicada por volúmenes en revistas, entre 1889 y 1890, aparece en conjunto por primera vez hacia 1894. Dado que la narrativa no es el foco del presente trabajo, solo menciono esta cuestión y dejo abierta la posibilidad de profundizar el tema a futuro. Un dato más, para cerrar con su obra narrativa, es que Vazov fue el autor del primer relato de ciencia ficción búlgaro, “El último día del siglo XX” (Последният ден на ХХ век), publicado en 1899.

El crítico Boyko Penchev se detiene a pensar en la literatura global y el proceso que llevó a una autonomización en Bulgaria. Obviamente, la autonomía de la literatura es contemporánea a la política, a la del gobierno. Ahí piensa a Vazov como aquel que importó de géneros, recursos estilísticos y también temas desde el resto del continente europeo, de ahí que haya aires de Eugene Sue o Víctor Hugo en sus obras. A su vez, piensa la relación en la década del ‘80 entre la poesía de Vazov y la idea de espíritu, corazón, por sobre la razón. Pone foco en los sentimientos y el amor y se opone a una postura conformista, racional. En principio, su oposición es contra el clima de época posterior a 1878, que defiende la “razón del cálculo y el conformismo”. Todo esto llegó a su fin en 1895, “cuando el gobierno organizó una pomposa celebración del jubileo de Vazov, proclamándolo el poeta nacional de Bulgaria” (Harper & Kambourov, 2020, p. 82). A partir de ese momento, la juventud de la poesía búlgara comenzó a tomarlo como un autor pasado de moda.

En este punto, y como cierre, pienso en otro tema de esa época que flotaba en el aire búlgaro tras la Guerra Ruso-turca y que involucra a Vazov: la cuestión judía. Desde el Despertar búlgaro, hubo una postura generalizada de apoyo al pueblo judío por las situaciones que sufría. Los escritores abogaban y apoyaban esta causa, más allá de ser parte o no de la comunidad. Si se lo piensa en contexto, el fin de siglo se vio inmerso en esta cuestión, alrededor de Europa, a causa del caso Dreyfus y de Émile Zola, que lo puso en discusión e hizo repensar el antisemitismo que rondaba el continente. Sin embargo, hubo un ejemplo literario de trato hostil hacia el pueblo judío en la literatura búlgara, y estuvo a cargo de Iván Vazov en su obra teatral Hacia el abismo (Към Пропаст). En este drama, situado en un escenario medieval, uno encuentra al personaje central, la reina Teodora, como la responsable de la derrota de su reino. La figura de la reina encuentra su inspiración en la judía convertida —originalmente, ella era Sara—, con quien se casó el zar búlgaro Iván Alejandro en 1335. Pensar estos cambios en un momento tan cercano al cambio de siglo, apenas unas décadas entrado el siglo XX, es algo que vamos a analizar más adelante.

Fin de siècle, nuevas ideas, nuevos paradigmas

Las últimas décadas del siglo XIX estuvieron inmersas en las nuevas ideas, en lo que pasaba tras la autonomía conseguida en 1878. Políticamente, hay un nombre propio que sobresale y es el del poeta Stefan Stambolov, quien fue líder del movimiento revolucionario de los ‘70 y sucesor de Vasil Levski en ese lugar, así como primer ministro mientras fue el regente del príncipe Fernando I de Bulgaria. Se mantuvo en ese cargo durante siete años, años en que se dieron varios problemas con los imperios circundantes y su apoyo (el otomano, el ruso y el austro-húngaro), diferentes problemas internos como el de la situación en Macedonia y el proceso de industrialización en la nación. Sufrió atentados por parte del OIRM (Organización Interna Revolucionaria de Macedonia) y una rivalidad, en su último año en el poder, con el rey Fernando. En esos años, Bulgaria logró modernizarse y dejar de ser una colonia bajo el yugo otomano. Sin embargo, hubo diferencias con el poder ruso por parte de Stambolov, quien pensaba que buscaba también tener a los búlgaros bajo su órbita, como una especie de protectorado. De ahí el eje central de su política, el de mantener y preservar la mayor independencia obtenida por su nación.

Stefan Stambolov logró apoyo económico de parte de Europa occidental, a la vez que forjó un vínculo positivo con el sultán otomano, que le permitió mantener a raya los intereses griegos y serbios sobre el territorio macedonio. Pero claro, ese joven que escribió y publicó en 1875 el libro de poemas, junto a su amigo Hristo Botev, Poemas y canciones, poco después de una década estaba con un cargo político en la Bulgaria autónoma y un tanto caótica por los cambios de gobernantes. Para mantener el ideal independentista, se valió de la fuerza y el terror, con las terribles consecuencias de esto.. Con la situación en su contra, con su salud sobrepasada por el stress, optó por la renuncia y el retiro (Curtis, 1992, pp.24-26). Un extraño giro poético trajo un año después su final en esa vida: fue víctima de un crimen atroz, en la calle, muerto a golpes, con severos daños físicos por cortes, miembros perdidos y demás violencia. No sólo eso, sino que tardó unos días en fallecer internado, agonizando con dolor.

¿Por qué este episodio de la historia búlgara? Stambolov y este clima social nos permiten cerrar una parte del siglo XIX y abrir el final de esa época, junto al nuevo siglo por delante. Para ver esto mejor, vamos a mencionar dos nombres propios que han sido relevantes: Pencho Slayekov y Peyo Yavorov.

La aparición en escena de estos autores estuvo ligada al primer grupo literario de Bulgaria, Misal. En él participaron Pencho Slavejkov, Krastyo Krastev, Petko Todorov, Peyo Yavorov, y cercanos a ellos, Boyan Penev y Aleko Konstantinov, entre otros. El círculo literario proponía enriquecer ideológicamente a la literatura búlgara, elevar sus temas al nivel de los problemas actuales de su tiempo, apelando al realismo, y llevar a cabo una renovación artística que posicionara las letras búlgaras en el mapa europeo, a la par de las naciones. Pencho Slayekov nació en la década del ‘60 del siglo XIX y sufrió de una neumonía que lo afectó gran parte de su vida. Tuvo una formación cosmopolita, en grandes ciudades. Otro factor importante en su vida fue la figura de su padre, Petko Slavejkov, compañero de Vazov, Botev y Stambolov en la época revolucionaria, quien lo introdujo en el estudio del folklore búlgaro, un tema central en su trabajo. Este gran amor por el folklore nacional, por los cuentos y las leyendas tradicionales se relacionó de forma directa con los poemas épicos que escribió. Apenas iniciado el siglo XX, él recopiló canciones tradicionales búlgaras en un compendio, obra que fue publicada mucho después de su muerte. De esa colección, él conoció piezas que, al rescatarlas, funcionaron como inspiración para una gran parte de sus poemas épicos. En sus versos épicos, lo que más sobresale de su obra poética, son notorios el dramatismo y la belleza poética. En sus argumentos se entrelazan realidad e imaginación: dos elementos muy propios de los mitos tradicionales.  Pero no todo tiene que ver con lo autóctono, con su tierra, sino que también ingresan en sus poemas los temas universales, aquellos que conoció y le hicieron preguntarse acerca del mundo a lo largo de sus viajes por Europa. Pensamientos íntimos, hallazgos universales, dudas filosóficas, el espíritu del pueblo búlgaro: todo ello sobrevuela la poética de Slayekov. El ya mencionado B. Penchev piensa sobre una publicación de Slayekov de 1906, llamada “poesía búlgara”, y las reflexiones sobre esto permiten entender el programa en la poesía de este autor:

Slaveykov y sus discípulos afirmaron que el verdadero artista va más allá de su contexto nacional, adquiriendo relevancia para la humanidad más allá de las fronteras nacionales y épocas históricas. La “literatura mundial” para estos escritores representaba la eternidad de la vida espiritual, lo que es muy diferente con respecto al tiempo histórico de una nación, compuesto de acontecimientos políticos de significado ambiguo (Harper & Kambourov, 2020, p. 82).

En dicho texto, se reflexiona sobre los intelectuales rusos, las posturas en ese imperio y la importancia de los grandes escritores, como Tolstói o Dostoievski, cuya obra no quedó ligada a su porción de tierra, sino que se universalizó. Esa idea es la que propone para las letras búlgaras en el nuevo siglo. De la mano de esto, y para pensar el paradigma de cambio de siglo, veamos algo sobre la vida y la obra de Peyo Yavorov.

Nacido en 1878, año clave en lo político e histórico, fue un tanto anacrónico en su tiempo y representó un destello romántico (e impresionista) en la poesía búlgara. Muchos de sus poemas sirven para mostrar su vida y sus ideas: “Yo no vivo: yo ardo. Inconciliables dos almas rivalizan en mi pecho: un alma de ángel y otra de demonio. En mí respiran fuego y su ardor me abrasa”[1] (Fragmento de “Dos almas”). Una dualidad constante, las grandes pasiones de su vida fueron el compromiso nacional con pueblos que buscaban su independencia ysus dos grandes amores, mujeres a quienes les dedicó muchos de sus poemas.  Es recordado y tomado por un héroe en Armenia y Macedonia, por haber apoyado a estos pueblos en sus determinaciones autonomistas. Fue un miembro activo en el ya mencionado OIRM, por lo que tuvo una gran participación en los eventos de la primera década del siglo XX. Por otro lado, vemos su posición con respecto a la causa armenia. En uno de sus poemas, “Armenios”, aparece este pueblo, su situación y su resistencia, y lo heroico va de la mano de realidades, del sufrimiento y de la vida cotidiana de este pueblo que sufre: “Miserables exiliados, raros supervivientes/ De una raza valiente y mártir/ Hijos de una madre cautiva/ Héroes sin lugar de descanso”. Son un pueblo “lejos de casa en miserables casuchas/ Enfermo y pálido por la falta de sueño”. Ante estos pormenores, ellos beben, ellos cantan, ellos buscan borrar los recuerdos malos. También se muestra al enemigo, al Imperio que busca imponerse con violencia sobre ellos: “por una manada de lobos acosados, asustados, véanlos/ dispersarse por todas partes/ ¡Mientras el despiadado y sanguinario tirano/ agita su sable en el aire!”). Ahí aparece el exilio, son personas que dejaron atrás su país, sangrando, o sus casas, incendiadas. Pero siempre, resistiendo, por eso “así beben y cantan… Sobrevivientes/ de una raza valiente y mártir. / Hijos de una madre cautiva/ Héroes sin lugar de descanso. / Lejos de casa, descalzos y andrajosos”. Este extenso poema épico continúa relatando el destino y cómo buscan sobreponerse a eso, por eso es relevante ver cómo hay un universo social en sus poemas, así como otro íntimo. En este último, se alternan sus dos amores, sus dos esposas. La primera, Mina Todorova, era hermana de uno de sus compañeros en el círculo Misal. Ella falleció joven, a causa de tuberculosis, hecho que lo marcó severamente. Tras eso, conoce por medio de Petko Karavelov a su hermana, Lora. Esta relación fue pasión pura, con un desenlace trágicamente romántico. Ella cometió suicidio disparándose frente a él, y tras eso Peyo se dispara en la cabeza también, pero la bala no lo mata, solo lo deja ciego. Tras el incidente, se lo responsabiliza del hecho y debe ir a juicio, y mientras espera la resolución, bebe veneno y vuelve a dispararse; falleceen 1914. Las palabras que dejó previo a su muerte ejemplifican más su vida y accionar: no tengo por qué esperar a arruinarme hasta el punto de convertirme en un mendigo o ir a un manicomio. Sed fuertes como yo. Nada puede volver. De esta manera, propongo un cierre de estos autores con un poema de este ciclo, más ligado a sus amores y al destino trágico de Lora:

A LAURA

Mi alma es dolor. Mi alma está llamada
Porque soy un pájaro cazado.
A la muerte está condenada mi alma herida –
Alma herida por el amor.
Mi alma es dolor. Mi alma es llamada.
Dime qué son reunión y despedida.
Te digo: hay infierno y ¡ay!
y en el ¡ay! también hay amor.

Los espejismos están cerca, lejos, las calles.
Sorprendida, está sonriendo con la alegría
de la ignorancia y la codicia del joven,
de carne sensual y fantasma aireado.
Los espejismos son cercanos, distantes, las calles
cuando ella está parada en aureolas.
Ella nunca escucha quién llama y se lamenta.
ella – carne y fantasma aireado…

Siglo XX. Desde la independencia en Bulgaria hasta la nueva geopolítica de los Balcanes. La independencia, sus ecos y voces nuevas

El cambio de siglo trajo nuevas voces, de las que se habló en la sección anterior, un giro en temas de la poesía y el primer círculo literario en la nación. Tambourov habla en la presentación de su libro sobre algunos autores, que ya se trataron, pero son un primer escalón hacia el nuevo siglo. Él trata sobre el proyecto de europeización de Ivan Vazov y Pencho Slaveykov, de la mano de nuevos movimientos literarios, como el simbolismo y el futurismo. Pero piensa más particularmente en Yavorov y las cuestiones supraterrenales de su obra, la forma en que presenta a su nación y al extranjero.

Yavorov y Dimitar Boyadzhiev fueron los primeros en crear poesía presentando geografías no nativas, no desde el punto de vista de turistas culturales (como solían hacer Vazov y Slaveykov), sino de seres humanos cuyas identidades han sido cuestionadas a través del inquietante descubrimiento de la no pertenencia a ningún país, comunidad, lugar o tiempo (Harper & Kambourov, 2020, p. 11).

Bulgaria entra en un mapa, en los acontecimientos del mundo (europeo) y así, se vuelve un actor social más. En el estudio sobre Bulgaria de Curtis, podemos reponer lo que sucede en el cambio que se da entre el siglo XIX y XX. Ya nombramos a Stambolov y su final, pero el período siguiente nos muestra el peso del OIRM y la causa macedonia en la región, enfrentada a Grecia, así como el surgimiento de los Jóvenes Turcos y la anexión de Bosnia-Herzegovina por parte del Imperio Austro-húngaro (Curtis, 1992, pp.26-29). Para no abrumar con todo el dato histórico, y dado que el eje es la poesía, vuelvo a Iván Vazov para dar un ejemplo práctico:

SIGLO VEINTE

En la puerta del siglo nos hallamos,
el orbe va a su encuentro con vasos espumosos,
canciones y esperanzas: ¿será por fin el bálsamo?
Quien se alarma tan sólo es el filósofo.

En nuevo siglo entramos, pero no en días nuevos:
penden irresolutos aún siniestros problemas,
gobiernan injusticias y males sempiternos
y caóticas resuenan las cadenas.

El siglo transcurrido triste herencia
transmite al nuevo y así éste la recibe.
Las taras seculares por el remedio esperan…
¡Oh! ¿También el presente lo consigue?

¿U otra vez chirriará el yugo universal,
la sinrazón omnímoda y la espada desnuda?
¡Y cuán sediento nuestro género humano está
de justicia, de paz y de ventura!

El nombre de Vazov atraviesa todo este período de la poesía búlgara. Por eso, puede servir de un nexo para algo que se había tratado anteriormente: la cuestión judía en el territorio. Tras la independencia, y ya más cerca de la Primera Guerra Mundial, los autores de la comunidad judía empezaron a escribir textos en lengua búlgara o ladina, siendo uno de los casos el de Dora Gabe. Esta poeta, sin dudas, ha sido una de las primeras exponentes de una poética que enfrenta las viejas ideas patriarcales y sitúa lo femenino en las letras de su país. Además, fue muy respetada por sus pares y llegó a presidir en su país tanto el PEN como el Concejo de Escritores. Ella nació en 1888 y falleció en 1883, por lo que atravesó todo el siglo en su país, las diferentes corrientes, los diferentes cambios políticos y sociales. Es un caso central para la poesía: su padre era un inmigrante ruso que la alentó a estudiar, ella era políglota y traductora, y su trabajo con la poesía era de producción y de difusión. Ocupó cargos públicos en programas que buscaban acercar y hacer llegar la poesía a los sectores más pobres, con menos formación. Claro está, hay cuestiones contradictorias sobre su figura y obra, como lo que sucede tras publicarse su primer libro de poemas, con el que “afirma el rompimiento de las normas patriarcales de la vida de la mujer búlgara y su derecho de expresar libremente sus sentimientos” (Vela & Stoyanov, 1984, p. 25). Sin embargo, es recordada sobre todo por sus poemas infantiles o juveniles, se le da un rol de cuidado en la gestión pública, como nexo de paz y amistad en relaciones internacionales. Con esto, me refiero a que su inclusión en el canon, aunque es vista como la irrupción de la voz femenina en las letras búlgaras, es una postura de combate al patriarcado, pero termina siendo plegada a él, y vuelta a poner en el rol de cuidado y bienestar en que se sitúan a las mujeres. Pero nada va a quitar su lugar en la poesía búlgara.Publicó su primer texto a los doce años en una revista, en el año 1900, así como su primer libro en 1908, año de la independencia. Fue un símbolo del cambio de siglo y los nuevos paradigmas, de la voz de las mujeres que comienza a resonar en la literatura:

INCONFORMISTA

¡Me das miedo,
Gran Espacio del Universo,
cuando estiras mis pensamientos
hasta tus bordes infinitos!
Nuestras tierras es un puntito en ti,
y en él está mi amor
y mi odio
y mi fuerza – y no puedo
llevarlos
hasta tus límites.

¡Tú me diste
el anhelo de la grandeza
y la capacidad de penetrar en ti
y la sed de conocerte,
y ya está pronto el día
en que tendré que devolverte todo eso!
Miro el Amanecer
y el Ocaso
devorando su Eternidad,
y espero mi fin
bajo protesta.

Existen otros casos de poetas mujeres, como el de Rajna Ivanova Radeva-Mitova, más conocida como Kalina Malina. Poeta y traductora, fue quien escribió la primera novela infantil en el país. Así, se ve cómo la apertura al mundo, la europeización del país y las voces femeninas aparecen en escena. Pero otro elemento central va a ser el comunismo, si incluso se piensa que el primer partido comunista que se creó en el mundo tuvo su génesis en esta nación, surgido del Partido Social-demócrata de los Trabajadores Búlgaros (Българска работническа социалдемократическа партия).

Estas primeras dos décadas del siglo XX tuvieron la independencia, el mayor auge del OIRM, las Guerras Balcánicas y la Primera Guerra Mundial. Ya hemos visto ejemplos de poetas de ese momento (Yavorov, Slaveykov, Gabe, incluso Vazov), y también ha habido un panorama de las ideas. Pero me gustaría remarcar acá el rol de León Trotski como corresponsal en los Balcanes, y pensando la situación de Bulgaria, en particular. Él redactó un artículo/crónica en 1910, en que relata aspectos históricos e intereses varios sobre la cuestión independentista y las posturas imperialistas al respecto. Trotski comienza el artículo con su reflexión acerca de los Estados que formaban la península balcánica en ese momento, que fueron una maquinación de la diplomacia europea en la Conferencia de Berlín de 1879. Por medio de esas decisiones, pudieron transformar la diversidad nacional de los Balcanes en pequeños Estados que sólo aportaban más caos a la confusión en la zona, y donde ninguno de ellos podría extenderse más allá de un cierto límite. Luego, gran parte de este trabajo presenta las posiciones de los tres Imperios involucrados (el Austro-húngaro, el Otomano y el Ruso) y la alternativa del socialismo proletario de Rusia ante eso (Trotski, 2000). Existen otras publicaciones entre 1912 y 1913, con ataques epistolares puntuales con paneslavistas y defensores de las políticas que llevaron a los Imperios jugando cartas con el territorio búlgaro y de los Balcanes en general, texto que publicó en 1926. Lo importante: el radar europeo veía lo que pasaba en los Balcanes, con real interés, como un escenario para el futuro cercano.

Para cerrar esta sección, el comunismo era una idea preponderante, pero había otra idea que tuvo también mucha injerencia en la primera parte del siglo XX: el simbolismo.

El simbolismo llegó tarde a Bulgaria desde el exterior, pero seguía siendo la escuela artística más consistente de la literatura búlgara, excepto por los comunistas. El simbolismo búlgaro se vio fuertemente afectado por influencias externas tales como los escritores franceses Mallarmé y Verlaine, los alemanes Dehmel y George, el polaco Przybyszewski y los rusos Balmont, Blok y Briúsov. Sus primeros signos datan de 1905: en ese año el periódico Xudožnik (Artista) publicó el poema “El Nuevo Día”, de Teodor Trajanov, quien más tarde se convirtió en el principal simbolista del país y uno de los pocos que nunca traicionó el movimiento. En 1907 los simbolistas publicaron un almanaque titulado Južni cvetove (Flores del Sur, un nombre que recuerda a la importante colección simbolista rusa Flores del Norte), editado por Trajanov, Dimo ​​Korčev y Trifon Kunev, y que contenía mayormente trabajos de ellos (Moser, 1972, pp. 148-149).

A lo largo de ese capítulo en su libro (“The age of modernism and individualism. 1896-1917”), hay un detalle más exhaustivo que el aquí expuesto sobre nombres centrales de la poesía búlgara del período. Lamentablemente, no es posible reproducirlo porque extiende en demasía el presente artículo, además de no contar en la mayoría de los casos con poemas que muestren al lector más sobre la obra.

Fin de los Imperios, período de entreguerras y primera revuelta antifascista en el mundo

En los años veinte, los complejos y eclécticos simbolismo y modernismo búlgaros, que habían recibido tanto influencias francesas y alemanas como rusas, y a los que pertenecían muchos de los poetas antes mencionados ( Pejo Yavorov, Teodor Trajanov, Dimcho Debelianov y Hristo Yásenov, por dar algunos nombres), tuvieron que dar un paso al costado ante las pujantes poéticas de las vanguardias. El vínculo intelectual con Rusia los llevó a concientizarse con la Revolución de Octubre y sus miembros, los poetas y autores que escribieron sobre eso, o lo padecían (Vladimir Mayakovski, Alexander Blok, etc.). Al mismo tiempo, los procesos históricos entre las dos guerras mundiales y el terrorismo de Estado desencadenado en el país a partir del año 1923 hicieron que los poetas prefirieran la mística revolucionaria a la mística existencial. Pero, para no confundir, debe quedar claro que, aunque la línea simbolista tuvo grandes exponentes, como Pencho Slaveykov o Geo Milev, nunca estuvo al nivel de las ideas nacionalistas o las socialistas, que eran las imperantes. En el campo literario, las discusiones se mantenían entre nativo o extranjero, lo claro y legible o lo oscuro e ilegible, lo simple o lo complejo, y así. De ahí que el carácter tradicionalista de las dos líneas dominantes de la cultura apelara a un lado de esas dicotomías, para poder afirmar el valor social de los textos literarios producidos.

Ivan Vazov, el patriarca y ahora discutido símbolo de la poesía búlgara, tenía sus propias opiniones sobre el modernismo. Es un punto de partida hacia lo que pasa en el año 1818 en adelante en la región, tanto en lo cultural como en lo social y político. Ya en 1905, Vazov criticaba la decadencia poética y le hablaba a los nuevos y jóvenes poetas, al plantear que ante una completa falta de inspiración, había una alternativa que era oscurecer la dicción, enrarecer los climas, hacer versos intrincados, difíciles, que parecían apelar a la lectura, provocando un sinsentido que nadie leía, salvo sus propios autores. Más adelante, iba a agregar que los modernistas influenciaron el arribo de ideas occidentales a la literatura búlgara. La solución que daba a eso era Rusia, era Belinsky y la idea que el origen de la poesía era la conciencia nacional, por lo que la poesía debía estar cercana a la gente corriente. Él buscó sus opciones más atrás, incluso en el romanticismo, y así construyó su disputa con el modernismo. Pero volviendo al momento, con todo esto se llega a una conclusión: “Es significativo que, en Bulgaria, después de la Primera Guerra Mundial, cuando las ideologías colectivas del nacionalismo y el comunismo comenzaron a dominar el espacio público (en realidad, dividiendo el espacio público en dos partes antagónicas), el discurso autóctono se volvió aún más radical” (Harper & Kambourov, 2020, p. 85). Me apoyo, para dar un final a estas ideas que planteaba Vazov, en uno de sus poemas, que sirve de síntesis:

HABLA NATAL

                                    A Iván Shishmanov

Te amo, lenguaje búlgaro,
dulce sonido, el más querido entre los sonidos,
ya arpa melodiosa, ya espada
en los brazos del artista maestro.

Te amo, natal idioma,
ya dócil, ya duro como piedra,
diamantino, viva expresión y grito
del pensamiento, del ensueño, del fogoso espíritu,

idioma para el canto y la contienda,
idioma, generosa herramienta,
de tú dulzura estoy ebrio:
¡cómo fluyes, resuenas libremente!

¡Cómo cautiva tú armonía
el oído, oh, habla poderosa, grácil,

en los cantos de nuestras mujeres,
en el alado verso del poeta!

Bajo este clima de ideas, hay que pensar la situación política, a diez años de su independencia, y ya terminadas las Guerras Balcánicas y la Primera Guerra Mundial. En principio, Bulgaria ya no tiene a los grandes Imperios que la rodeaban y manipulaban, y en 1919 alcanza el trono el zar Boris. A su vez, las elecciones de ese año muestran el descontento del pueblo contra las reparaciones e impuestos que se debían pagar como consecuencia de la guerra. Tal situación llevó a que hubiera más miembros en los partidos socialistas y los agrarios, y al gobierno del primer ministro Aleksandar Stamboliyski. Su gobierno llevó a una reforma agraria, a abandonar la causa de Macedonia en aspectos internacionales para mejorar otras relaciones extranjeras. Esta información puede leerse en el inicio del capítulo “From war to war (1917-1944)” (Moser, 1972, p. 181). La llegada al poder de Stamboliyski llevó de la mano a la izquierda al poder, pero también activó diferencias con el recientemente surgido partido comunista. Un año después, hubo varios paros organizados por ellos, jornadas de huelga, y problemas que aparecieron desde otras organizaciones como la OIRM (Curtis, 1992, pp. 33-37).

En este contexto, el poeta que ha sobresalido es Geo Milev. Nacido casi a fines del siglo XIX, logró aunar en su poesía lo simbólico y la rebelión. Se formó en Alemania, y sirvió en la Primera Guerra Mundial, desde donde regresa a su Bulgaria natal tras una herida grave, en la que pierde un ojo. Formó parte de la escena literaria del momento, publicó en distintas revistas y fue un exponente de la ola simbolista en su nación. En su obra, se encuentran claras referencias a otros poetas de su tiempo, como Réquiem al poeta P. K. Yavorov. En el caldo de cultivo del gobierno agrario de Stambolivski, la monarquía y las fuerzas armadas se oponían a estas ideas; también existían problemas en su propio cuadro político de izquierda. En 1923, se dio una revuelta a cargo del ejército, con apoyo de los rebeldes macedonios, el sector más acomodado y los apoyos de la clase aristocrática. Sin apoyo, el gobierno de la Unión Nacional Agraria Búlgara perdió su lugar a cargo del gobierno.

La consecuencia directa de esto fue de la mano a la obra central de Milev. El Komitern ruso, que no se involucró previamente, permitió en el mes de septiembre que el partido comunista apoyara al sector agrario. Un nuevo actor social entró en escena: la iglesia ortodoxo búlgara, que formó parte de una sublevación contra el gobierno fascista que ocupó el poder. La respuesta del gobierno fue una cruel represión, con más de veinte mil muertos. Milev iba a escribir, un año después, su poema más emblemático, Septiembre, que retoma este episodio: “¡Septiembre! ¡Septiembre! / ¡Oh, mes de sangre! / ¡de auge / y derrota!”. En el poema se relataban y se denunciaba el accionar del poder, la gesta del pueblo y un reflejo de lo que fue la primera revuelta antifascista en el mundo. Como consecuencia de esta publicación, Milev iba a ser detenido un año después, en 1925, y sufrió torturas hasta aparecer muerto en una zanja, ahorcado con un cable eléctrico. Esta violencia representa un poco todo lo que fue el tortuoso camino de la poesía en Bulgaria, sus luchas, su resistencia, su canon, sus temas y sus imágenes. Milev es un cierre para un largo siglo, en la entrada en el mundo de posguerra, y un caso emblemático de las ideas políticas en Bulgaria que provenían de la poesía. Hasta acá, un breve racconto de la poesía moderna búlgara, que va a retomarse en una próxima nota para llegar hasta la actualidad. Como cierre, un breve pasaje del poema de Geo Milev, para dejar en alto los ánimos en los valientes poetas búlgaros, su compromiso con los pueblos y su eterna resistencia:

Voz del pueblo
voz de dios.
Por miles de cuchillos
atravesado
el pueblo−
embrutecido
humillado−
más pobre que un mendigo,
sin médula
sin nervios−
sublevose
desde la tiniebla inquietante
desde la tiniebla inquietante
de su vida
−y escribió con su sangre:
             ¡LIBRE!
capítulo primero:
Septiembre.

Bibliografía

Bótev, J. (2018). El colgamiento de Vasil Levski. Poesía completa (Traducción de Eugenio López Arriazu). Ciudad de Buenos Aires: Dedalus Editores.

Curtis, G. (ed.) (1992). Bulgary. A country study. Washington: Biblioteca del Congreso.

Eterovic, F. (1962). Los eslavos y su incógnita. Buenos Aires: Roberto López Ediciones.

Harper M. y Kambourov D. (eds.) (2020). Bulgarian Literature as World Literature. Nueva York: Bloomsbury.

Magris, C. (1988). El Danubio (Traducción de Joaquín Jordá). Barcelona: Anagrama. [versión digital en EPUB]

Milev, G. (2014). Septiembre (Versión adaptada por Pablo Arraigada). Wilde: A Pasitos del Fin de Este Mundo.

Moser, C. (1972). A history of Bulgarian literature. La Haya: Mouton.

Trotski, L. (2000). “Los Balcanes, la Europa capitalista y el zarismo”. Proletary, nº 38, 1 de noviembre de 1910 (edición digital https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1910s/19101101.htm)

Vela, R. y Stoyanov, R. (eds.) (1984). 24 poetas búlgaros (Traducción de Rubén Vela y Rumen Stoyanov). San José: Educa.

Notas

[1] Los poemas de Peyo Yavorov que aparecen en esta sección son traducciones encontradas en distintas webs sin la debida referencia acerca de los responsables.