Viacheslav Kupriánov
Traducción: Iván Klos
Ya la primera clase desanimó un poco al agente secreto. En el aula resultó que había un solo alumno, sentado en el último pupitre, el cual muy educada y tranquilamente se puso de pie con la llegada del maestro.
—¿Cómo te llamás? —le preguntó, perplejo, a su único alumno y en seguida, con alivio, pensó que era bueno que no hubiese nada más que un solo alumno: no era necesario abarrotarse la cabeza memorizando una multitud de nombres que no les quedan nada bien a sus dueños.
—Me llamo Iasha —respondió el alumno, y con prudencia agregó:— Iasha en grande significa Iákov.[1]
“En lo del tío Jacobo siempre hay cosas para todos,”[2] pensó el maestro, “sería bueno como ejemplo de rima, llegado el caso.”
—Y entonces, Iasha, los otros alumnos ¿dónde están?
Iasha juntó las palmas de las manos, como si eso lo obligase a decir la verdad, la verdad y nada más que la verdad, y bajando la cabeza respondió, sin embargo, con claridad:
—Los demás alumnos bien pueden atrasarse, en tanto y en cuanto la primera clase es la más abrumadora; los nuevos contactos, como ya sabe, abruman; pero he aquí que para la segunda clase ya podrían venir más alumnos, si ellos recibiesen de uno que ya haya atravesado el encuentro, es decir de mí, una reseña positiva respecto de la clase ya impartida. Mas puede ocurrir que incluso ante críticas favorables muchos nunca aparezcan, puesto que ellos, o más bien sus padres, habrán elegido por ellos, en calidad de primera lengua –y la elección nos es libre–, más probablemente la lengua inglesa, con la cual es más fácil trabajar en las redes mundiales, y adicionalmente posibilita una salida más o menos exitosa de nuestras redes nativas.[3]
El alumno terminó de hablar, y el maestro se sorprendió por la extrañeza de sintaxis y vocabulario que ocultaba un sentido por completo razonable. En efecto, si se puede elegir libremente una literatura, entonces una lengua puede elegirse también libremente para, ya con ayuda de esta lengua, salir hacia más y más libertad.[4]
—¿Qué motiva a los alumnos o, lo que es lo mismo, a sus padres a elegir un idioma?
—Los motivan en la elección de la lengua —el alumno remarcaba cada palabra— ante todo consideraciones estratégicas. Si en una guerra hubiese que rendirse –y habrá que rendirse si hay guerra– entonces es mejor conocer una lengua cuyo portador resulte ser el enemigo (es decir, el potencial vencedor) y es incluso mejor no saber en absoluto la propia lengua materna contra la cual se libra la guerra.
—¿Y por qué no saberla en absoluto? —se ofendió el maestro, con la vaga conciencia de que su deliberada actividad subversiva estaba ya casi a punto de fracasar, porque incluso sintió aquel fracaso como un hueco en la boca del estómago: ahí estaba, hablando en esa lengua derrotada y, a él resultaba que nadie siquiera quería escucharlo, salvo este sujeto instruido.[5]
—No saberla en absoluto es ventajoso porque, cuando a uno lo tomen prisionero, lo más probable es que ya no lo torturen, dado que al no conocer la lengua materna no tiene acceso a secretos militares ni de Estado.
Sobre este punto el maestro no pudo estar en desacuerdo con su alumno: más de una vez en su propia y dolorosa experiencia había ocurrido, e incluso recordarlo era terrible; con qué métodos tan sofisticados habían intentado soltarle la lengua para sonsacarle tal o cual secreto, y viceversa, cuánta tortura le había tocado sufrir para, en el curso de su actividad como agente, obtener algo útil de un portador de la lengua enemiga.
—¿Y cuándo va a empezar esa guerra? —preguntó el maestro haciéndose el tonto, habiéndose acordado de que era agente secreto, y se sintió de repente en su salsa.
—La guerra… sí, la guerra se libra desde hace ya un tiempo, pero, por desgracia, sin contacto directo con el enemigo, de modo que caer en prisión por el momento es improbable; pero nosotros, no obstante, sufrimos considerables bajas. Usted ya lo ve, soy el único que queda.
Algo oculta este alumno. Algo no dice. O quizás nomás le está tomando el pelo.
—Y por qué acá a ustedes se les ocurre que es más decente rendirse con la lengua inglesa y no, digamos, con el árabe o el chino —preguntó él, no sin la intención oculta de trabajar para uno u otro de esos servicios de inteligencia, pero ahí se congeló de miedo: ¡cómo se le había escapado ese “acá a ustedes”…! Acá entonces ellos lo podrían agarrar del brazo, “¿Y usted entonces de dónde es?”, pero, por suerte, el astuto alumno no le dio, o hizo como que no le daba, ninguna importancia.
—Tenemos una escuela inglesa —respondió ingenuamente el alumno— pero el que aprende bien el inglés tiene la posibilidad de aprender además árabe o chino, a elección. Existe la idea, que quizás hasta sea un prejuicio, de que rendirse a los chinos o árabes tiene más futuro ya con conocimiento de inglés. Se espera que en esa lengua habrá algo que decirles a los chinos o árabes y ellos sabrán apreciarlo. Know how, salám aléikum! También se puede cantar alguna canción de un videoclip conocido; pero es mejor que sea en compañía masculina, de lo contrario las fanáticas podrían hacerlo a uno pedazos. Por suerte, con compañía masculina este problema no ocurre; la parte beligerante con frecuencia se presenta justamente con hombres, al menos, en la primera línea.
El maestro paró la oreja tras oír la referencia a la compañía masculina, dado que más de una vez le aconsejaron practicar el canibalismo precisamente en compañía masculina, utilizando esto como maniobra de distracción. Miró con cierta lástima a su único alumno, el cual mal que mal pertenecía al género masculino. Tenía un aspecto de lo más insulso, baja estatura, aunque todavía podía crecer; era estrecho de hombros, aunque todavía podía ensancharse. Él, por supuesto, toma clases de educación física, salto y correr en el lugar con diccionarios de distintos idiomas en ambas manos. El alumno no usaba anteojos, pero algo en su mirada que siempre se entornaba reclamaba un par de anteojos: así encajaría bien en su lugar esa nariz bastante grande, un poco torcida a la izquierda. Sus finos labios apenas escondían una sonrisa de desdén, más bien hacia sí mismo, porque no era cuestión de desdeñar al maestro del cual se es el único oyente. Esa sonrisa desaparecía de su rostro cuando hablaba y, junto con el ceño fruncido, su boca elocuente[6] delataba en el alumno a un futuro maestro; entonces la sonrisa de desdén hacia sí mismo, todavía en formación, se volvería desdén por el resto del mundo inculto. Y así y todo, a pesar de la melancolía general de su aspecto, no quería perder a este alumno, darle clase hasta era un gusto porque no le representaba un esfuerzo y sus respuestas a las preguntas ocupaban todo el tiempo asignado a la enseñanza. Para alejarse del tema de la guerra, cuya imposición ya parecía sospechosa, el maestro se apuró a volver al tema de la lengua rusa.
—Sin embargo, mientras no estemos en prisión —intentó bromear— de todas formas nos vamos a comunicar por medio de la lengua rusa, que tiene un vínculo con la otrora grandiosa literatura rusa. Usted y yo volveremos a nuestro programa, pero los demás, los ausentes, con cuya presencia, parece, ya no es necesario contar, ¿en qué lengua, me pregunto, se estarán comunicando ahora antes de su captura?
Iasha, sin duda, estaba bien preparado incluso para esta pregunta.
—¿Acaso usted no oyó hablar del programa estatal de nuestro Ministerio, al cual en el habla coloquial llaman el “Proyecto Arina Rodiónovna”? Hoy por hoy, entre nuestras familias de buen pasar los niños son criados por niñeras. Y tal como la que en tiempos fuera niñera de Pushkin, la analfabeta Arina Rodiónovna, le contaba al futuro sol de nuestra poesía un deleite de cuentos, así también las niñeras hogaño les transmiten a los niños el folclore urbano moderno. Estos cuentos modernos y candentes también sirven porque llevan dentro de sí en germen elementos no solo de educación artística sino también sexual, y así, simultáneamente, el “Proyecto Arina Rodiónovna” les dicta a las niñas contratar niñeros de género masculino, lo cual, por cierto, ayuda a solucionar el problema de las personas en situación de calle, y a los niños, tomar como niñeras a personas de género femenino, para que así haya más confianza mutua. Ya en esta educación aún preescolar se sientan las bases para la formación en nuestro país de la clase media: los hombres se volverán más femeninos, y las mujeres, más masculinas.[7] Y la lengua rusa en los primeros cursos se considera —y esto no solo en nuestra escuela— una lengua vehicular para el pasaje hacia una lengua moderna más eficiente para las necesidades del comercio.
—O sea, al inglés —aventuró el maestro.
—No exclusivamente —respondió Iasha con aplomo—, mediante la lengua rusa, asimilada gracias a Arina Rodiónovna, se puede pasar con éxito a cualquier otra, incluso a la jerga poética, como ya ha ocurrido en nuestra historia, pero nuestra escuela corta de raíz estos intentos: los considera callejones sin salida.
—Cómo los corta, ¿por vía disciplinaria? —se terminó de enganchar con la charla pedagógica el maestro— ¿Al que escribió un poema en ruso lo mandan al rincón y después mandan a buscar a los padres, una cosa así?
—Aquí, si llaman a los padres, muchos pueden no volver —en la voz de Iasha asomó una pena silenciosa—; no, en tales casos se le demanda al poeta explicar su falta: por qué, para qué, cómo escribió el poema, y en tanto el autor no sabe explicar ni el cómo ni el por qué, no se vuelve a atrever a hacer algo así.
—¿Y qué pasa entonces con la gran literatura rusa, ante la cual todavía hoy se postran los expertos en Occidente y los admiradores en Oriente?
—A la literatura, de una forma u otra, le pone fin la historia. Las más recientes investigaciones en historia —Iasha hasta se puso de pie y salió de detrás de su pupitre y comenzó a caminar entre las filas vacías— con base en una matemática cada vez más precisa, aseguran que toda la gran literatura rusa fue inventada por grandes escritores rusos con el objetivo de imponerle a toda la humanidad la gran lengua rusa. Y así, los cálculos más recientes demuestran que esos escritores de ningún modo fueron grandes y, en tanto su grandeza no está probada, entonces resultan ser tan ínfimamente pequeños que, en un análisis más profundo, se descubre que nunca existieron. Los inventaron y consagraron no tan grandes historiadores de la literatura, pero la historia se pierde en el pasado, y con ella la literatura inventada por historiadores…
En ese momento sonó el timbre y Iasha, tomando al maestro del codo con amabilidad, y al mismo tiempo con fuerza suficiente para que éste no se atreviera a resistirse, le propuso familiarizarse con algunos aspectos distintos del proceso educativo.
Los alumnos se apartaban para darles paso, algunos les ofrecían un cigarrillo o alguna cosa que tenían de segunda mano para revenderles, pero Iasha, sin levantar la voz aunque con firmeza, rechazaba sus propuestas.
Pasaron unos que llevaban, en una enorme jaula de hierro, como las que suelen salir en las películas sobre tiburones monstruosos, a un hombre que tenía abrochado hasta el último botón.
—Ese es el maestro de Zoología, lo están llevando a la clase de Zoología. Los alumnos también van dentro de la jaula, para nosotros la igualdad de condiciones es más importante que la libertad de opinión. Después de todo, siempre existe la probabilidad de que el maestro exprese una verdad que no les guste a los alumnos.
Pasó como un rayo un hombre con máscara de gas y sombrero, se quitó ante ellos el sombrero e inclinó su trompa, tras lo cual entró a un aula cuya puerta se cerraba herméticamente; la sellaron con cuidado detrás de él su asistentes, también con máscaras de gas.
—Ése es nuestro maestro de química, la cual es, por lo general, una clase abierta a la que no sólo los alumnos sino también sus camaradas de la calle, a veces también los padres, no siempre conformes con el maestro, pueden llevar consigo, para experimentos posteriores, reactivos tanto conocidos como desconocidos.
Del aula contigua sacaron rodando una camilla, aparentemente con un cadáver cubierto por una sábana blanca, a través de la cual traslucían, difuminándose, manchas rojo sangre. Iasha apartó la sábana con cuidado para que la cara del desafortunado pudiese verla sólo él, y asintió con la cabeza, dando la señal a los que acompañaban la camilla que siguieran adelante.
—Ese era nuestro enésimo profesor de anatomía. Los profesores de Anatomía no duran mucho. Es la profesión más sacrificada, no es como alimentar a una tigresa con el propio cuerpo en los bosques budistas[8] —constató Iasha, aunque la frase sobre los bosques probablemente hubiera sonado nada más que en la mente ya perdida del flamante profesor. Al parecer, deseando no centrar su atención en lo desagradable, el solícito Iasha cambió de tema.
—¿Se fijó en lo silencioso que es acá, sin importar lo que pase? El tema es que la enseñanza, sea de Química o de Geometría, se lleva a cabo casi sin aplicación de la lengua. Aspiramos a que el alumno aprenda a comprenderlo todo sin palabras, es decir, a pensar de forma independiente. Porque si piensa por medio de palabras, y las palabras son ajenas, entonces el pensamiento en él no será suyo, sino ajeno. ¿Cuál es el resultado? Un extraño.[9] No necesitamos eso. Y usted tampoco —Iasha miró fijamente con sus ojos apagados los ojos inquietos del agente secreto y, como sin notar nada, siguió con su lección:— Sólo cuando el alumno se educa lo suficiente en la comprensión sin palabra, puede elegir para sí mismo, de manera independiente, una lengua materna. Es así que, si desde el principio se le impone alguna lengua específica, no sería en nada diferente de una educación para el pensamiento totalitario…
—¿Y qué pasa con Arina Rodiónovona? —se infiltró en su discurso el agente secreto.
—Ah, olvídese; ellos, por lo general, son sordomudos o se educan con sordomudos, trabajan con cómics o simplemente miran juntos televisión, instalada por comodidad en el baño. El baño, como usted comprenderá, es la transición a la habitación de los niños, es decir, al dormitorio. Pero no nos vayamos por las ranas:[10] al elegirse una lengua materna, el alumno recibe la posibilidad de elegirse a sus padres, si es que se le ocurre tener padres. Por eso para nosotros la expresión “mandar a buscar a los padres”, que usted mencionó como método de presión inadmisible sobre el alumno por parte de una instancia bastante indefinida, tiene un sentido algo distinto, que presupone un alto grado de madurez en ese alumno. Tras elegirse a los padres, uno elige la patria que le convenga. Con esto no estamos hablando de las llamadas patrias “históricas,” no consideramos la historia como una ciencia exacta: la historia, a diferencia de la geografía, no se puede elegir. La historia está preñada de totalitarismo, solo distrae de un futuro libre, por eso acabamos con ella. Así que la patria puede ser o bien ideológica, si usted tiene ideas respecto a ella, o bien topográfica, es decir, simplemente fijada en un espacio terrestre, si respecto de ella usted no tiene idea alguna. Por eso, a propósito, de nuestro léxico han desaparecido clichés negativos como “influencia extranjera”, “capital extranjero”, “visiones ajenas”… ¿Esto le interesa?
—Por supuesto, por supuesto, asaz interesante —convino el novato en el campo de la docencia pública, y en tanto agente advirtió para sí mismo que en la persona de Iákov había encontrado no sólo a un informante, sino también a un operador, un agente de influencia, para el cual era, por supuesto, una desgracia que fuese todavía alumno pero, siendo tan inteligente, llegaría lejos, si, claro, olvidase su lengua materna— usted me ha mostrado con tanto detalle su escuela que no puedo ni soñar con un confidente mejor, disculpe, ni siquiera sé cómo llamarlo, ni el director de la escuela podría habérmela mostrado mejor.
—Y es que soy yo el director de la escuela —le soltó de repente Iasha, que se volvió no más alto, sino súbitamente más viejo e importante—; creo que usted disculpará mi pequeña treta, pero me era indispensable encontrar en usted el afán que necesitábamos. Creo que vamos a trabajar bien juntos. Pero usted no va a enseñar lengua rusa, sino alemana.[11]
—¿Pero cómo? —se quedó duro el agente— ¿De dónde sacó que yo sé alemán?
—No me interesa si sabe o no alemán, ¡pero mis alumnos tienen que saberlo! Además, para ser honesto, no me impresiona su ruso, más allá de cómo considere uno ese idioma. Pero el alemán lo necesitamos como idioma de transición ya sea hacia el inglés o hacia el francés. Por su porte militar y manera de comportarse decidí que debe saber alemán. Y usted ya encontrará qué decirles a los niños en ese idioma. Mañana empieza. ¡No quiero retenerlo más! —y el director extendió al agente una mano estrecha, sudorosa, y, al parecer, no del todo limpia.
Al día siguiente entró al aula, que estaba llena, y, aunque era la primera hora, ya en el aire flotaba un tenue humo de cigarrillos.
—Hände hoch![12] —ordenó él en vez de saludar. Nadie se movió siquiera. “Habrá que empezar por lo básico,” pensó. Pero no alcanzó a pensar en algo con lo cual empezar, porque irrumpieron en el aula gorilas de uniforme camuflado, le retorcieron los brazos contra la espalda y se lo llevaron. Alguno de los que no querían aprender alemán había logrado denunciar, ante quien correspondía, que él era alemán.
Notas
[1] En ruso по-большому (po-bol’shomu) significa literalmente “en grande” y Kupriánov lo usa suelto. En la expresión по большому счёту (po bol’shomu schiotu) quiere decir en general. Sin embargo, ходить по-большому (jodít’ po-bol’shomu, ir en grande), en el habla infantil, significa hacer caca.
[2] Posible referencia al poema “Дядюшка Яков” (“El tío Iákov”) de Nikolái A. Nekrásov, en su colección de Poemas para niños rusos.
[3] En ruso, паутина (pautina) en verdad significa telaraña, y всемирнaя паутина (vsiemírnaia pautina), telaraña mundial, es la traducción rusa de World Wide Web.
[4] Juego de palabras entre выбирать (vybirat’, elegir) y выбираться (vybirat’sya, salir). El verbo выбирать con su prefijo вы– implica sacar una cosa de entre otras, por lo que выбирать + ся (reflexivo) puede entenderse como sacarse a uno mismo de algún lado.
[5] Juego de palabras con los sentidos de la palabra провал, que es tanto fracaso como hueco y derrota.
[6] Del ruso, вещающий, (vieshchaiushchii, que emite) que también quiere decir que vaticina en modo irónico.
[7] Juego de palabras. La palabra средний (sriédnii) significa medio como en clase media, pero también neutro en el sentido del género neutro gramatical, que el ruso posee.
[8] Refiere a la parábola budista del príncipe Sattva o Mahasattva que da de comer su cuerpo a una tigresa hambrienta para que no devore a sus cachorros.
[9] El adjetivo чужой (chuzhói) significa ajeno o extraño, pero también extranjero. El par de adjetvos свой/чужой (nuestro/ajeno, familiar/extraño, nacional/extranjero) posee gran importancia en el esquema cultural ruso.
[10] En ruso existe la expresión вернемся к нашим баранам (vierniómsia k náshim baránam), que es un calco del francés revenons à nos moutons, volvamos a nuestras ovejas, para volver a un determinado tema. Sin embargo, Iasha dice бананам (banánam), o sea, bananas.
[11] En ruso, la raíz de la palabra немецкий (niemiétskii), que significa alemán, equivale a mudo. Antiguamente, describía a cualquier europeo extranjero no eslavo.
[12] En alemán, ¡manos arriba!. En las películas bélicas soviéticas, era la frase típica de los soldados alemanes al atrapar a alguien.