Omar Lobos
Buena parte de la poesía de OM fue salvada gracias a la memoria de dos abnegadas mujeres: su esposa Nadežda Iákovlevna (Jázina) y su amiga Anna Andréievna Ajmátova, que guardaban en sus cabezas y en sus corazones tan tremendo legado. El propio Mandelshtam se jactaba de no llevar anotaciones de sus versos, de simplemente componerlos y sabérselos de memoria (véase en este dossier el artículo de Jorge Bustamante García: «Un escritor que no escribía»). En vida, y antes de su caída en desgracia, OM llegó a publicar los libros de versos La piedra, en 1913, y Tristia en 1928. En los años 20 también escribió obras en prosa como El rumor del tiempo y El sello egipcio.
Luego también contribuiría a la preservación y circulación de su obra el samizdat, como su propia esposa lo reconoce (Véase Fragmentos del Segundo libro de N.Ia.).
No obstante, parte del archivo de documentos, manuscritos de obras ya publicadas o inéditas, se perdió en Kalinin durante la Gran Guerra Patria, después de que Nadežda Iákovlevna fuera evacuada de urgencia a Tashkent ante el avance fascista. Los Cuadernos de Voróniež fueron preservados por una amiga cercana del exilio voroyeniense. Otra parte de los manuscritos se encontraba en una valija en Moscú. Al parecer, fue Ajmátova la que durante la evacuación la recordó, con un propósito urgente: había que salvarla.
Así es como esa valija fue a parar a manos de una familia amiga, la de los hermanos Ignati Ivich y Serguéi Berstein. En casa de esta familia de intelectuales se reunía la intelliguentsia moscovita de aquellos años, y a esas reuniones le era permitido asistir a la pequeña Sonia (Sofia), hija de Ignati. Es a esta muchacha de catorce años a quien, terminada la guerra, Nadiežda Iákovlevna designaría en una sobremesa familiar como la custodia de la preciada carpeta con poemas inéditos de Ósip Emílievich (más tarde le otorgaría también el derecho a gestionar ese legado[1]). «¡Ella! ¡Ella llegará a vivir [para ponerla a salvo]!». Así, entre 1946 y 1957, la «carpeta de Mandelshtam» fue resguardada en secreto por esta muchacha, mientras Nadiežda Iákovlevna peregrinaba por pequeñas ciudades de Rusia ganándose la vida como profesora de inglés, y hasta que esta finalmente consiguió hacerla llegar en 1976 a la Universidad de Princeton (EE.UU.).
La historia de esta carpeta motivó la realización de una larga entrevista a Sofia Bogatyriova, que hoy, a sus 93 años, vive en Denver, después de haber emigrado a Estados Unidos y dado clases de literatura rusa en diversas universidades desde 1989. La iniciativa se debió a Iuri Metiolkin, autor del proyecto «Vieja radio» (Старое радио).
Esta entrevista, desplegada a lo largo de más de siete horas, da pie para la evocación de toda una serie de figuras emblemáticas de la intelliguentsia rusa del período soviético, en la voz de una testigo privilegiada. Sofia Bogatyriova es además la autora del libro El Siglo de Plata en nuestra casa, publicado en Moscú en 2019.
«La carpeta de Mandelshtam». La voz viva de la testigo de una época. Sofia Bogatyriova.
7 horas 37 minutos de conversación, que incluye las siguientes partes:
- El tiempo en el que estábamos. 02. Miedos y alegrías. 03. ¡La guerra!
- la evacuación. Víktor Shklovski. Pensamientos sobre la muerte. 05. Marina Tsvetáieva. 06. Borís Pasternak. 07. Nikolái Aséiev. Konstantín Fedin, María Petróvyj.
- Una casa de tres paredes. 09. Agosto del 46. 10. Mi tío Serioya. 11. Después de la guerra. Iuri Olesha. 12. Nadežda Mandelshtam.
- El archivo trabajando. 14. El legado. 15. El libro celeste. 16. Los secretitos del tiíto. 17. No es así, Nádienka.
- «La clara Natasha». 19. Tres rostros de Ajmátova. 20. Anna Ajmátova sobre Marina Tsvetáieva. 21. Un huésped de la India.
- Nuestra casa y su entorno. 23. La casa desolada. Irakli Andrónikov.
- La casa desolada. Lidia Chukóvskaia. 25. El maestro. 26. El bigote soltó la cola.
- Konstantín Bogatyriov. 28. Versos desde Píter. 29. Carta en una botella.
También en el siguiente link está disponible el libro entero:
Notas
[1] Escribió Nadiežda Iákovlevna: «Yo quisiera que usted se considerara la absoluta propietaria de ellos, como si fuera mi hija o familiar mía. Yo quiero que se reserve este derecho».