Viacheslav Kupriánov
Traducción: Rafael Guzmán Tirado
Yo miraba con aversión a los que habían perturbado mi sueño. Dos catarrinos de forma educada (aunque antes de eso, me habían empujado sin contemplaciones) me explicaron que había tenido el inmerecido honor de ser invitado por la mona Ignátievna a visitar su editorial Orangutan-Press. Pregunté que por qué lo había hecho a una hora tan temprana, y me respondieron que el día de la poeta, la crítica y ahora directora de la editorial estaba planificado al minuto, y que, para hablar con usted, es decir, conmigo, le gustaría tener la cabeza fresca. También traté de preguntar sarcásticamente que a qué cabeza fresca se refería, pero mi pregunta quedó incomprendida y sin respuesta.
La editorial Orangutan-Press estaba ubicada en un edificio alto, en la calle Krasnaya Presnya. Subimos durante bastante rato en un ascensor y caminamos por un pasillo lleno de estanterías repletas de libros. Aquí ya se me permitió girar la cabeza, y pude darme cuenta de que algunas publicaciones no solo estaban editadas en costosas encuadernaciones de cuero, sino también, según me pareció, en piel. Los títulos de estos libros se podían identificar al tacto, incluso si se usaban manguitos, cuando hacía frío, según me explicaron las caras de los catarrinos que me acompañaban.
Los nombres de los demás libros hablaban de una producción en serie: «La vida sexual de las arañas», «La vida sexual de los marsupiales», «La vida sexual de los cornudos», aunque quizá se refería a los rinocerontes, porque no llevaba las gafas puestas. Toda esta serie se llamaba así: «La vida de las maravillosas fieras». Tenía un anexo, titulado el «Kama Sutra para artrópodos». Un verso del poema de la mona Ignátievna, mundialmente famoso, «Los callos isquiáticos hinchados», se podía leer en la portada de la serie «Novelas bestialmente femeninas». No sin celos, recordé que este verso había nacido como una dedicación a mí, una persona desconocida. Pero en lo que se refiere a las novelas femeninas humanas, en ellas, por lo general, las mujeres soñaban con que su hombre amado les regalara ropa interior fina y cara, mientras que el hombre soñaba con arrancarle cualquier lencería a su amada, lo que conducía a disputas y daba lugar al nacimiento de una trama. En las “novelas bestialmente femeninas”, la pasión alcanza tal grado que no solo le quitaban bruscamente la ropa interior, sino también la piel, para poseer el objeto amado sin envoltura externa alguna.
Luego venían las filas de libros de cocina para todos los gustos: «Cómo engordar a un cordero en libertad», «Cordero para los que se parecen a los lobos», no sabía que se había introducido un nuevo concepto: los que se parecen a los lobos; «Carne de ternera para hienas»; y esto sí que era ya bastante poético, incluso pensé que se trataba de unas memorias: «Del cerdo al jamón de york». En una de las portadas podía verse a un corderito sonriente abrazado a una hiena encantadora.
La siguiente serie estaba ya en edición rústica, supuse que a lo mejor serían libros de poesía, pero se trataba también de cocinas nacionales, sin embargo, no para depredadores, sino para herbívoros. «Qué plato se puede preparar con el estiércol». «El arte de descortezar árboles». «¿Hasta dónde escarbaran los cerdos?» Sí, señor. Una buena pregunta ¿hasta dónde?
A continuación, venían ya las obras claramente científicas: «El papel de las chinches en la humanización del hombre», otra de chinches: «Las razas de chinches y las razas humanas». Después le seguían los libros de memorias: «Las lombrices hablan sobre el mundo interior del ser humano». Los libros de sociología: «El freudismo y las cuestiones de las relaciones amorosas de algunos arácnidos»; «Karl Marx y los animales comestibles». Después había encontré algo incomprensible como: «Problemas del enterramiento de los animales fósiles». Soñaba con encontrar poesía, aunque ya sabía que, aparte de la mona Ignátievna, solo me sonaban dos o tres nombres de personas, que pudieran denominarse así, y que tenían alguna relación con Ignátievna, por lo que incluso se les permitía aparecer en televisión. Dependiendo del tipo de programa, se hacían pasar por los principales representantes del posmodernismo positivo o negativo. A veces se convertían simplemente en presentadores.
Al llegar a la recepción, me ordenaron que esperara y tuve tiempo de hojear algunas de las exquisitas obras literarias que había allí. Me topé con «El lobito Mowgli» en forma de cómic. En esta obra, al lobito Mowgli le ha tocado una familia humana decente, donde le enseñan a caminar sobre sus patas traseras y a comer con cuchillo y tenedor. Luego, la historia se convierte en una especie de obra bestial, estilo Dostoievski. El lobito crece y se come a Caperucita Roja, su hermana, parece ser que por la herencia de su abuela. De la investigación se hace cargo nada más y nada menos que el propio Sherlock Holmes, quien, mientras fuma en su pipa durante un buen rato y de manera ostentosa, se saca del bolsillo un paquete de cigarros «Dymok» arrugado, haciendo así, al parecer, publicidad subliminal, antes de señalar con la pipa el vientre exageradamente grande del adolescente Mowgli, mientras que el Dr. Watson insta a todos a buscar a los leñadores pedófilos, porque fueron precisamente ellos quienes abusaron y trocearon con hachas a la Caperucita roja que había escapado de Mowgli. A pesar de las protestas de la Sociedad de Bienestar Animal, el superinteligente Holmes raja el vientre del desafortunado Mowgli, usando para esto un atizador común. Para asombro de los presentes, del vientre de Mowgli salen los leñadores aún vivos, pero ni rastro de Caperucita Roja. Los presentes y un grupo de intelectuales locales, que había aparecido de repente, exigen el linchamiento del cruel Sherlock Holmes. Pero, entonces Mowgli, ya moribundo, señala los vientres hinchados de los leñadores. Los intelectuales, ya sin la ayuda de Sherlock Holmes, rajan los vientres de los leñadores, usando sus gafas para esto, y del primero sale una caperuza roja, es decir, una prenda de la desgraciada niña, pero del resto de Caperucita ni rastro. Todos se arrodillan ante el noble moribundo Mowgli. «Ustedes, los seres humanos …» es todo lo que le dio tiempo a susurrar antes de morir. En la última página puede verse un monumento a Mowgli, por cierto, frente al edificio de la antigua KGB en la otrora llamada Plaza Dzerzhinsky: un lobito llorando, apretando una caperuza roja entre sus patas. Este libro está autorizado por el Ministerio de Educación Pública como manual de literatura para los cursos iniciales de la Escuela Secundaria.
Me gustaría saber quiénes son los que escriben este tipo de libros, porque solo ponía que el autor era un colectivo, pero no quedaba claro quién los había escrito, si eran personas o animales. En ese momento entramos en el despacho de la mona Ignátievna, quien con un gesto majestuoso me señaló un sillón, mientras terminaba una conversación telefónica, poniendo al descubierto un poco los secretos de la cocina editorial:
–Sí, sí, por supuesto que necesitamos obras policiacas. No, no, no es asunto mío adivinar quién dispara o a quién le dispara. ¿Y si es un ser humano a otro ser humano? ¡Pero eso es algo banal! ¿Y si lo mata brutalmente? ¿Pero, de qué otra manera se puede matar? ¿Y si se lo come después? Otra vez más banalidad. ¿Por qué mata si no se lo come después? ¡Ah, que se lo come vivo! Pero entonces se trata de la tradicional cocina china que conocemos. Banal, eso es totalmente banal … No hace falta contarme otra vez la historia… ¿A quién se la volvió a contar? ¿Y quién vomitó al oír esa trama? ¿A la suegra, dice? ¿Pero a qué suegra? Dígame de una vez, ¿quién es usted, ¿Es un ser humano o no? ¡Pero por qué vacila! Lo podía haber dicho antes. Entiéndame bien, el mercado es el mercado, Orangutan-Press es una editorial comercial, diseñada para el éxito, expresado en sólidas ganancias. Por lo tanto, todavía necesitamos a los seres humanos, pero solo como lectores masivos, porque escritores tenemos los nuestros. Un colectivo de autores bien coordinado. Así que perdone, perdone…
Ignátievna, tras poner el móvil en la mesa, se volvió, un poco avergonzada, hacia mí. Llevaba puesto un elegante vestido beige con una especie de borde de piel, que se convertía suavemente en un escote de lana, como luego supe de una entrevista televisiva con ella, del modisto Nabaldashkin.
–Bueno, usted tiene su propio estilo, y espero que me entienda, la literatura comercial moderna, por lo general, está escrita por animales, pero hasta ahora solo era leída por los seres humanos, ya que tienen las manos mejor adaptadas para hojear un libro. ¡Bueno, sin embargo, todo llegará. Vosotros tenéis a esos, León Tolstoi, Lope de Vega, que pertenecen ya al pasado. Los humanos, como se suele afirmar desde Buffon, vienen de los monos, pero esto es solo temporalmente. Los árabes creían lo contrario, como si nosotros, los monos, hubiésemos sido humanos degenerados, maldecidos por Alá. ¡De ahí, por cierto, viene el extremismo islámico! Heidegger llamaba al ser humano de ciudad «mono de la civilización» –la mona me lanzó una fugaz mirada para comprobar si me había ofendido como ser humano, o me había maravillado de su profundo conocimiento de las obras del pensador alemán, pero yo ya estaba acostumbrado a todo-. Sí, ese filósofo alemán predijo todo eso, estamos creando una nueva civilización urbana, llamada a acabar, como ya parece decir Marx, con la idiotez de la vida rural. Publicamos nuestros libros –continuó ella de manera afectada- después de haber leído que la nueva generación pasará a un nuevo nivel de conciencia expandida. ¡El pueblo ya se sabe! Se trata de la visión del mundo y de la autoconciencia! ¡Se trata de la literatura metafísica! ¡Nuestros libros nos ayudarán a descubrir quién descendió de quién y hacia dónde tenemos que ir!
–¿Y hay obras de literatura clásica en el programa? ¿Por lo menos, de las escuelas?
–Por supuesto, pero adaptada. Las obras de literatura clásica rusa fueron escritas por nobles idealistas, desconectados de la vida corriente y del verdadero lenguaje popular. Tolstoi, Chéjov, Bunin. Ellos no hablaban así en su vida diaria, ¡El mismo Bunin menudos tacos soltaba! Aquí estamos adaptando a los clásicos, partiendo del orden social de hoy. No se puede decir que digamos tacos por un tubo, pero todo está normalizado de acuerdo con el lenguaje moderno de las ruidosas calles, como Pushkin podría haber soñado, cuando escribió en la época de la censura eso de: «¿Voy vagando…» el propio babuino Nerón, Ministro de Cultura y de Defensa supervisa esta edición, considerándola una revolución cultural en la literatura rusa. ¡Ay! ¡No sé qué me pasa que no paro de teorizar! Por cierto ¿Aún no he compartido con usted mis impresiones sobre Europa Occidental? La mona se recostó en el sillón y encendió un cigarrillo ruso de la marca Russki standart.
–En absoluto, pero he oído hablar de tu triunfo. Premio europeo como deportada de África a Rusia. Premio Vladimir Solovyov a la eterna feminidad. Premio Pushkin, en Hamburgo, a la mejor poeta rusa…
–Bueno, sí, bueno, sí –Ignátievna se quedó confundida-. ¡Incluso me he hecho un lío en mi cabeza con las fronteras! Me gustaban las piedras sagradas de Europa, que en otro tiempo pisaran los pies de Dostoievski. ¡Me gustaría ponerme a cuatro patas para sentir esas sensaciones con toda intensidad! ¡Cómo le encanta todo esto al corazón del escritor ruso!
–Sí, es cierto -no sabía qué preguntar más, sin ofender a la directora de la editorial: y dije-: ¿Y dónde sentiste claramente por primera vez que eras rusa?
–¿Cómo que dónde? Ya en la sala de espera del consulado. De la sección consular de la Embajada de Alemania, al ir a sacarme un visado Schengen. Al principio, me confundí y me puse en la cola de la ventanilla para diplomáticos, pensaba que me iban a dejar pasar como africana. ¡Pero nada de eso! Como iba por el apartado de intercambio cultural, representaba la cultura rusa. También me dijeron: «No es necesario que muestre sus documentos, ya vemos que se trata de cultura, de cultura rusa». La directora echó con elegancia las cenizas del cigarro en el cenicero, que tenía forma de libro abierto. Te terminas el cigarro y cierras el libro para que no huela mal. Es muy cómodo.
–En la frontera, sin embargo –seguía largando Ignátievna–, no sin confusión, en Sheremetyevo, en el aeropuerto, me preguntaron: «¿Lleva verdes?». Entendí que se referían a monos verdes, como infectados de SIDA, incluso me ofendí, y en Fráncfort del Meno, también me preguntaron: Va al congreso del partido de los verdes, – me alegré y asentí para que no hicieran más preguntas. Pues, yo solo hablaba un poco de alemán, que había pillado en los cursos del Instituto Goethe. Y me preguntaron también si llevaba alguna sustancia prohibida en los abazones.
«¿Pero cómo se puede leer poesía sin conocer la lengua? ¿Le habrá leído al público alemán poemas en ruso?», pensé sarcásticamente, ¡Vaya con la cultura! Todo cabe en los abazones.
–¡Por supuesto que les leí en ruso! Tan pronto me ponía a leer, el público se extasiaba: «Toll, Toll», decían, que en su lengua significa: «¡Qué guay!» Y luego, en general, no me dejaban ni decir una palabra, cuando aparecía en el escenario, empezaban a aplaudir. Tan pronto abría la boca, se oían los aplausos. Tenía que levantar la mano para que todos se calmaran – y de nuevo, otra ovación. Pero esto pasó ya después de la entrega del premio Pushkin.
–¿Justificaron el premio de alguna manera? ¿alguno de los eslavistas intervino con un discurso de felicitación?
–¿Para qué hace falta una justificación, o formalismos, cuando se trata de una cosa tan sutil como la poesía? Sí, un eslavista habló en mi honor, no sé si en alemán o en holandés, pero por la entonación pude notar que eran palabras elogiosas hacia mi persona, ¡Asentía de forma galantemente, mirándome! En cuanto a la propia justificación, no solo los eslavistas saben que Pushkin, Dios me perdone, se parecía a un mono. Por cierto, él, como yo, era originario de África, en cierta medida un deportado, como yo. –Me miró la mona victoriosamente con sus ojos rojizos.
–¡Cómo que deportada! Toda tu vida viviendo en un zoológico, subvencionado por el Estado –añadí sin poder contenerme.
–Lo pasado, pisado. –Se enfadó la directora-. Para qué necesito yo esas migajas del Estado, yo puedo mantenerme sola y patrocinar también una escuela de música en el vivero de Sujumi. Me indigné aún más, cuando me ofrecieron asilo político en Alemania, como diciendo, ¡Un escritor rico así no podrá vivir en Rusia! ¿Y quién levantará Rusia entonces, sino los propios intelectuales ricos? De milagro no rechacé el premio por indignación que sentí.…
–¿Y no explicaron por qué el Premio Pushkin se entrega en Hamburgo? –hice una pregunta de despiste para alejarme del doloroso tema de levantar Rusia. Y ahora empezará otra vez a hablar sobre Pedro, incluso había oído que ella quería cambiar su patronímico Ignátievna por Petrovna, en honor del querido Emperador, pero la disuadieron, porque, al parecer le dijeron que Petrovnas hay montones.
–¿Que por qué entregaron el premio en Hamburgo? ¡Porque allí hay dinero! –La mona se quedó pensativa un segundo y exclamó con erudición-: ¿Dónde es donde hacen la luna en la obra de Gogol «Notas de un hombre loco»? ¡En Hamburgo! ¿No? ¡Pues, también es ahí donde entregan el premio Pushkin!
–¿Por ahora no la han nominado aquí en Rusia al Premio Apolo Grigoriev?
–¿A qué Apolo? ¿Grigoriev? No, todavía no han propuesto mi candidatura.
–Como suele decirse, nadie es profeta… En el extranjero, me han nominado como escultora para el premio Apolo del Belvedere. Pero me entregaron ese premio como escultora, porque soy representante de las Bellas Artes. Entonces, levanto las manos y me quedo inmóvil: ¡Parada por un instante!
–¿Y en qué gastaste el premio recibido?
–No lo he gastado, sino que lo he invertido. En un fondo clave. ¿Qué cómo comenzó mi editorial? No comenzó gracias a mis honorarios por la poesía, ¡aunque soy el número uno en el ranking! Ahora estamos creciendo, nos preparamos ya para la Feria del Libro de 2003 en Frankfurt, donde Rusia será el país invitado. Tenemos proyectos fantásticos. Como el libro comestible. Bien es cierto que no todo el mundo puede comérselo, nuestros elefantes se lo mostrarán a los visitantes. ¡Pues, Rusia es la patria de los elefantes! El truco no consiste en que el elefante se coma el libro, sino que cuando salga del culo del elefante, lo subastaremos para los visitantes de la Feria, ¡Apuesto a que todos querrán hacerse con él! Y también estamos preparando un libro-hormiguero, en el que las letras pululan como hormigas por cada página. Solo se puede leer cuando está lloviendo. Otra novedad es un tipo de libro en el que el autor entra como si fuera una puerta y sale solamente para firmar autógrafos. En todos los aeropuertos internacionales se venderá también, por así decirlo, un libro con doble fondo para llevar divisas. Una de las estrellas del mundo del show business, todavía no quiero decir su nombre ni su orientación sexual, está escribiendo para nosotros un libro de memorias, «Mi vida íntima con los hipopótamos», ella aparece rodando una película con el mismo nombre. Son cinco series. La acción tiene lugar en cinco ríos: el Nilo, el Ganges, el Mississippi, el Rin y el Yauza. Cada río cuenta con su propio hipopótamo nacional. Pero no hay que olvidar que, a diferencia del cine, no solo nosotros leemos los libros, sino que los libros nos leen a nosotros…
En el despacho entró una secretaria con cara humana. Le susurró algo a la directora, tras correr hacia ella sobre sus patas traseras. Ella asintió y algunos animales de carga fueron invitados a entrar en el despacho, vestidos como de excursión, pero con estilo. Ignátievna firmó cada uno de sus papeles y, a su vez, sacudió con su pata los cascos que le sobresalían de las mangas. Cuando los animales de carga salieron, ella miró con entusiasmo su reloj suizo y se dirigió a mí con palabras claramente de despedida:
–Son nuestros distribuidores. Nuestros concesionarios. Solo editan en tapa dura y venden por divisas. Las hembras distribuyen novelas policiacas femeninas y novelas románticas, los machos, obras policiacas guai y pornografía barata. Y, como ya ha oído, el equipo de autores es bastante fuerte, pero el lector de masas todavía tiene, por decirlo de algún modo, aspecto humano. Sí, qué lástima que no tenga mucho tiempo, porque me gustaría seguir discutiendo con usted», suspiró la mona.
–¿Y de qué quería discutir?
–¡Al menos, de la posmodernidad!
–Pero yo no soy posmoderno, respondí, casi como el profesor Lifschitz.
–De todas maneras, me gustaría discutir. He sido yo quien lo ha llamado, pues usted fue escritor en el pasado, para que, después de que se familiarice con nuestro programa editorial, piense en cómo introducir en nuestra gran oferta de libros una cierta línea filosófica. Entonces podríamos contar con la afluencia de público lector, pero, eso sí, ya de nuestro entorno, que con su largo silencio en la historia del planeta se ha ganado el derecho a ser llamado público intelectual. ¡Es hora de convertir en oro el silencio! Si antes soñábamos, ahora, con su ayuda, contamos con el hecho de que van a leer » La crítica de la razón pura» del mismo Kant, con mucho interés como si fuera una novela policiaca intelectual, como usted sabe, o la» Crítica de los principios abstractos», del mismo Solovyov, y van a exigir su continuación. Habrá un montón de trabajo. Imagínese la «Crítica de la razón pura-2», la «Crítica de la razón pura-3», escrita, ya no por un anticuado Kant, sino por nuestro contemporáneo más puro e inteligente, y después la “Crítica de la razón ya impura”, y así sucesivamente, a petición de muchos lectores, hasta que terminemos con todas las razones. El papel de la mente Pura, digamos, será interpretado por el Hipopótamo-gato[1] – en ese momento la mona me miró sarcástica y ojipláticamente: – sí, entiendo, será difícil encontrar un intérprete humano para este papel. ¡Pero ahora tenéis libertad! Y podemos crear seriales sobre ese tema. Al «Elogio de la Estupidez «de Erasmo de Róterdam, ya sabéis, “Humana”, le seguirán el «Elogio de la Abominación», el «Elogio de la Aversión», compuestos al mismo nivel por escritores aún desconocidos, por seres humanos y no solo humanos. Los actores ya están habiendo cola, listos para matarse entre sí, antes de lo que deberían. Primero vamos a emitir la serie, luego se publicarán los libros. Comience a escribir los guiones. ¡Mientras tanto, recuerde aquella oración inteligente de los monjes bizantinos, el discurso interno de los animales pensativos, que aún no se ha traducido a palabras! La editorial «Orangutan-Press» no se quedará en deuda con usted. Si tiene éxito, por supuesto. Venga, prepare sugerencias. Haga una lista de escritores. Forme un colectivo entero. Nosotros vamos a complementarlo y apoyarlo. También le daremos correctores literarios. Pero, ahora, adiós y piense en mi propuesta.
Y se dirigió a la recepción, donde me esperaban, mis acompañantes, los monos catarriños:
–¡Ya pueden llevarse al lector! ¡Gracias!
Notas
[1] Conocido personaje de la novela «El Maestro y Margarita» de Mijaíl Bulgákov, obra maestra de la literatura rusa.