La guerra atemporal en la literatura eslovena contemporánea

Julia Sarachu

El tema de la guerra reingresa en la literatura eslovena contemporánea con ciertas particularidades. En el año 2017, el escritor esloveno Aleš Šteger publicó la novela Neverend, donde el motivo de la guerra ya no aparece cargado del pathos nacionalista, como podemos observar en la historia de la literatura eslovena hasta 1980, sino como un concepto atemporal, transhistórico, que se relaciona con una forma de la experiencia humana en el mundo.

El eje central del relato es el diario de una escritora joven contemporánea que vive en Ljubljana en tiempos de crisis económica y social, cuando un líder populista toma el poder en Eslovenia, mientras Europa se desmorona y los personajes son testigos del deslizamiento del país hacia la guerra civil. Esta escritora, a su vez, realiza una investigación a partir de la cual escribe un relato histórico sobre el viaje del naturalista Antonio Scopoli a través de la Europa del siglo XVIII, devastada por la guerra. Por otro lado, para costear sus gastos, la joven comienza a dar talleres literarios en la cárcel, donde algunos de los prisioneros provienen de diferentes países de la ex Yugoslavia. De estos talleres surge una serie de 33 cuentos que en la novela se atribuyen a tres prisioneros, un serbio, un croata y un bosnio, quienes, a través de la práctica de escritura, toman conciencia de la conexión entre sus historias de vida desde la época de las guerras yugoslavas, lo que les permite comenzar a entretejer o reconstruir una identidad común después del proceso de desintegración del Estado en la década del 90. A partir de esto, podemos pensar que los relatos se sitúan en el contexto de las guerras de los Balcanes, sin embargo, están planteados desde una perspectiva ahistórica, alegórica y universal: expresan la idea de que el conflicto representa una problemática intrínseca del ser humano, que emerge de manera cíclica y puede manifestarse en cualquier momento y en cualquier lugar.

La serie de los 33 cuentos fue publicada de manera independiente de la novela, con el título Cuentos de la Guerra, por editorial Gog y Magog en 2023, con traducción de Julia Sarachu. La edición propone leer la obra de manera autónoma, lo que abre la perspectiva del lector a múltiples asociaciones. El autor construye en la serie un cronotopo que es un sin tiempo y sin espacio definido: hay referencias que podrían señalar que alude a la Primera o Segunda Guerra Mundial, otras indican la Guerra de Bosnia, algunos datos remiten a cualquier posible guerra en Medio Oriente, donde podrían intervenir fuerzas internacionales, aparecen alusiones a la Cruz Roja o la OTAN, pero también elementos que plantean la idea de la guerra en un futuro de ciencia ficción no muy lejano. Neverend, que, además de ser el título de la novela es el título de uno de los cuentos de la serie, significa algo que nunca termina. El concepto remite al miedo ancestral de que el conflicto se salga de control y precipite a la humanidad en una situación de lucha de todos contra todos que termine provocando la autodestrucción masiva. Según Thomas Hobbes en Leviatán, este miedo atávico se encuentra en el origen del Estado y es su condición de posibilidad. Los ciudadanos aceptan someterse a las leyes establecidas porque temen la libertad, tienen miedo de sí mismos, del animal que, oculto tras millones de años de represión de las costumbres, habita el inconsciente y siempre presiona y emerge de manera ocasional, para ser otra vez, y solo temporalmente, contenido. ¿Qué pasa entonces cuando el Estado, por exceso u omisión en la aplicación de los métodos de control y persuasión, deja de cumplir su función pacificadora? ¿Qué pasa cuando se suspenden las leyes, se establece el estado de excepción y diversos factores entran en lucha por el monopolio de la fuerza? ¿Qué ocurre cuando los individuos, desprotegidos ante la violencia, se ven obligados a valerse de sus propias fuerzas y sus propios recursos para defenderse y sobrevivir? En torno a este núcleo de duda y reflexión gira la constelación narrativa en Cuentos de la guerra.

A continuación presentamos uno de los cuentos más interesantes de la serie, “El cordero”. En este cuento, los elementos fantásticos no están dados por los hechos ni los personajes que plantea el argumento, sino por la intensidad del vínculo que se desarrolla entre el soldado que narra la historia y el animal. El relato se presenta con realismo, y la aprehensión excesiva del hombre por el cordero podría explicarse por el estrés y el trauma constante al cual se encuentra sometido en la situación de guerra. La obsesión del soldado por proteger al cordero aumenta, mientras sus fuerzas se debilitan por el hambre y la falta de sueño. Esto sume al narrador en un estado de semi consciencia en el cual se confunden los tiempos, el pasado, el presente y el futuro forman una constelación de acontecimientos y sensaciones físico-afectivas que persiste en la memoria y se proyecta como la estructura de sentimiento, la definición de la vivencia o experiencia colectiva que el libro busca transmitir: con estilo borgiano, se quiebra la lógica causal y ya no hay antes o después, lo que queda es la impresión de un espectáculo de destrucción y dolor que el sujeto ve en perspectiva y al mismo tiempo lo involucra. En este sentido, el cuento “El cordero” resume el concepto de la obra: ese sin tiempo, planteado en el título Neverend, que involucra el significado de todos los cuentos.

El cordero

Mali venía de zonas montañosas, su familia criaba ovejas y cabras para ganarse la vida, así que él era el único entre nosotros que sabía cómo lidiar con estas cosas. Deberíamos sacrificar primero al cordero, y recién después a la oveja vieja. Pero nadie escuchó a Mali. Entonces, por pura arrogancia, comenzamos por la vieja. Mientras la desangrábamos y empezábamos a desollarla, su corderito, que nos había estado observando todo el tiempo detrás de la cerca, desapareció sin que supiéramos adónde había ido. Luego todo resultó diferente. Explosiones y pánico. Agarré la mochila y el fusil, y corrí para salvar mi vida. Detrás de las laderas del claro del bosque, miré a mi alrededor con el corazón apesadumbrado en busca del animal que nos habíamos visto obligados a dejar en medio del patio de la granja solitaria. Muertos de hambre, delirábamos ante la idea del cordero recién asado. Sin embargo, desde la distancia, solo alcanzábamos a ver, impotentes, a un trío de lobos que se acercaba al animal desmembrado y comenzaba a desgarrar la carne. Fue desesperante.

Nos acercamos hacia la línea del frente. Acampamos en medio del bosque. No debíamos encender fuego para no delatar nuestra posición. Así pasaron varios días, hasta que una madrugada, todavía estaba oscuro, escuché un chasquido de ramas mientras estaba de guardia. Al principio pensé que era un animal más grande, un ciervo o hasta un oso, cuando salió de la oscuridad el cordero desaparecido. Lo reconocí inmediatamente por las manchas grisáceas que tenía en el cuerpo. Nos había seguido a escondidas desde la granja hasta acá, en lo profundo del bosque. Levanté el fusil y apunté, pero el cordero corrió hacia mí y comenzó a apretarse contra mis pantalones. Le puse la mano y el cordero la lamió y comenzó a chuparme el pulgar. Evidentemente el animal pensaba que yo era su madre, a quien había sacrificado frente a él unos días antes. Lo llevé conmigo. Mis camaradas querían matarlo de inmediato, pero no lo permití. Desde entonces, el cordero estuvo conmigo. Dormía conmigo y yo lo cuidaba, lo alimentaba con leche y pan, si encontraba en alguna parte. Por supuesto sabía que no sería posible conservarlo así por mucho tiempo. Pero durante los días difíciles de la guerra, el pequeño cordero creció extrañamente en mi corazón, se convirtió en todo lo que tenía.

El anillo del frente de combate se cerraba a nuestro alrededor. A menudo teníamos que movernos rápidamente. Dos veces estuvimos en una situación de fuego cruzado, sufrimos grandes pérdidas. Nuestro comandante cayó, también un par de los mejores hombres, una granada hizo volar a Mali por los aires, a unos cientos de metros de donde estaba yo, y fue un verdadero milagro que el cordero y yo siguiéramos con vida. Nos retiramos por un terreno difícil. Tuve que poner al cordero con todo el equipo en mi hombro y llevarlo a través de las quebradas. Su corazón latía salvajemente en la nuca y a menudo me lamía en señal de gratitud mientras caminaba. Pronto nos encontramos en una trampa. El enemigo no sabía exactamente dónde estábamos y nosotros, rodeados de montañas infranqueables, no podíamos avanzar más. Nos vimos obligados a acampar y esperar una contraofensiva. Esto podría llevar mucho tiempo. Estábamos hambrientos y mis camaradas me presionaban para sacrificar finalmente al cordero. No lo permití. El asunto escaló. Nos apuntamos con las armas, nos insultamos y nos amenazamos. Luego, junto con el cordero, me retiré del resto de la compañía a un refugio rocoso cercano, me atrincheré y protegí a mi animal noche y día. Sabía que tarde o temprano intentarían quitarme al único ser vivo que amaba en el mundo. Y con él, el significado de seguir viviendo. La guerra ya no estaba ahí fuera, entre el enemigo y nosotros. Se trasladó a nuestra tropa. Estuve en guardia durante varios días y noches. De vez en cuando veía las sombras de mis antiguos camaradas que venían a espiar. Estaban esperando el momento justo en que me quedara dormido. Entonces… no sé cómo describirlo.

Cerré los ojos por el hambre y el cansancio, apoyándome en el grueso vello lanudo de mi cordero. A pesar del sueño superficial, mi alma continuaba observando todo lo que sucedía. Me quedaba dormido por el agotamiento y, al mismo tiempo, permanecía despierto. ¿De dónde sino me hubieran llegado esas figuras difusas, los contornos de tres rostros inclinados sobre mí? Al momento siguiente sentí un golpe en medio de la frente, un torrente de sangre y la voz del cordero, que balaba mi nombre. También sé que pensé en lo extraño de que el cordero me estuviera llamando en lenguaje humano. Dos escenas más quedaron grabadas en mi memoria. La primera es la visión del pegajoso charco de sangre en el que yacía, luego el calor de las brasas sobre las que giraba el animal en un palo. Y la última escena, que hubiera jurado que sucedió antes que todas las demás, aunque eso no es posible. ¿O acaso es una escena que sigue ocurriendo una y otra vez a lo largo de la historia y ha evocado el recuerdo de repeticiones anteriores? La escena del campamento en ruinas, mis camaradas muertos, sus cadáveres siendo destrozados por una manada de lobos.

Bibliografía

Šteger, Aleš (2023). Cuentos de la guerra. Trad. Julia Sarachu. Buenos Aires: Gog y Magog.