Čefurji raus!

Goran Vojnović

Traducción: Pablo Arraigada

Čefurji raus!

(fragmento)

De próxima publicación por la editorial Dedalus

¿Por qué terminamos en la comisaría?

Me hacía el que estaba reventado por el entrenamiento, me senté en silencio frente a los monoblocks y escuché los debates sobre si tiene más chances de ser presidente de EEUU una mina, un negro o un puto. Felizmente, Dejan todavía no estaba, porque ahí sí que se habrían escuchado argumentos pesados. Los de Aco y Adi ya eran lo suficientemente geniales.

«¿Hay más negros o hay más minas? ¡Hay más minas, y las minas obviamente van a votar a la    chabona!»

«¿Y qué pasa si las negras votan al negro? ¿Eh?

«¡Qué se vayan al carajo!»

«De todas maneras, que las negras voten al negro. Así son esos negros.»

En su vida, Adi vio más pijas de negros en las pornos que negros de verdad. Pero él lo sabe todo. A veces estos comentarios de sabelotodo me hinchan las pelotas. A veces de verdad no aguanto escucharlo. Basta. ¡Váyanse a cagar ustedes, los negros y las minas!

«La cosa es que los yanquis son racistas. ¿Cómo van a votar estos del Ku Klux Klan a un negro? ¡Dejate de joder!»

«Estás cagado de la cabeza. En América lo que más hay son mexicanos, chinos o italianos. ¡Ellos van a votar al negro!»

«Los americanos votarían antes a un puto que a un negro.»

Putas pelis yanquis. Por culpa suya, cualquier yugo cree que se lo sabe todo: sobre EEUU, sobre las hamburguesas y sobre la puta madre que los parió. Que se hagan culear por su EEUU. Al final, aparece Dejan, me cago en su mamá tan estricta que no lo deja salir.

«¿Qué pasa? ¿Se fue mami a trabajar?»

«¡Por fin! Me cago en ella… Está insoportable porque hoy el viejo está otra vez en el Kubana… ¡Hasta mañana! Otra vez va a andar a las cinco de la mañana con Terzić por Fužine…»

El viejo de Dejan, Duško Mirtić, alias «Agente 003», es un gran intelectual que incluso fue a la facultad y llegó a tercer año de ingeniería civil. Pero entonces aparecieron mami Sonja y el pequeño Dejan. Y chau. Duško consiguió trabajo y laburó todo el día, pero llegó la independencia y los eslovenos le jodieron la vida. Lo borraron. Qué tocaban y qué hizo él… No lo sé, pero lo borraron a él, a Dejan y a su hermana Nataša. Solo que Sonja, que es eslovena de Slovenske Konjice, logró arreglar algo para Dejan y Nataša. Pero por Duško no hubo forma. El Agente 003 era peligroso para la tierra. Y Duško cayó en la bebida. No es que no empinara el codo antes, pero desde aquello le entró fuerte y se emborracha como un loco. Normalmente en el Kubana, donde se emborrachan los yugos viejos. Al lado del Kubana está el Lakotnik, donde se emborrachan los yugos jóvenes. Ahí está la perspectiva. Todo queda claro si mirás esos dos locales.

«Tendrías que haberlo visto la última vez, no pude detenerlo. Después le abro y ¿sabes qué dice el chabón? Dice: «¡Muchísimas gracias!». No lo podés creer. «Muchísimas gracias». ¿Qué tan en pedo tenés que estar para decir «muchas gracias»? ¡Y en esloveno! Él solamente habla esloveno cuando está totalmente borracho.»

«¡O sea que lo habla todo el tiempo!»

«¡Le van a terminar dando la ciudadanía!»

«Mierda, mi viejo…»

Entre todos esos debates sobre los padres, que son muy populares entre los yugos, solté que había dejado de entrenar. Obviamente, nos reímos e hicimos chistes, diciendo que el básquet es para putos y que no podés estar toda la vida picando una pelota, pero para mí era muy doloroso. Todo me daba por las bolas. Esas jodas, el jaja, «muy buena, amigo», que se vayan a la puta madre, vamos a partirle la jeta a un puto, ¡Qué tanto joder!, todo eso me puso de tan mal humor que pensé que me iba a poner a llorar ahí, en medio de los juegos de la plaza, y ya me veía colgado de la hamaca. Me cago en el básquet y en quien lo inventó.

«¡Tenés que agarrarte un pedo mortal, amigo! ¡No hay otra!»

«¡A matarse hasta el final! ¡Vamos, gente!»

Adi empezó a cantar temas de turbo folk y de verdad no quedó otra que seguirla. Ahí mismo, en los juegos. O en la cancha de básquet. Por lo simbólico y eso. No había otra. Si no nos destrozábamos, me iba a enloquecer, porque estaba muy pasado. Pero por suerte, para un pedo siempre hay interesados. Putos borrachos de mierda.

Nunca entendí esa lógica yugo de que el alcohol es lo más y las drogas son la muerte. Pero eso es probablemente porque todos nuestros viejos y nuestras mamás son hijos de campesinos, y ¿qué saben ellos de drogas? Ellos estaban on fire con los hippies y con los hijos de las flores, entre otras cosas. Ellos, en la época de la revolución sexual y el LSD, iban a emborracharse a pueblos y bodas, bebían brandy Zvečevo y les metían plata entre las tetas a las cantantes locales. Que se cague Mile Kitić, ¡Qué se cague! ¿Qué sabían ellos de la marihuana? Pero todos probaron variedades de rakija a los seis años. El rakija lo beben todos en el pueblo y a lo grande. Si bajamos al sur a ver a los nuestros, ahí se bebe como la puta madre …apenas te sentás, ya hay rakija en la mesa y se toma. Pero si yo dijese a los del sur que le di una pitada a un porro, me vendrían encima. El tío Dragan me agarraría y Radovan me fajaría, y luego cambiarían de posiciones. Pero si me tomo un litro de rakija de un trago, entonces dirían: «¡Eeeeso, miralo al nene de mamá, que se sepa que sos un Đorđić! ¡Se prende fuego!». Y tampoco a nosotros, cuatro «genios», nos cuesta nada agarrarnos a golpes. Y capaz alguna pitada. Pero que alguien mencione drogas duras…ni Dios quiera «heroína» … todos se quedarían mirando. Nosotros también somos hijos de campesinos. Un desastre.

Solo que nunca la habíamos cagado así. Una locura. No es raro que nos fuéramos del todo a la mierda. A mí más que a nadie. Hubo de todo. Violencia, nacionalismo, primitivismo, chovinismo, idiotismo, vulgarismo, de todo. Empezó bien, tranquilo, en la cancha de básquet. Pero después de algunos cuantos litros se me cruzaron los cables, y tiré la botella contra el tablero. La botella aún estaba medio llena y el vino se reventó por todo el tablero y por todas partes, y todos se calentaron. Sobre todo, Aco.

«¡Idiota! ¡La concha de tu madre loca! ¡Rajá de acá, bobo!»

«¡Qué pasa! ¡Somos los mejores, los mejores! ¡Somos gitanos!»

«¡Volá de acá, idiota!»

A Dejan y a Adi les gustó la joda y empezaron también a apuntar botellazos al tablero. Pero como son unos mancos, los fallaron todo. Dejan también estaba hecho pelota.

«¡Serbia! ¡Serbia!»

Después, siempre empieza con esas jodas nacionalistas. Y yo caigo en la trampa.

«¡Bosnia! ¡Bosnia!»

Pero menos mal que Adi es un jodón.

«¡Azerbaiyán!»

«¡Azerbaiyán! ¡Azerbaiyán! ¡Azerbaiyán!»

Qué carajos es Azerbaiyán, sabe Dios si eso existe. Pero menos mal que Adi pegó el volantazo de la Serbia de Dejan, porque cuando Dejan está borracho, le pintan jodas de chetniks y nos la baja a todos. A todos nos toca la guerra de Bosnia. En lo de Adi tuvieron a siete parientes viviendo en el piso, en la nuestra estaba mi prima Zorka. Solamente que no me acuerdo de nada porque era un pendejo. Pero en tercer grado tuvimos una época en la que nos peleábamos a muerte por la guerra de Bosnia. Totalmente cagados, pero siempre nos gastábamos y jodíamos con el tema de la nacionalidad, repitiendo las boludeces con las que daban cátedra en casa, y como nuestros viejos son boludos, nosotros también tirábamos boludeces. Una pelotudez total. Incluso hoy nos recontra bardeamos por eso y me parece una puta locura. O sea, ¡qué carajo! ¿tenés que bardearte por eso? De todas formas, cada uno se cree el más capo y no podés convencer a nadie de nada.

«¡Moldavia! ¡Moldavia!»

¡Oscuridad total! No sé cómo llegamos al bondi, pero sé que había una minita ahí. Un poco limada, pero estaba re buena. Y obvio, Dejan empezó a piropearla. Y nosotros también. Qué mierda, estábamos muy fisuras.

«A vos te conozco. Sos del bloque tres, ¿no? Escuché que las minas del tres te cogen completo ¿Es verdad?»

«¡Eh, chiquita! ¿Me la das? Si me la das, ¡te doy las gracias!»

«¡Putita!»

«¿Esa cartera es de tu mami o tuya?»

«¿Cómo te llamas? Seguro que Sanela».

«¡Sanelaaa! ¡Sanelaaa!»

El idiota de Dejan se le fue al humo y la agarró del pelo.

«¿Te lo teñís? ¿Con tintura L’Oréal o con esa de cuarta que venden en la verdulería?»

La piba se fue rápido hacia el chofer, el tipo paró el bondi y ella se fue cagando.

«Eh, Miško: manejá ¡No parés que se va a ir cagando, puto! ¿Pero sos trolo, la puta que te parió? ¡Por qué dejaste que se bajara!»

Quería llevarme ese cartel donde dice «20» en la parte de atrás del bondi, pero ya no podía mantenerme en pie y me desplomé en el asiento trasero. Los otros empezaron a darle a las ventanillas, sacados, el bondi se sacudía y el chófer paró y abrió las puertas.

«¿Pueden bajarse, hagan del favor?»

Otro yugo. No le podés errar ni aunque te maten. A mí ya se me apagaba la tele y pensaba que me iba a desmayar.

«Mejor manejá, vos, «hagan del favor?», para que no te destrocemos el colectivo.»

«¡Dale, la cortás que si no te rompo todo! ¡Puta madre que te parió!

Sé que después gritamos algo y golpeamos los cristales y Aco arrancó ese coso rojo para martillar cristales y con esto se puso a golpear los asientos y destrozó uno por completo. El tipo ni siquiera paraba el autobús, sino que siguió a los pedos de largo. A mí ya me daba vueltas la cabeza, sentado en mi asiento y ya no podía cambiarme de lugar, y luego solo recuerdo que Adi me arrastraba a algún lado y gritaba algo, y de repente dos ratis me levantaron y me sacaron del bondi como si fuera una bolsa de papas.