Ivan Cankar, desde un suburbio del imperio

Florencia Ferre

Porque escribo desde la periferia, propongo una lectura de Cankar que pone la atención en su condición de autor que, desde una posición periférica en el Imperio Austrohúngaro, transformó la lengua literaria eslovena tanto como la representación de la guerra y la experiencia moderna.

 

La revolución está en la lengua

Ivan Cankar, el máximo exponente del modernismo en lengua eslovena, fue un escritor de su tiempo. Vivió en el epicentro del gran cambio de paradigma que fue el final del siglo XIX y el comienzo del XX, en años de la profunda crisis cultural y cultura de la crisis –como caracteriza Magris este paso de un siglo a otro–, cuando la Kultur, la idea del saber como organización y clasificación del mundo, se sacude ese aprisionamiento y es socavada por las ideas de Nietzsche, la revolución de la vida contra la cultura. Y como si fuera el reflejo de Stefan Zweig en un espejo opaco, Cankar, lejos de la intelectualidad burguesa, va a Viena como un hombre pobre, nacido en los suburbios de un estado plurinacional que tambalea y cuyo declive arrastra a la guerra y la muerte a todos sus súbditos, y además escribe sobre la guerra no como combatiente sino como un testigo desgarrado de la miseria humana.

Ivan Cankar nació en Vrhnika, en territorio esloveno como parte del Imperio Austrohúngaro, en el seno de una familia proletaria, el octavo de doce hijos, el 10 de mayo de 1876. Su padre, un sastre triestino, dejó la familia y se mudó a Bosnia poco después del nacimiento de Ivan, de modo que la madre quedó a cargo de los hijos en Vrhnika. Poco después, la casa donde vivían se incendió y la familia vivió cambiando de cuartos de alquiler a habitaciones prestadas o incluso graneros abandonados.

Entonces, el más destacado intelectual esloveno de una época durante la que se gestaron ideas que atravesaron todo el siglo XX, vivió en una ciudad que descollaba, si no por su vida política, sí por la cultura y las artes, y vio sus últimos años en un mundo convulsionado por la guerra, que anticipó en buena parte de su obra literaria y política. Sin embargo –y se me disculpará la trasposición que es también una forma de afinidad–, tampoco en Viena, donde escribió la mayor parte de su prolífica obra, podemos imaginarlo en el centro de la escena cultural, sino mirándola desde una posición de lado, alterna y no subalterna.

Aunque desde chico su inclinación por las letras era evidente y ya en sus años de educación secundaria era parte de un grupo literario –allí trabó relación con Josip Murn, Dragotin Kette y Oton Župančič, que completan la tétrada de representantes principales del movimiento modernista esloveno–, Cankar llegó a Viena por primera vez en 1896, al terminar la educación media y para continuar estudios en el Politécnico, no por elección sino porque era para lo que había obtenido una beca. La breve estadía en la capital de la cultura moderna expandió su horizonte artístico, en especial, el de la literatura moderna.

La forma en que Cankar coló la vida y la experiencia en su obra puede rastrearse desde distintos ángulos. Voy a enumerar tres: el mundo que lo rodea como material de escritura (además de su familia de origen, en particular la relación con su madre, el entorno familiar de su segunda estada, de casi 11 años, en Viena, es a partir del cual construye los personajes de las obras de sus años más prolíficos); el uso de la lengua, al menos en una parte de su obra, es experimental y une la lengua culta eslovena con formas muy coloquiales y dialectales; por último, la urgencia de una posición política que defendiera la unión de los yugoslavos del sur sin perder la individualidad de sus marcos culturales, y muy especialmente de su lengua, aparece tanto en su obra literaria como en sus escritos políticos, discursos sobre la cultura entre los cuales hay tres a los que quiero aludir: La cultura eslovena y el pueblo esloveno, el primero de los discursos que pronuncia en Trieste; Eslovenos y yugoslavos y Limpieza y renovación.

Luego de un paréntesis de dos años en los que atravesó vacilaciones –después de la muerte de su madre en 1897 y de la censura a su primer libro de poemas Erotika, cuya primera edición entera fue comprada y quemada por el obispo de Liubliana–, Cankar se instaló en Viena por segunda vez en 1899 y entre idas y vueltas permaneció allí 11 años, en los que se dedicó por completo a la escritura. Alquilaba un cuarto en casa de la familia Löffler. Albina Löffler era checa, de Moravia, y tenía cuatro hijos; la mayor, Steffi, tenía 12 años entonces. Albina había dejado a su marido y vivía con sus cuatro hijos en el barrio proletario de Viena, Ottakring; se mantenía confeccionando corbatas y alquilaba una habitación para suplementar sus ingresos. Ivan Cankar estableció una relación amorosa con la familia; por un lado con Albina, aunque más adelante su inclinación fue por la hija mayor Steffi, con quien estuvo comprometido aunque luego deshizo el compromiso. La hermana de Steffi, que por un accidente no podía caminar y por quien Cankar sentía un gran afecto, inspira el personaje principal de la novela El hogar María Auxiliadora. Esta sensibilidad y empatía por las personas más vulnerables está también presente en “Los hijos y los padres”, de Imágenes de sueños.

En este período conoció y alternó con los autores modernos del resto de Europa. Son sus años más fértiles y a partir de esos encuentros se propuso influir en el campo literario esloveno, que veía empequeñecido por el provincianismo.

También el uso de la lengua, entonces, va por el camino de la experimentación y de la renovación, mueve hasta los cimientos el esloveno considerado culto con el material de la lengua cotidiana, campesina, con formas dialectales que reinventa en una poética despojada del provincianismo y la autorreferencialidad, pero atenta a la definición nacional que también marca su tiempo. Marko Stabej señala que se trata de un tiempo en el cual la comunidad lingüística eslovena está bajo una fuerte presión para su asimilación, tanto por parte de Italia como de Austria.

La voz de Cankar no necesita interpretaciones, él mismo ofrece la hermenéutica de sus textos tanto en su obra literaria como en sus escritos políticos. Quizá por eso, su discurso Limpieza y renovación –que pronunció el 20 de abril de 1918 en Trieste–, fue traducido al francés en un par de meses y publicado en la revista suiza Yugoslavia.

Pero antes, el 24 de abril de 1907 dio su discurso en Trieste El pueblo esloveno y la cultura eslovena. En el mismo momento en que escribía y publicaba en tiempo récord su obra La lujuria en el valle de San Florián, la obra que tiene más puestas en escena en el teatro esloveno. Ambos textos critican la relación entre la sociedad y el artista. Eslovenos y yugoslavos, por otra parte, anticipa el problema de la delimitación de la lengua eslovena en un entorno amenazado por la asimilación y después de 1918, con la formación del Reino de los serbios, croatas y eslovenos, por la interferencia del serbio y el croata. Baste decir que en la primera Constitución del reino, en 1921, aparece como lengua oficial el serbocroataesloveno, donde la lengua eslovena aparece en clara subordinación.

Como afirma Paternu, Cankar puso el dedo en la llaga sobre la relación de los eslovenos y la cultura, que no reconocía en el arte un valor en sí mismo. En una primera lectura, su obra está cargada de contenido social, de alusiones extraliterarias, y sin embargo es en lo específicamente literario donde se vuelve más disruptiva. En franca oposición al proyecto decimonónico de Levstik y de Zedinjena Slovenija, Eslovenia Unida, en el que se proponía el uso de la lengua culta eslovena en la producción literaria, Cankar introduce un vocabulario vivo, real, en el canon del modernismo esloveno, en el que se incorporan galicismos y germanismos, además de términos tomados de otras lenguas eslavas.

La literatura de una nación pequeña, amenazada sobre todo desde el punto de vista lingüístico pero también con el riesgo de quedar subsumida en otras tradiciones literarias de mayor extensión, se afirma a través de la valoración de la especificidad literaria. Alcanzar la madurez literaria, tal como se proponía Cankar, iba a ser la condición indispensable para su emancipación como nación y para no “firmar su propia sentencia”.

Erwin Köstler se centra en la idea hrepenenje, uno de los términos más idiosincráticos y difíciles de traducir de la lengua eslovena. Distinto de nostalgija (el sentimiento de una tierra natal perdida) y de domotožje (la nostalgia por la patria lejana); hrepenenje es el deseo y el dolor por algo indefinido, pasado o primordial. Este sentimiento de deseo y dolor por lo que no fue y tal vez jamás será une en el programa literario de Cankar la necesidad de recuperar la nunca alcanzada vida mejor para todas las personas y el siempre cuestionado respeto a la lengua materna eslovena.

La visión de la naturaleza humana empequeñecida por su miseria y agigantada en su brutalidad no opaca ese deseo y ese dolor por lo que no ha sido o ha sido en un pasado difuso, ese anhelo que es fuente inagotable de creación. Ese rasgo de la obra de Cankar revela la influencia de la filosofía nietzscheana en el autor y lo pone en el centro del paso de un siglo a otro, porque es desde los bordes –geográficos y lingüísticos–, desde donde se puede construir una mirada original, y es eso lo que lo vuelve de una contundente vigencia y actualidad.

Imágenes de sueños

Más que en ninguna otra obra del autor, la visión literaria y vital de Ivan Cankar llega a su máxima expresión en Imágenes de sueños. El último libro publicado en vida de Cankar consiste en una serie de 31 textos breves, a los que en español se alude con sustituciones o metonimias. Sin embargo, en el centro de Europa en ese fin de siglo fue un género muy popular. Črtica en esloveno fue traducida inadvertidamente por Roberto Arlt como aguafuerte. Y aunque hay más asociaciones posibles entre el argentino hijo de padre austriaco –¿tendría Arlt presente en sus lecturas este género del decadentismo y el modernismo centroeuropeo?–, vanguardista, expresionista por momentos, y el autor de uno de los libros más emblemáticos de la literatura eslovena, eso es tema para otro ensayo y quizá profundizar ese análisis quede para los estudios de literatura comparada.

Estas »aguafuertes« de Cankar, escritas bajo la influencia de la brutalidad de la guerra y como reflexión sobre aquello de lo cual es capaz la naturaleza humana, también escritas como un ajuste de cuentas en el final de la vida del autor, aparecieron en publicaciones periódicas entre los años 1915 y 1917. La mayoría de los textos apareció en la revista Dom in Svet, algunos en Ljubljanski zvon y Slovan, y a fines de 1917, apenas un año antes de la muerte de su autor, se publicaron como libro bajo el título Podobe iz sanj en la editorial Nova založba, fundada por Izidor Cankar y Fran Saleški Finžgar.

Cada pieza tiene una gran fuerza simbólica; algunas con rasgos más expresionistas que otras. La estricta censura estatal desplegada por Austria puede, de acuerdo con Irena Avsenik Nabergoj, explicar la omisión de alusiones directas a la guerra y su violencia; sin embargo, ¿por qué habríamos de pensar que ejercería la autocensura el autor que fue encarcelado dos veces justamente por enfrentar al régimen? La omisión es una decisión estilística y no un rasgo de sumisión. Como recuerda Stefan Zweig, los organismos estatales y militares eran conscientes de la autoridad de los poetas y escritores de la época, de su prestigio moral e intelectual. Sin embargo, Cankar no se dejó doblegar y hay pruebas suficientes de esto en numerosas instancias de su vida.

El primer discurso que pronunció en Trieste, en 1907, »El pueblo esloveno y la cultura eslovena«, tuvo como respuesta una nota muy crítica de sus palabras al día siguiente de ser pronunciado, y eso provocó una segunda intervención de Cankar que, lejos de desdecirse, profundizaba y defendía sus ideas.

En 1909, a su regreso de Viena, Cankar fue a vivir por un breve lapso con su hermano Karl a Sarajevo –donde escribió su obra Hlapci– y luego volvió a Liubliana, a Rožnik. En 1913, cuando pronunció su discurso »Eslovenos y yugoslavos«, fue encarcelado durante una semana por incitar a la formación de una república yugoslava. Vivió por siete años en la gostilna de Nina Bergman –una antigua conocida de su adolescencia–, y de su marido, primero en un cuarto frente a la hostería, con vista a Vrhnika, donde había nacido, y después en una habitación en el primer piso sobre la hostería misma, con vista a la iglesia. También en 1914 fue encarcelado en el castillo de Liubliana por unas palabras favorables a los serbios en el patio de la hostería cuando la guerra ya había sido declarada y había en Eslovenia un malestar general contra ellos. Este periodo final de su escritura ha sido ya caracterizado por los estudios literarios como una etapa que se aparta de la crítica social o la abandona por completo y se centra en reflexiones filosóficas y de un gran lirismo formal.

Estos aspectos de su vida podrían resultar innecesarios de no ser porque están muy imbricados con los textos de Imágenes de sueños.

El primero de estos textos, que en su primera publicación en la revista Dom in Svet se llamaba Iz dna, Desde el fondo, pero luego cambió su título por el de todo el libro, es un manifiesto sobre el arte. La comparación entre el poeta joven y el poeta mayor, arrasado por la imposibilidad de encontrar la palabra y también la imposibilidad del silencio se apoya en una alusión desmesurada del corazón y el alma humana como una sucesión de templos y escaleras y santuarios de los que jamás se encuentra el fondo –¿quizá por eso se suprimió también el título?–.

Al contrario de mucha de la producción europea de la época, que buscaba encontrar un sentido a las muertes ensalzando la heroicidad y la defensa de la patria, Cankar desnuda el sinsentido de la guerra, el absurdo, la violencia y la muerte.

La alegoría y el grotesco místico aparecen en imágenes como el templo del corazón, las escaleras del alma, pero también en el espejo deformante de »El espejo«.

En »El miedo«, el único vencedor parece ser el tonto, que como el loco, el bufón del rey, tiene la inocencia como única arma para decir la verdad o es un doble de Jesús, como en »El tonto Martin«, a quien se le confían todos los secretos.

La ironía, tan profusa en el teatro de Cankar, tiene un lugar central en uno de los textos más imponentes: »El señor capitán«. Ese capitán –cuyo modelo es el nada afable capitán que conoció en el breve tiempo en que fue enrolado en el ejército–, que decide quiénes entre los jóvenes reclutas voluntarios van a ir al frente, les pregunta uno por uno quién los espera en casa y elige a los más bellos y fuertes. Sólo el narrador sabe que no van a volver jamás y los ve alejarse con la figura del capitán montado a la cabeza entre la niebla, en alusión al cuadro de la guerra del temible jinete de Arnold Böcklin, alegoría de la muerte que aparece también en »Sombras«, cuyo trasfondo y escenario es el encarcelamiento del autor en el castillo de Liubliana, donde en efecto se enteró de la muerte de su padre.

Los huesos humanos hallados por azar bajo tierra, un motivo presente en la literatura eslovena hasta la actualidad, aparece en »Un castaño particular« como una experiencia colectiva; a diferencia del poema de Župančič »Grobovi tulijo«, que es una elegía personal a Josip Murn, esta es una alusión apocalíptica a la guerra.

En la literatura eslovena hay incontables ejemplos de obras que toman como punto de partida cuentos tradicionales y se reescriben para hacer una crítica social. Lojze Kovačič y sus Cuentos de tapas de panales, Feri Lajnšček en sus Moralejas, Levstik mismo, que le da a su narración Martin Krpan la forma de un cuento popular para representar el lugar de lo esloveno en el imperio austrohúngaro. La leyenda de Peter Klepec, el pastor débil que ve su galantería recompensada con una fuerza sobrenatural y se libera así del yugo del señor feudal y de la humillación de sus pares, es el punto de partida para que Cankar despliegue su escepticismo sobre un futuro promisorio para la nación eslovena, que sueña con el poder pero no sabría qué hacer con él si lo obtuviera.

Hay un texto que vuelve sobre la particular sensibilidad de Cankar para dar voz a los débiles y menos visibles. Como lo hizo con El hogar María Auxiliadora con las mujeres y en especial mujeres institucionalizadas por invalidez, en el relato »Los hijos y los padres« da la voz a los niños en el conmovedor descubrimiento de lo que significa la muerte. Para abordarlo usa un desdoblamiento del sentido entre la metáfora de los caídos y su sentido literal, como en efecto ocurre en las conversaciones de los niños.

En suma, la indolencia de las flores de mayo ante la muerte, el sol que refulge impertinente, la perra más amable del campamento militar o los amantes que ruedan en el pasto no dan tregua al horror sino que subrayan la presencia implacable de la muerte alrededor. Pero como al principio, al final del libro hay un desafío personal, una increpación a sí mismo: el narrador se encuentra con la muerte que viene a pedirle que rinda cuentas de cómo ha vivido, y despierta de un sueño pesadillesco y el juicio a los humanos parece atisbar alguna forma de sanación. Quizá, como dice Paternu, la visión de Cankar es la de un mundo de profunda destrucción ética y social, que no tiene solución a través de ninguna forma de optimismo común y corriente. La única salida es la empatía, que trasciende la desesperanza, confronta la resignación y confiere valentía a los actos humanos.

Sobre los trabajos consultados

 –Angelo Ara e Claudio Magris, Trieste. Un’identità di frontiera, Einaudi, (1982) 2014.

Los maravillosos ensayos que componen este libro dan un contexto amplio al problema de la relación entre Liubliana y Trieste y caracterizan la ciudad en toda su dimensión histórica y multicultural.

-Irena Avsenik Nabergoj, »Ivan Cankar in vélika vojna«, Zgodovinski časopis, Ljubljana 69/2015 (152), št. 3-4, str. 352–400, cit. 160.

La investigación  de I. A. N. hace un paralelo entre Cankar y Stefan Zweig (en especial con El mundo de ayer) y sus experiencias durante la guerra. Revisa la correspondencia de Cankar durante su encarcelamiento en el castillo de Liubliana y comenta también su discurso Eslovenos y yugoslavos y algunos textos de Imágenes de sueños.

-Erwin Köstler, »K problematiki hrepenenja v slovenskem cankarjeslovju«, v Primerjalna književnost, Ljubljana (35, 3), 2012.

El trabajo de Köstler, traductor de toda la obra de Cankar al alemán, es clave para orientarnos en la recepción de la obra de Cankar antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Alrededor de la idea de hrepenenje, Köstler revisa la recepción y apropiación de la obra de Cankar y de la figura del autor por su público académico esloveno y su relación con el cánon literario europeo.

-Amir Muratović, »Resnično življenje Ivana Cankarja«, v Mojca Smolej ur., 1918 v slovenskem jeziku, literaturi in kulturi [na spletu]. Ljubljana. 2018. [Dostopano 10 marec 2026]. Pridobljeno s: https://repozitorij.uni-lj.si/IzpisGradiva.php?lang=slv&id=124168

En este trabajo, Muratović detecta y enumera los paralelismos entre los personajes de la obra de Cankar y el entorno de su vida personal.

-Marko Jesenšek, »Cankarjeva slovenščina«, v Marko Jesenšek in Janko Kos ur., Akademjiski pogledi na Cankarja, Ljubljana, Slovenska akademija znanosti in umetnosti, 2019.

Este artículo de Marko Jesenšek complementa muy bien, en especial para lectores no eslovenos o cuya lengua materna no es el esloveno, el de Marko Stabej sobre la comunidad hablante del esloveno. En el de Jesenšek pueden rastrearse matices estilísticos y usos que son claves para la traducción de la obra de Cankar.

-Irena Novak Popov, »Pozabljena« Slovenska pričevanja iz Vélike vojne, v Jezik in slovstvo, 50 (2005), 1

Irena Novak debate tanto la Primera Guerra Mundial en la literatura eslovena como la literatura eslovena en ese periodo, y describe los rasgos expresionistas de los autores que analiza en relación con una posición existencial extrema.

-Boris Paternu, »Vprašanje novega branja Ivana Cankarja«, v Marko Jesenšek in Janko Kos ur., op. cit.

El trabajo de Paternu ofrece una lectura superadora de las dos posturas irreconciliables sobre Cankar como revolucionario o como religioso. Se centra en especial en Imágenes de sueños y en el sentido de la esperanza más allá de la desesperanza a la luz de las lecturas de Zygmunt Bauman y Terry Eagleton.

-Marko Stabej, »Slovenska jezikovna skupnost 1918: obredi ob prehodu«, v Mojca Smolej, op. cit.

El artículo de Marko Stabej revisa con gran claridad el estado de la lengua eslovena frente a las lenguas que antes y después de 1918 interactuaban con ella o la amenazaban. De su lectura resulta evidente la dimensión política de la lengua para la nación eslovena.