Alina Dadáieva

Alina Dadáieva nació en 1989 en la ciudad de Dzizak (Uzbekistán). Es egresada de la Universidad Nacional de Uzbekistán (Maestría en Periodismo). Desde 2014 vive en México. Trabaja de traductora en el Centro Vlady de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
Sus poemas y cuentos cortos han sido publicados en almanaques y revistas literarias de Rusia, Uzbekistán, Armenia, Ucrania y Estados Unidos. En 2017 obtuvo el primer lugar en el Concurso de traducción de poesía organizado por la Universidad de Escritura Creativa de Moscú, ha recibido premios por el segundo lugar en los concursos de traducciones Petersburgo Lector (San Petersburgo) y Eurasia (Orenburgo), y por el tercer lugar en el concurso internacional de cuentos cortos Hoffmann Ruso (Moscú-Kaliningrado). Fue residente del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa (IWP 2012, EU). Es autora del libro de poesía Nódulos y charadas, publicado por la Unión Estatal de Escritores de Uzbekistán. La siguiente traducción es de Alina Dadáieva y Manuel Becerra.

Doña Eduviges
El libro de los personajes y transformaciones Uzbekistán/México
I
Bendito es el cuerpo humano devorado por la boa.
Vuelta espiral en torno a su presa,
la boa escucha el latir del corazón ajeno, ralentiza con sus músculos tensos
la circulación de la sangre.
El corazón de la boa, no limitado por el diafragma, vaga en la oscuridad estrecha,
liberando el espacio para el otro.
La boa nunca sabe adónde va a parar su corazón.
La boa sabe con certeza
en qué momento se detuvo el corazón de su presa.
Hermoso y sin aliento,
el hombre entra en la boa
sin fisurar su piel ni fracturar sus huesos, su cabeza delante, simétrico a su nacimiento.
La boa, al perder la forma de boa, permanece inmóvil, mientras el corazón crece
y debajo del corazón, el hombre grande y muerto constituye su medio ambiente.
(Los fermentos del hombre digerirán al hombre dentro de la boa, y el hombre se convertirá en la boa. La víctima siempre se convierte en el verdugo.)
Capaz de matar ahora sin un solo parpadeo,
al concebir la libertad y la plenitud de la existencia, el hombre mira, bajo el agua,
a una mujer morena que se lava en el río
(¡cómo brillan al atardecer sus pechos hinchados!). Bendito es
el cuerpo humano devorado por la boa.
II
Zoom
 
Con una camisa impecablemente blanca, imparte una conferencia sobre el simbolismo de Pasolini. Nadie ve los calzones de raya por encima de su grupa de caballo. Su cuerpo equino, de la cruz hasta la cola, está profundamente escondido de los ojos virtuales. Anoche, en el sueño, violó nuevamente a una mujer bajo el racimo de uvas, y por su grito reventaban el sol y las bayas; el jugo burdeos, diluido con la luz, salpicaba sus dos espaldas. Aún siente el calor debajo de su ombligo, en la línea de cruce entre el torso y el caballo, y en su pubis equino se endurece la sangre, cuando desde el fondo de la pantalla negra, una voz femenina le pregunta sobre el erotismo de la barbarie. Te has convertido en el centauro, hombre, la cumbre de la civilización, ahora eres mitad libre, ya no hace falta disfrazar tu parte baja, mira abajo, a esta línea oscura en tu primer vientre que reúne dos reinos. No se asombren por su nueva forma: todo es santo en la naturaleza.
Pronto apagará la cámara e irá a acariciar su carne de potro, como el niño que concibe el mundo por su cuerpo.
Estás feliz, maestro, hombre-caballo.
III
A principios del siglo XIX, el mirmecólogo italiano Raffaello Bugiardini comprobó, a través de una serie de experimentos, el hecho de la fornicación entre los ángeles y las hormigas.
Bien se sabe que los ángeles, a diferencia de las avispas, abejas, termitas y humanos, no pertenecen a las especies socialmente cercanas a la familia de las hormigas y no corresponden al orden de los himenópteros. Así, el descubrimiento de Bugiardini confirmó que las diferencias sociales y fisiológicas no representan un obstáculo para el coito.
Según la tradición, el apareamiento ocurre en el aire y dura unos tres minutos, después de que el ángel y la reina caen al suelo y se arrancan las alas.
La duración de vida de los ángeles caídos en el laboratorio es de cinco días aproximadamente. Luego, incapaces de consumir alimentos mundanos, los ángeles mueren de hambre. Ningún ángel permanece mucho tiempo en la tierra.
En la naturaleza, los ángeles caídos fallecen mucho antes, siendo devorados por los gorriones durante las primeras horas después de la cópula. Mientras tanto, la reina, con la ayuda de sus poderosas mandíbulas, se hunde en la tierra, donde muy pronto pone huevos, tan pequeños que un par de cientos caben fácilmente en la punta de un alfiler.
IV
Lo navío en el gallo radica no sólo en su forma desde la cola hasta la roda, sino también en su cresta escarlata, ese símbolo de la esperanza matutina que se menea orgullosamente entre la verde monotonía de la huerta. El ave se mueve por la fuerza de la combustión interna, y los físicos consideran que este mecanismo, el emplumado se lo debe a Prometeo. Al robar el fuego, el griego lo escondió dentro del gallo, y éste, consumido por el deseo de conservar el fuego, comió el hígado de Prometeo, ya que es allí donde reside la memoria humana. Desde entonces cada gallo existe fuera del tiempo o, más bien, en todos los tiempos simultáneamente. Así, cada mañana, antes de que el gallo cante, un hombre barbudo niega al otro; el tercero, condenado a muerte, pide un sacrificio para Esculapio, y los muertos, de todas las razas y edades, regresan de prisa a sus tumbas. Querida abuela, cuando vayas a matar a este pájaro depravado, córtale la cabeza de un solo golpe, después inclina su cuello para que el fuego escurra y no salpique tu falda, y, por favor, sostén bien las patas para que no dé un salto y me tumbe. Demasiado les temo a los gallos sin cabeza.
V
En agosto el hombre abandona todo y se va al mar.
Trece días después el hombre abandona el mar y regresa a la casa, donde lo esperan deliciosos panes de amapola.
El mar se queda tirado en la playa, como un pareo azul que ondeaba en las caderas de la bella dama
con un cocodrilo enano
(tan gracioso él, abría su boca,
cuando el hombre apretaba los pesados dedos de la bella dama).
El cocodrilo murió al séptimo día del recalentamiento del corazón y ella lo arrojó sobre un montículo de cáscaras de coco.
Una hora antes del check-out,
el hombre borra de su teléfono todas las fotografías, salvo aquella donde el cocodrilo muerto
se desvanece en los rayos de la tarde
(el hombre la posteó en su página de Facebook).
De vez en cuando la bella dama sueña
que el cuerpo del hombre se hace escamas bajo sus manos.
De vez en cuando ella sueña que le falta el aire, mientras que afuera
el viento zarandea al mar olvidado sobre la arena. Nadie siente
lástima por el mar.
VI
En los hombros del poeta crece la cabeza. En la cabeza crecen las palabras.
En las palabras crece una vaca, una vaca grande y sagrada.
En el vientre de la vaca crece hierba, una hierba gruesa y trascendente, verde como la muerte.
Pesada es la muerte en los hombros del poeta.