«Nabokov y la literatura rusa», de María Asunción Barreras y Nina Kressova

Marina Berri

El libro Nabokov y la literatura rusa, de María Asunción Barreras y Nina Kressova, presenta un panorama de las relaciones entre la obra de Vladímir Nabokov y la literatura rusa. Las autoras proponen un recorrido cronológico por la literatura rusa. Luego de comentar los autores principales, señalan conexiones de diverso grado de importancia –incluso conexiones posibles que aún no han sido estudiadas, lo que abre líneas de investigación— entre esos autores y los textos de Nabokov, así como también recogen las críticas, comentarios y traducciones realizadas por Nabokov. Para analizar estos vínculos, se basan en Gerard Genette, quien entiende la intertextualidad como “una relación de copresencia entre dos o más textos, es decir, e idénticamente y frecuentemente, como la presencia efectiva de un texto en otro”, que abarca desde la cita, al plagio y la alusión (Genette 1989, p.10, citado en la obra p. 23). Barrera y Kressova sostienen atinadamente que “la comprensión de la obra nabokoviana jamás será completa si no se tiene en cuenta su estrecha vinculación con la literatura rusa”.

El libro se estructura en tres grandes capítulos, divididos a su vez en secciones y apartados. En el primer capítulo, “Sobre la vida y obra de Nabókov”, se presenta la biografía del autor y sus principales obras. Los siguientes capítulos organizan la literatura rusa en tres grandes periodos -“Literatura rusa anterior al siglo XIX y su reflejo en Nabokov”, “Literatura rusa del siglo XIX y su reflejo en Nabokov” y “Literatura rusa del siglo XX y su reflejo en Nabokov”- y ofrecen un recorrido por las obras de esos periodos y los vínculos con Nabokov. El libro cierra con un capítulo de conclusiones. A continuación expondremos sucintamente el contenido de estos capítulos.

El capítulo “Sobre la vida y obra de Nabokov” desarrolla los principales sucesos de la vida del autor, que ha estado signada por la emigración. Se le presta particular atención a la relación que Nabokov tuvo con las lenguas rusa e inglés, así como también a cuestiones vinculadas con las traducciones que Nabokov o bien realizaba o bien supervisaba. Cierra esta sección una enumeración de sus obras, que especifica el idioma en que fueron originalmente escritas, y de sus traducciones.

En el segundo capítulo, “Literatura rusa anterior al siglo XIX y su reflejo en Nabokov”, se describen y caracterizan cronológicamente los principales textos y autores de la literatura rusa anterior al siglo XIX, y se ofrece una breve contextualización histórica. Se describen aquí la tradición popular oral, el Cantar de las huestes de Ígor y las figuras de Avvákum Petrov, Denís Fonvizin, Gavril Derzhavin, Gavril Kámenev, Nikolái Karamzín y Iván Pnin, entre otros. En los casos en los que haya sido detectada, se explicita la influencia de estas obras sobre Nabokov, así como también se mencionan las traducciones o valoraciones que Nabokov realizó de estas obras en sus clases y escritos. En ocasiones, se echa en falta una profundización de estas influencias, como por ejemplo la especificidad de la influencia del Cantar de las huestes de Igor sobre Pálido fuego, La dádiva y Ada o el ardor. No obstante, el capítulo resulta de utilidad para aquel lector que, conociendo a Nabokov, desconoce la literatura rusa anterior al siglo XIX. La sección concluye con un apartado biográfico, en el que se describen los estudios de Nabokov de la literatura rusa de este periodo.

Granada, Comares, 269 pp.
ISBN 9788413698434

El capítulo “Literatura rusa del siglo XIX y su reflejo en Nabokov” realiza un recorrido general por la poesía, la narrativa y el teatro rusos del siglo XIX, sus movimientos y sus principales protagonistas, así como también los contextualiza poniéndolos en relación con los sucesos históricos centrales. El capítulo, organizado cronológicamente a partir de los movimientos literarios, se divide en apartados dedicados a los principales poetas y escritores, algunos de los cuales son bien conocidos por los lectores hispanohablantes, mientras que otros resultan más ajenos. Estos apartados caracterizan a los escritores, resumen sus obras y recogen las opiniones de Nabokov acerca de ellos. Las influencias señaladas abarcan tanto tendencias –a veces muy generales, como la tendencia a la parodia o a las alusiones— que comparten Nabokov y determinados escritores rusos, como influencias específicas –por ejemplo la influencia de un poema de Afanasi Fet sobre la estructura de Máshenka, o la obra de Chernishevski y la relación con la biografía que escribe uno de los protagonistas de La Dádiva–; también se explicitan detalles y hechos puntuales, como nombres de personajes de Nabokov que coinciden con nombres empleados en sus obras por escritores rusos, o el hecho de que se posea constancia de que Nabokov conociera cierto texto. Incluso se mencionan coincidencias geográficas entre los autores, como la emigración a Suiza que emprendieron tanto Guertsen como Nabokov. Estas referencias se basan en observaciones ajenas, que están debidamente citadas, y en investigaciones propias. El capítulo se organiza en cinco secciones. La primera se denomina “El romanticismo se afianza: el “siglo de oro” de la poesía rusa”; dentro de ella hay apartados que se consagran a Aleksandr Griboiédov, Aleksandr Pushkin, Mijaíl Lérmontov, Baratinski, Koltsov y Nikolái Gógol, así como también un apartado dedicado al periodismo y la prosa de los años 1820 y 1830. La segunda sección, denominada “Escuela natural. La literatura de los cuarenta y cincuenta”, incorpora un apartado para Nikolái Nekrásov. La tercera sección, “Lírica de la segunda mitad del siglo XIX”, trata las figuras de Fiódor Tiútchev, Afanasi Fet, Alekséi K. Tolstói, Yákov Polonski y Semión Nadson. La cuarta sección se denomina “Los sesenta y las décadas posteriores: periodismo y líderes intelectuales”. En ella se explican las posiciones occidentalista y eslavófila, y se presta especial atención a la figura de Nikolái Chernishevski. La quinta sección, “El largo reinado del realismo en prosa de la segunda mitad del siglo XIX”, analiza las obras de Aleksandr Ostrovski, Iván Goncharov, Nikolái Leskov, Mijaíl Saltikov-Schedrín, Iván Turguénev, Fiódor Dostoievski, Lev Tolstói y Antón Chéjov. De particular extensión es, por supuesto, el apartado dedicado a Aleksandr Pushkin, su obra y su influencia, tanto por su importancia en Rusia como por la relevancia que tuvo para Nabokov. En el apartado dedicado a Gógol, además de ofrecerse un panorama general de los escritos de este autor, se detallan los cambios en el análisis de Nabokov de su obra, y se recogen críticas que –contra la posición sostenida por el mismo Nabokov— ponen de relieve paralelismos entre ambos escritores. El capítulo también recoge las opiniones negativas que Nabokov tuvo de distintas figuras, como por ejemplo la de Vissarión Belinski, a la vez que se explicita su importancia en la escena literaria rusa.

 “Literatura rusa antes y después de la revolución bolchevique”, el tercer capítulo del libro, se inicia con un panorama de los movimientos literarios que recorrieron el siglo XX. Se expone aquí la distinción entre la “literatura de los emigrantes” y la literatura que siguió escribiéndose en la URSS. Luego de esta introducción, se procede a caracterizar las obras de la poesía y de la prosa con las que Nabokov tuvo contacto y que, por lo tanto, pueden haber influido en su producción. En lo que respecta a la poesía, se consagran secciones al simbolismo (se focaliza en las figuras de Dmitri Merezhkovski, Valeri Briúsov, Konstantín Balmont, Aleksandr Blok y Andréi Beli), al acmeísmo (se focaliza en Nikolái Gumiliov, Anna Ajmátova y Ósip Mandelstam) y al futurismo (se focaliza en Vladímir Maiakóvski, Velimir Jlébnikov, Marina Tsvetáieva, Boris Pasternak y Vladislav Jodasévich, quien fue muy apreciado por Nabokov). Se señalan los motivos que ciertas obras de Nabokov comparten con algunos simbolistas, como Briúsov y Gumiliov, así como también alusiones y críticas de Nabokov a las obras de estos poetas. Asimismo, se detallan cambios de valoración que Nabokov experimentó a lo largo del tiempo. Se recoge también el hecho de que en la apreciación del autor influía fuerteme la relación que los escritores analizados tuvieran con la revolución rusa. La sección dedicada a la prosa se divide en dos subartados. El primero trata de la narrativa rusa del siglo XX anterior a la revolución y se centra en la obra de Vasili Rózanov, Alexandr Serafimóvich, Fiódor Sologub, Maxim Gorki, Aleksandr Kuprín, Iván Bunin, Leonid Andréiev, Mijaíl Kuzmín, Iván Smeliov y Alexéi Rémizov. Se señalan líneas de investigación aún no abordadas, como el vínculo entre Rózanov y Nabokov, y se da cuenta de otras más exploradas, como la influencia de Bunin sobre Nabokov. El segundo se centra en la narrativa rusa del siglo XX posterior a la revolución, cuando la literatura rusa se divide en la literatura de exiliados y la literatura soviética, y comenta brevemente –en tanto Nabokov los conoció, pero no aludió a ellos en sus textos- los siguientes autores que escribieron en el exilio: Nadezhda Teffi, Mijaíl Osorguí, Borís Záitsev, Mark Aldánov y Sasha Chiorni. La sección resume con algo más de detalle la obra de Mark Aldánov, Gaitó Gazdanov, Irina Odóevstseva y Nina Berbérova. En la sección “La narrativa de los soviets” se comentan las revisiones de la literatura soviética que hizo Nabokov y se resume muy brevemente la obra de Yevgueni Zamiatin, Viktor Shklovski, Aleksander Fadéiev, Mijaíl Sholojov, Borís Pilniak, Iliá Ehrenburg, Daniil Jarms, Mijaíl Zóschenko, Mijaíl Bulgákov, Iliá Ilf y Yevgueni Petrov, Yuri Olesha y Andréi Platonov.

El libro finaliza con una sección de conclusiones que hacen hincapié en la historia de Nabokov como emigrado que adopta la cultura de Europa Occidental, y explicitan la importancia de Nabokov en tanto fue un escritor que enriqueció la escritura del país que lo acogió e incorporó de manera multifacética la literatura rusa en sus obras. Se destaca nuevamente la importancia de conocer la literatura rusa para comprender con más profundidad su obra.

En suma, Nabokov y la literatura rusa ofrece un recorrido amplio por la literatura rusa y los intertextos –certeros, extensos, pero también posibles o sospechados– con la obra de Nabokov. Resulta un libro de indudable interés y utilidad para el lector de Nabokov que no conozca la literatura rusa más allá de sus autores clásicos de renombre mundial, como Tolstoi, Dostoievski y Chéjov.  En este sentido, ofrece un recorrido ordenado cronológicamente, que aborda sucintamente las obras de las figuras centrales de la escena literaria rusa, contextualizándolas históricamente y detallando su vínculo con Nabokov. Asimismo, sirve de puntapié para investigaciones más profundas sobre la relación entre Nabokov y determinados escritores rusos.