Las revueltas campesinas del siglo XVI en la obra poética de Anton Aškerc

Julia Sarachu

Uno de los momentos más interesantes de la historia de la literatura eslovena es, sin duda, la reconstrucción poética que hace el autor Anton Aškerc de las revueltas campesinas del siglo XVI contra los nobles austríacos.

Anton Aškerc (1856-1912) se ordenó  sacerdote en 1880, pero su carrera eclesiástica estuvo marcada por la tensión. Sus ideas progresistas, su apoyo al nacionalismo esloveno y su pensamiento libre chocaron con la jerarquía conservadora de la Iglesia. También tuvo problemas con los fieles, que se quejaban de que los trataba mal. Al mismo tiempo, Aškerc comenzó a estudiar las teorías científicas de la época, como el darwinismo, lo que lo llevó a cuestionar los dogmas católicos. Sus sermones empezaron a reflejar un pensamiento más racionalista y menos dogmático, lo que confundía o molestaba a los feligreses más tradicionales. Probablemente, como el caso de varios autores eslovenos de origen humilde del período, Aškerc no tenía verdadera vocación sacerdotal sino intelectual, e ingresó al seminario para poder acceder a estudios superiores. A estos conflictos con la iglesia se sumó otro problema de orden más personal: los padres del poeta perdieron la propiedad de la tierra, que fue entregada a la Iglesia católica. Después de la abolición de la servidumbre, en 1860 en el Imperio austríaco, y debido a la globalización del comercio mundial en el último tercio del siglo XIX, que favoreció el ingreso de materias primas de América, el precio de los productos agropecuarios cayó significativamente en Europa, esto sumado a los altos impuestos hizo que muchos campesinos se endeudaran y perdieran sus tierras. Este fue el caso de la familia de Aškerc, los padres se endeudaron con un prestamista quien les prometió que al morir las tierras les serían restituidas, pero el propietario donó la propiedad a la iglesia, y luego de su muerte, los bienes fueron transferidos. Los conflictos de Aškerc con la iglesia se profundizaron hasta que, finalmente en 1898, le concedieron la jubilación anticipada y se trasladó a Ljubljana, donde el intendente de la ciudad, Ivan Hribar, que también era escritor, traductor y periodista, le consiguió un puesto de archivero municipal. A partir de entonces Aškerc se entregó por completo a la actividad literaria, y su pensamiento dio un giro anticatólico muy fuerte: empezó a escribir artículos abiertamente en contra de la Iglesia católica y la política austríaca en la revista literaria de corte progresista Ljubljanski zvon, por otro lado, en sus poemas planteaba la unión de los eslavos del sur para lograr la emancipación política. En su obra sostiene la idea de que, más allá de las diferencias religiosas, los eslavos tienen un vínculo de sangre e idiomático, y que todas las religiones, en definitiva, rinden culto, de forma diferente, al mismo Dios. En el último período de su obra, escribió, incluso, poemas donde elabora conceptos y temas fundamentales del hinduísmo y el budismo.

Mientras trabajaba como empleado municipal, Aškerc tuvo la oportunidad de viajar durante las vacaciones por toda la región balcánica, y de estos viajes extrajo motivos folklóricos para sus creaciones literarias. Así, el poeta realizó en su obra la objetivación de la cultura popular sur eslava: desde las leyendas de los pescadores del mar Adriático, hasta temas épicos con base histórica, relacionados con la derrota de los reinos eslavos y su incorporación como siervos al Imperio austríaco a causa de las luchas de poder fratricidas entre los eslavos. En el conjunto compositivo, se destaca especialmente la serie Stara pravda, El antiguo derecho, que hace referencia al derecho de los campesinos a la tierra. En sus viajes por el territorio de la actual Eslovenia y Croacia, Aškerc estudió las figuras y las inscripciones en los frescos de las iglesias que registraban los hechos ocurridos en 1573, cuando los campesinos eslovenos y croatas de la cuenca del río Sava se rebelaron contra los nobles austríacos que tenían el derecho de posesión de la tierra, ante la crueldad del barón Ferenc Tahi que fue el detonante de la rebelión. Los campesinos se unieron bajo el liderazgo del campesino Matja Gubec, quien los organizó e ideó el plan de conquistar Zagreb para establecer un territorio libre. La revuelta fue duramente reprimida por los nobles austríacos, quienes se unieron para frenar el levantamiento que duró 12 días. La batalla decisiva ocurrió en Stubičke Toplice el 9 de febrero de 1573: a pesar de su valentía, el ejército campesino, formado por unos diez mil hombres mal armados, muchos solo con herramientas de labranza, fue aplastado por la caballería profesional de la nobleza. En combate murieron aproximadamente cinco mil campesinos, pero luego los nobles realizaron una represalia brutal y ejecutaron en la horca a muchos más para que el hecho no se repitiera. Una de las batallas más sangrientas fue la de Krško, donde se estima que unos 300 campesinos murieron en un solo día, en combate o ahogados en el río Sava, al intentar escapar, y dice la leyenda que el río Sava corrió rojo. Por otro lado, al líder Matja Gubec, lo ejecutaron públicamente en la Iglesia de San Marcos en Zagreb, lo obligaron a sentarse en un trono de hierro al rojo vivo, le pusieron una corona y le dieron el cetro de rey campesino pero incandescentes, frente a una multitud que observaba. Aškerc recrea los hechos históricos en forma de poemas con una clara intencionalidad política: busca despertar indignación ante la crueldad de la dominación austríaca e inspirar el espíritu patriótico y de unidad sur eslava, para que crezca en la fantasía del lector el anhelo de emancipación política.

Incluimos a continuación tres de los 10 poemas que integran la serie Stara pravda/El antiguo derecho, traducidos por mí y publicados en el libro Baladas y romances (A pasitos del fin de este mundo, 2016). El segundo poema presenta una escena en el interior de un castillo, donde los nobles austríacos se han juntado a celebrar con vino y discutir sobre el problema de los levantamientos y el liderazgo de Gubec. Resulta especialmente interesante en este poema que el autor plantea el problema teórico y filosófico-jurídico acerca del principio de propiedad: los nobles plantean que la propiedad de la tierra es el derecho que han recibido por parte del emperador y consta en los documentos escritos. A este derecho oponen el derecho natural que reclaman los campesinos a la posesión de la tierra, como un bien mínimo y básico para el autosustento. Los nobles, enardecidos por el vino, apuestan un caballo contra una campesina eslovena a quien logre frenar la rebelión. El primer poema presenta el lado inverso: Gubec junto con sus compañeros de lucha se encuentran reunidos alrededor del fuego en la víspera de la batalla. Todos los campesinos se dan ánimo e intentan permanecer con el espíritu alto, solo Gubec se queda en silencio y no participa. El líder está preocupado, medita en silencio, porque comprende el riesgo de la empresa en la que se han involucrado, teme por su vida y la de sus compañeros, porque no son profesionales del crimen y la muerte, solo son campesinos mal armados. De todos modos cobra ánimo, y finalmente, los insta al combate. Por último, “La coronación en Zagreb”, en este poema el sujeto lírico presenta a Gubec como un Cristo que anuncia, en el momento de su derrota, la futura liberación y emancipación de los eslavos, cuando llegue el tiempo indicado. El héroe-mártir, en el instante de la muerte, predice la inevitable victoria futura de su ideal.

VIII

TABOR

(1573)

“En poco tiempo llegaron muchos desde lejos

a la lucha y combate…

——————————

todos y cada uno suplicaban y juraban.”

¡Ey, qué movimiento hay bajo Klanjc

en el campo Sotelsko esta noche!

Veinte mil rebeldes

se preparan a la batalla por sus derechos.

La luna llena mira duramente

sobre el campamento de la resistencia;

escucha el relincho de los caballos

y oye el sonar de las espadas.

Solo nieve, hielo por el campo,

que esparce la tormenta de navidad,

pero en los corazones hay calor –

¡los alumbra, los inflama el fervor!

En medio del campamento, allá junto al fogón

tres hombres están sentados;

la siempreviva y las plumas de gallo,

prendidas en el sombrero de los héroes.

El fuego crepita alegremente,

el primero se despierta del sueño;

apoyado en el fusil

el campesino Pasanec manifiesta:

“¡Está lejano el emperador, pero Dios está alto!

¿De dónde podrá venir ayuda y consejo? –

¡Desde ahora creo en mi puño,

mi aliado – es este fusil!”

Alegremente crepita el fuego,

el segundo regresa de sus pensamientos;

y sentado allá en el cañón turco,

el soldado Ilija habla:

“Todos los bienes me quitó Tahi,

me robó con mano cruel!

¡Por eso, como ustedes saben, soy rebelde,

por eso estoy entre ustedes esta noche!…

¡Ja, eso era vida para ustedes!

¡Oh el hermoso tiempo pasado,

cuando el famoso Lenkovič y yo

al turco le partíamos la cabeza!

¡Y ahora con este mismo sable al amo

lo enviaré al fondo del infierno!

¿Quieren que sea su duque?…

Bueno, ¡en nombre de Dios que así sea!

Y junto a ustedes aquí juro:

¡Prefiero morir cien veces,

antes que ir nuevamente a la servidumbre,

ni siquiera una vez más a lo del señor del castillo! –

¡Cuando con astucia acordamos con los turcos,

los eslovenos todos nos unimos!

Entonces elegimos nuestro rey…

Bueno, ¡nuestro rey, hermano Gubec,serás vos!”…

Ya el fuego se consume, pero Gubec

pensativo lo mira fijamente…

Ahora se levanta, con el sable les da

a los hermanos la señal…

y solo dice: “¡Adelante!”

 

IX

LA APUESTA

(1573)

“Con atención queremos procurar

que nadie quede vivo.”

 

1

Toma vino el húngaro Ferenc Tahi,

bebe vino en su castillo,

en Podsosed, en el castillo de Posavje.

Con él bebe un grupo de honorables huéspedes,

siete condes, cinco caballeros.

Preguntá, quiénes son – con orgullo dicen:

“¡Todos hijos del duque Arpad!”

Y sus rostros lo demuestran claramente:

¡La mitad de nosotros somos jenízaros!”

Pero todavía entre ellos el barón es alemán,

Jože Turen, gobernante en Krk,

jefe y capitán de las tropas de los uskoki.

Corre lisamente por la garganta el vino dulce

y a través de ella avanza el vino hacia las venas

y por las venas ingresa en el alma de los huéspedes,

entra en el alma, en sus corazones heroicos…

¡Sos milagroso espíritu del vino!

Llegás las venas, la sangre se nos calienta,

llegás al corazón, nos late más veloz,

llegás al alma, y nos reanima,

se regocija y se alegra.

¡Sos milagroso espíritu del vino!

¡Hoy hacés maravillas para los de Podsosed!

Se ablandaron los corazones de los invitados,

y se encendieron las heroicas mejillas,

con amor fraternal el hermano abraza al hermano.

Mirá, ahí se levanta de la mesa Turen,

Jože Turen, capitán de la tropa de los uskoki,

levanta la copa de vino rojo de Bjzeljsko,

alza la copa, empieza a hablar:

“¡Ferenc Tahi, querido vecino nuestro,

fraternalmente nos hemos reunido en tu casa!

¡Por Dios, acá todavía es buena la vida,

acá con ustedes! Casi olvido,

desde cuándo soy feliz huésped tuyo…

Pero, les pregunto a ustedes, señores míos,

¡¿Quién sino el noble en apuros por todas partes

necesita hoy en día unión más fuerte?! –

¡Oh, vivimos tiempos difíciles!

¡Se mueven las columnas de la antigua nobleza!

¿Quién las mueve, quién quiere derribarlas?

¡Ja ja, hermanos, me avergüenza, pero es verdad!

¡Estos son los campesinos, los trabajadores, los labradores,

son los campesinos eslovenos y croatas!

¡La gentuza nos cercena los derechos,

consagrados por las costumbres centenarias!…

El hombre campesino y plebeyo – ¡díganme! –

¿qué derecho tiene el innoble?

Todos nosotros sabemos esto, queridos señores:

¡El hombre verdadero y real, es solo aquel,

que lo adorna el blasón en el pergamino!

Todos nosotros sabemos cuál es la voluntad de Dios:

Uno nace para mandar,

y el otro para servir al primero;

¡uno trabaja, el otro allá descansa!

¡Uno pasa hambre, y el otro goza!…

¡Pero hoy mandá al campesino a la servidumbre,

y verás que enseguida arranca la canción acerca de los derechos,

¡y el compás te lo golpea por la espalda el trillo!

¡Y encima te amenazan con Matija Gubec,

el nuevo rey, su rey campesino,

que destruye nuestros castillos!…

Se conduce con nosotros de manera poco cristiana,

¡oh, qué grandes injusticias nos suceden!…

¡No, no – vos, dulce Tahi,

no tenés por qué temer la mano campesina!

Sabés contenerlos y domarlos.

Los golpeás y azotás que da gusto;

¡tu gloria llegó lejos en el mundo!

¡Admiro tu orgullo noble,

te dedico esta copa llena!”

“¡Vivat! ¡Eljen!” “– ¡y ardientes besos

y abrazos y valientes lágrimas!

Una nueva copa llena Turen,

continúa su discurso en santa ira:

“¡Realmente sos maestro en aterrorizar, Tahi!

¡Pero hermano – todavía no sos mago!

Solo Jože Turen sabe hacer magia,

tu amigo, centurión de las tropas de los uskoki…

Corre limpio a tu lado el río Sava,

pero antes de que termine la tercera semana –

¡andá a la orilla a mirar las olas! –

¡antes de que pasen tres veces siete días,

las aguas del Sava estarán rojas!

Yo embrujo completamente todo el río;

te asombrarás de mi prodigio:

¡Jože Turen, mi amigo alemán,

es un verdadero mago, me dirás! –

¡Apostemos hoy frente a los testigos,

juguémonos, hermano, Ferenc Tahi!

Y si logro el encanto,

y si el Sava corre rojo,

vos me das un caballo tordillo,

para montar por las llanuras de Krško.

Pero si el encanto fracasa

si el Sava corre limpio al término del plazo,

entonces, vecino, ¡vos ganás la apuesta!

Yo te doy un premio aún más bello por la apuesta,

te envío lo que más querés:

una blanca flor a medio florecer,

recogida en el jardín de mis campesinos,

¡te mando en pago – a una joven eslovena!”

Cuando Tahi comprendió el brindis,

escuchó qué le decía Jože Turen,

se sobresaltó como fuego vivo:

“¡Palabra de hombre, querido vecino Turen,

palabra de hombre! ¡Acepto la apuesta!

Todos los comensales con honor son testigos.

Me va a ser dura la espera por tus magias.

Quisiera ver, tal como querés, hermano,

a nuestro Sava enrojecer,

gustoso te mando también mi caballo tordillo,

para que lo montes por las llanuras de Krško:

sin embargo – te susurro el deseo al oído –

¡yo preferiría ver

que tu arte fracase!”

“¡Vivat! ¡Eljen! ¡Valga la apuesta!”

Le da la mano Tahi al huésped Turen,

le da la mano, que se selle la apuesta;

le da la mano Turen a todos en orden,

en despedida besa a todos cálidamente,

besa a todos los huéspedes y los abraza.

Tarde en la noche se separa de ellos

cabalga a su castillo en el río Krka.

2

Cada día cabalga Tahi con sus huéspedes al río,

va a mirar las olas del Sava,

si están cristalinas o ya rojas.

Tahi cabalga para ver la primera semana:

el Sava corre limpio como antes.

Tahi cabalga para ver la segunda semana:

de un domingo al siguiente;

allá curioso está en la orilla,

todos intrigados fijan la mirada en el río –

¡el Sava corre limpio como antes!

“La «magia», dice Ferenc Tahi,

“la «magia», enrojecer esta agua del Sava,

parece que no es fácil,

¡o se burla de nosotros ese Turen!

Ceterum, si la cosa fracasa,

saben, hermanos, ¡eso lo prefiero!”

“¡Siete días más esperemos, amigos!”

Nuevamente cabalga Tahi con los huéspedes al Sava,

va a mirar el río la tercera semana:

cada día ahí se paran en la grava,

cada día de la mañana a la noche.

Maldice Tahi, maldicen los compañeros

y están con bronca contra Turen:

“¡Ja, de la nariz nos lleva el astuto alemán!”

Amaneció el séptimo día después de tres semanas.

Cabalga Tahi hacia el Sava el último día

muy temprano se dirige con los huéspedes al río,

justamente en el día de la fiesta de Santa Ágata.

Bajo los cascos de los caballos rechina la nieve,

la escarcha brilla plateada en las ramas

y bajo el cielo grazna el cuervo hambriento…

Los héroes galopan hacia el Sava.

Hacia un lado y el otro cabalga Tahi por la grava,

con gracia gira rápidamente su caballo negro,

lo tuerce y lo golpea sin necesidad;

duramente lo espolea

ahora a la derecha, ahora a la izquierda en la panza.

Cabalgan con él los huéspedes curiosos,

miran y examinan todos el agua,

esperan desde la mañana hasta el mediodía –

¡el Sava corre claro como antes!

Ya rechina los dientes Tahi,

ya se enrula los bigotes y resopla de ira,

maldice a Turen,

y al infierno lo manda:

“¡Último día – el barón mintió!”

“¡Hasta la noche persistamos, vecinos!”

Hacia un lado y el otro cabalga Tahi por la grava,

fija la mirada impaciente en las aguas del Sava

y entre dientes profiere horribles maldiciones.

Cabalgan con él caballeros y condes;

de Tahi en voz alta se compadecen,

pero en silencio – se mofan.

El sol invernal mira a través de las nubes,

no, solo parpadea un poco dormido.

Ahora se abre la cortina gris,

con claridad el sol resplandece hacia la tierra,

observa desde el cielo cálido y amable,

mira brillante las olas del Sava…

“¿Qué es esto? – ¡¿Acaso no ven hermanos?!”

“¡Sí, se enturbia el Sava, hermano Tahi!”

“¿Veo bien? ¡Ja, de a poco se colorea!

¡Entonces sí – un mago – sos – Turen!…

¡No, no! ¡La luz engaña mis ojos!

“¡Llenemos, oh hermanos, las copas con el agua del Sava!”

Saca Tahi agua del río,

saca cada huésped con su copa.

Contra el sol todos la sostienen:

“¡El agua en la copa es realmente roja!”

Sacan el agua del Sava por segunda vez,

contra el sol todos la levantan:

“¡El agua en las copas es verdaderamente roja!”

Sacan el agua del Sava por tercera vez,

contra el sol todos la levantan:

“¡El agua en las copas es absolutamente roja!”…

No espera a llegar a su casa,

ahí mismo escribe Tahi a Turen,

escribe una carta, lo saluda cordialmente:

“¡Gloria a vos! ¡Hasta la tierra te reverencio!

¡En realidad ya pensaba, que eras un bromista,

pero fuiste, vecino, hombre de palabra!

¡Sos un mago! ¡Con gusto te concedo el honor!

Pero escuchá, antes de enviarte el tordillo,

contanos y explicanos, hermano:

¿Con qué embrujaste para nosotros el claro Sava?

¿Con qué coloreaste al río de rojo?

¿Acaso tenés demasiado vino tinto en la bodega

y en el Sava hoy lo vertiste?

¿Acaso cocinaste cerezas secas

y su jugo maravilloso vaciaste en el Sava?

¿Acaso fuiste de cacería,

allá disparaste a innumerables liebres,

innumerables corzas, lobos, osos

y en el Sava lavaste la sangre de las presas?…

¡Ah, revelá el misterio,

antes que te envíe el tordillo!

3

Toma vino el húngaro Ferenc Tahi,

bebe vino en su palacio,

en Podsosed, en el castillo de Posavje.

Con él bebe un grupo de preclaros huéspedes,

siete condes, cinco caballeros –

¡todos hijos del duque de Arpad!…

¡Ey, este día fue de ustedes nuevamente, músicos,

jóvenes negros, ustedes jóvenes gitanos!

Sus violines no lloraron gratuitamente

y en vano no gritaron de alegría:

¡Tantas canciones, tantas monedas! –

Bebieron vino los preclaros señores,

a toda hora desde la mañana hasta la medianoche,

en el brindis rompieron innumerables copas.

Ya se dispersa el grupo alegre,

En la despedida ya el hermano besa al hermano:

¡llega a la mano de Tahi, el señor del castillo,

justamente la carta del barón Turen!

Lee la carta Tahi a sus huéspedes;

en la carta Turen le informa:

“¡No digas tonterías, querido hermano Tahi,

y no te burles de mí!

Yo no tengo en la bodega suficiente vino tinto,

para colorear al Sava profundo;

tampoco cociné cerezas negras,

que con su jugo al Sava encantaría,

¡pero sí estuve de cacería!

No le disparé a las liebres por diversión,

ni a los lobos, ni a las corzas ni a los osos,

¡solo a los campesinos rebeldes cacé,

campesinos eslovenos y croatas!

¡Con gloria los derroté en Krško

y con ellos a los rebeldes del lugar!

¡Todos por mis uskoki fueron asesinados,

mataron a todos los que encontraron,

también masacraron a los que se entregaron!

Sangre plebeya corrió como arroyos,

y corrió hacia el Sava y lo enturbió para vos,

lo enturbió y enrojeció…

¡Esto es, hermano, todo mi arte!

¡Quisiera personalmente ir adonde estás vos en Podsosed –

pero estoy cansado de las malditas magias!…

¡Enviame pronto mi tordillo!”

X

LA CORONACIÓN EN ZAGREB

(1573)

“¡Ninguno de ellos sabe del final!”

Las campanas de Zagreb cantan,

cantan, como nunca antes.

“¡Júntense, júntense, el señor, el siervo!

¡Anunciamos un día solemne!

¡Ampliamente resuena nuestra voz

hasta la última aldea eslovena!

¡Que nos escuchen los campesinos

hasta la última aldea croata!

Llegue la noticia hasta los confines:

¡Matija Gubec es nuestro rey!”

El tambor retumba arriba y abajo

por las calles como nunca antes:

“¡Que se junte todo Zagreb!

¡El rey de los campesinos se corona hoy!

¡Todos a ver la coronación ahora

donde está la iglesia de Marcos!”

¡Donde está la casa de San Marcos,

un trono de hierro frente a ellos!

Frente al trono Gubec, el campesino, está…

¡Oh feliz, glorioso rey sos vos!

Mirá, desde todas las ventanas,

desde el balcón y el techo observan la coronación.

Gubec está orgulloso.

¡Habla silenciosamente con los ojos!

¡Vean su sombrero audaz!

¿Acaso no es este el rebelde de la región del Sava?

Prendió detrás del lazo,

la pluma de gallo y la siempreviva…

Y mirá, frente a Gubec tres hombres

se inclinan hasta el suelo;

se inclinan,

vestidos de escarlata los tres.

Reverencia el primero, clama:

“¡Que viva nuestro rey Matija!

¡Dios te cumplió el deseo, príncipe!

¡Todo el pueblo en vos uniste hoy!

Aquí en Zagreb, soldado honorable,

quisiste tener tu trono.

Miralo frente a vos:

¡es de fuego amarillo como el oro!

¡Que en él descanse tu grandeza!

¡Leales te pedimos ahora!…

¡¿Temés el trono?! – ¿Gemís?…

¡Oh digno, que en él te sentás!”

Se inclina el segundo, proclama:

¡Que viva nuestro rey Matija!

No queremos rey sin corona –

¡nosotros queremos coronarte!

¡En el brillante trono ya estás sentado,

y ahora también la corona obtenés!

¡Oh, aceptá recibirla de mis manos hoy,

preclaro príncipe!

Resplandece como oro –

porque estuvo en el fuego vivo…

¡¿Temblás?! ¡Sos fuerte,

sos un héroe nacido para la corona!”

Se inclina el tercero, clama:

“¡Que viva nuestro rey Matija!

¡Oh, cómo te adorna la corona!

¡Bajo ella tu rostro es el de un rey!

¡Oh rey esloveno, soldado de los campesinos,

en el trono dorado,

recibí en tu mano de mí

este cetro al rojo vivo!

¡Sostenelo con fuerza!… ¡Guerreá con él,

da órdenes a los súbditos, mandá!”

Y todas las campanas suenan

y los tambores retumban:

“¡Matija Gubec – viva el rey!

¡Resuene hacia los confines!”

En el trono el rey Gubec está sentado,

con voz de muerte dice:

“¡Como rey hoy los miro a ustedes por primera vez,

y ustedes por última vez escuchan mi voz!…

Todo el pueblo es coronado conmigo,

honrado con corona real…

¡Oh nuestro viernes santo!…

¿Cuándo será grabado para nosotros el antiguo derecho?…

¡En su defensa los acompañe mi espíritu!

¡Y – recuerden este día!”

Bibliografía

Aškerc, Anton (2017). Baladas y romances. Trad. Julia Sarachu. Buenos Aires: A pasitos del fin de este mundo.

Sarachu, Julia (2017). Interpretación de la historia de la poesía eslovena a la luz de los procesos políticos, sociales y culturales que incidieron en la constitución de Eslovenia como estado nacional independiente. Colección Constelaciones, FILODIGITAL, FILO:UBA 2021, 866 pp. ISBN 978-987-86-3893-5 ISBN LIBRO DIGITAL 978-987-86-3933-8. URL: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/tesis/article/view/9996